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HistoriaGeografíaBiografía

Gómez de Espinosa, Gonzalo (1479-1530).

Navegante español, nacido en Espinosa de los Monteros hacia 1479 y muerto probablemente en Sevilla hacia 1530, que participó en la expedición de Magallanes y llegó a las Molucas al mando de la nao Trinidad. Mientras Elcano completaba la primera vuelta al mundo, Espinosa intentó llegar hasta América cruzando el Pacífico, pero fracasó en su intento después de un viaje desafortunado y fue apresado por los portugueses.

Burgalés e hidalgo, según el cronista Fernández de Oviedo, Gómez de Espinosa debió de estar relacionado con el obispo de Burgos, que intervino seguramente en su nombramiento como alguacil mayor de la armada de Magallanes. Se le encargó reclutar tripulantes en Málaga y embarcó en la nao capitana Trinidad en 1519.

Ayudó decisivamente a Magallanes a reprimir el motín del puerto de San Julián, fraguado por Juan de Cartagena y Gaspar de Quesada. El capitán general envió a Gómez de Espinosa a la nao rebelde Victoria con seis hombres y armas ocultas, pretextando llevar su respuesta a Luis de Mendoza. Los enviados subieron a bordo de la nao y entregaron la carta de Magallanes a Mendoza, que éste no pudo terminar de leer ya que Gómez de Espinosa le asestó una puñalada en la garganta, mientras otro de sus acompañantes le daba una cuchillada mortal en la cabeza. Se produjo entonces un gran estupor y al momento aparecieron por la borda los hombres armados que Magallanes había enviado con Duarte de Barbosa. Se apoderan de la nave en unos minutos y levaron anclas para situarla junto a la Trinidad y la Santiago, lo que abortó el motín.

Gómez de Espinosa estuvo también junto a Magallanes en el combate de Mactán, pero logró salir con vida. Huyó de Cebú al mando de la Victoria, mientras Lope de Carvalho hacía lo propio con la Trinidad y Juan Sebastián Elcano con la Concepción. Tras la destitución del general Carvalho, asumió el mando de la Trinidad a la par que Elcano lo hizo de la Victoria; la Concepción fue quemada. Así llegaron a las Molucas, negociaron con los naturales de Tidore, cargaron sus naves con las especies y dispusieron el regreso a España. A poco de zarpar advirtieron que la Trinidad hacía mucha agua, por lo que Elcano y Gómez de Espinosa tomaron la decisión de que el primero siguiera a España con la Victoria, completando la vuelta al mundo, mientras que el segundo lo haría con dirección a América en la Trinidad después de ser arreglada convenientemente.

Tras tres meses de reparaciones, Gómez de Espinosa partió de Tidore el 6 de abril de 1522 con la Trinidad, al mando de cincuenta y cuatro hombres y con mil quinientos quintales de clavo a bordo. Navegó unas cuarenta leguas hasta un puerto llamado Zamafo, en la isla Morotay, perteneciente al rey de Tidore, donde compró algunos mantenimientos. Acabada esta operación volvió a zarpar y una vez en alta mar hizo consejo con su tripulación para decidir la derrota que había de tomar. Los marineros acordaron desestimar la ruta hacia el Estrecho, de la que tenían amargos recuerdos, y decidieron seguir rumbo hacia Panamá, calculando que la alcanzarían navegando nada menos que dos mil leguas.

La nao puso rumbo nordeste, pero los vientos contrarios procedentes del este la obligaron a subir cada vez más al norte. A los 5º de latitud norte halló el extremo de las islas Carolinas o Palaos, que sus tripulantes llamaron San Antonio y San Juan. Continuó hacia el norte y empezaron a sufrir los rigores del frío y a afrontar olas gigantescas, además de padecer los flagelos del hambre y de las enfermedades, principalmente el escorbuto. A los 42º de latitud norte fueron sorprendidos por una tempestad que duró cinco días y estuvo a punto de hundir la nave, que sólo pudieron salvar cortando el castillo de proa; también se rompió el de popa y se partió en dos el mastelero mayor. Las velas quedaron hechas jirones, pero lograron templarlas, cosiendo los pedazos. Habían muerto ya treinta hombres y el ánimo de los sobrevivientes era tan bajo, que el capitán Gonzalo de Espinosa les propuso regresar a las Molucas, para intentar ir a España por la vía portuguesa de Buena Esperanza, ya que temía que el camino que les faltaba por recorrer en las latitudes norteñas fuera aún peor que del andado. La propuesta fue aprobada unánimemente, lo que supuso una decisión desafortunada, pues muy cerca de donde se encontraban y en dirección norte hubieran encontrado la corriente de Kuro-Shivo que les habría conducido a América.

Emprendieron el regreso y en agosto de 1522 arribaron a una isla donde pudieron atracar, bajando a examinarla dos miembros de la tripulación que a su regreso informaron de que era pequeña y árida. Estaba habitada por unos cuarenta aborígenes, se llamaba Mao y según Fernández de Oviedo era la más cercana a la isla de Botaha, del archipiélago de los Ladrones, situada entre 12 y 13 grados de la equinoccial. Recogieron cañas dulces y algunos frutos que sirvieron para aliviar a los enfermos, así como quince pipas de agua potable. Desde allí pusieron proas a las islas Molucas, que estaban a unas 300 leguas de distancia.

Tardaron mes y medio en hacer este recorrido, durante el cual fallecieron igualmente numerosos tripulantes por las enfermedades y los padecimientos. Finalmente arribaron a la costa de Zamafo, cerca de la isla de Doy, en las inmediaciones de las Molucas; era ya septiembre, por lo que resultaba que habían navegado inútilmente durante cinco meses. Encontraron entonces una nave con cuyos tripulantes pudieron entenderse. Les dijeron que dos semanas después de su partida habían llegado a Ternate cinco o siete naves portuguesas y que un capitán llamado Antonio de Brito había levantado una fortaleza en dicha isla. En realidad los portugueses no habían llegado a las dos semanas de partir la Trinidad, sino un mes y medio después, y la fortaleza de Ternate no se comenzó a construir hasta el 24 de junio de 1522, como indicó acertadamente el cronista portugués Juan de Barros, pero más que las fechas importaban los hechos.

Gonzalo de Espinosa escribió una carta al gobernador portugués de Ternate y la envió con el escribano Bartolomé Sánchez en el navío que había encontrado. En la misiva le pedía ayuda para llevar la Trinidad hasta Tidore, ya que no tenía forma de hacerlo por sus propios medios. La mayor parte de la marinería había muerto en la travesía y los supervivientes estaban muy enfermos y eran incapaces de controlar la nave. Pero la carta no obtuvo respuesta.

Al temer que la nao diese de través en la costa, ya que no tenía ancla apropiada sino únicamente la pequeña, la tripulación izó velas y navegó como pudo hasta el puerto de Benaconora. A poco de atracar arribaron a dicho puerto Simón Abreu y Duarte Rager, seguidos de varias naves; en una de ellas viajaban los capitanes García Manrique y Gaspar Gallo. Subieron a bordo de la Trinidad y le entregaron una carta de Antonio Brito, fechada el 21 de octubre de 1521, respondiendo a la que él le había enviado. En ella se le pedía entregarlo todo a los emisarios portugueses: cartas, astrolabios derroteros, elementos de marear, etc. Los marinos lusitanos se apoderaron de la nao y la condujeron al puerto de Talangomí, entre las islas de Tidore y Ternate.

Habían llegado sólo diecisiete supervivientes de los cincuenta y cuatro que embarcaron, y casi todos estaban gravemente enfermos. Desde allí, los portugueses llevaron a Gonzalo de Espinosa y a sus hombres a la fortaleza que Brito había levantado en Ternate. Espinosa pidió testimonio de todo lo que los portugueses le habían quitado, pues era del rey de España, pero Brito contestó que si se lo volvía a pedir lo colgaría de una antena. Entre el botín arrebatado a los españoles se encontraba toda la información del viaje efectuado, que Brito leyó cuidadosamente y transcribió luego al rey de Portugal en una carta de 1523. Señaló en ella que los españoles “hallaron vientos escasos, porque no supieron tomar el monzón, y fueron a los 40 grados norte. Por su cuenta habían hecho 900 leguas cuando arribaron”. Recogió así mismo papeles sobre el paso del Estrecho, que anotó con todo cuidado: “Este estrecho está en 52 grados largos y tiene 10 leguas de ancho cumplidas, y corre norte-sur la mayor parte de él. A lo largo hay lugares a cinco leguas, a una legua, a media legua y a un cuarto de legua”.

Espinosa encontró en la prisión de Ternate a los otros prisioneros españoles que habían quedado en las Molucas. Brito cometió la villanía de obligarles a trabajar como forzados, y durante cuatro meses, en las obras de construcción de la fortaleza de Ternate, empleándolos luego en otras labores aun más duras. Tras cinco meses de prisión, los españoles fueron llevados a Banda, donde permanecieron encarcelados otros cuatro meses. Desde allí fueron trasladados a Java y luego a Malaca, siendo entregados al gobernador Jorge de Alburquerque. Finalmente fueron conducidos a Cochín, donde los ocho supervivientes permanecieron algún tiempo. Tres de ellos, Gonzalo Gómez de Espinosa, Ginés de Mafra y el maestre Ance, terminaron sus desventuras en la cárcel del Limonero en Lisboa, en la que murió el último de ellos. El Carlos I logró rescatar los otros dos, que volvieron finalmente a España.

Gonzalo Gómez de Espinosa y Ginés de Mafra prestaron declaración de los sucesos en Valladolid el mes de agosto de 1527. Fernández de Oviedo afirma que habló con Gómez de Espinosa en 1528, cuando Carlos I “le hizo mercedes y le concedió un privilegio de muy nobles armas, que yo he visto originalmente”. El rey otorgó efectivamente a Espinosa una pensión de 300 ducados y al año siguiente (1529) le nombró visitador y capitán de las naos de las Indias. Residía entonces en Sevilla, donde le había conocido el cronista Fernández de Oviedo.

El triste fin de todos los navegantes de la Trinidad fue en realidad consecuencia de no haber podido encontrar la ruta para volver desde Filipinas hasta América, cosa que hallaría medio siglo después Andrés de Urdaneta (la corriente de Kuro-Shivo) y, curiosamente, como dijimos, muy cerca de la latitud hasta la que había subido la Trinidad en el océano Pacífico.

Bibliografía

  • BRITO, Antonio. Carta de ... al Rey de Portugal sobre algunos sucesos en la India y los del viaje de Magallanes. En Fernández de Navarrete, t. II.

  • FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, Martín. Obras de... Madrid, Atlas, 1964, t. II.

  • FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo. Historia General y natural de las Indias. Madrid, Atlas, 1959, 5 t.

  • MAFRA, Gines de. Libro que trata del descubrimiento del estrecho de Magallanes. Publicado por Antonio Blázquez y Delgado Aguilera, bajo los auspicios de la Real Sociedad Geográfica, Madrid, 1920.

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  • 0210 MLS