Pelayo (¿-737): El Primer Rey de Asturias y Héroe de la Resistencia Cristiana
Pelayo (¿-737): El Primer Rey de Asturias y Héroe de la Resistencia Cristiana
Contexto histórico y orígenes de Pelayo
La caída del reino visigodo y los primeros movimientos
La figura de Pelayo, el primer rey de Asturias, se erige en un momento de gran turbulencia para la península ibérica. El siglo VIII fue testigo de la caída del poderoso reino visigodo, que gobernaba la Hispania. Esta caída se precipitó tras la muerte del rey Witiza en 710, un hecho que desató una guerra civil en el reino. En este contexto de inestabilidad, don Rodrigo, el último rey visigodo, subió al trono en 710, aunque no fue bien recibido por todos. Mientras Rodrigo se aferraba al poder, otros nobles y facciones dentro del reino apoyaron a Akhila, el hijo de Witiza, como legítimo sucesor. La pugna entre los partidarios de Rodrigo y los de Akhila desencadenó una serie de conflictos internos, debilitando la estructura del reino visigodo.
En 711, mientras los visigodos se encontraban divididos, las fuerzas musulmanas, lideradas por Tariq ibn Ziyad, desembarcaron en la península. La alianza entre Julián, el conde de Ceuta, y Oppas, obispo de Sevilla, con los musulmanes, fue clave para el éxito de esta invasión. Juntos lograron derrotar a Rodrigo en la célebre batalla de Guadalete, entre el 19 y el 26 de julio de 711, un enfrentamiento que marcó el fin del reino visigodo y la conquista de gran parte de la península por los musulmanes. Este desastre fue tan devastador que gran parte de los nobles hispanogodos se pasaron al bando musulmán, sellando la desaparición de la resistencia visigoda.
Sin embargo, en este caos y vacío de poder, surgió la figura de Pelayo. Aunque su genealogía está rodeada de incertidumbre, los relatos sobre su vida coinciden en que fue uno de los nobles que sobrevivió a la caída de Rodrigo. En el norte de la península, en las regiones montañosas de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, se refugiaron varios nobles cristianos que, a pesar de la derrota, no aceptaron la sumisión al nuevo dominio musulmán. Entre estos nobles, Pelayo se erige como una figura destacada, aprovechando la geografía inhóspita y su liderazgo para organizar la resistencia.
La batalla de Covadonga: El comienzo de la resistencia cristiana
La batalla de Covadonga (722) es uno de los eventos más simbólicos en la historia de la resistencia cristiana contra los musulmanes. Según las crónicas cristianas, fue en este lugar donde Pelayo, al mando de un pequeño ejército, derrotó a las fuerzas musulmanas en una victoria sorprendente. Sin embargo, este relato está envuelto en una gran dosis de mito y exageración. Las crónicas posteriores, como la Crónica de Alfonso III, magnificaron este enfrentamiento hasta convertirlo en una batalla épica, en la que se habló incluso de la intervención divina.
Aunque es difícil determinar con exactitud las dimensiones de esta victoria, lo que sí es claro es que, a partir de Covadonga, Pelayo consiguió consolidar su posición en el norte de la península. La derrota musulmana, aunque probablemente menor en comparación con lo que las crónicas cuentan, se convirtió en un símbolo de la resistencia cristiana. Para los cristianos de la península, esta victoria se convirtió en el primer destello de esperanza en un tiempo de oscuridad, un momento que marcaría el inicio de la llamada Reconquista, el proceso de recuperación de los territorios perdidos frente al avance islámico.
Covadonga, en términos simbólicos, fue el primer hito de una larga lucha por la independencia cristiana. La figura de Pelayo pasó a ser vista como un líder carismático, capaz de reunir a las tribus astures y organizar una resistencia organizada. Durante su reinado, se afianzaron las bases de lo que sería el futuro Reino de Asturias, que, aunque inicialmente débil y con pocos recursos, con el tiempo se convertiría en el núcleo de la resistencia contra los musulmanes en el norte de la península.
Genealogía y primeras etapas de la vida de Pelayo
Las contradicciones sobre sus orígenes
Uno de los aspectos más complicados a la hora de estudiar la vida de Pelayo es la falta de certezas sobre su genealogía y los detalles de sus primeros años. Las fuentes históricas que mencionan a Pelayo son escasas y, a menudo, contradictorias. Desde los primeros relatos medievales hasta los estudios modernos, la figura de Pelayo está rodeada de una mezcla de hechos históricos y mitos que dificultan la diferenciación entre lo real y lo legendario.
El primer texto en el que aparece Pelayo es la Crónica del 883, aunque no se sabe con certeza quién fue su autor. Algunos historiadores lo atribuyen a Alfonso III, rey de Asturias, mientras que otros señalan a Sebastián de Salamanca. A partir de este documento, otras crónicas posteriores como el Cronicón Albedense o el Cronicón Silense también mencionan al líder asturiano, pero nuevamente con diferencias notables en los detalles de su origen.
En cuanto a su genealogía, una de las versiones más comúnmente aceptadas es que Pelayo era hijo de Favila, duque de Cantabria, y por lo tanto, parte de la familia de Rodrigo, el último rey visigodo. Sin embargo, esta teoría no es unánime. Otras fuentes, como el Cronicón Albaldense, sostienen que Pelayo era hijo de Veremundo o Bermudo, y sobrino de Rodrigo, mientras que el Cronicón Silense lo ubica como hijo del duque de Álava.
Aparte de estas versiones, también existen teorías que sugieren que Pelayo no era de ascendencia visigoda, sino de una familia indígena que había ascendido en la corte visigoda debido a sus méritos. Esta teoría se apoya principalmente en las crónicas musulmanas, que se refieren a Pelayo como Belay o Belaz-el-Rumi («Pelayo el Romano»). Estas fuentes sugieren que su linaje podría ser hispanorromano en lugar de visigodo, lo que podría indicar que su familia tenía una fuerte conexión con las poblaciones locales de la península, más que con la nobleza visigoda.
Este debate sobre los orígenes de Pelayo refleja las dificultades inherentes a la reconstrucción de su biografía. Las fuentes, al ser tan tardías y contradictorias, no ofrecen una versión coherente y unificada de su ascendencia. Sin embargo, la hipótesis más generalizada es que Pelayo provenía de la nobleza visigoda, específicamente de la familia de Favila, duque de Cantabria, un territorio clave en el norte de la península que posteriormente sería un pilar del nuevo reino asturiano.
Primeros años y formación de Pelayo
Los relatos sobre los primeros años de Pelayo son igualmente oscuros. De acuerdo con algunas versiones, Pelayo pasó parte de su juventud en la corte visigoda, durante el reinado de Rodrigo, y disfrutó de la confianza del monarca. Esto sugiere que Pelayo tenía una posición destacada dentro de la nobleza, lo que le permitió acceder a una formación militar y política que, años más tarde, sería crucial en su lucha por el reino de Asturias.
En cuanto a las circunstancias que llevaron a Pelayo a refugiarse en el norte, las fuentes difieren. Algunos relatos sugieren que, tras la derrota de Rodrigo en Guadalete en 711, Pelayo huyó a las montañas de Asturias, posiblemente por ser un aliado cercano del rey visigodo. Se menciona que, debido a su lealtad a Rodrigo y su relación con la nobleza visigoda, Pelayo se vio obligado a escapar de la persecución de los musulmanes, quienes, tras la victoria en Guadalete, comenzaron a consolidar su dominio sobre la península.
Otras versiones de su vida afirman que Pelayo fue capturado después de la derrota de Rodrigo y llevado prisionero a Córdoba, la capital del emirato de Abd al-Aziz, donde permaneció cautivo hasta 717. Durante su cautiverio, Pelayo habría logrado escapar y refugiarse en los Picos de Europa, donde comenzó a organizar a los cristianos astures en una resistencia contra los musulmanes.
Por otro lado, algunas crónicas sugieren que Pelayo nunca fue capturado en la batalla de Guadalete, sino que permaneció en Toledo hasta que el obispo de Toledo, Urbano, y los nobles cristianos decidieron huir de la ciudad, llevando consigo las reliquias sagradas y el tesoro de la iglesia. Según estas versiones, Pelayo fue el encargado de guiar a este grupo hacia el norte, lo que le permitió ganar la confianza de los astures y, finalmente, ser proclamado líder.
En cualquier caso, las diferentes versiones apuntan a un punto común: Pelayo logró escapar de la derrota visigoda y refugiarse en el norte de la península, donde comenzó a forjar su leyenda. Su liderazgo no solo se consolidó por su capacidad militar, sino también por su habilidad para ganarse la lealtad de los pueblos astures, cuya resistencia al dominio musulmán sería fundamental para el establecimiento del reino asturiano.
El ascenso de Pelayo y su proclamación como rey de Asturias
De líder local a monarca
El ascenso de Pelayo a la realeza asturiana no fue un proceso inmediato ni fácil. Después de la derrota de los visigodos en Guadalete, la península ibérica quedó bajo el dominio de los musulmanes, quienes impusieron un control absoluto sobre la mayor parte de los territorios. Sin embargo, en el norte, en la agreste y difícilmente accesible región de Asturias, surgió un pequeño núcleo de resistencia cristiana que, a pesar de las adversidades, comenzó a luchar por la independencia.
A medida que los musulmanes consolidaban su dominio en el sur de la península, Pelayo se erige como una figura clave en la resistencia asturiana. No obstante, la situación de partida para el líder asturiano era de extrema debilidad. Con un ejército compuesto por pocos hombres y una infraestructura prácticamente nula, su lucha parecía estar condenada al fracaso. Además, la presión musulmana, comandada por Musa ibn Nusayr y su lugarteniente Alkama, no cesaba. A lo largo de los años, Pelayo tuvo que enfrentarse no solo a los invasores musulmanes, sino también a la escasez de recursos, el difícil terreno y la falta de un apoyo militar significativo.
La proclamación de Pelayo como rey de Asturias no fue un acto unánime ni formal en los primeros momentos. Según la tradición, el líder asturiano fue elegido por una asamblea de nobles y obispos que sobrevivieron a la caída del reino visigodo y que, al refugiarse en el norte, decidieron reconocer a Pelayo como su caudillo. Entre los que apoyaron su ascenso estaba Oppas, el obispo de Sevilla, quien, al igual que otros miembros del clero y nobles visigodos, se había exiliado en el norte debido al avance musulmán. Esta decisión no solo reflejaba el deseo de resistencia cristiana, sino también el reconocimiento de las habilidades y el prestigio de Pelayo en un momento tan crítico para los cristianos de la península.
Aunque las versiones sobre su ascenso son diversas, lo cierto es que, en el año 718, Pelayo fue proclamado rey de Asturias, aunque no de manera formal ni con grandes ceremonias, ya que la situación de guerra lo hacía casi imposible. Su proclamación como monarca fue más un acto de necesidad que de oportunidad, ya que los cristianos del norte no tenían más alternativa que seguir a un líder que había demostrado, a través de sus habilidades tácticas y liderazgo, ser capaz de organizar una resistencia exitosa.
La Leyenda y la Realidad: El Mito de la Batalla de Covadonga
Una de las primeras victorias importantes de Pelayo en su reinado fue la famosa batalla de Covadonga. Este enfrentamiento, que se llevó a cabo en el año 722, ha sido magnificado por las crónicas cristianas, que lo describen como una victoria heroica y decisiva. De acuerdo con la Crónica de Alfonso III, un pequeño ejército cristiano comandado por Pelayo derrotó a un ejército musulmán mucho más numeroso. En la versión tradicional, incluso se menciona la intervención divina, con una aparición mariana que supuestamente ayudó a los cristianos a obtener la victoria. Sin embargo, muchas de estas narraciones están profundamente embellecidas por la tradición y la necesidad de crear un relato heroico para alimentar la moral de los cristianos en un tiempo de adversidad.
Los detalles históricos de la batalla son inciertos. Es probable que la victoria de Pelayo en Covadonga no haya sido tan espectacular como las crónicas cristianas describen. Algunos historiadores sugieren que la batalla fue más bien una escaramuza, un enfrentamiento de menor envergadura en el que las fuerzas de Pelayo lograron repeler una expedición musulmana que estaba en misión de castigo o exploración. La exageración de este evento podría haber sido parte de una estrategia para crear una narrativa glorificada de la resistencia cristiana, que sirviera como símbolo de unidad y lucha contra los invasores musulmanes.
Lo que es indiscutible es que, tras esta victoria, Pelayo se consolidó como líder indiscutido de los cristianos en el norte de la península. La pequeña victoria en Covadonga le otorgó una notoriedad que le permitió reforzar su posición, unir a los diferentes pueblos astures bajo su mando y comenzar a expandir su territorio. Si bien la importancia de Covadonga ha sido debatida, lo cierto es que el efecto psicológico de esta victoria fue profundo. Los cristianos en el norte vieron en Pelayo un líder capaz de desafiar a los musulmanes y, al mismo tiempo, de preservar sus costumbres y su fe.
La expansión del reino asturiano
Después de Covadonga, Pelayo continuó luchando por consolidar su dominio. Durante los primeros años de su reinado, las incursiones musulmanas en las tierras asturianas fueron constantes, pero la presión comenzó a disminuir gradualmente. Los musulmanes, enfocados en otras regiones de la península y en las incursiones hacia Francia, no prestaron demasiada atención al pequeño reino cristiano en el norte. Esta situación favoreció a Pelayo, quien pudo fortalecer su poder y expandir su territorio hacia el oeste, aprovechando la retirada de las tropas musulmanas.
A lo largo de su reinado, Pelayo no solo se enfrentó a las fuerzas musulmanas, sino que también tuvo que lidiar con las dificultades internas propias de la creación de un nuevo reino. El establecimiento del reino de Asturias no fue un proceso sencillo, ya que los pueblos astures, aunque unidos en su resistencia, no compartían una estructura política consolidada y carecían de una infraestructura administrativa estable. Sin embargo, Pelayo logró crear una organización que permitió a su reino resistir y prosperar a lo largo de los años, lo que marcó el inicio de la reconquista cristiana en el norte de la península.
El reinado de Pelayo y la consolidación del reino asturiano
La resistencia cristiana y el establecimiento del reino de Asturias
El reinado de Pelayo en Asturias se desarrolló en un contexto de constante lucha y adaptación. Tras la victoria en Covadonga, que consolidó su liderazgo, Pelayo enfrentó la tarea de establecer un reino en una región montañosa y relativamente aislada, rodeada por los vastos dominios musulmanes. Aunque el territorio asturiano era pequeño y no muy fértil, la resistencia cristiana encabezada por Pelayo logró sobrevivir gracias a su capacidad para movilizar los recursos humanos y aprovechar las dificultades geográficas que hacían difícil el avance musulmán.
Uno de los aspectos clave de su reinado fue la organización de la sociedad asturiana en torno a una estructura monárquica centralizada. Pelayo estableció una jefatura que se fue consolidando poco a poco, ganando la lealtad de los diferentes grupos locales. La creación del reino asturiano no fue una tarea sencilla, ya que el territorio asturiano estaba compuesto por diversos clanes con tradiciones y estructuras sociales propias. Sin embargo, Pelayo logró unificar a estos grupos en una monarquía hereditaria, aunque todavía no de la magnitud de los grandes reinos medievales. A medida que su poder crecía, la cohesión interna se fortalecía, y el reino de Asturias comenzó a expandirse poco a poco hacia otras áreas del norte.
A lo largo de su reinado, Pelayo también comenzó a consolidar su poder frente a las continuas incursiones musulmanas. A pesar de que los musulmanes estaban centrados en otros frentes, como la expansión hacia Francia y el control del sur de la península, las escaramuzas entre las fuerzas asturianas y los ejércitos musulmanes continuaron durante varios años. Las incursiones musulmanas en el norte no fueron decisivas, pero obligaron a Pelayo y a sus sucesores a mantener una constante vigilancia sobre las fronteras.
Pelayo también trabajó para fortalecer el cristianismo en su reino, atrayendo a la iglesia asturiana y ganando la confianza de los obispos, quienes se convirtieron en importantes aliados en la construcción del reino. La iglesia desempeñó un papel central en la consolidación de la monarquía asturiana, proporcionando apoyo moral y político a Pelayo y sus descendientes. A su vez, el reino de Asturias comenzó a atraer a cristianos del sur, lo que permitió una migración que fue crucial para el crecimiento del reino.
La figura de Pelayo en la leyenda
A medida que Pelayo se consolidaba como rey, su figura fue rodeada de mitos y leyendas. Las crónicas cristianas, especialmente la Crónica de Alfonso III, enfatizaron su carácter heroico, y su victoria en Covadonga pasó a ser vista como un símbolo de la resistencia cristiana frente a la invasión musulmana. Las narraciones de esta batalla se cargaron de elementos sobrenaturales, con la intervención divina como un factor clave en la victoria. Estas leyendas, aunque fundamentadas en hechos históricos, fueron ampliadas y reinterpretadas para adaptarse a las necesidades de legitimación de los monarcas asturianos posteriores.
La mitificación de Pelayo no se limitó a las crónicas cristianas, sino que también se vio reflejada en la creación de símbolos de poder, como la Cruz de la Victoria. Originalmente una simple cruz de madera utilizada en Covadonga, la cruz fue transformada en un símbolo de la monarquía asturiana. Durante el reinado de Alfonso III, la cruz fue revestida de oro y piedras preciosas, convirtiéndose en un objeto de culto y un símbolo de la victoria cristiana. Este acto de sacralización de la cruz reflejaba la creciente importancia de Pelayo en la narrativa histórica y religiosa del reino asturiano.
La leyenda de Pelayo fue utilizada por los reyes posteriores no solo como un símbolo de resistencia, sino también como un medio para fortalecer la legitimidad de su dinastía. La figura de Pelayo fue convertida en un arquetipo de la lucha cristiana frente al islam, un símbolo de la unidad cristiana en tiempos de adversidad. A medida que la Reconquista avanzaba, los monarcas asturianos y castellanos utilizaron el mito de Pelayo para inspirar a sus súbditos y movilizar a las tropas en la lucha contra los musulmanes.
La expansión del reino y la estabilización interna
Con el paso de los años, el reino de Pelayo comenzó a expandirse lentamente. A pesar de las dificultades, la región asturiana, aislada geográficamente de los dominios musulmanes, se fue afianzando como un refugio seguro para los cristianos del sur. Durante el reinado de Pelayo, el pequeño reino cristiano se convirtió en un refugio y un punto de resistencia, que, a lo largo de las décadas, creció en poder y territorio.
Sin embargo, la expansión asturiana no fue inmediata ni sin desafíos. La lucha contra los musulmanes continuó, aunque de forma más esporádica. Durante los primeros años del reino de Pelayo, la amenaza musulmana disminuyó en parte debido a las tensiones internas dentro del emirato de Córdoba. Mientras los musulmanes se centraban en otros frentes, como la guerra con los francos en el norte, Pelayo aprovechó la oportunidad para consolidar el reino. La resistencia asturiana, aunque inicialmente débil, creció con el tiempo gracias al esfuerzo constante y la expansión territorial.
Pelayo murió en 737 después de diecinueve años de reinado, dejando un reino consolidado y una figura legendaria que perduraría durante siglos. Su legado fue recogido por su hijo Favila, quien lo sucedió en el trono. A pesar de las dificultades que enfrentaron los reinos cristianos del norte, el reino asturiano se mantuvo como un pilar en la lucha contra la expansión musulmana en la península ibérica.
La muerte de Pelayo y el legado de su reino
El final de Pelayo y su impacto en la historia de España
Tras diecinueve años de reinado, Pelayo falleció en el año 737, dejando un reino asturiano en expansión y una resistencia cristiana que se había consolidado firmemente en el norte de la península. La muerte de Pelayo no significó el fin de su legado, sino más bien el comienzo de una nueva etapa en la historia de Asturias y, por extensión, en la Reconquista.
La figura de Pelayo fue fundamental no solo por su capacidad para resistir la invasión musulmana, sino también por su habilidad para crear una estructura de poder en una región fragmentada. Su reinado dejó una profunda huella en la historia, y su rol como primer monarca asturiano sería utilizado por los reyes posteriores para justificar la existencia de una monarquía cristiana que luchaba por la liberación de la península del dominio musulmán.
Pelayo fue sucedido por su hijo Favila, quien continuó con la política de consolidación del reino y expandió aún más el dominio asturiano. Aunque Favila no tuvo el mismo impacto histórico que su padre, su reinado aseguró la continuidad de la dinastía asturiana y el fortalecimiento del reino en el norte. Pelayo dejó a su hijo un reino más fuerte y cohesionado, listo para enfrentar los desafíos venideros.
La importancia de Pelayo no solo se limitó al ámbito militar y político, sino que también se reflejó en la esfera religiosa. Como líder cristiano, fue una figura clave en la consolidación del cristianismo en el norte de la península. Durante su reinado, Pelayo protegió la iglesia asturiana y fomentó la construcción de iglesias, como la iglesia de Santa Eulalia de Abamia en Cangas de Onís, donde se cree que fue enterrado. Esta iglesia, que él mismo había fundado, se convirtió en un lugar de culto importante, que reflejaba la cercanía de la iglesia con la monarquía asturiana.
La leyenda de la Cruz de la Victoria y el mito de Covadonga
Tras su muerte, Pelayo fue mitificado por los reyes asturianos y castellanos que le sucedieron. Su figura pasó a formar parte de la tradición heroica, utilizada para inspirar a las generaciones posteriores en la lucha contra los musulmanes. Uno de los elementos más significativos de esta mitificación fue la Cruz de la Victoria, un símbolo que originalmente fue un simple estandarte de madera que Pelayo usó durante la batalla de Covadonga.
La cruz, que fue utilizada por Pelayo en su lucha contra los musulmanes, fue posteriormente convertida en un símbolo sagrado por los monarcas asturianos. Durante el reinado de Alfonso III, la cruz fue recubierta de oro y piedras preciosas, transformándose en un objeto de culto y una reliquia de la monarquía asturiana. La Cruz de la Victoria pasó a ser considerada un símbolo divino de la victoria cristiana y se asoció estrechamente con la figura de Pelayo.
La leyenda de la batalla de Covadonga, y especialmente la figura de Pelayo como líder cristiano, también fue utilizada para legitimar la autoridad de los monarcas asturianos posteriores. El relato de la victoria sobre los musulmanes, aunque probablemente más mitificado que real, sirvió para consolidar la idea de que Pelayo fue el primero en desafiar la invasión musulmana y que su descendencia continuaría con la lucha por la libertad cristiana en la península.
El traslado de sus restos y la tradición de Covadonga
Una tradición no confirmada históricamente, pero ampliamente difundida, sostiene que los restos de Pelayo fueron trasladados a la Santa María de Covadonga durante el reinado de Alfonso X el Sabio. Según esta tradición, el rey Alfonso X ordenó el traslado de los restos de Pelayo para colocarlos en la iglesia de Covadonga, un lugar que se convirtió en el centro de la espiritualidad asturiana. Sin embargo, no existen pruebas documentales que respalden esta historia, y muchos historiadores consideran que se trata de una leyenda creada posteriormente para fortalecer la importancia del santuario de Covadonga.
Lo cierto es que Pelayo se convirtió en una figura central en la historia y la religión de Asturias. La iglesia de Covadonga, donde se cree que se celebró su victoria, se convirtió en un lugar de peregrinaje y veneración para los cristianos del norte de España. La leyenda de la victoria de Pelayo en Covadonga se consolidó como un símbolo de la resistencia cristiana y de la lucha por la liberación de la península del dominio musulmán.
La posteridad de Pelayo en la Reconquista
El impacto de Pelayo en la historia de España no se limitó a su reinado. Su figura continuó siendo una fuente de inspiración para los monarcas asturianos y castellanos que, siglos después, buscarían emular su lucha contra los musulmanes. Pelayo fue el primer líder cristiano en plantar cara al poder musulmán, y su figura se convirtió en el estandarte de la resistencia cristiana en la península.
Los reyes asturianos, como Alfonso III y más tarde Ramiro II, se consideraron sus herederos espirituales y políticos, y utilizaron su figura como un símbolo de legitimidad. La Reconquista, el largo proceso que duró varios siglos, comenzó con la resistencia en Asturias bajo el liderazgo de Pelayo y continuó a lo largo de la península. La victoria de Pelayo en Covadonga, aunque no determinante en el plano militar inmediato, se convirtió en un hito simbólico de la lucha cristiana contra el Islam.
En resumen, Pelayo no solo dejó un reino en el norte de España, sino también una tradición histórica y religiosa que perduraría a lo largo de los siglos. Su figura se convirtió en un símbolo del espíritu de resistencia y unidad frente a la invasión musulmana, y su legado vivió en las generaciones posteriores que continuaron la lucha por la libertad cristiana en la península ibérica.
MCN Biografías, 2025. "Pelayo (¿-737): El Primer Rey de Asturias y Héroe de la Resistencia Cristiana". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/pelayo-rey-de-asturias [consulta: 30 de enero de 2026].
