Valeriano (190-259): El emperador romano que cayó prisionero de los persas
Valeriano, emperador romano entre los años 253 y 259, es una figura clave de la historia del Imperio Romano. Su mandato estuvo marcado por la constante amenaza de los pueblos bárbaros, así como por tensiones internas y decisiones controvertidas que afectaron la vida política, religiosa y social de Roma. Aunque inició su carrera con éxito, su destino final fue trágico: fue capturado por el rey persa Sapor I, lo que dejó una huella perdurable en la historia romana.
Orígenes y contexto histórico
Publio Licinio Valeriano nació alrededor del año 190 d.C. en Roma, en el seno de una familia senatorial. La familia Licinia era parte de la élite política y social romana, y Valeriano pronto ascendió en las filas del poder, destacándose por su capacidad administrativa y su destreza militar. En el contexto de una Roma debilitada por la crisis del siglo III, marcada por guerras civiles y una constante amenaza de invasión, Valeriano se erigió como una figura clave en el Imperio Romano.
A principios de la década de 250, Roma enfrentaba una profunda inestabilidad, tanto interna como externa. Las luchas por el poder, las invasiones de tribus bárbaras y las dificultades económicas ponían en jaque la estabilidad imperial. En este contexto, el emperador Decio, quien gobernaba en ese momento, decidió recuperar el cargo de censor, y fue Valeriano quien fue elegido para ocuparlo en el año 251 d.C. Este cargo le permitió tener control sobre la administración civil romana, incluyendo la capacidad de crear nuevas leyes y establecer impuestos. Su influencia en el Senado fue considerable, ocupando el puesto de princeps desde el año 238 d.C.
Logros y contribuciones
El mandato de Valeriano comenzó en el año 253 d.C., tras la muerte del emperador Trebonio Galo. Durante su ascenso, Valeriano fue proclamado emperador por sus propias tropas, después de la muerte del usurpador Emiliano, quien fue asesinado por sus propios soldados. Una de las primeras decisiones importantes de Valeriano fue asociar a su hijo, Publio Licinio Galieno, al poder. Galieno fue nombrado coemperador y se encargó de la defensa del Occidente del Imperio, mientras que Valeriano se centró en los asuntos del Oriente.
Valeriano adoptó una política continuista con la de su predecesor, Decio, favoreciendo al Senado y promoviendo una serie de reformas fiscales que beneficiaban a la élite romana. Una de estas medidas fue la exención de los latifundistas, quienes no estaban obligados a contribuir al mantenimiento del ejército con los productos de sus tierras. Aunque estas medidas eran vistas con buenos ojos por los poderosos de Roma, también generaban tensiones con las clases bajas y los sectores militares, que sufrían los efectos de una economía agotada.
Sin embargo, el aspecto más controvertido de su reinado fue su persecución de los cristianos. Bajo la presión de su administrador Macronio, Valeriano aprobó una serie de medidas persecutorias contra los cristianos, que culminaron en la promulgación de un decreto en 257 d.C. que prohibía las asambleas y los cultos cristianos. Este decreto estuvo dirigido principalmente contra las elites romanas que se habían convertido al cristianismo. Dos años después, en 258 d.C., Valeriano dictó un segundo decreto que condenaba a muerte a los senadores y caballeros cristianos. Además, las mujeres cristianas serían desterradas, y los funcionarios públicos cristianos caerían en la servidumbre, mientras que sus bienes serían confiscados por el Estado. Esta persecución no solo tuvo un impacto religioso, sino también económico, ya que tenía un claro fin recaudatorio.
Momentos clave
La figura de Valeriano está fuertemente asociada con los conflictos en el Oriente, particularmente con el reino persa de Sapor I, quien se convirtió en su principal enemigo. Durante su reinado, el Imperio Romano se enfrentó a las incursiones de los persas en la región de Armenia y en las ciudades de Antioquía y Dura Europos. Aunque Valeriano logró expulsar a los persas inicialmente, la situación cambió rápidamente cuando los ejércitos de Sapor I regresaron con fuerza.
En un giro dramático de los acontecimientos, Valeriano fue derrotado en la batalla de Edesa. Durante esta confrontación, fue capturado por el rey persa Sapor I, quien se mostró despiadado con el emperador romano. Sapor I ordenó que Valeriano fuera llevado a Persia como prisionero, un hecho que quedó inmortalizado en los relieves de Bishapur, donde se representa al emperador romano a los pies de Sapor, en una clara humillación.
La muerte de Valeriano y su legado
La captura de Valeriano por parte de Sapor I marcó el fin de su reinado y la decadencia de su figura. Pasó sus últimos años en cautiverio, lejos de su patria, sin que su hijo, el emperador Galieno, pudiera hacer nada para liberarlo. Valeriano murió en Persia, probablemente alrededor del año 259 o 260 d.C., en circunstancias que siguen siendo inciertas. Algunos historiadores sugieren que fue ejecutado, mientras que otros sostienen que falleció debido a las condiciones extremas del cautiverio.
La muerte de Valeriano dejó una huella profunda en el Imperio Romano. La captura de un emperador romano por parte de un enemigo extranjero fue un evento sin precedentes que desestabilizó aún más un Imperio Romano que ya se encontraba en crisis. La falta de una respuesta efectiva por parte de su hijo Galieno y la caída de Valeriano ante los persas también reflejaron las dificultades internas del Imperio para hacer frente a las amenazas externas.
A pesar de los desafíos y de su trágico final, Valeriano sigue siendo recordado como una figura que, aunque no pudo evitar el colapso de Roma en su tiempo, estuvo al frente de la lucha contra los invasores, buscando proteger los intereses del Imperio Romano en una época de constantes conflictos.
Relevancia actual
Hoy en día, Valeriano es una figura que ilustra las tensiones internas y externas que sufrió Roma en el siglo III. Su historia está marcada por las decisiones difíciles que tomó para mantener el poder, incluida la persecución de los cristianos, así como su trágico final como prisionero de guerra. El episodio de su captura por parte de Sapor I sigue siendo uno de los relatos más dramáticos de la historia romana y subraya las vulnerabilidades de un Imperio Romano que estaba en medio de una crisis existencial.
MCN Biografías, 2025. "Valeriano (190-259): El emperador romano que cayó prisionero de los persas". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/valeriano-emperador-de-roma [consulta: 16 de febrero de 2026].
