José María de Torrijos (1791–1831): Héroe del Liberalismo que luchó hasta el último aliento
José María de Torrijos (1791–1831): Héroe del Liberalismo que luchó hasta el último aliento
Orígenes y primeros años (1791–1808)
José María de Torrijos y Uriarte nació el 20 de marzo de 1791 en Madrid, en una familia vinculada a la corte española. Su padre, Cristóbal Torrijos, era Ayudante de Cámara del rey Carlos IV, lo que permitió que el joven José María creciera en un entorno de privilegio, en la misma corte que veía los cambios políticos que marcarían el fin del Antiguo Régimen en España. Desde temprana edad, José María se sintió atraído por la carrera militar, siguiendo los pasos de su padre.
A los 10 años, Torrijos fue nombrado paje del rey Carlos IV, lo que le permitió acercarse al mundo de la monarquía y la nobleza. Sin embargo, su verdadera vocación fue la vida militar, por lo que, a los 13 años, decidió ingresar a la Academia de Alcalá de Henares, donde cursó estudios para convertirse en ingeniero militar. La situación de España, marcada por las tensiones previas a la Guerra de Independencia, cambiaría radicalmente el futuro de Torrijos, quien, a pesar de su juventud, estaba ya destinado a jugar un papel importante en los años venideros.
La guerra de independencia española (1808–1814)
El estallido de la Guerra de Independencia en 1808 marcó un antes y un después en la vida de José María de Torrijos. El 2 de mayo de 1808, en pleno conflicto entre España y las fuerzas napoleónicas, Torrijos se encontraba en el cuartel de Voluntarios del Estado en Madrid, donde había sido asignado para negociar con el general Gobert. Sin embargo, durante su misión de parlamentar, estalló el combate en Madrid y Torrijos fue capturado. Fue liberado tras la intervención de Borely, el ayudante de campo de Murat, pero la experiencia sirvió para forjar su compromiso con la lucha contra el ejército francés.
A lo largo de la guerra, Torrijos participó activamente en la defensa de diversas ciudades españolas. En 1809 acudió a la defensa de Valencia y, más tarde, estuvo presente en la resistencia de Murcia y Cataluña, siempre en el lado de las fuerzas patriotas. No obstante, en 1810, durante un enfrentamiento en Tortosa, Torrijos fue capturado por las fuerzas francesas comandadas por el mariscal Suchet. A pesar de su cautiverio, Torrijos demostró una resistencia admirable y logró escapar de las prisiones francesas, regresando a España en 1811 para retomar la lucha.
Prisión y regreso a la lucha (1810–1814)
El regreso de Torrijos a España no fue fácil. En 1811, fue nombrado instructor del Regimiento de Tiradores de Doyle en la Isla de León, pero su espíritu revolucionario pronto lo llevó a ser parte activa del conflicto político y militar en el país. En 1812, se destacó en la batalla de Vitoria, donde sus méritos fueron reconocidos por el comandante británico Wellington, quien lo propuso para el rango de brigadier. Este reconocimiento fue una clara muestra de su valía en el campo de batalla.
Sin embargo, las tensiones políticas internas y la oposición a la monarquía absolutista que comenzaba a afianzarse en el país llevaron a Torrijos a enfrentarse con las autoridades que deseaban mantener el poder absoluto. Rechazando la oferta de un destino en América con Pablo Morillo, decidió quedarse en Madrid, donde continuó su trabajo por la causa liberal, incluso cuando las circunstancias parecían desfavorables.
La victoria en la batalla de Vitoria y ascensos (1814–1816)
A lo largo de 1814, la guerra de independencia llegó a su fin, pero las tensiones internas en España estaban lejos de resolverse. Torrijos, que se había ganado el respeto de sus compañeros y superiores, recibió un ascenso y se distinguió en varias batallas, incluida la crucial victoria en Vitoria, en la que las tropas españolas, apoyadas por los británicos, derrotaron al ejército napoleónico. A raíz de este éxito, Torrijos fue ascendido a brigadier y continuó luchando en diversas zonas de España.
En 1815, fue nombrado gobernador militar de varias regiones del sureste de España, incluidas Murcia, Cartagena y Alicante, lo que le permitió consolidarse como uno de los líderes militares más importantes del país. En 1816, su dedicación y valor fueron premiados con la Gran Cruz de San Fernando, uno de los más altos honores militares de la época.
A pesar de estos logros, el contexto político en España seguía siendo inestable. Torrijos, como muchos otros militares, se vio atrapado entre las tensiones de un sistema político dividido entre liberales y absolutistas. Mientras que algunos de sus compañeros apoyaban la vuelta al absolutismo, Torrijos se mantuvo fiel a los principios liberales que habían sido tan importantes durante la Guerra de Independencia.
El régimen absolutista y la persecución política (1817–1823)
La restauración del absolutismo bajo Fernando VII, tras el fin de la Guerra de Independencia, supuso un golpe a las aspiraciones liberales en España. A pesar de haber luchado por la libertad del país, Torrijos se encontró atrapado en una situación política compleja, en la que los principios constitucionales parecían estar en peligro. En 1817, Torrijos comenzó a conspirar junto a otros militares como Juan Van Halen en busca de la restauración de la Constitución de 1812. No obstante, su activismo político pronto le valió la persecución de las autoridades absolutistas.
En diciembre de 1817, Torrijos fue arrestado por su implicación en actividades subversivas. Primero fue encarcelado en el castillo de Santa Bárbara de Alicante, y luego fue transferido a la Inquisición de Murcia, donde fue interrogado y sometido a presión por sus ideas revolucionarias. A pesar de las duras condiciones de su encarcelamiento, Torrijos nunca dejó de luchar por sus ideales. Desde su prisión, continuó conspirando y promoviendo la causa liberal. Este período de encarcelamiento reflejó la constante represión que vivieron los liberales en un contexto de restauración absoluta, pero también marcó la resistencia inquebrantable de Torrijos hacia el régimen de Fernando VII.
La situación política cambiaría en 1820 con la llegada del pronunciamiento militar que restauró la Constitución de 1812. En febrero de 1820, Torrijos fue liberado tras el triunfo de los liberales, y rápidamente regresó a Madrid, donde asumió el mando de un regimiento de infantería. En ese momento, Torrijos se alineó firmemente con el gobierno constitucional y se convirtió en un defensor activo del sistema liberal frente a las amenazas absolutistas.
La defensa del constitucionalismo y la era absolutista (1823–1827)
La etapa constitucional de 1820–1823 fue un periodo de esperanza para los liberales en España, pero su victoria se vio rápidamente amenazada por el regreso del absolutismo. En 1823, tras la invasión francesa para restaurar a Fernando VII en el trono con el apoyo de los monárquicos, Torrijos se destacó como uno de los líderes del ejército constitucionalista que resistió la invasión francesa. En este período, su nombramiento como mariscal de campo y su envío a Navarra lo convirtieron en una figura clave en la lucha contra los absolutistas, al lograr victorias importantes sobre las fuerzas realistas.
No obstante, la resistencia constitucionalista fue inútil frente al poder de las tropas francesas, que finalmente obligaron a la rendición del ejército liberal. Torrijos, en lugar de someterse al régimen restaurado de Fernando VII, optó por el exilio, al igual que otros liberales comprometidos con la causa. Tras la derrota, Torrijos se dirigió hacia el sur de España, pero pronto se vio forzado a embarcarse hacia el exilio, primero en Marsella y luego en Londres. Este exilio marcó el comienzo de una nueva etapa de su vida, en la que sus actividades políticas se trasladaron al ámbito internacional.
El exilio y las luchas en el extranjero (1827–1830)
En su exilio, Torrijos continuó involucrándose en la política europea y en las luchas por la independencia de América. En 1827, se unió a la Junta de Londres, una organización secreta creada para promover la causa liberal en España. Torrijos mantenía una firme creencia en la unión de las naciones ibéricas y colaboró con los movimientos independentistas en América Latina, buscando apoyar sus ideales en otros continentes.
Durante esta época, Torrijos mantuvo una relación cercana con otros líderes liberales, como Francisco Espoz y Mina, y formó parte de varias sociedades secretas, como la «Asamblea de Constitucionales Europeos» y «Los Unidos contra el trono y el clero». Sin embargo, sus esfuerzos por reorganizar a los liberales y llevar a cabo una expedición para derrocar a Fernando VII fracasaron, en parte debido a las dificultades económicas y a la falta de apoyo político.
En 1829, después de perder el subsidio del gobierno británico, Torrijos se vio obligado a subsistir mediante traducciones y otros trabajos. Escribió y publicó algunas obras, como las Memorias del general Guillermo Millwer y las Memorias de Napoleón, lo que le permitió ganar algo de dinero mientras seguía comprometido con la causa liberal. Durante estos años, su vida política estuvo marcada por la frustración, ya que el régimen absolutista de Fernando VII continuaba sin ser desafiado eficazmente en el país.
El regreso a España y la trágica expedición de 1831
El año 1830 marcó un punto de inflexión en la vida de Torrijos. A pesar de sus fracasos pasados, su deseo de regresar a España y acabar con el régimen absolutista seguía vivo. En la madrugada del 28 de enero de 1831, Torrijos y un pequeño grupo de seguidores llegaron a La Línea, en la costa andaluza, con la esperanza de que su regreso pudiera marcar el inicio de un nuevo levantamiento liberal. Aunque se había preparado durante meses, la expedición fue descubierta rápidamente por las autoridades españolas.
Al día siguiente, Torrijos y sus hombres fueron detenidos por las fuerzas realistas bajo el mando del gobernador de Málaga, Vicente González Moreno. A pesar de no haber ofrecido resistencia significativa, los prisioneros fueron rápidamente sentenciados a muerte sin juicio formal. La ejecución de José María de Torrijos y sus compañeros tuvo lugar el 11 de diciembre de 1831, cuando fueron fusilados en las playas de Málaga, a orillas del mar, en una muestra de la brutalidad del régimen absolutista.
A pesar de su trágico final, la memoria de Torrijos perduró en la historia de España. Su lucha por la libertad y la Constitución lo convirtió en un símbolo de la resistencia contra la tiranía. En 1837, su esposa, Luisa Carlota Sáenz de Viniegra, recibió el título de Condesa de Torrijos y, en 1838, el de Vizcondesa de Fuengirola. En 1860, publicó una obra en la que relató la vida de su esposo, perpetuando el legado de José María de Torrijos como uno de los grandes héroes del liberalismo español.
MCN Biografías, 2025. "José María de Torrijos (1791–1831): Héroe del Liberalismo que luchó hasta el último aliento". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/torrijos-jose-maria-de [consulta: 2 de febrero de 2026].
