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Ocio y entretenimientoBiografía

Palomo Martínez, Sebastián, “Palomo Linares” (1947-VVVV).

Matador de toros español, nacido en Linares (Jaén) el 27 de abril de 1947. En el planeta de los toros es conocido por el sobrenombre de “Palomo Linares”.

Palomo Linares

Aficionado a los toros desde muy temprana edad, se enfundó su primer terno de luces el 20 de junio de 1964, en la madrileña plaza de Vista Alegre. Era costumbre por aquellos años celebrar en dicho coso una serie de festejos veraniegos nocturnos que recibían el nombre de “novilladas de la oportunidad”, habida cuenta de que estaban destinados a promocionar los nombres de aquellos chavales que, recién nacidos a la carrera taurina, andaban luchando por abrirse un hueco en el escalafón novilleril. “Palomo Linares” fue, precisamente, uno de los triunfadores de dichos festejos.

El día 3 de enero de 1965, en el ruedo de la plaza de Ondara (Alicante), Sebastián Palomo lidió su primera novillada picada; y el 19 de mayo del año siguiente, en las arenas de Valladolid, tomó la alternativa de manos del diestro ecijano Jaime Ostos Carmona, quien, en presencia del coletudo gaditano Juan García Jiménez (“Mondeño”), que hacía las veces de testigo, le cedió los trastos con los que había de dar lidia y muerte a estoque al astado Feíllo, perteneciente al hierro de don Salustiano Galache. Durante aquella temporada de 1966, “Palomo Linares” intervino en cuarenta y nueve corridas, para acabar el año toreando en Hispanoamérica.

Vuelto a España, el infortunio se cebó en el día 8 de abril de 1967, cuando, en el coso de Castellón de la Plana, un toro portugués de la ganadería de Palha, que atendía al nombre de Jareteiro, le infirió una cornada de considerable gravedad. Apenas se había repuesto de este percance, cuando de nuevo fue herido gravemente, esta vez en el coso de la Ciudad Condal. Fue el día 9 de julio de aquel mismo año, cuando un toro que había pastado en las dehesas de doña Amelia Pérez-Tabernero le causó la fractura del húmero izquierdo. A pesar de que tan malhadados sucesos le forzaron a lidiar tan sólo treinta y cuatro corridas durante la campaña de 1967, “Palomo Linares” aún tuvo pundonor y arrestos para encerrarse en solitario con seis toros en la madrileña plaza de San Sebastián de los Reyes, en un bello gesto humanitario a beneficio del infortunado Manuel Álvarez (“El Bala”), que se había visto obligado a abandonar los ruedos después de que le fuera amputada una pierna.

En 1968 -año en el que, a pesar de haberlo anunciado, no consiguió confirmar en Madrid su alternativa-, Sebastián Palomo volvió a matar seis toros en Valladolid, el día 31 de marzo, esta vez en favor del Montepío de Toreros. Esta temporada le resultó mucho más beneficiosa que la anterior, ya que, al margen de lo que después toreó en Ultramar, firmó y cumplió en España setenta contratos.

En 1969 se comprometió con Manuel Benítez Pérez (“El Cordobés”) a torear juntos sin someterse a los dictados leoninos de la mayor parte de los empresarios que a la sazón dominaban el mundillo del toro, dando así lugar a la llamada “campaña de los guerrilleros”. Esta valiente actitud obligó a ambos coletudos a torear, durante casi toda la temporada, sólo en plazas menores; sin embargo, Sebastián Palomo acabó el año habiendo firmado sesenta y cinco ajuste, sin contar los que después subscribiría en Hispanoamérica.

El día 12 de abril de 1970 volvió a ofrecer una generosa muestra de su talante humanitario, encerrándose a solas con seis astados en la plaza de Almería, a beneficio del malogrado novillero Ángel Vázquez (acabado el festival, “Palomo Linares” se brindó también a matar el sobrero). Y el 19 de mayo de aquel año, en las arenas de la plaza Monumental de Las Ventas (Madrid), compareció, por fin, dispuesto a confirmar su doctarado taurino. Venía apadrinado por el espada sevillano Francisco Romero López (“Curro Romero”), quien, bajo la circunspecta mirada del coletudo salmantino Juan José García Corral (“Juan José”), que hacía las veces de testigo, le cedió los trastos con los que había de dar lidia y muerte a estoque al astado Presumido, perteneciente a la vacada de don Antonio Pérez Angoso. Acabó aquella temporada en España habiendo intervenido en ochenta corridas, y pasó luego a Hispanoamérica, donde fue herido de gravedad en las arenas ecuatorianas de Quito.

Cada vez más consagrado como figura del toreo, en 1971 protagonizó dos gestas admirables. El día 22 de mayo se anunció para lidiar y matar, en solitario, dos corridas seguidas, una por la tarde y otra por la noche, en el madrileño coso de Vista Alegre. Mató, en efecto, los seis toros apartados para la primera; mas, comoquiera que el festejo previsto para la noche hubo de ser suspendido a causa de la lluvia, “Palomo Linares” volvió a anunciar la “doble función” para el próximo 19 de junio, fecha en la que al fin pudo encadenar la corrida vespertina con la nocturna (en la que, para mayor asombro, dio también lidia y muerte al sobrero). El balance de trofeos conseguidos aquel día dejó constancia de un triunfo clamoroso: seis orejas y dos rabos por la tarde, y seis orejas y un rabo por la noche. Tras haber intervenido en sesenta y nueve corridas durante aquel año, marchó de nuevo a Hispanoamérica, donde volvió a ser herido de gravedad, esta vez en Monterrey (México).

Para los anales del toreo, su campaña más gloriosa fue la de 1972. En efecto, el 22 de mayo de dicho año, en el transcurso de la Feria de San Isidro de Madrid, cortó las dos orejas y el rabo del toro Cigarrón, perteneciente al hierro de don Atanasio Fernández. Aunque la faena fue buena, el premio fue muy discutido por una parte considerable de la severa afición que se hallaba presente en la primera plaza del mundo, que estimaba que el toreo desplegado aquella tarde por “Palomo Linares”, aun siendo de muy aquilatada ejecución, no había rayado a la altura requerida en Madrid para ser galardonado con el máximo trofeo; buena prueba de ello es que, desde entonces hasta la fecha (1998), han pasado veintiséis años sin que ningún otro torero haya logrado cortar un rabo en Las Ventas. Pero lo cierto es que Sebastián Palomo acabó siendo el máximo triunfador de aquella temporada de 1972, a pesar de que hubo de darla por concluida en España el día 19 de agosto, cuando sólo llevaba cumplidos cuarenta y cinco ajustes, porque un toro perteneciente a la ganadería de Osborne le fracturó su pierna izquierda.

Una vez restablecido, en otoño de aquel mismo año marchó de nuevo a Hispanoamérica, donde siguió cayendo herido por asta de toro: en Lima fue corneado por un toro de La Viña el día 10 de noviembre, y en México fue un astado perteneciente al hierro de don Javier Garfias el que le infirió una seria cornada (el día 7 de enero de 1973). A pesar de haber empezado el año con tan mal fario, durante esta campaña de 1973 completó en España setenta y ocho corridas. En la de 1974 intervino en setenta y un festejos, uno de los cuales, celebrado en el coso de Vista Alegre el día 1 de octubre, tuvo de nuevo a Sebastián Palomo como único espada. En 1975 firmó sesenta contratos; ochenta en 1976; cuarenta y nueve en 1977; cuarenta y seis en 1978; cuarenta y cuatro en 1979; treinta y tres en 1980; y treinta y seis en 1981. Ante este progresivo descenso en el número de ofertas, en 1982 decidió no vestirse de torero, inactividad que prolongó durante el año siguiente. Sin embargo, reapareció en la temporada de 1984, en la que intervino en treinta y cinco festejos.

Cada vez más inmerso en el mundo del arte (en el que se reveló como un excelente pintor), Sebastián Palomo se cortó la coleta en la plaza de toros de Granada, el día 7 de junio de 1985. Empero, esta retirada no fue definitiva, porque el gusanillo del toreo le forzó a reaparecer en la temporada de 1993, en la que participó en diecinueve corridas. En la campaña de 1994 firmó veinte ajustes, y desde entonces ha venido toreando muy poco, con presencias anecdóticas en festivales, corridas extraordinarias y festejos menores.

Autor

  • JR.