Giambattista Vico (1668–1744): Fundador de la Filosofía de la Historia y Pensador del Caos y el Orden

Giambattista Vico (1668–1744): Fundador de la Filosofía de la Historia y Pensador del Caos y el Orden

Introducción a la vida y contexto histórico de Giambattista Vico

Nacimiento y primeros años en Nápoles

Giambattista Vico nació el 25 de junio de 1668 en la ciudad de Nápoles, Italia, en el seno de una familia modesta. Su padre, Antonio Vico, era un librero, y su madre, Cándida Masullo, provenía de una familia humilde. A pesar de los limitados recursos de la familia, los padres de Giambattista se aseguraron de brindarle una educación de calidad, apoyándose en la librería paterna para acceder a libros y materiales que alimentaron su sed de conocimiento. Este entorno familiar y su temprano contacto con los libros marcaron su vida, y desde niño mostró una gran aptitud para los estudios.

Sin embargo, su vida estuvo a punto de truncarse cuando, a los ocho años, sufrió un grave accidente que le dejó secuelas físicas duraderas. Aunque sobrevivió, las secuelas de la lesión quedaron visibles en su rostro y su caminar, con una pronunciada cojera que le acompañó el resto de su vida. Esta discapacidad física parece haber influido en su carácter introvertido, y desde joven Vico se mostró reacio a las relaciones sociales, refugiándose en su pasión por los libros y el estudio.

Educación temprana y formación autodidacta

Desde muy joven, Giambattista demostró una curiosidad insaciable por aprender. A los trece años ya había acumulado una formación autodidacta muy superior a la de otros jóvenes de su edad, gracias a los libros prestados por su padre y a su propia disciplina. Aunque su padre intentó que asistiera a la prestigiosa Escuela de los Jesuitas de Gesù Vecchio, Vico no se adaptó bien al ambiente académico de la época. A los 13 años abandonó la escuela después de un desacuerdo con sus profesores, lo que provocó su decisión de seguir su camino como autodidacta. A pesar de la decisión de abandonar la escuela formal, este episodio parece haber marcado un punto de inflexión en su vida, pues se dedicó con ahínco a la lectura y el estudio por su cuenta, alejándose de las influencias cartesianas que comenzaban a extenderse en la élite intelectual de Nápoles.

En su autobiografía, escrita años después, Vico se encargó de aclarar que, desde sus inicios como pensador, rechazó las ideas racionalistas de Descartes. Su enfoque fue siempre más humanista y filosófico, anclado en el conocimiento histórico, la memoria colectiva y la fantasía como elementos esenciales para la comprensión del ser humano y sus sociedades.

Influencias y contraposición con el racionalismo cartesiano

A medida que avanzaba en su formación, Vico se adentró en las ideas filosóficas de la época, especialmente en las propuestas que se distanciaban del racionalismo cartesiano. Descartes, que defendía un enfoque basado en la razón y el método científico, se convirtió en una figura central del pensamiento filosófico europeo, pero Vico encontró que estas ideas eran demasiado limitadas para explicar la complejidad del ser humano y su historia. La visión cartesiana, con su énfasis en la geometría y las ciencias exactas, contrastaba con la forma en que Vico veía el conocimiento: más centrado en las humanidades y las ciencias sociales, y sobre todo, en la historia como fuente fundamental de sabiduría.

Si bien no se dedicó a criticar abiertamente a Descartes, en su obra y pensamiento Vico se mostró como un firme defensor de la necesidad de integrar aspectos más humanos y espirituales en la ciencia, especialmente en el estudio de la historia. Para él, el conocimiento de la humanidad y sus civilizaciones solo podía alcanzarse a través de un enfoque que tuviera en cuenta la providencia divina, el caos y el orden natural en el devenir histórico de los pueblos. Este punto de vista lo distanció de la corriente racionalista que dominaba la Europa de su tiempo y lo llevó a desarrollar una perspectiva propia, una «Ciencia Nueva» que abordaba el estudio de la historia de manera única y profunda.

La búsqueda intelectual y primeros logros académicos

Primeros trabajos y estudios en Filosofía

A los diecisiete años, Giambattista Vico concluyó sus estudios en Filosofía, habiéndose formado principalmente de manera autodidacta. Este temprano dominio de las ideas filosóficas lo llevó a la Universidad de Nápoles, donde comenzó a cursar la carrera de Leyes entre 1688 y 1692, buscando complementar su educación con una perspectiva jurídica que le permitiera acceder a una posición estable en la administración pública o la judicatura. Sin embargo, a pesar de su brillantez intelectual, sus aspiraciones laborales no se concretaron. A lo largo de estos años, Vico comprendió que su vocación no se encontraba en la práctica de la ley, sino en el ámbito académico, donde sus intereses se centraban principalmente en la retórica, la filosofía y, especialmente, la historia.

A lo largo de su vida, Vico nunca dejó de nutrirse de la tradición clásica y de los grandes pensadores del pasado. Su formación académica fue diversa y profunda, abarcando tanto la filosofía griega y romana como las teorías más contemporáneas. A lo largo de sus primeros años, se dedicó a estudiar los filósofos clásicos, además de autores de la Edad Media y del Renacimiento. Esta vasta formación fue crucial para el desarrollo de sus ideas filosóficas, que se caracterizarían por una visión integradora que tomaba en cuenta tanto la razón como los elementos espirituales, mitológicos y culturales de las sociedades humanas.

Cátedra en la Universidad de Nápoles y el matrimonio

En 1699, Vico obtuvo la Cátedra de Elocuencia en la Universidad de Nápoles, a través de un concurso de oposición. Aunque esta cátedra no era de gran prestigio y el salario era modesto, fue el primer paso en su carrera académica oficial. A partir de este momento, se dedicó a la enseñanza de la retórica y la filosofía, áreas en las que se destacó por su profundo conocimiento y su capacidad para transmitir las complejidades del pensamiento clásico a sus estudiantes.

En el mismo año, Vico contrajo matrimonio con Teresa Catalina Destito, con quien tuvo varios hijos. El matrimonio fue un importante hito en su vida personal, pero también un desafío en términos económicos. A pesar de su formación intelectual y el reconocimiento que recibió en los círculos académicos, las dificultades económicas nunca abandonaron a Vico, quien pasaba gran parte de su vida lidiando con problemas financieros. Las bajas remuneraciones de su cátedra y las obligaciones familiares le obligaron a tomar decisiones difíciles y a vivir bajo una constante presión económica, lo que se reflejó en su carácter serio y algo misántropo.

Inicios de una carrera filosófica influenciada por el Humanismo

Aunque Vico desempeñó su labor docente, fue en sus horas de trabajo personal y en la escritura donde realmente floreció como pensador. Durante las primeras dos décadas del siglo XVIII, publicó varios trabajos de notable profundidad filosófica y jurídica, como el De nostri temporis studiorum ratione (1709), un ataque al racionalismo y al método deductivo de Descartes. En este tratado, Vico expresó su desacuerdo con la corriente cartesiana que se estaba imponiendo en Europa, prefiriendo un enfoque más holístico, que privilegiaba la imaginación y la memoria por encima de las frías abstracciones matemáticas.

Este periodo temprano también estuvo marcado por su creciente interés por la historia como campo de estudio. Vico comenzó a desarrollar sus ideas sobre la historia no como una serie de hechos aleatorios, sino como un proceso ordenado y cíclico, regido por leyes universales y, en última instancia, por la intervención divina. La idea de que la historia humana debía entenderse como una ciencia con principios propios y universales fue una de las bases sobre las que se construiría su obra más importante, La Ciencia Nueva.

En sus primeros escritos, Vico ya mostró su disposición a cuestionar las perspectivas predominantes de la época, y a elaborar una visión alternativa de la historia humana, marcada por su convicción de que el conocimiento profundo de las sociedades solo podría alcanzarse a través de la interpretación histórica y cultural. La historia no solo debía ser narrada, sino entendida desde sus raíces culturales y espirituales. Este enfoque constituyó una de las premisas fundamentales de lo que más tarde desarrollaría como su «Ciencia Nueva», una visión innovadora del devenir histórico que lo colocaría en el centro del debate filosófico y académico de su tiempo.

La génesis de la «Ciencia Nueva» y sus obras más influyentes

La concepción de la Historia como Ciencia

A lo largo de las primeras décadas del siglo XVIII, la filosofía de Giambattista Vico se fue moldeando hacia una idea revolucionaria: la Historia como una ciencia. Para él, el estudio de la historia no podía seguir los mismos métodos racionalistas aplicados a las ciencias exactas, como la matemática y la física, impulsados por figuras como Galileo o Descartes. Vico veía en estas aproximaciones un intento vano de controlar lo incontrolable, de reducir la complejidad humana a un conjunto de fórmulas geométricas.

La verdadera ciencia, según Vico, era la Historia, pues el hombre es el único ser capaz de conocer de manera profunda y verdadera aquello que ha hecho. Esto se debía a que el conocimiento pleno de algo solo es alcanzable por quien lo ha creado, un concepto que Vico formuló bajo la idea de que verum et factum (lo verdadero y lo hecho) son coincidentes. Para Vico, solo la historia, que es obra humana, podía ofrecer un conocimiento completo, ya que se trata de un proceso en el cual la humanidad se convierte en su propio artífice.

En este sentido, la historia para Vico no es solo un relato de hechos pasados, sino un campo que permite comprender los principios que gobiernan el comportamiento humano y el desarrollo de las civilizaciones. Este concepto de la Historia, como una disciplina distinta de las ciencias exactas, representaba una crítica al empirismo y al racionalismo que dominaban en la época, postulando una visión más rica y compleja, que integraba la espiritualidad, la cultura y las emociones humanas.

Principios de una Ciencia Nueva y su impacto

La obra más conocida de Vico, Principios de una Ciencia Nueva sobre la naturaleza de las naciones (1725), marcó el clímax de su propuesta filosófica. En esta obra, Vico postulaba que la historia humana sigue un ciclo cíclico y ordenado, guiado por principios universales y providenciales. Su enfoque no solo rompía con la visión lineal y progresiva de la historia que predominaba en su tiempo, sino que además afirmaba que el conocimiento humano debía ser estudiado a través de la historia, y no a partir de las matemáticas o de la geometría, como propugnaban los filósofos racionalistas.

Principios de una Ciencia Nueva sentó las bases de lo que Vico denominó la «Historia ideal eterna», un conjunto de principios universales que rigen el desarrollo de las civilizaciones a lo largo del tiempo. En esta obra, Vico propuso su famosa teoría de los ciclos históricos, los cuales comprendían tres edades: la edad teocrática, la heroica y la humana. Cada una de estas etapas representaba una fase distinta en la evolución de las sociedades, desde la devoción religiosa y mística hasta la racionalidad política y social.

La concepción de Vico de los ciclos históricos fue profundamente innovadora, pues veía la historia no como una línea recta, sino como un proceso en constante transformación, que pasa por periodos de orden y caos, avance y retroceso. Las crisis cíclicas, según Vico, eran esenciales para el desarrollo y el cambio de las sociedades. Cada ciclo de crecimiento y decadencia generaba nuevas formas de organización y entendimiento, lo que en última instancia conducía al renacimiento de la civilización.

En las ediciones sucesivas de su obra, como la Ciencia Nueva Segunda (1730) y la Ciencia Nueva Tercera (1740), Vico amplió y refinó su propuesta, profundizando en la relación entre la providencia divina y el destino histórico de las naciones. Aunque la obra recibió cierto reconocimiento, no fue hasta años más tarde, tras su muerte, que su pensamiento encontraría una amplia influencia, especialmente en las ideas de filósofos como Hegel y Marx, quienes vieron en Vico una de las primeras formulaciones de la dialéctica histórica.

Publicaciones importantes y su dedicación a la teoría histórica

Además de su trabajo más reconocido, Ciencia Nueva, Vico publicó otros estudios que complementaron y explicaron su pensamiento filosófico. Entre ellos, destacan obras como De nostri temporis studiorum ratione (1708), un vehemente ataque al racionalismo cartesiano, en el que Vico criticó la primacía de la razón y las matemáticas, favoreciendo un enfoque más emocional y simbólico en la comprensión humana. Esta obra fue uno de los primeros ensayos en los que se reveló su desconfianza hacia los métodos científicos de su época y su preferencia por la historia, la retórica y la filología como fuentes de conocimiento.

Además, Vico se dedicó a estudiar los orígenes del lenguaje y el derecho en sus obras De antiquissima italorum sapientia ex linguae latinae originibus eruenda (1710) y De universi iuris uno principio et fine uno (1720), así como en De constantia iurisprudentis (1722). Estas obras demuestran su interés por entender las bases de las civilizaciones desde su lenguaje y sus sistemas jurídicos, áreas que consideraba fundamentales para entender la evolución de la humanidad.

El esfuerzo de Vico por desarrollar una comprensión de la historia que integrara lo racional y lo irracional, lo divino y lo humano, lo ordenado y lo caótico, le permitió construir una filosofía que trascendió los límites de su tiempo. A pesar de las dificultades personales y económicas que atravesó, y del escaso reconocimiento que recibió en vida, su obra dejaba entrever una perspectiva profunda sobre la naturaleza humana y sus ciclos históricos, que continuaría influyendo en la filosofía siglos después.

Legado y aportes intelectuales duraderos

Últimos años y reconocimiento oficial

Durante la década de 1730, Giambattista Vico experimentó un creciente reconocimiento por su labor intelectual. Su nombre comenzó a ser respetado no solo en su ciudad natal de Nápoles, sino también en círculos académicos más amplios. En 1735, Vico fue honrado con el cargo de Historiador Real, un puesto que finalmente le otorgó el reconocimiento oficial que había buscado a lo largo de su carrera. A pesar de los continuos problemas financieros que acompañaron a gran parte de su vida, este cargo representó un hito en su carrera académica.

Sin embargo, las dificultades no desaparecieron por completo. Aunque el reconocimiento público fue importante, Vico nunca llegó a gozar de la estabilidad económica o el prestigio académico que muchos de sus contemporáneos alcanzaron. Su vida estuvo marcada por una constante lucha contra la miseria y las frustraciones personales, que alimentaron su carácter introspectivo y, a menudo, misántropo. A pesar de esto, su dedicación a la filosofía de la historia nunca flaqueó, y se mantuvo firme en su empeño de entender los procesos históricos de la humanidad a través de su Ciencia Nueva.

Vico continuó perfeccionando su obra más importante hasta el final de su vida. Su Ciencia Nueva fue revisada y corregida en varias ediciones, las cuales fueron publicadas póstumamente. La última versión, que vio la luz en 1740, poco antes de su muerte en 1744, contenía nuevos desarrollos y ampliaciones que profundizaban aún más en las ideas que Vico había venido elaborando durante su vida. Aunque murió el 23 de enero de 1744 en Nápoles, su influencia seguiría creciendo con el tiempo.

El pensamiento de Vico en la filosofía moderna

El legado de Vico ha perdurado y su influencia ha sido mucho mayor de lo que se le reconoció en vida. Su visión de la historia como un proceso cíclico, con períodos de ascenso y decadencia, ha sido vista como una anticipación de la dialéctica de Hegel y más tarde de la concepción histórica de Marx. La idea de que la historia no es un proceso lineal, sino cíclico y marcado por crisis recurrentes, fue un aporte fundamental para la filosofía de la historia.

Vico fue uno de los primeros filósofos en destacar la importancia de los factores no racionales, como la fantasía y la religión, en la configuración de las civilizaciones. Esto le permitió ofrecer una crítica fundamental al racionalismo de la Ilustración y al empirismo que prevalecía en la época. A diferencia de filósofos como Descartes, que confiaban en la razón como el medio único para alcanzar el conocimiento, Vico vio en la historia un campo donde los seres humanos, a través de sus emociones, creencias y actos, construyen las civilizaciones.

En este sentido, su énfasis en el papel de la Providencia divina en la historia no debe ser interpretado como una regresión hacia el oscurantismo medieval, sino como un intento de integrar lo divino y lo humano en la interpretación de los procesos históricos. La Providencia no era para Vico un simple elemento religioso, sino un principio natural que guiaba a las sociedades a través de los altibajos de su desarrollo. En este contexto, la filosofía de Vico se aleja del optimismo de la razón ilustrada y propone una visión más compleja y menos ingenua de la historia humana.

El legado perdurable de la «Ciencia Nueva» y su influencia histórica

A pesar de las dificultades que Vico enfrentó durante su vida, su Ciencia Nueva y sus otros escritos filosóficos se convirtieron en pilares fundamentales del pensamiento histórico moderno. Sus ideas fueron especialmente influyentes en la filosofía alemana y en los movimientos filosóficos posteriores al siglo XVIII. Su concepción de la historia como un proceso en el que el ser humano está constantemente lidiando con el caos y el orden, el progreso y la regresión, fue una influencia directa sobre la filosofía hegeliana y marxista, que también vieron en la historia un proceso dialéctico de avances y retrocesos.

Vico también anticipó muchas de las ideas de la teoría social y política moderna. Su idea de que las sociedades humanas atraviesan diferentes fases, desde la teocrática hasta la humana, influyó en la concepción de los ciclos de civilización, que luego sería recogida por pensadores como Oswald Spengler y Arnold Toynbee. Su insistencia en la importancia del estudio histórico y cultural como medio para entender la sociedad también es un antecedente de las ciencias sociales modernas, que han integrado la historia, la antropología y la sociología para comprender los procesos de transformación social.

A nivel académico, el reconocimiento de la obra de Vico creció enormemente en el siglo XIX, cuando filósofos y científicos sociales comenzaron a redescubrir sus ideas. Su énfasis en los aspectos espirituales y culturales de la historia fue un antídoto contra el materialismo científico de la época, ofreciendo una alternativa filosófica que abordaba tanto los aspectos racionales como los irracionales de la humanidad.

Su legado también perdura en su enfoque integrador del conocimiento humano. Mientras otros filósofos intentaban reducir la complejidad de la humanidad a fórmulas matemáticas o lógicas, Vico fue uno de los primeros en mostrar que la historia humana no puede entenderse sin considerar sus múltiples dimensiones: la razón, la emoción, la espiritualidad y la cultura.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Giambattista Vico (1668–1744): Fundador de la Filosofía de la Historia y Pensador del Caos y el Orden". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/vico-giambattista [consulta: 20 de febrero de 2026].