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HistoriaBiografía

Hassan Ibn al-Qasim. Emir de Marruecos (945-985).

Último emir de Marruecos perteneciente a la dinastía idrisí (954-985). Su reinado coincidió con el máximo esplendor del califato omeya de al-Andalus y de la dinastía fatimí ubicada en la provincia de Ifriqiyya, potencias que coadyuvaron con sus mutuos enfrentamientos por el dominio del Magreb a la total desaparición de la propia dinastía.

Ibn al-Qasim subió al trono idrisí en el año 954, tras la muerte de su hermano Abu al-Aisch Ahmed, muerto en España en la guerra contra los cristianos. Con un reino enclavado en medio de dos grandes potencias enemigas, Ibn al-Qasim se vio constantemente comprometido en la lucha que los califas omeyas andalusíes sostenían con los fatimíes. Cuando en el año 966 el califa fatimí abandonó la capital al-Mahdiya para instalarse en El Cairo, nombrando gobernador de Ifriqiyya a Yusuf Ibn Ziri, el emir idrisí prefirió la alianza con un soberano remoto y alejado del Magreb a la de los omeyas andalusíes, los cuales no dejaban de amenazar la independencia del reino idrisí. Nada más enterarse del acuerdo, el califa omeya andalusí al-Hakam II, mandó un fuerte contingente de tropas que desembarcó en Ceuta y aniquiló la escasa resistencia armada que opuso el monarca idrisí, haciéndose con las plazas de Asilah (actual Arcila) y Tánger. Tras una refriega sin importancia en la que las tropas omeyas fueron derrotadas, al-Hakam II envió más tropas, esta vez al mando de su mejor general, al-Galib, quien tenía como objetivo principal acabar con todos los idrisíes por las buenas, mediante pactos, o por las malas, por medio de una represión feroz. Las fuerzas omeyas obligaron a Ibn al-Qasim a dejar la capital Fez y a refugiarse en una fortaleza muy próxima a Ceuta llamada Djebel al-Nasr (la 'montaña del águila'). Rendida ésta por capitulación en el año 974, Ibn al-Qasim fue conducido prisionero a Córdoba, donde el califa omeya le recibió afectuosamente y le aseguró una pensión. Posteriormente, bajo el pretexto de que su manutención costaba mucho, el califa lo envió de vuelta a África, consciente de que el idrisí buscaría la alianza con los fatimíes y así tendría una justificación perfecta para deshacerse de él y de su dinastía definitivamente.

En efecto, nada más pisar suelo africano, Ibn al-Qasim marchó a El Cairo para pedir ayuda al califa fatimí. Ayudado por él, volvió al Magreb y logró sublevar a bastantes cabilas contra el poder de los omeyas. El nuevo general del ejército andalusí y dueño de facto de todo el califato cordobés, al-Mansur, envió a África a sus mejores tropas, las cuales no tuvieron problema alguno para acabar con las aspiraciones de Ibn al-Qasim. El emir idrisí se entregó personalmente no sin antes firmar con al-Mansur un pacto por el que se le perdonaba la vida, se le permitía vivir en Córdoba y se le concedía una pensión vitalicia. Nada más pisar la península, al-Mansur declaró nulo el pacto y ajustició sin piedad al último emir idrisí.

Autor

  • Carlos Herráiz García.