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EsculturaArquitecturaBiografía

Lisboa, Antonio Francisco, "Aleijadinho" (ca. 1730-1814).

Escultor y arquitecto brasileño, nacido probablemente en Ouro Preto (antigua Vila Rica, capital de Minas Gerais) alrededor de 1730 y muerto en la misma ciudad el 18 de noviembre de 1814, que está considerado uno de los más importantes artistas del barroco del Nuevo Mundo. Fue conocido por el apodo de O Aleijadinho ('el Lisiadito'), a causa de una enfermedad que sufrió y que le deformó el cuerpo.

Vida

Hijo natural de Antonio Francisco Lisboa -emigrante portugués, carpintero y maestro de obra- y de su esclava Isabel, Antonio Francisco se familiarizó en el taller de su padre con el dibujo, la arquitectura y el tallado de la madera. En la escuela de los frailes de Vila Rica aprendió las nociones básicas de música, latín y religión, y, a pesar de su condición de hijo natural y mulato, consiguió la licencia de carpintero que le permitió realizar trabajos por su cuenta. La primera oportunidad para revelar sus capacidades se la brindó la Orden Tercera de San Francisco, al encomendarle en 1766 el proyecto de la iglesia de San Francisco en Vila Rica; en este su primer trabajo Lisboa supo ya dejar su impronta característica tanto en la fachada lateral, como en el púlpito.

Tras la muerte de su padre, ocurrida en 1767, Antonio Francisco construyó la iglesia de San Juan de El Rey (Tiradentes), que sirvió para dar a conocer abiertamente su talento. Comenzó entonces a recibir gran número de pedidos, por lo que pudo dedicarse plenamente a la escultura. Durante esta etapa de su vida dilapidó gran parte del dinero ganado en fiestas y otras diversiones y, a pesar de sus escasos encantos físicos, vivió diversas aventuras sentimentales; fruto de una de estas relaciones nació su único hijo, al que dio su apellido. Como consecuencia de esta vida bohemia y licenciosa, en 1777 su salud comenzó a resentirse de un mal que le atormentaría el resto de su vida, tal vez lepra, sífilis o reumantismo deformante. Lo cierto es que desde ese año no volvió a caminar por sí mismo, obligado a realizar los desplazamientos largos a lomos de un burro y sirviéndose de las espaldas de sus esclavos para los trayectos cortos. Con el avance de la enfermedad, su cuerpo se fue deformando cada vez más, primero los pies y luego las manos. No obstante, la terrible enfermedad no le impidió trabajar; sus asistentes (oficiais) se encargaban de sujetarle con cuerdas los instrumentos a sus manos.

Los problemas físicos de Antonio Lisboa, unidos a su fealdad natural, dieron origen a la leyenda del "Aleijadinho", apodo con el que el pueblo mostraba la piedad inspirada por el escultor. Se dice que el desespero por su dolor era tan fuerte que hasta llegó a mutilarse algunos dedos, que se ocultaba para no mostrarse a la luz del día y que vestía ropas que cubrían todo su cuerpo cuando tenía que salir a la calle. A su lado permanecieron sus tres amigos más fieles, los esclavos Januário, Agostinho e Maurício; el primero le servía, sobre todo, de transporte llevándole a cuestas, los otros dos se convirtieron en sus ayudantes y alumnos de su arte.

En 1796, Antonio Lisboa fue contratado para esculpir su obra cumbre: las doce estatuas del Largo dos profetas para el Santuario de Bom Jesus de Matozinhos, en Congonhas do Campo. Como la complejidad de la obra le obligaba a invertir algunos años trasladó allí su taller, que terminó convirtiéndose en escuela para muchos jóvenes escultores. Durante estos años de plenitud artística, Aleijadinho realizó otras obras maestras, como las tallas de las Capillas de los Pasos y la Última cena.

A su regreso a Congonhas do Campo, con la enfermedad aun más avanzada, comenzó a trabajar en el altar mayor de la Capilla de la Orden Tercera de Sarabá. En 1810, realizó tallas para la Iglesia de Vila Rica, pero el contrato de este encargo fue firmado por su ex-alumno Justino. También en esta ocasión decidió trasladarse lo más cerca posible de la iglesia para evitar en la medida de los posible las dificultades de los desplazamientos. Lisboa no cobró por éste su último trabajo, pues una vez finalizado Justino, el contratista, desapareció sin decirle nada. Sin poder valerse por sí mismo, fue recogido por su nuera Joana Araújo Correia, quien no lo abandonó hasta su muerte en noviembre de 1814, dos años después de quedarse paralítico y casi ciego. Su cuerpo fue sepultado en la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción

Obra

El Barroco, tan en boga en la Europa del siglo XVII, llegó a Brasil bien entrado el siglo XVIII, de la mano, sobre todo, de los emigrantes portugueses, pero en los trópicos adquirió características peculiares; sobre todo en Minas Gerais, debido a la abundancia de oro en esta región. En las obras más representantivas del rococó de cuño minero se descubre el enriquecimiento de las fachadas y la proliferación de tallas en los interiores. En los cauces de este movimiento desarrolló su talento Antonio Francisco Lisboa "Aleijadinho", imprimiendo un estilo propio tanto a sus proyectos arquitectónicos como a su esculturas, que se vuelven más grandiosos después de declarada la enfermedad del artista.

Las esculturas de Aleijadinho, máximo exponente de la arquitectura barroca en América, trabajadas en pedra-sabão ('piedra jabón') y en madera, se distinguen por la representación de cuerpos enflaquecidos que dejan entrever los huesos por debajo de la piel y por el tamaño exagerado de las manos y de los pies. Por su vigor y fuerza expresiva, se diría que estas figuras son el espejo de las dolencias físicas y de la desolación interior del artista.

Al periodo más brillante de Aleijadinho pertenecen los grandes grupos estatuarios: la serie de los Pasos de la Pasión y la de Largo dos profetas. Las 66 figuras de madera de cedro que forman Los Pasos de la Pasión (1796-1799) representan siete episodios de la Pasión de Cristo. El grupo de Largo dos profetas (1800-1805) consta de doce figuras de tamaño natural, trabajadas en pedra-sabão, y ubicadas a lo largo del atrio del Santuario de Bom Jesus de Matozinhos. Destaca especialmente la figura vigorosa y viril del profeta Joel, dentro de un conjunto de sorprendente dinamismo en el que los profetas parecen dirigirse unos a otros con un ímpetu arrollador.

Otras de sus obras se encuentran en el Museo de la Inconfidencia, de Ouro Preto, y en las iglesias de Sabará, Tiradentes, Nova Lima, Mariana y Santa Luzia, entre otras.

CCG.

Autor

  • Cipriano Camarero Gil