Robert Edwin Peary (1856–1920): El Ingeniero que Conquistó el Polo Norte

De Pensilvania al hielo: los orígenes de un explorador

Contexto histórico de la exploración polar en el siglo XIX

A finales del siglo XIX, las regiones polares se habían convertido en el centro de atención de la ciencia, la aventura y la competencia entre naciones. Mientras los continentes principales se encontraban exhaustivamente explorados, el Ártico y la Antártida seguían siendo misterios que despertaban tanto la fascinación como el interés geopolítico. La competencia por alcanzar los polos se intensificó, no solo por el prestigio científico, sino por el dominio de territorios estratégicos.

En particular, el Ártico, con sus vastas extensiones de hielo y aguas inexploradas, se convirtió en un objetivo primordial para los exploradores. A medida que los avances tecnológicos y la navegación mejoraban, las expediciones se multiplicaron. Desde finales del siglo XIX, las noticias sobre la búsqueda del Polo Norte dominaron las publicaciones científicas y de aventura, creando una atmósfera de competencia feroz. Las expediciones de figuras como Nansen y Fridtjof Nansen en el Ártico, sumadas a los intentos fallidos de otros, sentaron las bases para las futuras expediciones que culminarían en la llegada al mítico Polo Norte.

Infancia, formación y vocación técnica

Robert Edwin Peary nació el 6 de mayo de 1856 en Cresson, Pensilvania, en el seno de una familia de clase media. Hijo de un comerciante, Peary creció en un entorno donde la educación y el trabajo duro eran altamente valorados. Desde joven, mostró una curiosidad por la ingeniería y la ciencia, lo que lo llevó a ingresar al Bowdoin College en Maine, donde se graduó como ingeniero civil en 1877. Su formación académica le permitió adquirir una base sólida en matemáticas, geografía y ciencias, conocimientos que serían cruciales para sus futuras expediciones.

En 1881, después de completar sus estudios universitarios, Peary comenzó su carrera profesional como ingeniero civil, un puesto que le permitió ingresar a la Armada de los Estados Unidos, un paso clave que marcaría el inicio de su vínculo con la exploración. Fue en este contexto cuando Peary comenzó a tener contacto con territorios remotos y trabajos en proyectos internacionales, como la medición topográfica de un canal interoceánico en Nicaragua, que le abrió la puerta a nuevas experiencias fuera del mundo académico.

El descubrimiento del Ártico como destino vital

Si bien Peary comenzó su carrera en la ingeniería y la marina, su destino cambiaría radicalmente cuando, a fines de la década de 1880, el interés por la exploración polar se apoderó de su imaginación. Fue el auge de los relatos de viajes por el Ártico, junto con el ambiente de competencia entre expediciones, lo que lo impulsó a abandonar su carrera en ingeniería. La fascinación por el desconocido mundo ártico y la posibilidad de hacer historia como pionero polar lo llevó a tomar la decisión crucial de seguir el camino de la exploración.

Peary no solo buscaba un nombre en la historia, sino que estaba profundamente atraído por la idea de descubrir nuevos territorios, desafiar los límites humanos y científicos, y estudiar las culturas nativas de las regiones que visitaba. Para ello, abandonó la estabilidad de su carrera en la Armada y decidió concentrar todos sus esfuerzos en la exploración polar. A partir de este momento, la búsqueda del Polo Norte se convertiría en su principal objetivo vital.

Fue en este contexto que Peary conoció a Matthew Henson, su futuro compañero más cercano y el hombre que compartiría con él muchas de sus expediciones más importantes. Juntos formarían una asociación histórica que sería clave en la realización de sus sueños de alcanzar el Polo Norte.

Groenlandia, glaciares y gloria: la ruta hacia el Polo Norte

Primeras expediciones árticas y hallazgos geográficos

La carrera de Robert Peary hacia el Polo Norte comenzó con una serie de arduas expediciones en Groenlandia, que no solo fueron clave para sus logros posteriores, sino también para su creciente reputación como explorador polar. En 1886, Peary organizó su primera expedición significativa hacia el Ártico, a bordo del buque Eagle, acompañado de su fiel amigo y colaborador Matthew Henson. Partieron de Bahía Disko, en la costa occidental de Groenlandia, y recorrieron 161 kilómetros hacia el interior, alcanzando una altitud de 2.287 metros sobre el nivel del mar. Este logro inicial de Peary en la exploración de Groenlandia le permitió llegar a una conclusión que cambiaría la comprensión geográfica de la isla: en lugar de ser una simple extensión de hielo, Groenlandia era una isla masiva cubierta por una capa de hielo.

Este descubrimiento fue solo el primero de una serie de victorias científicas que Peary cosechó durante sus expediciones en Groenlandia. En 1891, regresó para realizar una expedición aún más ambiciosa, esta vez acompañado por un equipo más grande y en condiciones mucho más difíciles. A bordo del buque Kile, la expedición de 1891 llegó al golfo de Inglefield y recorrió más de 2.100 kilómetros en trineo. A lo largo del camino, el equipo de Peary atravesó temperaturas extremas que llegaron a los -60 ºC, utilizando vestimenta y equipos inspirados por los inuit, el pueblo indígena que habitaba la región.

La presencia de los inuit fue fundamental en las expediciones de Peary. Durante su tiempo en Groenlandia, Peary no solo aprendió sus técnicas de supervivencia, sino que también estudió profundamente su cultura y hábitos. Esta interacción con los inuit le permitió adaptarse a las extremas condiciones árticas, utilizando iglús como refugio y adoptando la dieta tradicional basada en el pemican (carne deshidratada), lo que resultó esencial para la supervivencia del equipo.

En 1895, Peary alcanzó la zona costera del norte de Groenlandia, que más tarde sería conocida como Tierra de Peary, en honor a sus contribuciones a la cartografía de la región. Al continuar su exploración hacia el norte, Peary llegó cada vez más cerca del Ártico, impulsado por la idea de que el Polo Norte no estaba lejos, aunque aún quedaban muchos desafíos por superar.

Fracasos, avances y estrategia polar

Peary experimentó varios fracasos a lo largo de su carrera. Entre 1895 y 1902, realizó diversas expediciones a la costa norte de Groenlandia, con el objetivo de llegar más cerca del Polo. En 1902, después de años de arduo trabajo, Peary intentó atravesar el Camino Americano, una ruta que separaba Groenlandia de los territorios más extremos del archipiélago ártico. Sin embargo, esta expedición no logró alcanzar su meta original, aunque Peary sí alcanzó una latitud de 83º 20′ N, un logro considerable en ese momento. Este extremo norte de Groenlandia fue bautizado por Peary como Cabo Morris Jessup, en honor a uno de sus patrocinadores más importantes.

La expedición de 1902 también permitió a Peary realizar un avance significativo en la cartografía y comprensión de la región polar. Fue en este período cuando Peary comenzó a refinar su método de expedición, una estrategia que se basaba en una cuidadosa planificación de rutas, el uso de depósitos de víveres y la implementación de una estructura jerárquica eficiente en el terreno. Este enfoque, que hoy se conoce como el «método Peary», se convertiría en un modelo para futuras expediciones, incluido el célebre viaje de Roald Amundsen al Polo Sur.

Entre 1902 y 1905, Peary continuó con sus exploraciones en la costa norte de Groenlandia. Durante estos años, su determinación y persistencia lo llevaron a estar a solo 280 kilómetros del Polo Norte en 1905, cuando alcanzó una latitud de 87º 6′ N desde la isla de Ellezmere. Aunque el objetivo aún parecía inalcanzable, la cercanía con la meta estaba claramente marcada en su mente y en sus cálculos. Peary estaba cada vez más cerca del sueño que había perseguido durante más de dos décadas.

La conquista de 1909: tecnología, épica y simbología

En 1908, Peary finalmente dio comienzo a la expedición definitiva para alcanzar el Polo Norte. Esta expedición fue posible gracias al patrocinio del Peary Arctic Club y el apoyo de figuras clave como el congresista Thomas W. Lawson. Para esta misión, Peary contó con el buque Roosevelt, especialmente construido para resistir las gélidas aguas del Ártico. Además, la expedición fue equipada con los avances tecnológicos más sofisticados de la época, que incluyeron cronómetros, sextantes, trineos, y más de 100 perros que ayudaron en la logística del viaje.

Peary organizó a su equipo en cinco grupos, con él al mando del principal. Junto a él, viajaron Matthew Henson y cuatro inuit, todos ellos clave para el éxito de la expedición. El objetivo era avanzar por el hielo en una serie de etapas interconectadas, con depósitos de víveres a lo largo del trayecto para asegurar que el equipo pudiera continuar avanzando.

En marzo de 1909, Peary y su equipo comenzaron el último tramo de su travesía, partiendo de Cabo Columbia, en la costa de Groenlandia. Durante este viaje de un mes, atravesaron duras condiciones meteorológicas, paisajes inexplorados y se enfrentaron al agotamiento físico. Sin embargo, el 6 de abril de 1909, Peary y su equipo alcanzaron finalmente el Polo Norte, en la latitud 90º N, una meta que parecía inalcanzable tan solo unos años antes.

La emoción de Peary al llegar a su destino era indescriptible. En sus propios escritos, describe el momento como una mezcla de agotamiento y felicidad indescriptible. Con sus compañeros inuit, Peary erigió varias banderas, entre ellas la de Estados Unidos, un símbolo de su éxito, aunque también un recordatorio de los sacrificios realizados.

La llegada al Polo Norte no solo fue un hito personal para Peary, sino también un triunfo para la ciencia y la exploración humana. Sin embargo, como se descubriría poco después, el éxito de Peary sería opacado por la controversia que surgiría a raíz de otro hombre que afirmaba haber llegado al mismo lugar un año antes.

Reconocimiento, controversia y legado polar

La controversia con Frederick Cook

Tan pronto como Peary regresó de su histórica expedición al Polo Norte en 1909, su éxito fue ensombrecido por la controversia generada por Frederick Cook, un médico y explorador que afirmaba haber llegado al Polo Norte un año antes que Peary, específicamente el 28 de abril de 1908. La disputa entre ambos hombres rápidamente se convirtió en una de las más intensas y públicas controversias científicas de la época.

Cook había sido un miembro destacado de varias expediciones anteriores, incluyendo una a Groenlandia, y había logrado cierta reputación en los círculos de la exploración polar. Afirmaba que había alcanzado el Polo Norte, y presentó como pruebas una serie de fotografías y testimonios, aunque sus datos eran vagos y poco verificables. En contraste, Peary, tras regresar a los Estados Unidos, comenzó a recibir reconocimiento por su hazaña, y fue recibido como un héroe por el público y los medios. Ante esta situación, Cook no dudó en desafiar la versión oficial, y su acusación se transformó en un tema candente en la prensa internacional.

El Congreso de los Estados Unidos, frente a la creciente controversia, formó una comisión investigadora para determinar quién había sido el verdadero primero en llegar al Polo Norte. Durante las investigaciones, Peary presentó pruebas sólidas basadas en sus registros detallados, mediciones precisas y la testimoniales de sus acompañantes. En cambio, las pruebas presentadas por Cook fueron desestimadas como inadecuadas y carentes de credibilidad. La comisión falló en favor de Peary, reconociéndolo como el verdadero descubridor del Polo Norte.

A pesar de este veredicto oficial, la controversia persistió durante años. El debate sobre la veracidad de las reclamaciones de Peary sigue siendo un tema de discusión hasta el día de hoy, alimentado por las dudas de aquellos que aún se preguntan si Peary realmente alcanzó el Polo o si se quedó a unas pocas millas de la meta. Entre los argumentos que alimentaron la sospecha se encuentran la orden de Peary a su compañero Robert Abram Bartlett para que regresara al campamento cuando la expedición alcanzó una latitud de 87º 47′ N, un punto que muchos consideraban como el máximo avance antes de girar hacia el sur.

Últimos años, reconocimientos y vida después del Polo

A pesar de las dudas persistentes sobre su conquista, Peary fue ampliamente reconocido en su país. En 1911, tras el regreso triunfal de la expedición del Polo Norte, fue ascendido al rango de almirante en la Marina de los Estados Unidos, un reconocimiento a su valiente dedicación y logros. Su vida profesional se vio marcada por este ascenso, pero la controversia que envolvía su éxito no desapareció.

Peary se retiró de la Marina después de este ascenso, pero su interés por el Ártico no disminuyó. Continuó escribiendo sobre sus expediciones y compartiendo sus experiencias, convirtiéndose en una figura prominente en el ámbito científico y en los círculos de exploradores. Publicó varias obras sobre su experiencia polar, siendo algunas de las más conocidas «The North Pole» (1910), «Nearest to the Pole» (1907) y «Northward Over the Great Ice» (1908), en las cuales relataba sus desafíos, logros y las lecciones aprendidas durante sus años de exploración.

La vida de Peary también estuvo marcada por su relación con Matthew Henson, quien, a pesar de su papel crucial en las expediciones, fue muchas veces relegado a un segundo plano en los relatos oficiales. A lo largo de los años, Henson se vio injustamente excluido del reconocimiento público por su contribución a la hazaña. Sin embargo, con el tiempo, la figura de Henson fue reivindicada y, en 1937, se le rindió homenaje al colocarlo junto a Peary en una ceremonia en la que ambos fueron celebrados como los verdaderos conquistadores del Polo Norte.

Reinterpretaciones posteriores y huella histórica

Aunque en vida Peary fue reconocido y celebrado como el primero en llegar al Polo Norte, el tiempo ha permitido una revisión crítica de sus logros. A lo largo de los años, diversos estudios han puesto en duda la precisión de las mediciones y las pruebas presentadas por Peary, lo que alimentó la controversia en torno a si realmente alcanzó el Polo Norte o si se quedó a unas pocas millas del destino.

La discusión sobre la autenticidad de su hazaña continúa siendo un tema interesante en el ámbito de la exploración polar. Sin embargo, el impacto de Peary en la historia de la exploración es indiscutible. Su dedicación al Ártico, la creación de nuevas rutas, el uso de técnicas innovadoras y la integración de la sabiduría inuit en sus expediciones sentaron las bases para futuras exploraciones en regiones polares. Aunque el debate sobre la veracidad de su conquista del Polo Norte no se ha resuelto completamente, el legado de Peary como pionero polar es profundo.

El método Peary, basado en la cuidadosa planificación, el uso de tecnología avanzada y el aprovechamiento de las técnicas tradicionales inuit, dejó una huella significativa en la forma en que los exploradores posteriores enfrentaron las difíciles condiciones del Ártico. Además, su influencia puede rastrearse en los exploradores posteriores, como Roald Amundsen, quien logró alcanzar el Polo Sur en 1911 utilizando una estrategia similar.

Por otro lado, la figura de Peary también debe ser vista dentro del contexto de la exploración de territorios desconocidos y de la dinámica de competencia entre exploradores. Aunque las controversias empañaron su reputación, la relevancia histórica de su contribución es innegable. Su trabajo allanó el camino para futuras generaciones de científicos y aventureros dispuestos a desafiar los límites humanos en condiciones extremas.

Peary falleció el 20 de febrero de 1920 en Washington, D.C., dejando atrás una marca imborrable en la historia de la exploración polar. Aunque las dudas persisten, su esfuerzo incansable por conquistar lo desconocido sigue siendo un ejemplo de perseverancia, ambición y pasión por la aventura.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Robert Edwin Peary (1856–1920): El Ingeniero que Conquistó el Polo Norte". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/peary-robert-edwin [consulta: 20 de febrero de 2026].