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PolíticaBiografía

Gutiérrez Mellado, Manuel (1912-1995).

Manuel Gutiérrez Mellado

Militar y político español nacido en Madrid el 30 de abril de 1912 y muerto en Zaragoza en 1995. A los cuatro años, perdió a su padre; a los ocho, a su madre. Desde entonces, él y su único hermano vivieron junto a su abuela materna; ella y algunos familiares lo apoyaron en sus años de estudiante interno en Segovia y en la temporada en que preparó el acceso a la Academia General Militar desde una pensión madrileña.

A los 17 años ingresó en la Academia de Zaragoza, de la que salió a los 21 años como teniente de Artillería y como número uno de su promoción. Participó en la Guerra Civil en el bando nacional trabajando para el Servicio de Información Militar (SIM), ejerciendo unas labores de “quintacolumnista” de las que siempre se sintió especialmente orgulloso (fue el único oficial profesional sublevado que logró escapar de Madrid y regresó para desarrollar esa difícil y peligrosa misión). Como coronel, estuvo al mando del Regimiento de Artillería número 13; en 1970, alcanzó el generalato y fue destinado al Estado Mayor Central y al Alto Estado Mayor; después, fue comandante general de Ceuta, capitán general de la VII Región Militar (Valladolid) y jefe del Estado Mayor Central, donde colaboró con el general de signo liberal Manuel Díez Alegría. Diplomado de Estado Mayor, fue profesor de la Escuela de Aplicación de Artillería y en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN).

Papel en el gobierno de Adolfo Suárez

Durante la Transición Democrática, asumió altas responsabilidades políticas que le depararon no pocos sinsabores en un ambiente tan caldeado como el que va desde la muerte de Franco hasta el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981 (conocido como 23-F).

Imágenes del intento de golpe de Estado perpetrado por el exteniente coronel Tejero.

Llegó a ser vicepresidente primero del Gobierno (entre el 22 de septiembre de 1976 y 1981, en que dimitió por ser contrario a la legalización de los sindicatos de izquierdas) y ministro de Defensa (momento en que, con toda honradez, se apartó de la milicia activa, a la que sólo regresó tras ocupar esa cartera Agustín Rodríguez Sahagún) con Adolfo Suárez; además, entre sus muchas obligaciones políticas, realizó diversas visitas oficiales al extranjero, particularmente a América Central y a Estados Unidos (donde estuvo con una primera misión el 24 de enero de 1976, en que se firmó el Tratado de Cooperación y Amistad).

Su valiente actitud en el intento de golpe militar del 23 de febrero lo hizo merecedor de la admiración y el afecto de la mayoría de los españoles; a este respecto, los medios de comunicación fueron determinantes al difundir las famosas imágenes en que Gutiérrez Mellado se enfrenta al teniente coronel Tejero en la sala del Congreso de los Diputados. Las cámaras de televisión recogieron también otros enfrentamientos previos con compañeros de armas de menor rango, como el que tuvo en Cartagena con el general Atarés, jefe de la III Zona de la Guardia Civil, o el del Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid, en que se enfrentó al capitán de navío Menéndez Vives, con motivo del entierro de dos policías y un guardia civil asesinados por el Grapo.

En ambos casos y a pesar de las dificultades (incluida la presencia de Blas Piñar y de un grupo de sus seguidores en el hospital madrileño), Gutiérrez Mellado logró imponer la disciplina y acallar los gritos de los militares exaltados. En Madrid, tronó su voz: “¡Todo el que lleve uniforme, firme y en silencio! ¡El que quiera y sepa rezar, que rece”. Al momento, Menéndez Vives clamó: “¡Por encima de la disciplina está el honor!”. En tal circunstancia, sólo la firmeza de Gutiérrez Mellado logró superar una situación que cabe tildar de imposible. Entre otros ataques furibundos a la figura de este destacado militar, hay que señalar también la durísima carta que el general golpista Milán del Bosch hizo llegar a los medios de comunicación el 22 de agosto de 1981, donde se reprodujo íntegra o extractada.

El retiro de la vida política

Desde su paso a la reserva, desarrolló una actividad imparable en varias tareas filantrópicas, como la ayuda a los drogodependientes, en la que no cesó ni siquiera tras descubrírsele una grave afección cancerígena. Falleció en un accidente de tráfico en la autovía entre Madrid y Guadalajara, cuando se dirigía, precisamente, a participar en un acto de lucha contra la droga. Su esposa fue Carmen Blasco Sancho, con quien tuvo cuatro hijos; su residencia familiar estuvo en una casa del casco histórico de Villaviciosa de Odón, donde es figura recordada con el mayor respeto; en esta localidad, y en otras muchas de España (Murcia, la primera de todas), hay calles y lugares públicos que llevan hoy su nombre.

Al igual que sucedió con las figuras de Adolfo Suárez o Agustín Rodríguez Sahagún, reivindicadas al poco tiempo de su cese en la vida política, la de Gutiérrez Mellado se ha hecho merecedora de elogios generalizados entre quienes lo trataron (aquellos compañeros de oficio que, en otros tiempos, lo conocían como “el Guti”), siguieron su trayectoria o calibran hoy su labor en unos años especialmente difíciles en la historia de España.

Un ideario plasmado en un discurso

Aunque los discursos políticos tienen, por lo común, una vida efímera, merece la pena traer aquí un fragmento de las declaraciones que Gutiérrez Mellado hizo a la prensa en 1976, cuando fue nombrado vicepresidente primero del Gobierno. La ideología liberal (con las limitaciones de un hombre de su formación y trayectoria) y el talante ponderado de este notable personaje se ponen aquí de manifiesto con la misma intensidad que en otros muchos momentos, aunque nunca, ni antes ni después, aparecen agavillados de una manera más clara y rotunda:

"Lo que he tratado de hacer y decir es lo que creo coincide con los deseos de la mayoría de los españoles:
- Que no vuelva jamás la lucha armada a nuestro suelo, sobre todo si es entre españoles.
- Que impere la moderación y el diálogo y no los extremismos radicalizados de cualquier signo.
- Que no queramos romper con el pasado, para aprovechar y continuar lo que fue beneficioso, justo y bueno.
- Que miremos, además, hacia el futuro con esperanza, ganas de hacer y alegría.
- Que aceptemos que ninguno tenemos toda la razón, sino sólo parte.
- Que no queremos, ni admitimos, ni vamos a aceptar la violencia para resolver ningún problema.
- Que nuestra sociedad tiene que ser más justa, sobre todo en lo social, si es preciso cediendo en favor de los más débiles.
- Que la participación de todos sea equilibrada, pero cada vez mejor en los aspectos político, económico y social.
- Que logremos, en el concierto de las naciones, el puesto que merece España.
- Que todas nuestras regiones, satisfechas en sus anhelos tradicionales, se sientan orgullosas de ser España.
- Que nuestras Fuerzas Armadas unidas, fuertes y conscientes de su elevada misión, sean médula y carne de la Nación.
- Que el difícil paso de un régimen personal a otro de participación sea hecho sin violencias y aceptado como tarea a realizar por todos los españoles.
- Que ayudemos con nuestra adhesión, nuestra lealtad y nuestro entusiasmo a nuestros Reyes, que tan maravilloso ejemplo en todos los órdenes nos están dando.

Bibliografía

  • Para perfilar el retrato de este personaje, son fundamentales sus propias palabras, vertidas tras los sucesos del 23-F y el paso a la reserva, en Un soldado de España. Conversaciones con Jesús Picatoste, Barcelona: Arcos Vergara, 1983.

AGM

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  • Enciclonet