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LiteraturaPeriodismoBiografía

Fort, Paul (1872-1960).

Poeta, dramaturgo y periodista francés, nacido en Reims (en el departamento de Marne) en 1872, y fallecido en Monthléry (Champagne) en 1960. Autor de una extensa e inspirada producción lírica de nítido aliento popular, es también recordado por su importante labor de promoción cultural al frente del célebre Théâtre d'Art fundado por él mismo, desde el que se opuso la primera reacción simbolista contra el gastado naturalismo que seguía reiterándose hasta el agotamiento en los restantes escenarios europeos.

Pronto abandonó su ciudad natal para establecerse con el resto de su familia en París, donde comenzó a dar muestras de una firme inclinación hacia el estudio de las disciplinas humanísticas y el cultivo de la creación literaria. Cursó su formación secundaria en el Liceo Louis-le-Grand, y pronto tuvo ocasión de dar a conocer esas inquietudes literarias que le permitieron integrarse en los principales cenáculos culturales del París de finales del siglo XIX, dominados a la sazón por la estética simbolista. El propio Paul Fort, llevado de ese entusiasmo juvenil con el que celebraba su admisión en los foros literarios más bulliciosos del momento, militó en principio entre los simbolistas, aunque al cabo de unos años se alejó firme y conscientemente de esta corriente literaria y manifestó -a través de las páginas de su revista Vers et prose (1905)- su voluntad de mantener una posición individual e independiente dentro de las disputas estéticas e ideológicas que agitaban los círculos artísticos e intelectuales de un París próximo ya al vigoroso estallido de la torrencial tormenta vanguardista.

No obstante, antes de tomar esta determinación había participado plenamente del espíritu simbolista, sobre todo por medio de su precoz fundación, cuando apenas contaba dieciocho años de edad, del ya mencionado Théâtre d'Art (1890), concebido por el propio Paul Fort como una reacción enérgica contra el hastío que ya producían las centenares de propuestas dramáticas naturalistas que seguían ofreciéndose en los teatros de toda Europa. Así pues, desde una dirección escénica innegablemente deudora de los postulados estéticos del simbolismo, Paul Fort llevó a las tablas del Théâtre d'Art algunas de las piezas dramáticas más notables de Verlaine, Maeterlinck, Marlowe, Shakespeare y Shelley, sin descuidar tampoco el montaje de sus propias obras teatrales, en las que combinó -no siempre con acierto- temas y personajes históricos con diferentes elementos procedentes de la ficción caballeresca. El legado del Théâtre d'Art fue recogido por un colaborador de Paul Fort, Lugné-Poe, quien se unió a Vouillard para continuar llevando la estética simbolista a los escenarios franceses, después de cambiar el nombre de la fundación de Fort por el de Théâtre de l'Oeuvre.

Tras esta aventura juvenil en los amenos predios de Talía, Paul Fort se alejó durante muchos años de la escritura dramática, a la que regresó ya en plena madurez con algunas obras inspiradas en la historia de Francia, como La conquête d'Anglaterre (La conquista de Inglaterra, 1993), en las que volvió a hacerse patente su escaso talento para la creación de auténticos valores dramáticos, por más que sus propuestas teóricas sobre la escritura teatral y la dirección escénica hubieran resultado muy apreciables en un momento determinado de la evolución del género dramático en Francia.

Mayor interés -y, desde luego, mucha más calidad literaria- reviste la producción poética del escritor de Reims, iniciada a finales del siglo XIX con la publicación de la primera entrega de sus célebres Ballades françaises (Baladas francesas, 1897), un bellísimo corpus lírico que, merced a la longevidad de Paul Fort, llegó a alcanzar en 1940 los cuarenta volúmenes. Fruto de esa independencia que prometió el poeta de Reims tras su ruptura con el simbolismo en 1905 fueron estos poemas de entrañable inspiración popular, dedicados en muchas ocasiones a ensalzar el territorio francés (desde su tierra natal del Oise hasta la capital del país), y en otras muchas a celebrar las costumbres, tradiciones y oficios del pueblo francés, sin relegar por ello el tratamiento de otros temas poéticos universales, como el amor, la exaltación de la naturaleza y la evocación idílica de unas leyendas míticas que combinan ternura con grandeza. Es la celebración gozosa de una Francia arcaica y popular, anclada en sus tradiciones y extasiada ante la contemplación de su belleza natural, y descrita con inigualable gracia por parte de Paul Fort, quien no desdeña a veces la introducción de un enfoque irónico como contrapunto a tanto encanto y dulzura.

Desde el punto de vista formal, esta baladas del poeta de Reims adoptan también las formas tradicionales propias de la égloga, la oda, el himno y el idilio, y se expresan siempre en un lenguaje claro y directo cuya armoniosa sencillez oculta, tras la mera apariencia de naturalidad, un complicado proceso de elaboración léxica y sintáctica que hace posible esa agilidad y armonía rítmicas que caracterizan a todas las baladas. En cualquier caso, la consecución de esa buscada sencillez propició que la obra lírica de Paul Fort llegara a emocionar a un elevado número de lectores franceses, lo que otorgó una considerable popularidad literaria al poeta de Reims, y dio pie a que muchas de sus baladas fueran objeto de amenas versiones musicales realizadas por algunos compositores que prestaron gran atención a la cultura popular, como el francés Gabriel Pierné (1863-1937) y el suizo Arthur Honegger (1892-1955).

Autor

  • J. R. Fernández de Cano.