Alonso López de Hinojosos (1535–1597): Cirujano Novohispano y Pionero de la Medicina Impresa en América
Durante el siglo XVI, el mundo hispano vivió una profunda transformación cultural, científica y territorial. La expansión del Imperio español hacia América no solo tuvo consecuencias políticas y económicas, sino que también impulsó una intensa circulación de saberes entre Europa y el Nuevo Mundo. En este contexto, la medicina se hallaba en una etapa de transición: aún dominada por la teoría galénica y las interpretaciones medievales de la enfermedad, pero ya permeada por los nuevos impulsos renacentistas que defendían la observación directa y la experiencia clínica.
En la España peninsular, la medicina académica y la cirugía seguían caminos divergentes. Mientras que los médicos con formación universitaria eran responsables de diagnosticar y prescribir tratamientos, la cirugía estaba reservada a practicantes con formación empírica, conocidos como cirujanos romancistas. Estos últimos no accedían a la educación universitaria y su legitimación profesional dependía de haber ejercido por varios años bajo la supervisión de cirujanos aprobados, generalmente en hospitales o ciudades con autoridades médicas reconocidas. Esta división técnica y social marcaría profundamente la trayectoria de Alonso López de Hinojosos, quien, desde sus inicios como cirujano romancista, lograría una destacada posición tanto en la península como en la Nueva España.
En el virreinato, las condiciones sanitarias eran precarias y las enfermedades infecciosas se propagaban con facilidad. La construcción de hospitales fue una prioridad para las autoridades coloniales. Instituciones como el Hospital de la Concepción de Nuestra Señora, fundado por Hernán Cortés en 1523, y el Hospital Real de San José de los Naturales, impulsado en 1556 por el virrey Luis de Velasco por orden de Felipe II, se convirtieron en centros clave para la atención médica y la formación de profesionales sanitarios. Fue en este entorno donde López de Hinojosos desplegó su carrera con notable eficacia.
Orígenes familiares y formación profesional
Alonso López de Hinojosos nació en Cuenca en el año 1535, en el seno de una sociedad que ofrecía limitadas oportunidades de ascenso social a quienes no pertenecían a la nobleza ni accedían a la universidad. Desde joven se orientó hacia la cirugía, y optó por el camino del romancismo, la vía empírica y no reglamentada para ejercer como cirujano. La denominación de “romancista” provenía del uso del idioma castellano —el romance— en sus estudios y prácticas, a diferencia del latín erudito que dominaba los textos universitarios.
Para alcanzar el reconocimiento profesional, López de Hinojosos debió cumplir con los requisitos normativos del siglo XVI: practicar durante al menos cuatro años bajo la guía de un cirujano aprobado, ya fuera en hospitales o en ciudades con presencia médica acreditada. Aunque se desconoce el lugar exacto donde realizó su aprendizaje, existen fuertes indicios de que Sevilla fue el escenario de sus primeros pasos, especialmente durante los años finales de la década de 1550 y comienzos de la siguiente. En esa ciudad, Juan de la Fuente, que más tarde sería catedrático de prima de Medicina en la Universidad de México, dejó testimonio escrito de haberlo visto actuar en su arte con gran destreza, lo que sugiere una formación intensa y cercana a los círculos médicos de mayor prestigio.
Migración a México y primeros años en la Nueva España
A mediados de los años sesenta, Alonso López de Hinojosos tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: se trasladó a la Ciudad de México, entonces uno de los centros urbanos más dinámicos del mundo colonial. En un principio, trabajó en el Hospital de la Concepción de Nuestra Señora, donde adquirió una visión más amplia del quehacer quirúrgico en el contexto americano. Posteriormente, fue incorporado al Hospital Real de los Naturales, una institución pionera dedicada a la atención sanitaria de los indígenas novohispanos.
Durante catorce años, López de Hinojosos ejerció allí como cirujano, enfermero y mayordomo, lo que implicaba no solo responsabilidades médicas sino también administrativas. La combinación de estas funciones denota una confianza plena en su capacidad de gestión, organización y atención clínica. Además, prestó servicios privados en la capital y realizaba frecuentes viajes a localidades lejanas para atender pacientes, lo que le granjeó un reputado prestigio y una considerable fortuna. Sin embargo, su relación con la riqueza fue transitoria, ya que donó gran parte de sus bienes al propio Hospital de Indios, en un gesto que refleja tanto su vocación de servicio como su profunda espiritualidad.
Religiosidad y vida jesuita
Tras la muerte de su esposa, Alonso López de Hinojosos experimentó un giro radical en su vida personal y profesional. Movido por una fuerte convicción religiosa, decidió ingresar en la Compañía de Jesús, orden que destacaba por su rigor intelectual y su labor misional. Fue admitido en 1585, e inició su noviciado en la ciudad de Puebla, donde los jesuitas tenían una de sus principales casas en el virreinato. Más adelante, residió también en Oaxaca y Morelia, ampliando así su experiencia vital y espiritual en diversos territorios de la Nueva España.
Emitió sus votos en 1591, y desde entonces desempeñó el oficio de portero del colegio de la Compañía en la Ciudad de México. Lejos de apartarse del ejercicio médico, continuó practicando la cirugía y la enfermería de forma gratuita, con una actitud de servicio total hacia los más necesitados. Esta etapa final de su vida, marcada por la humildad, el desapego material y la entrega misionera, consolidó una imagen pública de gran respeto, tanto entre sus contemporáneos como entre generaciones posteriores. Su muerte en 1597 cerró una vida dedicada con intensidad a la medicina, la fe y la enseñanza práctica.
La «Summa y recopilación de cirugía» de 1578
En el año 1578, Alonso López de Hinojosos alcanzó un hito decisivo al publicar en la Ciudad de México su obra titulada Summa y recopilación de cirugía, con un arte para sangrar y examinar barberos muy útil y provechosa, impresa por Antonio Ricardo. Este libro es reconocido como el primer tratado de cirugía impreso en América, lo que le otorga un lugar de honor en la historia de la medicina novohispana y en la tradición médica del mundo hispánico. Su propósito declarado era atender las necesidades de los profesionales de la salud que trabajaban en zonas rurales, minas y regiones apartadas, donde escaseaban los médicos titulados y los recursos terapéuticos.
La estructura del volumen se basa en siete tratados, organizados con un criterio eminentemente práctico. El primero es una introducción anatómica elemental, influida por los tratados quirúrgicos medievales, especialmente los de Guy de Chauliac, y adaptada para ser comprendida por cirujanos romancistas. El segundo tratado aborda las técnicas de sangría, incluyendo un apartado sobre odontología, práctica que tradicionalmente se vinculaba con los barberos-cirujanos.
Los tratados tercero a sexto se enfocan en temas fundamentales para la cirugía de la época: apostemas o abscesos, heridas recientes, fracturas y dislocaciones, y el mal de bubas, es decir, la sífilis, enfermedad que había adquirido una importancia creciente desde el siglo anterior. Finalmente, el séptimo tratado se distingue por su contenido epidemiológico, al ofrecer una descripción de la epidemia de cocolitzli que asoló la Ciudad de México en 1576, mostrando así el compromiso de su autor con el análisis clínico de enfermedades contagiosas en el contexto americano.
La segunda edición de 1595: innovación y expansión
Diecisiete años más tarde, en 1595, se publicó una segunda edición ampliada de la obra, esta vez impresa por Pedro Balli. Aunque conservó el título original, esta versión introdujo modificaciones sustanciales en su estructura y contenido. A pesar de tener una extensión similar en páginas, el nuevo formato —impreso en cuarto en lugar de octavo— permitió duplicar el contenido y diversificar las áreas abordadas.
Entre los añadidos más significativos se encuentra un tratado sobre los «reumas», término que aludía a los “corrimientos” o fluxiones humorales, asociados en la medicina galénica con diversas enfermedades inflamatorias y dolorosas. Otro capítulo fue dedicado al tabardete, nombre popular para el tifus exantemático, y al cocolitzli, que sustituye a la descripción original de 1576. Esta sección muestra el esfuerzo de López de Hinojosos por actualizar sus observaciones clínicas en un contexto en el que las epidemias eran una amenaza constante.
La novedad más trascendente de la segunda edición, sin embargo, reside en la incorporación de los primeros textos de ginecoobstetricia y pediatría publicados en América. Dos tratados se dedicaron respectivamente al parto y a las enfermedades infantiles, siguiendo la tradición médica de Sorano de Éfeso, cuyas ideas influyeron en el cuidado materno-infantil hasta bien entrado el siglo XVII. Estos contenidos no solo ampliaban el espectro temático del libro, sino que respondían a una demanda práctica urgente en las comunidades rurales y urbanas de la Nueva España.
El volumen concluye con un extenso “Antidotario de todas las drogas que van en este libro”, donde se recopilan las fórmulas de los remedios mencionados, detallando sus componentes y preparación. Esta sección reafirma el carácter instrumental y didáctico de la obra, pensada para que el lector pudiera reproducir los tratamientos sin necesidad de formación universitaria.
Fuentes, influencias y adaptaciones
Alonso López de Hinojosos no fue un autor aislado ni improvisado. A pesar de su condición de cirujano empírico, demostró un conocimiento profundo de la tradición médica europea, especialmente de la literatura quirúrgica bajomedieval. Entre sus principales referentes destacan los tratados de Guy de Chauliac y Giovanni da Vigo, ambos fundamentales en la formación de cirujanos durante los siglos XV y XVI. Es probable que accediera a estas obras a través de las traducciones castellanas de Juan Lorenzo Carnicer y Miguel Juan Pascual, cuyas ediciones circularon ampliamente en la península ibérica y América.
También se advierte la influencia del médico y botánico Juan Fragoso, así como del notable clínico Luis Lobera de Ávila, cuyas obras combinaban observación clínica con teoría galénica. Sin embargo, el libro de López de Hinojosos no es una simple compilación libresca. Su valor reside en la integración de estos saberes con la experiencia directa, obtenida en hospitales novohispanos y en el contacto con la realidad médica de la colonia.
En este sentido, López de Hinojosos representa un puente entre el saber europeo y las necesidades locales. Su obra incorpora numerosos casos clínicos, observaciones personales y reflexiones prácticas que ilustran cómo el conocimiento médico debía adaptarse a un entorno nuevo, con enfermedades, recursos y condiciones sociales distintas de las europeas.
Cirugía, botánica y prácticas empíricas
Uno de los aspectos más originales del pensamiento médico de López de Hinojosos es su atención a los remedios naturales y a la medicina indígena. En diversas partes de su obra afirma que sus recetas se basan en “purgas y remedios de simples y compuestas medicinas de que se ha hecho experiencia”, muchas de las cuales eran plantas autóctonas que él mismo había aprendido a utilizar gracias a los “indios naturales que tengo a mi cargo”. Esta afirmación no es trivial: representa una apertura intelectual hacia formas de conocimiento no europeo que, a su vez, enriquecían la terapéutica disponible.
Para reforzar la legitimidad de estos remedios, el autor se apoya en la figura de Nicolás Monardes, médico sevillano célebre por sus estudios sobre las “nuevas medicinas” del Nuevo Mundo, como el tabaco, la zarzaparrilla y la guayaba. La incorporación de estos productos a la medicina impresa novohispana fue crucial para el desarrollo de una farmacopea mestiza, capaz de responder a enfermedades locales con soluciones adaptadas.
La actitud de López de Hinojosos hacia la práctica médica está marcada por un fuerte énfasis en la experiencia y la utilidad clínica. Su discurso es claro, directo y orientado al resultado terapéutico. Más allá de los principios teóricos del galenismo, lo que predomina es una perspectiva empírica, propia del Renacimiento tardío, en la que el conocimiento válido es aquel que ha sido probado en múltiples ocasiones con éxito. Esta orientación práctica —combinada con una mirada abierta al entorno y una ética de servicio— es lo que convierte a López de Hinojosos en una figura clave de la medicina colonial.
Práctica de autopsias y observación clínica
Uno de los rasgos más distintivos del pensamiento médico renacentista fue el interés renovado por la anatomía y la observación directa del cuerpo humano como vía para comprender la naturaleza de las enfermedades. Aunque la práctica de la disección anatómica fue inicialmente reservada a contextos académicos europeos, algunos cirujanos empíricos en América, como Alonso López de Hinojosos, incorporaron esta metodología en su labor cotidiana, especialmente en hospitales donde la necesidad de precisión diagnóstica se imponía a las barreras tradicionales.
López de Hinojosos realizó autopsias en el Hospital Real de Indios como parte de su ejercicio profesional. En sus escritos, se encuentran descripciones claras de observaciones anatómicas hechas “por mis propias manos”, lo cual refuerza la imagen de un cirujano preocupado por establecer vínculos entre síntomas y causas internas. Por ejemplo, en relación con los traumatismos craneales, describe cómo una lesión frontal podía causar fracturas en la parte posterior del cráneo, fenómeno que documentó tras abrir cadáveres de pacientes fallecidos por golpes en la cabeza. En otro pasaje, vincula ciertos dolores gástricos con alteraciones hepáticas, basándose en lo que había observado directamente durante sus disecciones.
Una de las experiencias más significativas en este ámbito fue la autopsia realizada en presencia del doctor Francisco Hernández, protomédico de Su Majestad, en la que López de Hinojosos intentó esclarecer las causas del “cocolitzli” que azotó México en 1576. Esta iniciativa muestra una conciencia precoz de la necesidad de estudio patológico de las epidemias, anticipándose, en parte, a los enfoques más sistemáticos que surgirían en siglos posteriores. Su interés en la correlación entre síntomas y hallazgos post mortem refleja una mentalidad científica adelantada a su tiempo, anclada en el pragmatismo clínico y la evidencia directa.
La epidemia del «cocolitzli» de 1576
La gran epidemia de 1576, conocida como “cocolitzli” —palabra náhuatl que puede traducirse como “plaga” o “pestilencia”—, marcó profundamente la vida y obra de López de Hinojosos. Esta enfermedad, cuyas causas siguen siendo objeto de debate entre historiadores y epidemiólogos, se manifestó con síntomas severos como fiebre alta, sangrado y rápida evolución hacia la muerte. Fue una de las muchas crisis sanitarias que azotaron la Nueva España en el siglo XVI y que diezmó a la población indígena, ya profundamente afectada por las condiciones de trabajo, la desnutrición y la violencia del sistema colonial.
López de Hinojosos ofreció en su libro una descripción concisa pero significativa de este brote, a partir de lo observado en su práctica hospitalaria. Aunque no realizó un tratado monográfico, su inclusión del cocolitzli en el séptimo tratado de la primera edición —y de nuevo en la segunda con ampliaciones— evidencia su voluntad de documentar fenómenos clínicos contemporáneos. Esta actitud lo vincula con figuras como Juan Bautista Porcell, quien en 1564 llevó a cabo autopsias de apestados en Zaragoza y publicó un estudio monográfico sobre la peste. Aunque el trabajo de López de Hinojosos no alcanzó la sistematización del de Porcell, su enfoque demuestra una comprensión avanzada del proceso infeccioso y de la necesidad de aprender a partir de los cadáveres para prevenir o mitigar futuros brotes.
En el contexto colonial, estas acciones tienen un significado adicional: la medicina era una herramienta no solo para el tratamiento, sino para la gobernanza de las poblaciones indígenas, y los hospitales reales eran espacios donde la ciencia, la política y la religión se entrelazaban. Así, la labor de López de Hinojosos puede leerse también como una forma de mediación entre la ciencia europea y la realidad americana, con todas las tensiones que ello implicaba.
Legado médico e intelectual en el mundo hispanoamericano
La importancia de la Summa y recopilación de cirugía trasciende su valor clínico inmediato. Se trata de una obra pionera en varios sentidos: fue el primer tratado quirúrgico impreso en América, el primero en incluir textos ginecológicos y pediátricos en el continente, y uno de los primeros en sistematizar el conocimiento médico empírico en lengua castellana en el ámbito americano. Además, ofrecía no solo instrucciones terapéuticas, sino también un modelo de profesional médico comprometido con la observación, la experiencia y el servicio público.
El prestigio que López de Hinojosos alcanzó en vida fue significativo. Su reputación se extendió más allá de la capital virreinal, y su nombre era sinónimo de solvencia clínica y ética médica. Su labor no se limitó a los muros del hospital o del consultorio: su influencia se proyectó en las generaciones posteriores de cirujanos, especialmente entre los que, como él, carecían de formación universitaria formal. Su libro fue un instrumento pedagógico de enorme utilidad, empleado por barberos, boticarios, parteras y otros practicantes en todo el territorio novohispano.
Revalorización moderna de su figura
Durante buena parte de los siglos posteriores, la figura de Alonso López de Hinojosos quedó relegada a los márgenes de la historiografía médica. Fue en el siglo XX cuando investigadores como Germán Somolinos d’Ardois, Francisco Fernández del Castillo y J. M. López Piñero comenzaron a rescatar su obra, reconociendo su papel como fundador de una tradición médico-quirúrgica americana. En particular, se ha valorado su capacidad para integrar fuentes europeas con la práctica local, su apertura a la medicina indígena, y su dedicación a registrar experiencias clínicas en contextos epidémicos.
Asimismo, estudios contemporáneos han subrayado el carácter híbrido de su trabajo, que representa una medicina mestiza, fruto del entrecruzamiento de saberes europeos y americanos. Su método —empírico, abierto y orientado a la eficacia— se anticipa a algunos principios de la medicina moderna, aunque todavía bajo el marco conceptual galénico y la cosmovisión renacentista. La recuperación de su figura ha permitido entender mejor cómo se construyó el saber médico en América y cómo se tradujeron los conocimientos europeos a un nuevo mundo biológico, social y cultural.
Influencia duradera en generaciones futuras o en su campo
La obra de López de Hinojosos dejó una huella indeleble en la historia de la medicina novohispana. Su libro fue reimpreso, citado y utilizado durante décadas, y estableció un modelo de producción médica centrado en la experiencia, la observación y la utilidad práctica. En un contexto donde los médicos universitarios eran escasos y los recursos limitados, su enfoque empírico permitió que numerosos profesionales ejercieran con eficacia en zonas rurales y periféricas.
Más aún, su interés en la medicina materno-infantil, la botánica curativa y la anatomía post mortem sentó las bases para desarrollos futuros en estos campos. En cierto modo, se puede considerar a López de Hinojosos como un precursor de la medicina social, por su atención a las necesidades de las comunidades marginadas, su trabajo en hospitales públicos y su decisión de ofrecer atención gratuita durante su vida como jesuita.
En un siglo marcado por la expansión imperial y las grandes epidemias, su figura representa la posibilidad de una medicina que, sin renunciar a sus fundamentos tradicionales, busca adaptarse a nuevas realidades, aprender del entorno y brindar un servicio genuino al prójimo.
MCN Biografías, 2025. "Alonso López de Hinojosos (1535–1597): Cirujano Novohispano y Pionero de la Medicina Impresa en América". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/lopez-de-hinojosos-alonso [consulta: 3 de febrero de 2026].
