Francisco Gil de Taboada y Lemos (1736–1810): Administrador Colonial y Virrey en la Era del Despotismo Ilustrado
Francisco Gil de Taboada y Lemos nació el 24 de septiembre de 1736 en Santa María de Sonto Longo, en la provincia de Lugo, Galicia, España. Su vida estuvo marcada por un contexto histórico convulso, el siglo XVIII, que se caracterizó por profundos cambios sociales y políticos, tanto en España como en sus vastos territorios coloniales. La España del siglo XVIII vivió un proceso de reformas conocido como el «despotismo ilustrado», cuyo objetivo era modernizar y centralizar el poder en manos de la Corona, inspirándose en ideas de la Ilustración europea. Este contexto fue crucial en la vida de Gil de Taboada, quien se formó y prosperó bajo las influencias de este movimiento.
En su tierra natal, Galicia, el siglo XVIII estaba marcado por una fuerte estructura social jerárquica, con una sociedad predominantemente rural y una nobleza terrateniente que mantenía su poder. Los grandes cambios en la administración colonial de las posesiones españolas en América influyeron profundamente en las trayectorias personales de muchos jóvenes, como Gil de Taboada, quienes vieron en la carrera militar y administrativa una forma de ascender socialmente y de servir a la Corona en sus nuevas empresas imperialistas.
Gil de Taboada nació en una familia hidalga, formada por Felipe Gil de Taboada y María de Lemos y Rois. La hidalguía era una condición importante dentro del sistema feudal español, que otorgaba ciertos privilegios y responsabilidades. A pesar de ser una familia de nobleza menor, los Gil de Taboada pertenecían a una estirpe tradicional que gozaba de respeto dentro de la sociedad gallega. Esta posición permitió a Francisco acceder a la educación y a una formación que, en un principio, lo orientó hacia la carrera eclesiástica. Sin embargo, la atracción por las ciencias y los intereses militares que se daban en el ámbito social de la época lo llevaron a decidir ingresar en la Armada.
Aunque la familia de Gil de Taboada no era de la alta nobleza, la hidalguía le otorgó un estatus que le permitió acceder a las oportunidades de servicio militar que definieron su futuro. La familia estaba también relacionada con la élite gallega, lo que permitió a Francisco beneficiarse de una buena formación y entrar en contacto con personas influyentes, que a lo largo de su vida serían importantes aliados en su carrera.
Primeros años y educación en su infancia
Desde joven, Francisco mostró aptitudes y un gran interés por la carrera militar. Su formación académica fue probablemente adecuada para su tiempo y, como muchos jóvenes nobles, estudió en instituciones que le brindaron una sólida educación clásica, aunque no se conserva mucha información sobre su etapa escolar. Su inclinación hacia el servicio público, la disciplina militar y la administración fue evidente cuando, a los 19 años, decidió alistarse en la Armada Española.
La Armada Española, en esa época, era una institución clave para el poderío imperial de España. Dado el carácter expansivo y protector del imperio colonial español, muchos jóvenes aristócratas veían en la carrera naval una excelente oportunidad para destacar y acceder a cargos de relevancia. Francisco Gil de Taboada no fue la excepción. En 1755, ingresó como guardiamarina en Cádiz, lo que marcó el inicio de su carrera en la Armada, una decisión que cambiaría el curso de su vida.
La carrera militar y el ascenso en la Armada Española
El primer paso de Gil de Taboada hacia la prominencia ocurrió cuando se unió a la Armada Española. Desde el momento de su ingreso en 1755, su ascenso fue constante. De guardiamarina pasó a desempeñar diversos cargos, destacándose por su dedicación y habilidades. Su carrera le permitió conocer de cerca los aspectos más importantes de la administración naval y la logística, algo que más tarde sería clave en su desempeño como virrey.
A medida que su carrera avanzaba, Francisco Gil de Taboada adquirió importantes distinciones y ascendió rápidamente en la jerarquía de la Armada. Su dedicación a la causa de la Corona y su habilidad en la gestión de las operaciones navales lo convirtieron en uno de los oficiales más respetados de la Real Armada. Este ascenso le permitió ser nombrado caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, y más tarde recibir el rango de teniente general de la Armada, un honor que solo los más destacados oficiales recibían.
Además de su ascenso en la Armada, Gil de Taboada fue condecorado con varias distinciones, entre ellas las órdenes de la Orden de Malta y la Gran Cruz de la Orden de San Juan de Jerusalén. Estas distinciones no solo reflejaban su estatus dentro de la Armada, sino también su pertenencia a los círculos de poder de la nobleza española, lo que le permitió acercarse a figuras influyentes en la Corte. Todo ello, le permitió adquirir la experiencia administrativa y militar que utilizaría en sus futuros destinos como virrey de los territorios coloniales en América.
El virreinato del Nuevo Reino de Granada: Primeros pasos hacia la administración colonial
En 1788, a los 52 años, Francisco Gil de Taboada recibió un nombramiento trascendental en su carrera: fue designado virrey, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada (actual Colombia), además de ser presidente de la Real Audiencia de Santafé y subdelegado de la Real Hacienda. Este cargo representaba la culminación de su carrera en la Armada y la administración colonial, y lo situaba en el epicentro del poder colonial en América.
El virreinato del Nuevo Reino de Granada había sido un territorio clave para la Corona española, no solo por su ubicación estratégica, sino por los recursos que producía, especialmente el oro. Al llegar a Cartagena en enero de 1789, Gil de Taboada asumió el cargo en medio de una serie de problemas económicos y sociales. Durante sus primeros meses en la región, dedicó sus esfuerzos a reorganizar las finanzas y los recursos del virreinato, enfrentándose a una serie de desafíos derivados de la falta de infraestructura adecuada y las tensiones sociales entre los colonos y la administración imperial.
Permaneció en Cartagena varios meses, lo que generó especulaciones sobre sus motivos. Sin embargo, la razón de su demora fue más práctica: necesitaba una residencia adecuada en Santafé, la capital del virreinato, ya que el palacio virreinal había quedado gravemente dañado tras un terremoto en 1785. Durante este tiempo, también implementó varias medidas de austeridad económica y organizó una reestructuración en las fuerzas de defensa del virreinato. La economía se vio directamente afectada por sus decisiones de reducir gastos y eliminar elementos superfluos, lo que mostraba su enfoque racional y económico propio del despotismo ilustrado que caracterizó su gobierno.
El Virreinato del Nuevo Reino de Granada
A medida que Francisco Gil de Taboada asumió su rol en el Nuevo Reino de Granada, se encontró con una serie de problemas administrativos, políticos y económicos que requerían atención inmediata. Aunque su llegada se produjo en enero de 1789, no fue sino hasta marzo de ese año que realmente comenzó a ejercer sus funciones en la capital, Santafé. Su período de gobierno, que duró hasta 1790, estuvo marcado por varias reformas y decisiones que buscaban modernizar la administración colonial, siguiendo los principios del despotismo ilustrado que habían caracterizado a otros virreyes contemporáneos en el Imperio español.
Primeros desafíos en Cartagena y la reorganización de la Real Hacienda
Una de las primeras medidas de Gil de Taboada fue la reorganización de la Real Hacienda en el virreinato. Para enfrentar la crisis financiera que azotaba la región, comenzó a implementar recortes drásticos en los gastos militares y administrativos. La reducción de los guardacostas a solo seis embarcaciones y la venta de varios buques obsoletos fueron algunas de las decisiones tomadas para aligerar el presupuesto. Asimismo, consideró innecesarias algunas grandes inversiones en las defensas de Cartagena, concluyendo que los recursos debían centrarse en otras prioridades.
Sin embargo, más allá de los ajustes financieros, Gil de Taboada también prestó atención a cuestiones de seguridad y control territorial. Durante su estadía en Cartagena, trató de limitar el contrabando que proliferaba en las costas del virreinato, un desafío constante para la administración colonial. Puso en marcha un plan para dividir las provincias de Santa Marta y Ríohacha, con el objetivo de mejorar el control sobre el tráfico ilegal que afectaba gravemente las finanzas y la estabilidad de la región. Esta política provocó tensiones con ciertos sectores de la población local, que se sentían afectados por las restricciones impuestas, y desembocó en una serie de revueltas, incluyendo el levantamiento de los indios de la Guajira.
Frente a estos desafíos, Gil de Taboada adoptó una postura firme, enviando al capitán Antonio Narváez de la Torre para sofocar el levantamiento en la región. Las tropas enviadas lograron pacificar la zona, aunque la resolución del conflicto no fue definitiva y el control sobre la zona seguiría siendo frágil.
El manejo del contrabando y la reestructuración de las colonias
Una de las grandes preocupaciones de Gil de Taboada fue la reestructuración de las colonias que su antecesor, Caballero y Góngora, había fundado en la región del Darién. Estas colonias, aunque bien intencionadas, generaban altos costos y no ofrecían grandes beneficios para la Corona. Gil de Taboada decidió suprimir varias de estas colonias, como las de Carolina, Concepción y Mandinga, pero mantuvo la de Caimán, al considerarla de mayor importancia estratégica.
La política de represión del contrabando y el control de la inmigración también ocupó un lugar central en su gestión. Los colonos ingleses y norteamericanos que había traído el virrey anterior fueron obligados a regresar a sus países o a adentrarse en las tierras del interior del virreinato. Algunos de ellos optaron por regresar a Charlestown, mientras que otros decidieron asentarse en Santa Marta.
Estas decisiones reflejan el enfoque pragmático y centralizador de Gil de Taboada, quien trató de garantizar la estabilidad financiera y social del virreinato, a pesar de las dificultades que enfrentaba.
La transición al virreinato del Perú
En marzo de 1790, mientras Gil de Taboada aún gestionaba los problemas administrativos del Nuevo Reino de Granada, recibió la noticia de su ascenso a virrey del Perú, lo que le llevó a abandonar su puesto en Santafé. Antes de su partida, dejó resueltos varios asuntos importantes en la capital, incluida la reorganización de la Hacienda y la reducción de personal en algunas áreas gubernamentales. Su trabajo, aunque marcado por la austeridad, fue valorado por sus superiores en Madrid.
Gil de Taboada partió hacia Perú en abril de 1790, viajando por el río Magdalena, y luego de diversas escalas en Panamá y Paita, llegó a Lima el 25 de marzo del mismo año. En Perú, la situación era diferente, pues el virreinato atravesaba una etapa de gran agitación política, económica y cultural, lo que haría que el papel de Gil de Taboada como virrey fuera determinante para su futuro.
El Virreinato del Perú
Al llegar a Lima, Gil de Taboada asumió oficialmente el cargo de virrey el 17 de mayo de 1790, un puesto que ocuparía hasta 1796. En Perú, su gestión se caracterizó por la aplicación de políticas ilustradas que promovían el progreso económico, cultural y científico, bajo la convicción de que el Estado debía intervenir en la vida de las colonias para fomentar su desarrollo.
Proyectos de despotismo ilustrado en Perú
Una de las grandes contribuciones de Gil de Taboada al Perú fue su impulso a las reformas ilustradas en diversas áreas. El virrey fomentó la mejora de las infraestructuras, como la construcción de carreteras y puentes, esenciales para facilitar las comunicaciones y el comercio entre las distintas regiones del virreinato. Además, apoyó la creación de nuevas instituciones, como la Real Academia de Náutica en El Callao en 1794, que tenía como objetivo formar a los marinos peruanos para mejorar la navegación y el comercio marítimo.
La política ilustrada de Gil de Taboada también se extendió a la promoción de la ciencia y la educación. En 1792, se inauguró un nuevo anfiteatro para los estudios de Anatomía en la Universidad de San Marcos, con el doctor Hipólito Unanúe como primer profesor de la especialidad. Además, impulsó la creación de la cátedra de Botánica en la misma universidad en 1796, consolidando el desarrollo de la ciencia en el Perú.
La promoción de la educación y la cultura en el Perú
Gil de Taboada jugó un papel fundamental en el florecimiento cultural del virreinato del Perú. Durante su mandato, se fundaron varias instituciones científicas y culturales, como la Sociedad de Amantes del País, que promovió el Mercurio Peruano, una de las primeras publicaciones periódicas del país. Además, se crearon varias academias, como la Tertulia Poética en 1791, que tuvo un papel crucial en el desarrollo de la literatura peruana de la época.
Su apoyo a las publicaciones periódicas y a las ciencias también incluyó la creación de una gaceta oficial, la Gaceta de Lima, que se publicó desde 1793 hasta 1821. Esta gaceta fue una de las primeras publicaciones de carácter oficial en el virreinato, y tuvo un impacto significativo en la difusión de ideas ilustradas.
Gobernando en tiempos de agitación política
La situación política durante el virreinato de Francisco Gil de Taboada en Perú estuvo marcada por la creciente influencia de las ideas de la Revolución Francesa, que empezaban a extenderse por América Latina. Estas ideas republicanas y de independencia eran vistas con creciente preocupación por las autoridades coloniales, ya que ponían en riesgo el sistema monárquico y el dominio imperial español. Gil de Taboada, como virrey, tuvo que lidiar con estos movimientos de cambio mientras mantenía el orden en su territorio.
Durante su mandato, se incrementó la vigilancia sobre los extranjeros y las ideas revolucionarias. En respuesta a los temores de una invasión francesa y el contagio de la revolución en el Perú, el virrey estableció un sistema de censura y vigilancia para controlar la difusión de material subversivo, especialmente de libros y publicaciones provenientes de Europa. Esta medida fue una de las muchas adoptadas por el gobierno colonial para frenar la propagación de las ideas republicanas, que comenzaban a ganar terreno incluso en los círculos intelectuales de Lima.
Gil de Taboada también promovió un censo de todos los extranjeros que llegaban al virreinato, en un esfuerzo por identificar posibles simpatizantes de los movimientos revolucionarios. Esta vigilancia se extendió incluso a los franceses residentes en Perú, quienes fueron objeto de procesos judiciales si se les encontraba vinculados con actividades subversivas. La creación de una policía especial que supervisaba la circulación de libros y periódicos extranjeros fue otra medida enérgica para proteger la estabilidad política del virreinato.
Repercusiones de la Revolución Francesa en las colonias
El virreinato del Perú vivió con creciente inquietud las repercusiones de la Revolución Francesa. Los primeros ecos de la revolución llegaron a América Latina con el temor de que las ideas republicanas y democráticas pudieran provocar una serie de revueltas en los territorios coloniales. Gil de Taboada se mostró firme en su posición, tomando medidas para asegurar que las influencias extranjeras no afectaran el control de la Corona española sobre el virreinato.
A pesar de sus esfuerzos por controlar las ideas republicanas, el virrey sabía que las tensiones internas estaban en aumento. Los sectores criollos, que comenzaban a sentirse marginados y descontentos con las políticas coloniales, empezaban a cuestionar la autoridad de la Corona. La falta de representatividad y las restricciones impuestas por la metrópoli alimentaron el descontento que, con el tiempo, llevaría a los movimientos de independencia en los virreinatos sudamericanos.
El regreso a España y su vida posterior al virreinato
En 1796, después de seis años de gobierno en el virreinato del Perú, Francisco Gil de Taboada entregó el mando a su sucesor, el marqués de Osorno, Ambrosio de O’Higgins, quien asumiría el cargo de presidente de Chile. Gil de Taboada, tras cumplir su mandato, emprendió el viaje de regreso a España, con un sentimiento de haber cumplido su deber en la defensa y el progreso del imperio.
Al llegar a España, se integró en las esferas políticas y militares del momento. Fue parte del Consejo Supremo de Guerra, desempeñando un papel crucial en la administración de la Armada. En 1799, fue nombrado director de la Armada, un puesto de gran responsabilidad que le permitió supervisar las operaciones navales del Imperio. Esta etapa en su vida marcó el ocaso de su carrera militar, aunque aún sería relevante en los últimos años del reinado de Carlos IV.
Gil de Taboada también ocupó el cargo de capitán general y, en 1805, fue nombrado ministro de Marina, lo que consolidó aún más su influencia en la administración militar del país. Sin embargo, su carrera se vería sacudida por los vientos de la Guerra de Independencia, que comenzaron a azotar España a partir de 1808.
La retirada de la política activa y la muerte de Gil de Taboada
En 1808, tras la invasión napoleónica y la abdicación de Carlos IV, Francisco Gil de Taboada se alineó con los sectores que se oponían a la imposición de José Bonaparte como rey de España. Miembro de la Junta de Gobierno que se formó en ese mismo año, Gil de Taboada expresó su firme oposición al gobierno de José I y rechazó reconocerlo como monarca. Esta postura de resistencia le permitió mantenerse como una figura destacada durante los primeros momentos de la ocupación francesa.
Sin embargo, debido a su avanzada edad y las tensiones políticas del momento, Gil de Taboada renunció a su cargo en la Junta de Gobierno, alejándose definitivamente de la vida política activa. Su salud, ya deteriorada por los años y las exigencias de su carrera, también contribuyó a su retiro de la política. Finalmente, el 18 de enero de 1810, Francisco Gil de Taboada murió en Madrid, poniendo fin a una vida de servicio al Imperio español.
El legado de Francisco Gil de Taboada y Lemos
El legado de Francisco Gil de Taboada es significativo, tanto en su gestión como virrey en los virreinatos de Nueva Granada y Perú como en su papel como militar y administrador en la España del siglo XIX. Su gobernanza en el virreinato del Perú fue crucial para el impulso de la educación, la ciencia y las reformas ilustradas en el territorio. Gracias a sus esfuerzos, Perú experimentó un auge cultural y científico que perduraría incluso después de su partida. Su contribución a la mejora de la infraestructura y el fomento de las ciencias naturales dejó una huella perdurable.
No obstante, su legado está también marcado por las tensiones políticas y las dificultades de gobernar en un contexto de creciente descontento entre los criollos y las presiones de las ideas republicanas que emergían desde Europa. A pesar de sus esfuerzos por mantener el orden y la estabilidad, el virrey no pudo evitar el inicio de los movimientos de independencia que, pocos años después de su partida, sacudirían el virreinato y darían paso a la independencia de las naciones sudamericanas.
Gil de Taboada es recordado como un hombre que cumplió con su deber imperial con seriedad y dedicación, pero cuyo gobierno también estuvo marcado por las contradicciones de un sistema colonial en decadencia. Su vida es un reflejo de las tensiones que vivió España durante el siglo XVIII y principios del XIX, entre el despotismo ilustrado y las crecientes demandas de independencia y autonomía en las colonias americanas.
MCN Biografías, 2025. "Francisco Gil de Taboada y Lemos (1736–1810): Administrador Colonial y Virrey en la Era del Despotismo Ilustrado". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/gil-de-taboada-y-lemos-francisco [consulta: 3 de febrero de 2026].
