María II, Reina de Inglaterra (1662-1695): La monarca que desafió los vientos políticos de su tiempo

María II, nacida en Londres el 30 de abril de 1662, se convirtió en Reina de Inglaterra el 11 de abril de 1689, tras un periodo tumultuoso de reformas y rebeliones políticas. Su reinado, que terminó prematuramente con su muerte el 7 de enero de 1695 a la edad de 32 años, estuvo marcado por la influencia de su esposo, Guillermo III de Orange, con quien compartió la corona. María II, hija de Jacobo II, fue una de las figuras claves de la Revolución Gloriosa y la transición política hacia un reino más enfocado en los principios protestantes. A lo largo de su vida, desafió los límites de su tiempo y construyó un legado en la historia británica, aunque las huellas de su reinado y sus decisiones siguen siendo objeto de análisis.

Orígenes y contexto histórico

María II nació en una época de tensiones religiosas y políticas. Hija de Jacobo II, un rey católico, y de Ana Hyde, María fue educada en los principios de la Iglesia Anglicana, siguiendo las instrucciones de su tío, Carlos II, que deseaba garantizar que la sucesión en el trono británico no estuviera bajo la influencia del catolicismo. A pesar de que sus padres profesaban la fe católica, María fue educada de manera que la posicionaba como defensora ferviente de la iglesia de Inglaterra, una postura que marcaría su vida y su reinado. La joven princesa, que compartió su educación con su hermana Ana, recibió instrucción de intelectuales renombrados de la época, entre ellos Henry Compton.

El matrimonio con Guillermo III de Orange

A los 15 años, en noviembre de 1677, María contrajo matrimonio con su primo Guillermo III de Orange, el cual era un líder protestante destacado en Europa. La política exterior de Carlos II influyó en esta unión, que buscaba fortalecer la posición del reino en la lucha contra la expansión del catolicismo en Europa. Guillermo III de Orange, además de ser un firme defensor del protestantismo, era también el gobernador de Holanda. La vida matrimonial de María II, sin embargo, fue marcada por constantes tensiones. A pesar de ser feliz en sus ocupaciones domésticas, como el diseño de interiores y jardines, el matrimonio con Guillermo III fue problemático. Las infidelidades de su esposo y su falta de interés hacia ella marcaron una relación llena de frustraciones personales. A pesar de estos problemas, María siempre apoyó las decisiones políticas de su marido, incluyendo la lucha por la defensa de sus derechos al trono.

La Revolución Gloriosa

El ascenso al trono de Jacobo II en 1685 representó un cambio drástico en las relaciones políticas de Inglaterra con Europa. Guillermo III de Orange, preocupado por la creciente influencia del catolicismo en Inglaterra y temeroso de que la sucesión del trono se viera comprometida con el nacimiento del hijo de Jacobo II, el también llamado Jacobo (futuro Jacobo III), decidió tomar medidas. Con la ayuda de nobles ingleses, Guillermo III se levantó contra Jacobo II, buscando no solo la preservación de los derechos de su esposa, María, sino también el fortalecimiento de la política protestante en Inglaterra.

En 1688, tras una serie de negociaciones con los nobles, Guillermo III desembarcó en Inglaterra con el apoyo de la corte inglesa. María II, que apoyaba firmemente esta lucha, se unió a su esposo en la misión. A partir de allí, los eventos de la Revolución Gloriosa marcaron un giro decisivo en la historia británica. La revolución llevó a la caída de Jacobo II, quien fue desplazado por su hija María II y su yerno Guillermo, coronados juntos como los nuevos monarcas de Inglaterra.

El reinado conjunto de María II y Guillermo III

El 11 de abril de 1689, María II fue coronada Reina de Inglaterra junto con su esposo Guillermo III de Orange, quien también asumió el título de rey. A pesar de que María II podría haber gobernado de manera independiente, optó por compartir la carga del poder con su esposo, renunciando a involucrarse profundamente en los asuntos de Estado. En cambio, María dedicó su energía a causas benéficas, como la fundación de un hospital para marinos inválidos en Greenwich, uno de los grandes logros de su reinado.

No obstante, su papel como regente fue más activo de lo que a menudo se reconoce. Cuando Guillermo III debía ausentarse de Inglaterra para hacerse cargo de la administración de Holanda o para liderar las campañas militares en Irlanda, María II asumió las riendas del gobierno. Aunque no se sintió completamente cómoda con esta responsabilidad, María lo hizo con eficacia, siguiendo las órdenes de su esposo, que le enviaba instrucciones desde el extranjero. En este periodo, María II supervisó importantes reformas en las residencias reales, destacándose el trabajo realizado en el palacio de Kensington, donde remodeló tanto los interiores como los jardines, una muestra de su delicado gusto por la decoración.

Relevancia de María II en la historia de Inglaterra

A pesar de las dificultades personales y los desafíos políticos, María II jugó un papel crucial en el establecimiento de una monarquía más equilibrada y protestante en Inglaterra. Su reinado, aunque breve, estuvo marcado por las transformaciones que condujeron al Acta de Derechos de 1689, que limitaba el poder del monarca y consolidaba los derechos del Parlamento, un legado clave para la evolución política del país.

La influencia de María II fue crucial en la consolidación del poder de su esposo Guillermo III de Orange, quien continuó tomando decisiones políticas, pero también dependía de ella cuando estaba fuera. Juntos, los monarcas representaron un símbolo de resistencia al absolutismo monárquico y al avance del catolicismo, favoreciendo el establecimiento de una Inglaterra protestante. No obstante, su vida personal no estuvo exenta de tragedias. La falta de descendencia y las tensiones dentro de su matrimonio con Guillermo III marcaron su vida, pero su legado como monarca y como mujer que enfrentó las adversidades del poder y la política perdura.

María II, aunque falleció de manera prematura a causa de la viruela en 1695, dejó una marca profunda en la historia de Inglaterra. Su muerte, a la edad de 32 años, conmocionó a la corte y a toda la nación, pues su figura representaba tanto una figura de estabilidad como de compasión, que velaba por los intereses sociales y políticos del reino. Su reinado es recordado no solo por las reformas que impulsó, sino también por su dedicación a la causa religiosa anglicana y por su rol en la Revolución Gloriosa.

En la historia inglesa, María II es recordada como una mujer que, pese a las adversidades y los sacrificios personales, defendió con firmeza su fe y la estabilidad de su país en tiempos de grandes cambios políticos.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "María II, Reina de Inglaterra (1662-1695): La monarca que desafió los vientos políticos de su tiempo". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/maria-ii-reina-de-inglaterra [consulta: 30 de enero de 2026].