Dolores Gómez de Cádiz de Velasco (1818–1880): La Voz Femenina que Desafió las Letras del Siglo XIX
Dolores Gómez de Cádiz de Velasco (1818–1880): La Voz Femenina que Desafió las Letras del Siglo XIX
Orígenes y primeros años
Nacimiento y entorno familiar
La figura de Dolores Gómez de Cádiz de Velasco emerge como una de las más fascinantes y, a la vez, enigmáticas del siglo XIX español. Nació en Málaga en el primer cuarto de aquel siglo, en el seno de una familia acomodada que le proporcionó un entorno propicio para el desarrollo de su talento. Aunque algunos biógrafos sostienen que vino al mundo el 25 de diciembre de 1818, otros retrasan su nacimiento hasta el 18 de diciembre de 1825, reflejo de la incertidumbre que aún rodea muchos aspectos de su vida. Este ambiente burgués y culto le permitió desde niña un contacto cercano con los libros y las humanidades, en una época en la que pocas mujeres podían aspirar a una formación similar.
Formación y despertar literario
Desde temprana edad, Dolores mostró una vocación humanística innata, que pronto se orientó hacia la literatura. Su formación, cuidadosa y extensa para una joven de la época, le permitió adquirir un dominio excepcional del lenguaje y una sensibilidad artística que se evidenciaría en toda su obra. Las lecturas, el contacto con círculos intelectuales locales y su temprano interés por la creación literaria la condujeron a convertirse en una autora polifacética, capaz de abordar con igual soltura la poesía, la narrativa, el ensayo y el teatro.
Matrimonio y primeras publicaciones
Unión con Antonio José de Velasco
En 1839, Dolores contrajo matrimonio con el médico y escritor malagueño Antonio José de Velasco, una figura que ejercería una influencia decisiva en su carrera. Este matrimonio, que inicialmente le abrió puertas en ambientes culturales de Málaga y Granada, le permitió también firmar sus primeras obras como Dolores de Velasco, nombre con el que comenzó a forjar su reputación. Sin embargo, la relación con su esposo se iría deteriorando con el paso del tiempo, hasta desembocar en una separación que marcaría su carácter independiente.
Debut en la prensa local
El año de su matrimonio coincidió con el inicio de su actividad como colaboradora en publicaciones periódicas. Sus primeros textos aparecieron en El Guadalhorce, un semanario malagueño en el que Dolores publicó varios poemas y artículos entre 1839 y 1840. Entre sus primeras composiciones destacan «A la muerte de la señorita Carmen Lasierra» (8 de abril de 1839), «¡Ya pasó!» (2 de junio de 1839), «A la aurora» (12 de abril de 1840) y el extenso romance «El zapato blanco», que se publicó en varias entregas entre octubre y diciembre de 1840. La calidad literaria y la sensibilidad de estos textos atrajeron pronto la atención del público lector.
Casi al mismo tiempo, Dolores empezó a colaborar con La Alhambra, un periódico granadino de gran prestigio en los círculos literarios andaluces. Allí dio a conocer piezas como «A mi virtuosa y desgraciada amiga S. B.» y «Contestación», publicados el 8 de septiembre de 1839, o «A los individuos del Liceo Artístico y Literario de Granada» (24 de noviembre de 1839), textos que evidencian su compromiso con los ambientes culturales de Granada y Málaga.
Consolidación en la prensa nacional
Expansión a medios de Madrid
Gracias a la buena acogida de sus primeras publicaciones, Dolores pronto amplió su presencia a periódicos y revistas de circulación nacional. En Madrid, colaboró en La Revista Literaria de El Español, donde destacó con una reseña crítica del Manuel del artista y del viajero en Granada, de J. Giménez Serrano, y con el artículo «El entierro de la sardina. Ceniza», que demuestra su agudo sentido de la observación y su capacidad para mezclar humor y crítica social.
En la prestigiosa revista La Ilustración, también de Madrid, Dolores publicó el poema «Sueño y dolor», una obra que revela su faceta más intimista, abordando los temas de la angustia y la esperanza con un lirismo conmovedor. Su incursión en la prensa madrileña consolidó su posición como una de las voces femeninas más importantes de su tiempo, capaz de dialogar de tú a tú con los principales escritores de la época.
Obras publicadas en otras cabeceras
El afán creativo de Dolores Gómez de Cádiz la llevó a escribir para una gran variedad de medios de toda España. En el malagueño El Faro del Mediodía, publicó un relato inédito dedicado «A un amigo excesivamente apreciador de mi pobre ingenio, que me instaba para que le contase cuentos», en el que dejó patente su habilidad para la narración breve y el retrato psicológico.
En El Museo Universal, una de las publicaciones más influyentes del Madrid decimonónico, dio a conocer textos de gran diversidad temática como «La soledad del alma. Psicología y cuadro fantástico», «La Semana Santa en Alhaurín el Grande», «Literatura», «Dos y tres de mayo», «San Isidro», «Carta a María sobre la emancipación de la mujer y si debe o no tomar la iniciativa en las declaraciones de amor», «San Pedro» y «Observaciones a las Cartas transcendentales de don José de Castro y Serrano». Esta variedad muestra el dominio de Dolores sobre diferentes registros literarios, desde la crónica costumbrista hasta el ensayo social, pasando por el análisis literario.
Su producción también llegó a Ecos de la Juventud, publicación malagueña en la que aparecieron textos como «Cartas a Dolores sobre la emancipación de la mujer» y «El escepticismo y la fe», que reflejan su preocupación por los grandes debates sociales y filosóficos de su tiempo. En la Revista de Andalucía, también de Málaga, publicó «A mi amigo D. Carlos Justis» y «En el álbum de la Srta. doña Dolores Muñoz Cerisola», muestras de su habilidad para adaptarse a géneros como la dedicatoria poética o la carta literaria.
No menos relevante fue su colaboración con otras publicaciones como El Museo, de Málaga, y La Ilustración Española, de Madrid, confirmando su intensa actividad como periodista y escritora.bras colectivas y aportaciones singulares
Participación en almanaques de la época
La versatilidad de Dolores Gómez de Cádiz de Velasco no se limitó a los periódicos y revistas: también destacó en las obras colectivas que gozaban de gran popularidad en la segunda mitad del siglo XIX. Participó en almanaques como El Fígaro. Almanaque humorístico-sentimental para 1879, dirigido por Pedro Ponce y Juan de Vargas, y en El Fígaro. Almanaque humorístico-sentimental para el año bisiesto de 1880, redactado por José M. Crousseilles. Estas publicaciones reunían a destacados escritores y artistas del momento, y la presencia de Dolores en ellas es prueba de su reconocimiento en los círculos literarios más influyentes de su tiempo.
Estos almanaques, que mezclaban humor, sátira y reflexiones sociales, ofrecieron a Dolores un espacio donde explorar nuevas formas de expresión, conectar con un público amplio y demostrar que su pluma podía moverse con soltura entre la seriedad y la ironía.
La poesía jocosa como espacio de innovación
Uno de los aspectos más llamativos de su producción es su incursión en la poesía jocosa, un género poco frecuentado por mujeres de su época. Dolores escribió composiciones humorísticas que, aunque muchas de ellas circularon solo en círculos privados, demuestran su valentía al romper con las normas de lo que se esperaba de una escritora femenina. Sus poemas satíricos y de tono ligero, hoy casi desaparecidos, revelan un agudo ingenio y una mirada crítica sobre las costumbres de la sociedad decimonónica.
Además, el cultivo de este género prueba que Dolores no solo fue una autora sensible en sus versos líricos, sino también una observadora capaz de reírse de sí misma y de su entorno, un rasgo poco común en la literatura escrita por mujeres en el siglo XIX.
Narrativa y dramaturgia
El talento narrativo de Dolores quedó plasmado en dos obras fundamentales: Santa Casilda. Novela original (Madrid, 1861), dedicada al arzobispo de Burgos, Fernando de la Puente y Primo de Rivera. Esta novela, ambientada en el reinado de Fernando I de Castilla y León, fue reeditada en París en 1869 con el título Casilda. Episodio del reinado de don Fernando I de Castilla y León, lo que muestra la proyección internacional de su obra. La novela combina historia, drama y religión, abordando temas como la fe y la redención en un contexto medieval, un género que gozaba de gran popularidad en la época.
Su segunda novela, Historia de una semana (Madrid, 1878), se adentra en una narración de corte más contemporáneo, con una mirada crítica hacia la sociedad de su tiempo. Con ella, Dolores demostró que también podía moverse con solvencia en la novela costumbrista, explorando las pasiones, inquietudes y contradicciones de sus personajes.
Teatro y la incógnita de El azote de dios
La dramaturgia tampoco le fue ajena: escribió el drama trágico El azote de dios, que fue impreso en Madrid en 1879, aunque se desconoce si llegó a representarse en algún escenario. La obra aborda con intensidad temas como el poder, la justicia divina y la fatalidad, elementos propios de la tragedia decimonónica. Su incursión en el teatro refleja la amplitud de su talento literario y su capacidad para experimentar con diferentes géneros, pese a los prejuicios que limitaban la participación femenina en el mundo escénico.
Una vida marcada por la independencia y el viaje
Separación y vida itinerante
La vida personal de Dolores Gómez de Cádiz estuvo marcada por el distanciamiento con su esposo, que se hizo irreversible hacia mediados de la década de 1850. Tras enviudar, Dolores inició una vida itinerante que la llevó a residir en distintos lugares de Europa y América, un rasgo que la convirtió en una figura adelantada a su tiempo. Vivió en Francia, donde empezó a firmar sus artículos con su nombre de soltera, gesto que evidenciaba su decisión de construir su identidad al margen de su matrimonio.
Posteriormente, se instaló durante un tiempo en Orán, en Argelia, para después trasladarse a México, donde continuó escribiendo y enviando colaboraciones a periódicos españoles. Estos viajes, que resultaban insólitos para una mujer de su época, alimentaron su espíritu independiente y su capacidad de observar distintas realidades culturales.
Rumores y últimos años conocidos
La independencia de Dolores alimentó rumores que cruzaron el Atlántico: durante las revueltas de la comuna francesa, corrió en España el falso rumor de que había participado activamente en la Revolución y que había muerto abatida por disparos. Sin embargo, ella misma desmintió esas habladurías al enviar en septiembre de 1877 artículos desde Orán a un semanario malagueño.
A finales de 1877 y durante 1878, Dolores regresó a España, donde vivió temporalmente antes de volver a tierras americanas. Se tiene constancia de que el 20 de julio de 1879 firmó un largo poema donde expresaba la soledad y el dolor por la pérdida de sus hijos, un testimonio desgarrador que ofrece un atisbo de su mundo íntimo. Uno de ellos, Celio Velasco Gómez de Cádiz, había seguido los pasos de su padre como médico.
A comienzos de 1880, Dolores firmó un artículo en Niza, Francia, pero después de esa fecha se perdió todo rastro de ella, dando inicio al misterio que envuelve sus últimos días.
Redes intelectuales y reconocimiento
Participación en liceos y certámenes
Dolores no solo destacó como escritora: también fue una figura relevante en la vida cultural de su tiempo, participando activamente en Liceos como los de Málaga, Zaragoza, Madrid y Granada, asociaciones que eran centros neurálgicos de la actividad artística e intelectual. En estos espacios, leyó sus poemas, intervino en debates literarios y recibió galardones en certámenes que premiaban la originalidad y calidad de sus escritos.
Relaciones con personalidades de la época
Dolores mantuvo amistad con algunas de las figuras más relevantes de su tiempo, como la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, con quien compartía inquietudes sobre el papel de la mujer en la literatura y la sociedad. Además, fue valorada por críticos e intelectuales como Narciso Díaz de Escovar, quien afirmó: «si la señora Gómez de Cádiz hubiese sido más ambiciosa de renombre literario, es seguro que gozaría de mayor popularidad en España, donde escritoras de muchos menos méritos han sido ensalzadas». Este juicio resume la injusticia del relativo olvido que sufrió Dolores en comparación con otras autoras contemporáneas.
Balance de su legado literario
La obra de Dolores Gómez de Cádiz de Velasco es un testimonio excepcional de la capacidad de una mujer para imponerse en un mundo literario dominado por hombres. Su producción abarcó poesía, narrativa, ensayo, crítica y teatro, con un estilo que combinaba emotividad, humor y un profundo compromiso social. Fue una pionera en el tratamiento de temas como la emancipación femenina, la crítica de costumbres y la exploración psicológica de los personajes.
Su valentía para vivir de forma independiente y su afán por seguir creando, incluso en los escenarios más adversos, la convierten en una figura imprescindible para comprender el papel de la mujer en las letras españolas del siglo XIX. Aunque la posteridad no le haya otorgado la fama que merecía, su obra sigue siendo un legado de incalculable valor para la historia literaria y la lucha por la visibilidad de las mujeres escritoras.
MCN Biografías, 2025. "Dolores Gómez de Cádiz de Velasco (1818–1880): La Voz Femenina que Desafió las Letras del Siglo XIX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/gomez-de-cadiz-de-velasco-dolores [consulta: 7 de febrero de 2026].
