Manuel Fernández Silvestre (1871–1921): El General Temerario del Desastre de Annual
El nacimiento de Manuel Fernández Silvestre el 16 de diciembre de 1871 en Caney, Cuba, se produjo en un momento crucial de la historia española y caribeña. Cuba, aún colonia de España, vivía bajo una administración tensa y represiva, marcada por los primeros movimientos independentistas que desembocarían poco después en la Guerra de los Diez Años (1868–1878). En este contexto colonial, la presencia del ejército español era significativa, ya que funcionaba no sólo como garante del dominio político y militar, sino también como símbolo del imperio moribundo.
La sociedad cubana de finales del siglo XIX era una amalgama de tensiones étnicas, económicas y políticas. Los criollos empezaban a reclamar mayor participación, mientras que España respondía con centralismo y militarización. Fue en este marco donde nació y se formó Manuel Fernández Silvestre, hijo de un comandante del ejército español destinado en la isla, lo que le aseguró un entorno marcadamente castrense y conservador desde sus primeros años.
Orígenes familiares e influencias tempranas
Fernández Silvestre nació en el seno de una familia de clara tradición militar. Su padre, el comandante Víctor Fernández y Pentiaga, ya era un veterano de campañas coloniales, y su madre, Eleuteria Silvestre Quesada, provenía también de un entorno acostumbrado a las realidades de la vida militar. Esta conjunción de herencia y entorno marcó desde temprano su inclinación por la carrera castrense.
Su niñez transcurrió entre los destacamentos militares y las conversaciones de estrategia, honor y deber. La familia vivía en un mundo donde la fidelidad al trono y la defensa del imperio eran principios incuestionables. En este entorno, el joven Manuel absorbió los valores del heroísmo romántico y del sacrificio por la patria, elementos que lo acompañarían durante toda su vida.
Formación académica y relaciones clave
El 30 de agosto de 1889, a los 17 años, ingresó como cadete en la Academia de Infantería de Toledo, uno de los centros más prestigiosos de formación militar de España. Allí demostró ser un estudiante destacado, no sólo por su disciplina, sino también por su entusiasmo en el estudio de la táctica y la estrategia militar. Más tarde, amplió su formación en la Academia de Aplicación de Caballería, especializándose en esta arma de choque que marcaría sus campañas posteriores.
Durante estos años de formación militar, estableció una relación fundamental para su vida: su amistad con Dámaso Berenguer y Fusté, también nacido en Cuba y dos años menor. Esta relación, cimentada en la camaradería y la admiración mutua, perduraría a lo largo de sus respectivas trayectorias y se revelaría tanto aliada como fuente de tensiones en el futuro.
Primer destino en Cuba: nacimiento de una leyenda
Finalizada su formación, fue destinado a Cuba, su tierra natal, donde desembarcó el 15 de noviembre de 1895 en el puerto de Nuevitas, a bordo del vapor Buenos Aires. España se hallaba inmersa en una nueva etapa del conflicto independentista cubano, más intenso y prolongado, que culminaría con la pérdida de la isla.
Durante los dos años siguientes, el joven teniente Silvestre participó activamente en las campañas contra los insurgentes, destacándose por su valor temerario. Las acciones de combate no solo lo curtieron como militar, sino que contribuyeron a forjar su leyenda de invulnerabilidad, alimentada por anécdotas extraordinarias.
La más famosa ocurrió el 8 de mayo de 1896 durante la acción de Arango, cuando lideró una carga con arma blanca contra fuerzas enemigas y logró abatir a veintiocho insurgentes él solo. Este hecho, espectacular aunque discutido por algunos historiadores, consolidó su imagen como un oficial de coraje casi suicida y habilidad inusual en el combate cuerpo a cuerpo.
Heridas, méritos y ascensos en la Guerra de Cuba
Las campañas de Cuba fueron especialmente sangrientas para Silvestre. El 2 de diciembre de 1896, fue herido de bala en la frente en Sábana de Maíz, una herida grave que casi le costó la vida. No obstante, tras una recuperación sorprendentemente rápida, volvió a la acción pocos días después. El 13 y 14 de diciembre, en la acción de Pinar del Río, volvió a distinguirse en combate: los enemigos mataron sucesivamente a tres caballos que montaba, pero logró hacerse con un cuarto para reincorporarse al combate.
Su leyenda se consolidó aún más en la acción de Caridad, el 11 de enero de 1898, ya como capitán. Ese día fue herido de 18 heridas: cinco balas y trece machetazos, distribuidos por todo su cuerpo. Las heridas afectaron gravemente su brazo izquierdo, que quedó parcialmente incapacitado. A pesar de estas secuelas físicas, Silvestre insistió en continuar en el frente.
En total, durante su estancia en Cuba acumuló 22 heridas de combate en dos años, una cifra que para muchos fue símbolo de bravura y, para otros, de temeridad excesiva. Este historial le valió no sólo el respeto de sus superiores, sino también un ascenso por méritos de guerra al grado de comandante al poco tiempo de regresar a la península tras la derrota española.
El regreso se produjo el 29 de agosto de 1898, desembarcando en La Coruña. Para entonces, el Imperio español acababa de sufrir una de sus mayores humillaciones: la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En este nuevo escenario de decadencia imperial, figuras como Silvestre eran vistas como símbolos del espíritu combativo que aún sobrevivía.
Carrera en el norte de África y relaciones diplomáticas
Adaptación al escenario africano y estudios de árabe
Tras su regreso a la península, Manuel Fernández Silvestre inició una etapa de servicios en cuarteles de Alcalá de Henares, Guadalajara, Madrid y Zaragoza. Sin embargo, su espíritu de campaña y su vocación de acción lo condujeron pronto a nuevos escenarios de conflicto. En enero de 1904, fue destinado al norte de África, concretamente a Melilla, donde asumió el mando del batallón de caballería de cazadores de Alcántara.
Allí, Silvestre aplicó con rigor y carisma su visión del mando. Forjó una unidad disciplinada, eficaz y temida, especialmente conocida por sus cargas con arma blanca. Años más tarde, esta misma unidad sería protagonista de una de las gestas más recordadas del ejército español, durante los días trágicos de Annual, lo que le valdría la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración militar española.
En paralelo a sus funciones de mando, Silvestre se dedicó con notable entusiasmo al estudio de la lengua árabe, demostrando una capacidad intelectual que muchos no esperaban en un militar de acción. En 1908, obtuvo el título oficial de intérprete de lengua árabe, siendo el mejor calificado entre los catorce alumnos que lo lograron ese año. Este mérito no sólo lo acercó a las culturas locales, sino que también le permitió establecer relaciones clave, como la que mantuvo con Muhammad Abd al-Krim, joven profesor rifeño de 26 años que lo examinó y calificó con sobresaliente. Años más tarde, ambos se encontrarían en bandos opuestos del campo de batalla.
Crisis personales y retraimiento
En medio de esta prometedora carrera, una tragedia personal cambió profundamente su carácter. El 19 de enero de 1907, falleció de forma repentina su esposa, Elvira Duarte de Oteiza, con quien se había casado en 1899 y con la que tuvo dos hijos: Elvira y Manuel. Esta pérdida afectó intensamente a Silvestre, quien desde entonces comenzó a mostrar signos de aislamiento emocional.
El militar intrépido, sociable y brillante en los círculos oficiales, dio paso a un hombre más retraído, concentrado en sus estudios, su vida interior y el mando de su unidad. Su relación con la oficialidad africana y los jefes locales se volvió más reservada, aunque no por ello menos efectiva. Se centró en consolidar su carrera, ganando prestigio como conocedor del Magreb y como líder en situaciones críticas.
Primeras acciones diplomáticas y militares en Marruecos
La inestabilidad en el norte de África se agudizó en 1911. La familia bereber aliada de los españoles, los Banu Laek, fue asesinada en Larache, lo que desató una ola de violencia contra los residentes españoles. Ante la amenaza, estos se refugiaron en los muelles del puerto. El entonces teniente coronel Fernández Silvestre fue enviado de urgencia desde Casablanca a bordo del acorazado España.
Su misión fue tanto militar como diplomática. Negoció con uno de los líderes más influyentes del Rif, Al-Raisuni, alcanzando un acuerdo que permitió el retorno seguro de los españoles a la ciudad. Esta acción, aplaudida por su audacia diplomática, reforzó su imagen de oficial pragmático y eficaz. Sin embargo, también lo expuso a las complicaciones geopolíticas derivadas de la competencia entre Francia y España por el control de Marruecos.
En verano de 1912, Silvestre firmó con Al-Raisuni un acuerdo para atacar la ciudad de Arcila, donde tropas francesas realizaban trabajos de infraestructura. La ofensiva fue exitosa: los franceses abandonaron Arcila el 17 de agosto. Pero el incidente generó una grave crisis diplomática con Francia, especialmente sensible tras el asesinato de José Canalejas, jefe del Gobierno español. Como resultado, ambos países firmaron precipitadamente el 30 de noviembre de 1912 un tratado que repartía Marruecos: España recibió una pequeña franja del norte (21.000 km²) mientras que Francia obtuvo una vasta extensión al sur (415.000 km²).
Ascensos y desencuentros políticos
Pese a las tensiones diplomáticas y los errores tácticos, Silvestre siguió ascendiendo en la carrera militar. En enero de 1913, fue ascendido a coronel, en un contexto en que ya se hallaba en Madrid, apoyando la candidatura de Al-Raisuni al cargo de califa, en representación de los intereses españoles.
Sin embargo, un incidente empañó su reputación: el capitán Guedea, actuando en su nombre, liberó a prisioneros capturados por Al-Raisuni, lo que causó un profundo malestar en el líder rifeño y tensó la relación hispano-marroquí. Silvestre presentó entonces su dimisión, aunque el gobierno la rechazó. Este episodio marcó el inicio de un distanciamiento entre Silvestre y las autoridades políticas, especialmente con el Ministerio de la Guerra.
A pesar de todo, fue ascendido a brigadier el 16 de junio de 1913. No obstante, ese mismo día recibió un telegrama reservado del Ministerio, que de forma encubierta lo relevaba del mando. El contraste entre el ascenso y el cese encubierto revela la ambigüedad con que era percibido: un oficial valiente pero cada vez más incómodo para los intereses políticos.
Rivalidad con Berenguer y ambiciones truncadas
Finalizada la Primera Guerra Mundial, el protectorado español fue reorganizado. Se redujeron las antiguas tres comandancias generales a sólo dos: Ceuta y Melilla. Silvestre fue designado comandante general de Ceuta, un cargo de prestigio pero subordinado al nuevo Alto Comisario en Marruecos, que fue Dámaso Berenguer, su antiguo compañero de la academia y también nacido en Cuba.
Este nombramiento supuso una gran decepción personal y profesional para Silvestre, quien aspiraba a ser él quien encabezara el alto comisariado. A pesar de la mutua estima entre ambos, comenzaron a aflorar desacuerdos estratégicos sobre cómo debía desarrollarse la pacificación del Rif. Silvestre, más impulsivo y pragmático, tendía a desobedecer órdenes si consideraba que la situación lo requería, algo que contrastaba con la postura más diplomática de Berenguer.
La tensión entre ambos quedó patente cuando Berenguer, para resolver el conflicto latente, propuso a Silvestre para la comandancia general de Melilla, tras su cese en Ceuta. Aunque nominalmente era un ascenso, en la práctica supuso aislarlo en una posición difícil, con alta presión militar, gran inestabilidad política y una cadena de mando que no respondía a sus expectativas.
El Desastre de Annual y el ocaso de un militar
Guerra en el Rif y reactivación del conflicto
En el año 1920, la situación en el protectorado español en Marruecos se volvió aún más inestable. La sublevación de Al-Raisuni, antiguo aliado de Silvestre, marcó el inicio de una nueva oleada de violencia. Este alzamiento requirió un aumento significativo en los gastos militares y provocó un incremento del descontento entre los reclutas, muchos de ellos jóvenes sin experiencia militar enviados desde la península.
En este contexto complejo, se produjo la creación de la Legión Española, bajo el mando de Millán-Astray, una fuerza profesional inspirada en la Legión Extranjera francesa, que buscaba aportar disciplina y eficacia en un teatro de operaciones donde las tropas regulares españolas habían fracasado repetidamente.
Ese mismo año, se logró la ocupación de la localidad de Xauen (Chefchaouen), considerada un bastión simbólico del islam marroquí, lo que supuso una victoria propagandística para el régimen español. Sin embargo, al mismo tiempo se intensificaron las operaciones en el Rif oriental, alrededor de Melilla, con el objetivo de acelerar la explotación de las minas de la región, una prioridad económica para el gobierno.
Avance temerario y errores estratégicos
Desde Melilla, el general Fernández Silvestre dirigía las operaciones con un ejército de aproximadamente 30.000 soldados, compuesto en su mayoría por reclutas mal equipados y sin formación adecuada. A pesar de las recomendaciones de prudencia desde el Alto Comisariado, Silvestre emprendió en 1921 una ofensiva agresiva en dirección oeste, ocupando diversos poblados.
En el mes de mayo, sus tropas alcanzaron el río Ameqrán, que los rifeños consideraban una frontera simbólica que no debía ser cruzada. Sin embargo, Silvestre ignoró esta advertencia cultural y estratégica, y ordenó a sus hombres continuar la marcha, desprotegiendo peligrosamente los flancos del avance y estirando sus líneas logísticas más allá de lo sostenible.
Este movimiento fue interpretado por los líderes rifeños, especialmente Muhammad Abd al-Krim, antiguo alumno de Silvestre y ahora líder de la resistencia, como una provocación directa. Aunque tanto Silvestre como el Alto Comisario Berenguer creían que la situación estaba bajo control, en realidad se estaba gestando una ofensiva bien organizada y cuidadosamente planificada por las tribus del Rif.
El desastre militar del 21 de julio de 1921
El 17 de julio de 1921, las tropas de Abd al-Krim lanzaron un ataque coordinado contra las posiciones españolas. Las guarniciones avanzadas, mal abastecidas y mal preparadas, comenzaron a retroceder de forma desorganizada. Lejos de una simple escaramuza, se trataba de una ofensiva generalizada que aprovechaba el desmoronamiento de las líneas españolas.
El 21 de julio, las fuerzas rifeñas atacaron y cercaron Annual, el punto más fuerte del dispositivo español. La defensa se desmoronó rápidamente. Las órdenes confusas y la falta de coordinación provocaron una retirada caótica, con soldados huyendo en desbandada, abandonando armamento y posiciones estratégicas.
En ese momento, Silvestre se vio completamente superado. Incapaz de organizar una retirada ordenada o de establecer una línea defensiva, el general se enfrentó a una situación sin salida. Las fuentes difieren en cuanto a su destino final: algunos sostienen que se suicidó de un disparo, mientras otros creen que fue asesinado por los rifeños. En cualquier caso, murió en Annual, junto con miles de sus hombres.
El Desastre de Annual se saldó con más de 10.000 soldados españoles muertos en apenas unos días. Fue una de las peores derrotas militares de la historia de España, comparable solo con la pérdida del imperio colonial en 1898. El impacto fue tal que el país entero quedó conmocionado.
Percepciones contemporáneas y análisis posteriores
La reacción en España fue inmediata y virulenta. El gobierno intentó minimizar la magnitud del desastre, pero las cifras y los testimonios eran imposibles de ocultar. Se iniciaron investigaciones parlamentarias, entre ellas el famoso Informe Picasso, que detalló las causas del colapso militar y señaló negligencias, corrupciones y errores de mando, aunque evitó implicar directamente a la corona o a los altos mandos por razones políticas.
La figura de Silvestre se convirtió en un símbolo de controversia. Algunos lo defendieron como un héroe trágico, víctima de un entorno político traicionero y de un ejército desorganizado. Otros lo retrataron como un militar temerario e irresponsable, cuya arrogancia y desprecio por la prudencia condujeron al desastre.
Los republicanos y sectores antimilitaristas aprovecharon el momento para criticar el sistema de casta militar, el papel del rey Alfonso XIII y la política colonial. De hecho, se especuló con que el propio monarca había alentado personalmente a Silvestre en su avance, una acusación que, aunque nunca probada, debilitó aún más la legitimidad del régimen.
Legado e impacto en la historia de España
El Desastre de Annual tuvo consecuencias políticas de gran calado. Fue un factor clave en la crisis de la Restauración, alimentó el desprestigio del sistema parlamentario y contribuyó a la creciente inestabilidad que desembocaría en el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera en 1923. La guerra en el Rif continuó durante años, y sólo sería parcialmente resuelta tras la intervención conjunta de Francia y España en 1925.
En cuanto a la memoria de Manuel Fernández Silvestre, su figura ha oscilado entre el mito del militar valeroso e idealista y la del oficial imprudente e intransigente. Su carácter impulsivo, su confianza ciega en la superioridad española y su desprecio por la logística son elementos recurrentes en los estudios posteriores.
No obstante, su historia refleja con crudeza los límites del imperialismo español tardío, las contradicciones de una clase militar atrapada entre el honor y la política, y la incapacidad del sistema para adaptarse a los desafíos del siglo XX. En cierto sentido, Silvestre fue tanto producto como víctima de su época: un militar formado en la mística de la caballería heroica, arrojado a un conflicto que requería modernidad, planificación y diplomacia.
Su trágico final marcó un punto de inflexión, no sólo en el colonialismo español en África, sino también en la percepción que la sociedad española tenía de sus propias fuerzas armadas. En el eco de su muerte, resonaban ya los tambores de un siglo convulso y fragmentado.
MCN Biografías, 2025. "Manuel Fernández Silvestre (1871–1921): El General Temerario del Desastre de Annual". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/fernandez-silvestre-manuel [consulta: 5 de febrero de 2026].
