Francisco Salvá y Campillo (1751–1828): Pionero de la Medicina y la Ciencia Experimental en España

Francisco Salvá y Campillo (1751–1828): Pionero de la Medicina y la Ciencia Experimental en España

Orígenes y Formación de Francisco Salvá y Campillo

Contexto social y familiar

Francisco Salvá y Campillo nació en Barcelona en 1751, en el seno de una familia con una profunda vinculación con la medicina. Su padre, Jerónimo Salvá Pontich, era un prestigioso médico del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, lo que marcó un componente fundamental en el entorno en que Francisco creció. Desde su infancia, se vio rodeado de un ambiente académico y científico que favoreció su formación y su futuro como uno de los médicos y científicos más destacados de la España ilustrada.

Su educación primaria y secundaria se llevó a cabo en el Colegio Episcopal de Barcelona, donde cursó sus estudios entre 1757 y 1766. Durante estos años, mostró un destacado interés por las ciencias naturales y las disciplinas relacionadas con la medicina, lo que le permitió, a una edad temprana, vislumbrar su futura carrera. La influencia de su padre y los conocimientos médicos que este le transmitió, contribuyeron a forjar la temprana vocación de Salvá, quien mostró un deseo por ir más allá de los principios tradicionales de la medicina de la época.

Formación académica

Concluida su educación secundaria, Salvá se trasladó a la Universidad de Valencia para continuar con sus estudios en medicina. En Valencia, entre 1766 y 1770, consolidó su formación académica, utilizando como textos fundamentales los trabajos de Andrés Piquer, una figura destacada de la medicina española del siglo XVIII, que influiría en su visión inicial sobre la práctica médica. La obra de Piquer y las enseñanzas derivadas de los Comentaria de Gerard van Swieten, influenciado por Hermann Boerhaave, formaron la base de los conocimientos médicos de Salvá durante sus primeros años como estudiante.

En 1771, Salvá se trasladó a la Universidad de Huesca para presentarse a las pruebas de grado. Allí obtuvo el título de bachiller en medicina y, posteriormente, continuó su formación en Toulouse, donde obtuvo el título de doctor en medicina, lo que le permitió regresar a Barcelona con una sólida preparación académica. Esta etapa de su vida estuvo marcada por un proceso de aprendizaje que le permitió adquirir no solo un vasto conocimiento en teoría médica, sino también la capacidad de cuestionar y adaptar las prácticas científicas de la época.

Primeras influencias y prácticas

Una vez de vuelta en Barcelona, Salvá perfeccionó sus conocimientos clínicos trabajando junto a su padre en el Hospital de la Santa Cruz. La práctica médica en este prestigioso hospital le permitió afianzar sus habilidades y convertirse rápidamente en uno de los médicos más destacados de la ciudad. Su enfoque clínico se caracterizó por la aplicación rigurosa de los conocimientos científicos adquiridos, lo que le permitió ir más allá de la medicina tradicional.

En 1773, Salvá ingresó en la Real Academia Médico-Práctica de Barcelona, un hito que marcó el comienzo de su carrera en la investigación y en el ámbito académico. Además, en 1786, también fue admitido en la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes, lo que consolidó su prestigio como científico y médico. Estas instituciones serían claves en el desarrollo de sus investigaciones científicas, y en ellas llevaría a cabo buena parte de su actividad científica durante los siguientes años.

Intereses y aproximación científica

Desde sus años de formación, Salvá mostró una clara orientación hacia la innovación y la crítica a los métodos tradicionales de la medicina. Su formación bajo la influencia de la «Alte Wiener Schule», una escuela médica de Viena que se destacó por su enfoque empirista y experimental, marcó una diferencia clave con respecto a otros médicos de su época. A diferencia de los defensores de la medicina tradicional y sistemática, Salvá se inclinó por un enfoque más práctico, fundamentado en la observación y la experimentación, que le permitió rechazar muchas de las enseñanzas heredadas de figuras como Andrés Piquer.

Su obra más temprana estuvo influenciada por su interés en las técnicas médicas de la escuela vienesa, especialmente en el campo de la inoculación contra la viruela. En 1777, Salvá escribió dos libros en defensa de la inoculación antivariólica, una técnica que, a pesar de la oposición de muchos médicos de la época, fue defendida por Salvá con gran convicción. Esta postura le permitió ganarse la admiración de médicos como Anton van Haen, un destacado miembro de la escuela de Viena, a quien Salvá consideraba un modelo a seguir en muchos aspectos de la medicina preventiva.

A medida que avanzaba en su carrera, la figura de Francisco Salvá se consolidaba como una de las más relevantes en la medicina de la Ilustración española. Su visión crítica y progresista le permitió no solo cuestionar los métodos tradicionales, sino también implementar nuevas prácticas basadas en la ciencia moderna, sentando las bases para una medicina más empírica y menos dogmática.

Desarrollo y Aportaciones Científicas

Trabajo médico y científico

A lo largo de su carrera, Francisco Salvá y Campillo destacó por sus importantes contribuciones al campo de la medicina, especialmente en lo que respecta a la prevención y tratamiento de enfermedades infecciosas. Uno de sus principales logros fue su defensa de la inoculación antivariólica. En 1777, Salvá publicó dos libros en defensa de esta técnica, que consistía en inocular a las personas con un poco de material de viruela para protegerlas de una infección más grave. En ese momento, la práctica aún era controvertida, especialmente en España, donde muchos médicos la rechazaban. Sin embargo, Salvá, basándose en los avances científicos internacionales y en su admiración por médicos como Anton van Haen, se posicionó a favor de esta práctica.

La viruela continuó siendo una preocupación importante para Salvá, quien dedicó varios estudios a esta enfermedad a lo largo de su vida. En 1790, la Société Royale de Médecine de París premió una de sus memorias sobre los purificantes y la ventilación de las viruelas. En sus investigaciones, Salvá mostró una profunda preocupación por la eficacia de los métodos de tratamiento de la viruela, y su estudio sobre las propiedades terapéuticas de los purgantes reveló una postura crítica hacia los enfoques tradicionales de la época.

En cuanto a la vacunación antivariólica, tras el descubrimiento del procedimiento por Edward Jenner, Salvá fue uno de los primeros médicos españoles en aceptar y promover la vacuna. En lugar de la inoculación tradicional, que utilizaba el virus de la viruela, la vacunación utilizaba la viruela bovina, que resultaba menos peligrosa. Salvá desempeñó un papel crucial en la difusión de esta técnica en Cataluña y fue uno de los corresponsales de Ignacio María Ruiz de Luzuriaga, quien también trabajó en la difusión de la vacunación en España.

A pesar de su defensa de las vacunas, Salvá no fue completamente ajeno a la controversia médica de su tiempo. Su actitud escéptica frente al preparado antifebril de José Masdevall, que se hizo popular en la lucha contra las epidemias, es otro ejemplo de su enfoque científico y crítico. Salvá consideraba que la medicina debía basarse en la observación empírica y en el análisis riguroso de los resultados, en lugar de seguir ciegamente teorías sin una base sólida de evidencia. Esto se reflejó también en su trabajo sobre la fiebre tifoidea y el escorbuto, que realizó en 1794 en respuesta a un concurso convocado por la Société Royale de Médecine.

Contribución a la enseñanza médica

Uno de los legados más importantes de Salvá fue su trabajo en la reforma de la enseñanza médica en España. A partir de 1765, la Academia Médico-Práctica de Barcelona había solicitado varias veces la creación de una cátedra de clínica. Salvá, impulsado por su visión de una medicina más empírica y práctica, se comprometió a lograr este objetivo. Finalmente, en 1797, gracias a sus esfuerzos, se fundó el Real Estudio de Medicina Práctica en Barcelona, bajo la dirección de la Academia. Esta institución marcó un hito en la enseñanza de la medicina en España, ya que permitió una educación médica más centrada en la práctica clínica.

En 1801, Salvá pronunció la lección inaugural de este nuevo centro, en la que defendió la importancia de la enseñanza clínica, un concepto que en aquellos tiempos era relativamente innovador. A lo largo de los años siguientes, Salvá y su colega Vicente Mitjavila enseñaron a los futuros médicos a adoptar un enfoque más empírico y observacional en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. Los trabajos que Salvá publicó entre 1802 y 1818 sobre la medicina clínica consolidaron su reputación como uno de los pensadores más avanzados de la medicina en España.

A pesar de la influencia de figuras clave como Van Swieten y Boerhaave, Salvá se distanció de los enfoques sistemáticos y dogmáticos que dominaron la medicina de la época. En lugar de aceptar de forma pasiva las teorías establecidas, Salvá adoptó una actitud crítica y revolucionaria, proponiendo reformas en los métodos de enseñanza y en la terminología médica. Sus escritos defendieron la idea de que los estudiantes de medicina debían basarse en la observación directa y en los avances científicos más recientes.

Enfoque crítico y original

La crítica de Salvá a los sistemas tradicionales de la medicina no se limitó solo a su oposición a los enfoques dogmáticos de la teoría médica. También se extendió a la clasificación de las enfermedades y los métodos diagnósticos de la época. Salvá rechazó las clasificaciones médicas de François Boissier de Sauvages y Philippe Pinel, considerándolas insuficientes y demasiado rígidas. En su lugar, promovió una visión más flexible y dinámica de la medicina, que se basara en la observación directa y en la evolución de las enfermedades.

A lo largo de su carrera, Salvá también mantuvo una actitud escéptica hacia algunas de las doctrinas más aceptadas de su tiempo, como la doctrina esfigmológica de Francisco Solano de Luque, y defendió enfoques más racionales, basados en la experiencia y la observación empírica. Este enfoque lo llevó a una revolución conceptual en la manera de practicar la medicina, propugnando una visión menos dogmática y más experimental.

Legado y Repercusiones de la Obra de Salvá

Impacto en la medicina española y europea

El legado de Francisco Salvá y Campillo en la medicina española es amplio y significativo. Su trabajo influyó profundamente en la medicina clínica, tanto en la práctica médica como en la formación de nuevos médicos. Salvá fue un defensor del enfoque empírico, abogando por la enseñanza basada en la observación directa y en la experimentación. A través de la Real Escuela de Medicina Práctica de Barcelona, que fundó en 1797, y de su labor en la Academia de Ciencias Naturales y Artes, Salvá se encargó de educar a nuevas generaciones de médicos que, a su vez, transformaron la práctica médica en España.

Su visión crítica de la medicina tradicional y su impulso por reformas en la enseñanza médica dejaron una huella profunda en el sistema educativo de la época. Salvá se desmarcó de las rígidas estructuras de la medicina académica, influenciadas por autores como Boerhaave y Piquer, para promover una medicina más abierta a los avances y descubrimientos científicos de la época. Esta actitud lo colocó en la vanguardia de la medicina española durante la Ilustración y le permitió contribuir decisivamente a la modernización de la ciencia médica en el país.

Salvá también se ganó el reconocimiento internacional gracias a sus aportes en la difusión de la vacunación antivariólica. Su colaboración con médicos de renombre como Ignacio María Ruiz de Luzuriaga contribuyó a que España se mantuviera a la vanguardia de las innovaciones médicas internacionales, especialmente en el campo de la lucha contra la viruela.

Relevancia de su obra en la ciencia experimental

Aparte de sus contribuciones a la medicina, Francisco Salvá también realizó importantes avances en el campo de la ciencia experimental, particularmente en el área de la electricidad. Su interés en la telegrafía eléctrica lo llevó a realizar experimentos pioneros en la transmisión de señales a través de corriente eléctrica. En 1795, presentó su propuesta para la aplicación de la electricidad a la telegrafía, utilizando descargas de una botella de Leiden y varios conductores para transmitir mensajes. Este trabajo fue notable por su enfoque innovador, dado que Salvá había desarrollado, de forma casi independiente, un sistema de telegrafía basado en la electricidad, antes de que los avances posteriores de Samuel Morse y otros científicos consolidaran este campo.

Además, sus investigaciones sobre el galvanismo, que ya estaban en curso antes de los descubrimientos de Luigi Galvani y Alessandro Volta, lo llevaron a cuestionar algunas de las ideas predominantes sobre la electricidad animal. Salvá propuso que existiera un fluido galvánico distinto al eléctrico, influenciado por las ideas de Alexander von Humboldt, lo que demuestra su disposición a desafiar las corrientes dominantes de su época y a proponer nuevas teorías basadas en la observación y la experimentación.

El galvanismo y sus aplicaciones a la telegrafía eléctrica fueron campos en los que Salvá mostró una gran creatividad y una capacidad para innovar que, aunque no tuvieron un impacto inmediato, sentaron las bases para desarrollos futuros en el campo de la física experimental.

Desafíos hacia la unificación profesional

Una faceta menos conocida de la figura de Salvá fue su oposición a la reforma de la unificación profesional de médicos y cirujanos. En 1812, Salvá criticó enérgicamente la creación de los nuevos colegios de cirugía y su intento de unificar a los médicos de formación universitaria con los cirujanos, quienes hasta entonces habían sido considerados una clase profesional separada. En su libro sobre el tema, Salvá atacó a los responsables de esta reforma, como Perchet, el fundador del Colegio de Cirugía de Cádiz, acusándolos de ser responsables del derroche de fondos públicos y de favorecer a sus propios intereses familiares.

Este conflicto con la reforma quirúrgica refleja no solo el carácter combativo y crítico de Salvá, sino también su compromiso con una medicina que debía ser rigurosa y basada en principios científicos, sin ceder a los intereses corporativos o políticos. Su postura en este tema también refleja su actitud profundamente individualista y antiinstitucional, característica de muchos pensadores de la Ilustración.

Reflexión sobre su figura

La figura de Francisco Salvá y Campillo ha sido reevaluada en diversas ocasiones a lo largo de los siglos. A pesar de su influencia directa en la medicina y la ciencia experimental, su legado no siempre ha recibido el reconocimiento que merece. En parte, esto se debe a que muchas de sus propuestas más avanzadas fueron opacadas por la prevalencia de otras corrientes científicas y médicas en Europa.

Sin embargo, hoy en día se le reconoce como un pionero de la medicina moderna, cuyo enfoque empírico y experimental anticipó muchas de las reformas que transformarían la medicina en el siglo XIX. Su crítica a los sistemas establecidos y su impulso por la observación directa y la práctica clínica siguen siendo elementos centrales de la medicina contemporánea. A través de su obra, Salvá ayudó a cimentar los principios de una medicina científica, abierta a la experimentación, al análisis y a los avances continuos.

En el ámbito científico, sus experimentos con la electricidad y sus aportes a la telegrafía marcaron un momento clave en la evolución de la ciencia experimental en España, con una clara anticipación de muchos de los desarrollos que surgirían en el siglo XIX. A pesar de que sus descubrimientos en el campo de la electricidad no tuvieron una repercusión inmediata, su innovación fue una pieza fundamental en la historia de la tecnología eléctrica.

La figura de Salvá es un ejemplo claro de cómo la Ilustración y su impulso por el conocimiento científico y la racionalidad sentaron las bases para la modernización de la medicina y la ciencia en España. Su legado perdura hoy no solo en la medicina clínica, sino también en las ciencias experimentales y en la manera en que concebimos la enseñanza y la investigación científica.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Francisco Salvá y Campillo (1751–1828): Pionero de la Medicina y la Ciencia Experimental en España". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/salva-y-campillo-francisco [consulta: 15 de febrero de 2026].