Susan Sontag (1933–2004): La Intelectual que Definió el Pensamiento Crítico del Siglo XXI

Susan Sontag (1933–2004): La Intelectual que Definió el Pensamiento Crítico del Siglo XXI

Introducción y Primeros Años (1933-1950)

Orígenes familiares y contexto socioeconómico

Susan Sontag nació el 16 de enero de 1933 en Nueva York, en el seno de una familia judía de clase media-alta. Su padre, Jack Rosenblat, era un importador y exportador de pieles que había logrado construir un negocio próspero, mientras que su madre, Mildred Jacobson, también provenía de una familia judía, aunque con una trayectoria diferente. Aunque la familia disfrutaba de una vida acomodada, los viajes frecuentes de los padres por motivos laborales, especialmente a China, significaron que Susan pasara gran parte de su niñez bajo el cuidado de sus abuelos y varias niñeras. Este entorno de ausencia afectiva de los padres fue una constante en los primeros años de su vida y dejó una huella significativa en su personalidad y en su posterior carrera intelectual.

Cuando Susan tenía apenas cinco años, su padre falleció de una afección pulmonar, y poco tiempo después, la joven comenzó a sufrir los primeros síntomas de asma, una enfermedad que la acompañaría durante toda su vida. Ante la preocupación por su salud, su madre decidió mudarse primero a Miami y luego a Tucson, buscando un clima más adecuado para la niña. Esta etapa de su vida estuvo marcada por un profundo sentimiento de soledad, que Sontag mencionó en diversas ocasiones en sus memorias. La ausencia de sus padres y el hecho de que su madre, aunque atenta, no mostrara un gran interés por ella o su hermana, consolidaron un sentido de aislamiento en la joven Susan.

Infancia en Nueva York y Miami

En su niñez, Susan Sontag se destacó como una alumna brillante. Su inteligencia natural la llevó a ser promovida de curso varias veces, lo que le permitió estar rodeada de compañeros mayores. Desde una edad temprana, Sontag encontró refugio en los libros, desarrollando una voraz pasión por la lectura que se convertiría en una de las piedras angulares de su vida. En su infancia, ya había leído autores como Víctor Hugo, Honoré de Balzac y Edgar Allan Poe, lo que le permitió adentrarse en una visión compleja y madura de la literatura. Su acercamiento al periodismo comenzó cuando, aún siendo muy pequeña, creó una revista escolar que vendía a sus vecinos.

Este temprano interés por la literatura y la escritura sería uno de los factores determinantes en su futuro como pensadora y escritora. El hecho de que Sontag se relacionara más con los libros que con sus compañeros de clase también reflejó una sensación de desconexión social que, más tarde, sería una de las marcas de su personalidad: la combinación de una profunda reflexión intelectual y una vida privada marcada por la distancia emocional.

Influencia de la lectura y primeros años de formación

A pesar de las dificultades emocionales, la joven Susan encontró en la lectura una forma de escape y autorreflexión. A los nueve años, ya había desarrollado una relación profunda con la literatura, particularmente con los grandes clásicos del siglo XIX. Sus intereses literarios no solo eran una vía para procesar su soledad, sino también un medio para comprender el mundo que la rodeaba.

Al ingresar a la escuela secundaria en California, donde se mudó después del matrimonio de su madre con Nathan Sontag en 1945, Susan continuó destacándose como estudiante. Fue en el Instituto de North Hollywood donde no solo sobresalió académicamente, sino que también asumió un rol de liderazgo, convirtiéndose en la directora del periódico escolar. Durante esta etapa, sus compañeros comenzaron a reconocer en ella un talento fuera de lo común, y a pesar de que inicialmente la consideraban «rara», pronto comprendieron que Susan poseía una inteligencia aguda y una capacidad para escribir que pocos podían igualar. La joven Sontag llegó a ser incluida en el consejo escolar del instituto, un reconocimiento a su brillantez.

Matrimonio con Philip Rieff y sus primeras decisiones personales

Con tan solo 17 años, Sontag se enamoró de Philip Rieff, un profesor de sociología en la Universidad de Chicago, y se casó con él en 1950. El matrimonio fue inesperado para muchos, considerando que la joven Sontag ya mostraba signos de tener una sexualidad ambigua, lo que indicaba que la elección del matrimonio fue, en cierto modo, un experimento personal. El matrimonio con Rieff también marcó el inicio de una maternidad temprana, pues en 1952, Sontag dio a luz a su hijo David. A pesar de los desafíos personales y las tensiones internas que el matrimonio le trajo, este fue un periodo que también le permitió sumergirse más profundamente en el mundo académico y literario.

Su paso por la Universidad de Chicago, donde comenzó su educación formal, fue decisivo para Sontag, pues se mostró como una estudiante ambiciosa, trabajando con rigurosidad para cumplir con los altos estándares de la institución. En 1954, se trasladó a Cambridge para continuar sus estudios en Harvard, donde profundizó en la filosofía. Sin embargo, no todo fue armonioso. A pesar de la maternidad y el matrimonio, Susan ya había comenzado a dudar de sus decisiones personales y pronto reconoció que la maternidad y el matrimonio con Rieff no eran las elecciones adecuadas para ella.

En 1956, Sontag se mudó a Oxford para continuar sus estudios y, durante ese periodo, se alejó de su esposo, con quien finalmente se divorció tras regresar a Nueva York. Este fue un momento crucial en la vida de Susan Sontag, pues a partir de allí su vida tomaría un rumbo más autónomo, tanto en lo personal como en lo profesional. La joven madre, ya divorciada, emprendió una nueva etapa de su vida en solitario, donde sus inquietudes intelectuales y su capacidad literaria florecerían, dando inicio a su carrera como escritora.

Formación Intelectual y Primeros Logros (1950-1960)

Educación universitaria en Chicago, Harvard y Oxford

Después de completar su formación secundaria en California, Susan Sontag continuó su educación en la Universidad de Chicago, un centro académico conocido por su exigente currículo. Durante sus años en Chicago, la joven Sontag profundizó en estudios de filosofía, sociología y literatura, lo que alimentó su curiosidad intelectual. Aunque su paso por la universidad fue fundamental para su crecimiento académico, fue en este periodo cuando comenzó a cuestionar su vida personal y las decisiones que la habían llevado hasta allí. En este momento, la joven pensaba con una claridad que definiría su carrera futura: la necesidad de tomar el control de su vida intelectual y personal, algo que quedó reflejado cuando decidió abandonar a su esposo, Philip Rieff.

Tras dejar a Rieff y su vida en Chicago, Sontag se trasladó a Oxford, donde continuó su formación académica, aunque no de manera convencional. Sus estudios en Oxford fueron menos formales, pero cruciales para su proceso de maduración intelectual. Fue en Europa, inmersa en una de las culturas más vibrantes del momento, donde Sontag se sentó por primera vez a reflexionar profundamente sobre el arte, la cultura y la política.

Durante este tiempo, también comenzó a forjar importantes relaciones con otros intelectuales, lo que profundizó su visión crítica del mundo. Estos primeros años en Europa y su exploración de la vanguardia cultural francesa marcaron el nacimiento de un estilo único de pensamiento que la convertiría en una de las voces más destacadas del siglo XX.

Vida en Europa y su relación con el entorno cultural francés

El periodo europeo de Sontag fue clave en su desarrollo como pensadora. Si bien los años de formación en Chicago y Oxford la dotaron de una sólida base académica, fueron sus experiencias en París las que marcaron la evolución de su pensamiento. En la capital francesa, se sumergió en la efervescencia cultural que definía a la ciudad durante la década de 1950 y principios de los 60. Estudió a autores como Roland Barthes, Michel Foucault y Simone de Beauvoir, quienes influyeron profundamente en su perspectiva sobre la cultura, la política y la estética.

Es importante señalar que, además de su educación formal, Susan aprovechó la oportunidad para explorar la vida intelectual bohemia que se respiraba en la ciudad. En París, se rodeó de otros escritores, filósofos y artistas que la animaron a desafiar las convenciones tradicionales del pensamiento occidental. Este entorno la inspiró a mirar el mundo desde una perspectiva más amplia y a cuestionar los sistemas establecidos de poder, lo que la llevaría a convertirse no solo en escritora, sino también en una pensadora política de renombre.

Matrimonio, maternidad y divorcio

Aunque su matrimonio con Philip Rieff en 1950 fue una elección convencional, que sorprendió incluso a quienes la conocían, pronto se hizo evidente que esa decisión no era adecuada para Sontag. A pesar de que la maternidad y el matrimonio parecían ser un paso natural, Susan rápidamente se dio cuenta de que estas responsabilidades no solo la limitaban, sino que la alejaban de su verdadero llamado intelectual.

En 1952, Susan y Philip tuvieron su primer hijo, David. Aunque el nacimiento de su hijo fue un momento crucial en su vida, Sontag no dejó que la maternidad definiera su identidad. Tras el nacimiento de David, las tensiones en su matrimonio comenzaron a aumentar. Sontag reconoció que su vida personal no estaba alineada con sus aspiraciones académicas y artísticas, por lo que optó por distanciarse emocionalmente de su esposo. Finalmente, después de varios años de conflicto, Susan y Philip se divorciaron, un acto que simbolizó su liberación tanto personal como profesional.

La separación no solo le permitió redefinir su vida, sino que también la motivó a continuar sus estudios y comenzar una carrera literaria que, más tarde, la llevaría a la fama. Esta etapa de su vida fue crucial, pues fue en estos años que Susan dejó atrás las expectativas tradicionales para mujeres de su época, adoptando una postura autónoma e independiente que la caracterizaría durante toda su carrera.

Primeros intentos literarios y aparición de su primera novela «El benefactor»

En 1961, Sontag completó su primera novela, El benefactor (originalmente titulada Los sueños de Hyppolte). Aunque la novela contenía fuertes elementos autobiográficos y se puede considerar un trabajo experimental, la crítica no fue del todo favorable. La obra es una reflexión compleja sobre el poder, la identidad y la moralidad, pero su densidad intelectual y su estilo narrativo abstracto fueron difíciles de digerir para el gran público. Sin embargo, el editor Roger Straus, conocido por su ojo para los talentos emergentes, quedó impresionado tanto por la obra como por la presencia intelectual de Sontag.

En este periodo, Susan también empezó a colaborar con Partisan Review, una de las revistas más influyentes de la época en el mundo de las ideas y la cultura. A través de sus ensayos y artículos, Sontag comenzó a ganar notoriedad por su capacidad para abordar temas complejos con una profundidad y claridad impresionantes. En sus escritos, comenzó a desentrañar temas culturales y filosóficos, estableciendo un puente entre la crítica literaria y la política, un campo en el que continuaría marcando pauta a lo largo de su carrera.

Aunque El benefactor no alcanzó el éxito comercial que Susan esperaba, su aparición marcó un hito en su carrera, pues le permitió hacerse un nombre dentro del ámbito literario y, lo más importante, establecer la base sobre la cual construiría su futura carrera de ensayista. Fue este trabajo el que la catapultó a la escena intelectual, que la consolidaría en las siguientes décadas.

Consagración Literaria y Compromiso Político (1960-1970)

«Notas sobre lo Camp» y el inicio de su carrera como ensayista

La década de 1960 representó el despegue definitivo de Susan Sontag como una de las voces más influyentes de la crítica cultural y literaria. Su primer gran éxito llegó con la publicación de Notas sobre lo Camp (1964), un ensayo que transformaría su carrera. En este trabajo, Sontag abordó el fenómeno cultural del «camp», un estilo estético que hasta entonces había sido considerado trivial o incluso frívolo. Lo que Sontag hizo fue darle una nueva perspectiva intelectual a un fenómeno cultural en auge, elevándolo a un objeto de reflexión académica.

El concepto de «camp», como Sontag lo describió, no solo era una forma de expresión artística, sino también una actitud frente a la vida y el arte. El ensayo se caracterizó por su originalidad y profundidad, convirtiéndose en un manifiesto intelectual que otorgaba dignidad y complejidad a una estética que muchos consideraban superficial. Con esta obra, Sontag se estableció como una figura clave en la crítica cultural contemporánea y como una intelectual capaz de dar una nueva mirada sobre lo aparentemente trivial, transformándolo en un tema serio de reflexión.

A través de Notas sobre lo Camp, Sontag logró poner en cuestión las normas establecidas de la cultura pop y el arte moderno, demostrando una vez más su capacidad para explorar temas desde ángulos novedosos y complejos.

«Contra la interpretación» y el análisis cultural

A partir de 1966, Sontag publicó su segundo libro de ensayos, Contra la interpretación, que consolidó su reputación como una crítica cultural de vanguardia. En este texto, Sontag desafió las convenciones de la crítica tradicional, especialmente la tendencia a interpretar obras artísticas de manera excesiva, siempre buscando significados ocultos o interpretaciones profundas que a menudo pasaban por alto lo que ella consideraba lo más esencial: la forma y la estética de la obra misma.

Sontag se mostró escéptica hacia lo que percibía como una tendencia de la crítica a reducir el arte a un vehículo de significados ideológicos o psicológicos. En lugar de interpretar, ella abogaba por una apreciación más directa y sensual de las obras, un acercamiento que priorizara la experiencia estética por encima de cualquier esfuerzo de traducción intelectual. Esta postura, radical en su momento, fue aclamada por muchos como una ruptura con la crítica tradicional y la elevó aún más como una de las pensadoras más innovadoras de su generación.

A través de Contra la interpretación, Sontag también continuó explorando temas sobre el arte y la cultura contemporánea, y su relación con el cine, la literatura y la filosofía. Esta obra profundizó en su capacidad de ver más allá de las convenciones culturales, buscando siempre las dimensiones más complejas y sutiles de los fenómenos culturales.

Compromiso político y viajes por Cuba y Vietnam

A medida que Sontag se consolidaba como figura literaria, también se involucraba en causas políticas que marcaban su tiempo. A finales de los años 60, su postura política se tornó cada vez más radical, reflejando su compromiso con la lucha contra las injusticias sociales y los regímenes opresivos. En 1968, Sontag viajó a Cuba, donde se mostró abiertamente simpatizante con la Revolución Cubana. En este viaje, la autora observó de cerca el impacto de la revolución y se unió a un creciente número de intelectuales que veían en el régimen castrista una oportunidad para un cambio profundo en la estructura social.

Sin embargo, su relación con el régimen cubano se volvería más compleja después de 1971, cuando Sontag criticó públicamente la represión de escritores disidentes como Heberto Padilla. Este acto de valentía intelectual, en el que se mostró firme ante la censura del régimen, le valió tanto elogios como críticas. El compromiso de Sontag con las libertades individuales y su disposición a criticar incluso a los movimientos que inicialmente apoyó, la posicionaron como una pensadora ética y política dispuesta a tomar riesgos por sus principios.

A partir de ahí, Sontag también se comprometió activamente en la oposición a la Guerra de Vietnam, un conflicto que le pareció injusto e inmoral. Participó en protestas y, en 1968, realizó un viaje a Vietnam del Norte, una experiencia que luego plasmaría en su libro Viaje a Hanoi (1969), en el que documentó su estancia en el país durante el conflicto. La obra reveló no solo su oposición al intervencionismo estadounidense, sino también su visión crítica sobre la guerra y sus consecuencias devastadoras para los pueblos involucrados.

Cine y otros proyectos artísticos

A pesar de que su vocación como ensayista dominaba su carrera, Sontag también incursionó en el mundo del cine. A lo largo de los años 60 y 70, experimentó con la escritura de guiones y la dirección de películas. Su colaboración con la actriz y productora sueca Nicole Stéphane dio lugar al filme Dúo para caníbales (1967), una película de marcado carácter experimental que reflexionaba sobre el poder y las relaciones humanas.

Aunque el cine no fue el centro de su carrera, esta incursión en la dirección y producción cinematográfica mostró el alcance de su pensamiento crítico, trasladando sus ideas filosóficas y políticas a un medio diferente. A través de sus trabajos cinematográficos, Sontag se acercó más a la vanguardia cultural de la época, demostrando una vez más su disposición a explorar nuevos terrenos intelectuales.

La década de los 60 y 70, entonces, fue para Susan Sontag una época de consolidación como figura pública y de expansión en su rol de pensadora y creadora. Su capacidad para combinar su labor como ensayista, escritora, activista y cineasta la convirtió en una de las figuras más relevantes de su tiempo. Sin embargo, esta fase de éxito no estuvo exenta de dificultades, especialmente cuando, tras las tensiones con los regímenes comunistas, Sontag se vio obligada a replantear su relación con los movimientos políticos que hasta entonces había defendido sin reservas.

Reconocimientos, Enfermedad y Últimos Años (1970-2004)

Luchas personales: el cáncer y su enfoque en La enfermedad y sus metáforas

A lo largo de la década de 1970, la vida de Susan Sontag experimentó un cambio dramático cuando, en 1975, fue diagnosticada con cáncer de mama. Este evento, que marcaría profundamente tanto su vida personal como profesional, llevó a Sontag a enfrentarse no solo a la enfermedad en sí, sino también a las percepciones sociales sobre la enfermedad. En su ensayo La enfermedad y sus metáforas (1978), Sontag exploró cómo las metáforas y el lenguaje que rodean el cáncer, y otras enfermedades graves, están cargadas de connotaciones que pueden ser tan destructivas como la propia enfermedad. En su crítica, Sontag desafiaba la forma en que la sociedad percibía el cáncer como una metáfora de la debilidad moral y espiritual, denunciando las implicaciones negativas que esta visión tenía para los pacientes.

El enfoque de Sontag sobre la enfermedad era radical en su época. En lugar de ceder a la angustia de la enfermedad, ella decidió mirar el cáncer desde una perspectiva crítica, cuestionando la forma en que el miedo y el tabú en torno a esta enfermedad afectaban la percepción pública de los enfermos. Durante su tratamiento, Sontag optó por someterse a un tratamiento agresivo de quimioterapia, a pesar de las severas consecuencias físicas que esto implicaba. Esta experiencia no solo fue una lucha por su vida, sino también un momento de reflexión sobre la condición humana, la salud y el sufrimiento.

Además de la fortaleza con la que enfrentó su enfermedad, La enfermedad y sus metáforas también representó una parte importante de su legado intelectual, pues su análisis de la enfermedad dejó una marca indeleble en la forma en que la cultura occidental aborda el sufrimiento físico y la muerte.

Su rol en el pensamiento crítico y la cultura política global

Aunque el cáncer y sus luchas personales ocuparon gran parte de su atención durante los años 70 y 80, Sontag nunca dejó de involucrarse activamente en el mundo intelectual y político. En los años posteriores a su tratamiento, continuó escribiendo y participando en el debate público. En 1987, publicó Peregrinaje, un libro de memorias que reflejaba tanto su vida personal como su vida intelectual, marcando una fase de introspección en su carrera.

Sontag también siguió siendo una firme defensora de las libertades humanas y la libertad de expresión. A lo largo de su vida, se enfrentó a gobiernos opresivos y regimes autoritarios. Su lucha por la defensa de los derechos humanos fue constante, y fue un ejemplo de integridad y valentía intelectual. En la década de los 90, cuando el mundo vivía el auge de la guerra en los Balcanes, Sontag viajó a Sarajevo, donde asumió la tarea de revisar la obra de Samuel Beckett en el contexto del conflicto. Su producción intelectual continuó hasta sus últimos días, siempre con un enfoque crítico hacia los eventos políticos y sociales que sacudían el mundo.

La leucemia y su legado literario y filosófico

En marzo de 2003, Sontag fue diagnosticada con leucemia, y aunque su estado de salud empeoró rápidamente, continuó trabajando hasta el final de su vida. A pesar de la gravedad de la enfermedad, Sontag nunca dejó de ser una voz fuerte en la crítica literaria y en el análisis cultural. En el mismo año de su diagnóstico, recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, un reconocimiento a su contribución al pensamiento libre y a su capacidad para desafiar los convencionalismos de la sociedad. Ese mismo año, también recibió el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes por su compromiso con el pensamiento crítico y su inquebrantable apoyo a la libertad de expresión.

La muerte de Susan Sontag en diciembre de 2004 marcó el fin de una era intelectual. Fue una de las últimas grandes pensadoras del siglo XX que luchó con una mirada afilada contra los totalitarismos, las injusticias y las hipocresías de la sociedad contemporánea. Su legado, sin embargo, no terminó con su fallecimiento. Durante sus últimos años de vida, Sontag continuó siendo una figura fundamental en el pensamiento y la cultura mundial.

Muerte, homenajes y legado postmortem

Susan Sontag murió el 28 de diciembre de 2004 en Nueva York. Sus últimos momentos fueron testigos de su determinación por no dejar que la enfermedad la definiera. Fue enterrada en el Cementerio de Montparnasse en París, un lugar que ha sido hogar de muchos intelectuales y figuras de renombre. Su fallecimiento generó una ola de homenajes y tributos de figuras literarias y políticas, que destacaron su valentía, su intelecto brillante y su compromiso con la verdad.

En uno de sus últimos artículos, Sontag reflexionó sobre la guerra de Irak y la manera en que las imágenes y los videos de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib definieron el conflicto. Esta atención al poder de las imágenes en la era moderna fue un testamento de su capacidad para comprender los procesos sociopolíticos más amplios a través de los detalles más pequeños y humanos.

Salman Rushdie, uno de sus más cercanos amigos, la describió como «una gran artista literaria, una pensadora original e intrépida que luchó siempre por la verdad, y una infatigable aliada en muchas batallas». La crítica y el pensamiento de Sontag trascendieron las barreras de la literatura para convertirse en una fuente continua de inspiración para generaciones futuras.

Su legado literario y filosófico sigue vivo en sus numerosos ensayos, novelas y reflexiones sobre el arte, la política y la cultura. A lo largo de su carrera, Sontag desafió las normas sociales, políticas y artísticas, dejando una huella que sigue siendo relevante en el debate contemporáneo.


Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Susan Sontag (1933–2004): La Intelectual que Definió el Pensamiento Crítico del Siglo XXI". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/sontag-susan [consulta: 28 de enero de 2026].