Felipe VI, Rey de Francia (1293-1350): El monarca que enfrentó el inicio de la Guerra de los Cien Años

Contexto histórico y social del siglo XIV

A principios del siglo XIV, Europa se encontraba en medio de una agitación política y social que marcaría el rumbo de la historia medieval. Francia, una de las naciones más poderosas de la época, experimentaba una serie de crisis internas y externas que pondrían a prueba su estabilidad. El sistema feudal, la lucha por el poder dentro de la nobleza y los problemas dinásticos fueron algunas de las dificultades que marcaron el reinado de Felipe VI. El rey Felipe VI, quien se convirtió en el primer monarca de la dinastía Valois, ascendería al trono de Francia en un contexto marcado por la descomposición de la dinastía de los Capetos, de la cual su familia era parte.

La decadencia de los Capetos y las tensiones familiares

La familia real francesa de los Capetos había dominado el reino desde el siglo X. Sin embargo, a comienzos del siglo XIV, la dinastía enfrentaba serios problemas. Los reyes de la Casa de los Capetos no lograron dejar un heredero masculino estable y, al mismo tiempo, las disputas internas entre ramas familiares minaban la estabilidad de la monarquía. La muerte sin descendencia de Luis X, el Rey Bueno, y la falta de herederos directos de su hermano Felipe V, crearon una crisis de sucesión. Esto derivó en el trágico final de la línea masculina de los Capetos, lo que abrió la puerta para otros candidatos al trono.

El último rey de esta línea, Carlos IV, no dejó un heredero varón, lo que precipitó una disputa de sucesión que involucraría tanto a la nobleza francesa como a los reyes de otras naciones. Este vacío de poder fue lo que permitió que Felipe VI de Valois, un primo lejano de los últimos reyes Capetos, pudiera ascender al trono, pero no sin controversias.

Orígenes familiares y formación de Felipe VI

Felipe VI nació en 1293 como hijo de Blanca de Navarra y Carlos de Valois. Su madre era una princesa navarra, y su padre, un miembro de la familia Valois, una rama menor de los Capetos. Esta conexión familiar con la casa real, aunque distante, colocó a Felipe en una posición favorable para reclamar el trono de Francia en caso de que surgieran problemas sucesorios.

La familia Valois, al estar vinculada a la nobleza francesa, tenía influencias poderosas en la corte y las tierras, pero no era la línea directa para la sucesión al trono. Felipe era, sin embargo, el sobrino de Felipe IV, conocido como “el Hermoso”, un rey que dejó una huella profunda en la historia de Francia debido a sus políticas y su intento de fortalecer el poder central. Esta conexión directa con Felipe IV fue crucial para que Felipe VI pudiera hacerse con el trono cuando la situación lo requiriera.

Los primeros años y las disputas por la sucesión

El ascenso de Felipe VI al trono fue posible gracias a una serie de circunstancias políticas. En 1328, tras la muerte de Carlos IV, el último de los reyes Capetos sin descendencia masculina, se desató una disputa por la sucesión. La reina viuda, que aún estaba embarazada, había dejado en el aire la cuestión de la sucesión, lo que generó incertidumbre sobre quién debería asumir la corona de Francia. Los tres principales candidatos eran Felipe de Evreux, Felipe de Valois y Eduardo III de Inglaterra.

Felipe de Valois, que estaba emparentado con los últimos reyes franceses por su madre, Blanca de Navarra, fue el que tuvo más razones para reclamar el trono. Argumentó que su parentesco con la familia real le daba el derecho legítimo a la corona. Además, apoyándose en la Ley Sálica, que había sido implementada por Luis X en 1316 para evitar que las mujeres pudieran heredar el trono, Felipe VI fue proclamado rey de Francia el 29 de mayo de 1328. La proclamación se produjo después de la negativa a que la hija recién nacida de Carlos IV tomara el trono, aunque ella representaba la última posibilidad de una línea directa masculina.

Con esta proclamación, Felipe VI dio inicio a la dinastía Valois, un cambio significativo en la historia de Francia, que sería protagonista de los siguientes eventos de la Edad Media. De esta manera, Felipe VI consolidó su posición en el trono y logró unificar diversas tierras bajo su mando.

La consolidación del poder y las primeras acciones del reinado

Felipe VI comenzó su reinado en una Francia que aún se encontraba en medio de turbulencias internas y externas. Su primera acción importante fue asegurar la lealtad de los principales nobles y establecer acuerdos que fortalecieran su posición frente a los demás rivales, como Felipe de Evreux, yerno del difunto Luis X y reclamante al trono. Felipe VI logró la paz con él al reconocerlo como rey de Navarra y asegurarse los derechos de Felipe de Evreux sobre tierras de Champaña y Brie.

Otro aspecto importante del reinado de Felipe VI fue la relación con el rey inglés Eduardo III. Al principio, Eduardo aceptó prestar homenaje al nuevo rey de Francia, lo que significaba que reconocía la soberanía de Felipe VI sobre sus feudos en Guyena y Poitiers. Sin embargo, la situación era insostenible, pues Eduardo III, aunque vasallo en términos formales, controlaba vastos territorios que le daban una gran autonomía, lo que generaba tensiones que estallarían en un futuro próximo.

La guerra de los Cien Años: el conflicto con Inglaterra

Las tensiones entre Felipe VI y Eduardo III se fueron intensificando. El conflicto directo comenzó en 1337, cuando Eduardo III reclamó los derechos sobre el trono francés. Aprovechando la debilidad de la corona francesa y los derechos históricos que se atribuía sobre el trono, Eduardo III declaró la guerra a Felipe VI. Así, comenzó la larga y devastadora Guerra de los Cien Años.

El primer gran enfrentamiento de esta guerra ocurrió en la batalla de Crécy en 1346, donde las fuerzas francesas fueron derrotadas por los ingleses. Este desastre, sumado a la posterior toma de Calais por parte de los ingleses en 1347, marcó el inicio de una serie de derrotas militares que desgastarían aún más el reino de Francia.

Consolidación de poder, conflictos y desafíos durante el reinado de Felipe VI

La expansión del conflicto con Inglaterra

El inicio de la Guerra de los Cien Años en 1337, que enfrentó a Felipe VI de Francia contra Eduardo III de Inglaterra, marcó uno de los capítulos más cruciales de su reinado. El conflicto fue precipitado por la reclamación de Eduardo III sobre el trono de Francia, apoyada por su vínculo familiar con la casa real francesa a través de su madre, Isabel de Francia, hija de Felipe IV. Eduardo III, al ver que su reclamo no era reconocido por Felipe VI, rompió el vasallaje que le había sido otorgado anteriormente por Francia, lo que desencadenó una serie de batallas y altercados que afectarían profundamente el futuro de ambos reinos.

La situación no solo estaba motivada por disputas territoriales, sino también por el deseo de ambos monarcas de asegurar su supremacía sobre los territorios en disputa, especialmente en Guyena y Pothieu, que pertenecían al reino inglés, pero que se encontraban bajo la sujeción del rey francés en virtud de un acuerdo de vasallaje. En este contexto, Felipe VI se enfrentaba a un reto aún mayor: no solo defendía su derecho al trono, sino que también intentaba mantener el control sobre un territorio que no era de pleno dominio francés.

En este sentido, la derrota en la batalla de Crécy, el 26 de agosto de 1346, fue una de las primeras grandes catástrofes para el ejército francés, que perdió a gran parte de su nobleza y a muchos de los mejores guerreros del reino. La victoria inglesa en Crécy fue especialmente significativa no solo por su impacto militar, sino también por el uso innovador de las tácticas militares por parte de Eduardo III, como el empleo de los arqueros largos, que resultaron devastadores para las fuerzas francesas.

La situación interna de Francia: peste, crisis económica y descontento popular

Mientras la guerra con Inglaterra se expandía, Felipe VI tuvo que lidiar con los profundos problemas internos del reino. En 1347, después de la pérdida de Calais ante los ingleses, la situación interna en Francia se volvió aún más grave, debido a la creciente crisis económica y las consecuencias de la peste negra, que comenzó a propagarse en todo el país.

La peste, que arrasó Europa en la década de 1340, afectó gravemente a Francia. La epidemia mató a una gran parte de la población francesa, causando una crisis demográfica y económica sin precedentes. En algunas ciudades, como París, se reportó que hasta 800 personas morían diariamente a causa de la peste. La situación generó pánico, desconfianza y desesperación entre la población. Muchos ciudadanos culparon a los judíos de la propagación de la enfermedad, lo que llevó a una ola de persecuciones y masacres, con la aquiescencia tácita de las autoridades, que incitaban la violencia debido a la confiscación de bienes de los judíos.

La persecución de los judíos durante la peste fue una de las injusticias sociales más crueles de este periodo. A pesar de la falta de evidencia que respaldara las acusaciones de envenenamiento de pozos y fuentes, los judíos fueron objeto de una persecución violenta que incluyó asesinatos y expulsiones. La situación económica en Francia también empeoró, pues la guerra contra Inglaterra, sumada a la peste y a la incompetencia económica del monarca, agravó las finanzas del reino.

El levantamiento de los flagelantes y la política interna

A medida que las tensiones sociales aumentaban, también lo hizo el descontento religioso. En 1348 y 1349, una secta religiosa radical, los flagelantes, se expandió por todo el país. Este grupo, que se consideraba el instrumento divino para la purificación de la humanidad, fue especialmente activo durante la peste. Los flagelantes se sometían a severas disciplinas físicas, flagelándose en público como una forma de expiar los pecados de la sociedad, a la que consideraban responsable de la plaga.

Este movimiento, aunque inicialmente era una manifestación religiosa genuina, pronto se vinculó con el descontento social y la protesta anticlerical. Los flagelantes y otros movimientos populares se rebelaron contra la Iglesia y los nobles, que fueron vistos como responsables de los sufrimientos de la población. A pesar de la represión por parte del clero y la nobleza, los flagelantes lograron obtener apoyo de una gran parte de la población empobrecida y afectada por la peste.

Política económica de Felipe VI: el fracaso y el endeudamiento

El reinado de Felipe VI también estuvo marcado por fracasos económicos que dejaron al reino de Francia en una situación precaria. El rey tenía una política económica derrochadora, gastando grandes sumas en gastos fastuosos y en la financiación de la guerra. A pesar de los esfuerzos para monetizar la guerra, recurriendo a expedientes extraordinarios y a la confiscación de bienes de la nobleza y el clero, las finanzas del reino no mejoraron. Las expansiones territoriales, como la compra de los territorios de Montpellier y Lattes a Jaime II de Mallorca, no fueron suficientes para mejorar la situación económica.

Para enfrentar la creciente deuda, Felipe VI recurrió a medidas impopulares como la reducción de los sueldos de la nobleza, la imposición de nuevos impuestos y la creación de un monopolio de la sal que, aunque beneficioso para las arcas reales, fue rechazado por las clases bajas. Las constantes convocatorias de los Estados Generales para obtener nuevos subsidios fueron también un reflejo de la precaria situación financiera del reino.

La caída de Felipe VI y la muerte de un rey agotado

En 1350, con el reino sumido en una crisis de todo tipo, Felipe VI falleció a la edad de 57 años, dejando a su hijo Juan II, quien heredaría un reino debilitado por la guerra, las epidemias y el desorden económico. A pesar de los esfuerzos de Felipe VI por consolidar su poder y defender su trono, su reinado quedó marcado por derrotas militares, crisis internas y problems económicos que lo dejaron con una reputación de fracaso ante la historia.

A lo largo de su vida, Felipe VI intentó mantener la unidad de Francia ante las amenazas externas, pero no pudo evitar que la nación cayera en la agitación. La Guerra de los Cien Años continuaría durante generaciones, y las secuelas de su reinado seguirían influyendo en la política francesa durante muchos años más.

El legado de Felipe VI: Caída, sucesión y futuro de Francia

La muerte de Felipe VI y la transición a Juan II

Felipe VI de Francia murió el 22 de agosto de 1350, dejando un reino sumido en la desesperación. Las pérdidas territoriales, las derrotas militares y las crisis sociales y económicas dejaron un panorama sombrío para su sucesor, su hijo Juan II, quien heredó un reino gravemente debilitado. Aunque la muerte de Felipe VI cerró un capítulo importante de la historia de Francia, también abrió otro lleno de incertidumbre y desafíos.

La sucesión y las primeras dificultades del reinado de Juan II

Juan II, conocido como «Juan el Bueno», asumió el trono en un momento de crisis. A los pocos años de su ascenso, tuvo que hacer frente a las consecuencias de la fallida política económica de su padre, las continuas pérdidas de territorio en la guerra contra Inglaterra y la desgarradora crisis social originada por la peste. La Guerra de los Cien Años continuaba su curso, y aunque la figura de Juan II parecía tener el potencial de restaurar la estabilidad en Francia, las derrotas militares y la mala gestión económica continuaron afectando a la nación.

En el ámbito militar, Juan II intentó recuperar las tierras perdidas en Normandía y otros territorios clave que los ingleses habían ocupado. Sin embargo, el conflicto continuó con poco éxito para Francia, y la batalla de Poitiers, en 1356, se saldó con una derrota catastrófica para los franceses. En este enfrentamiento, Juan II fue capturado por las tropas inglesas, lo que empeoró aún más la situación del reino. Su cautiverio se convirtió en otro símbolo de la fragilidad de la monarquía francesa en ese momento.

La influencia de Felipe VI en la política futura de Francia

Aunque Felipe VI no dejó un legado directo de éxito militar o prosperidad económica, su reinado tuvo un impacto significativo en la política futura de Francia. Durante su mandato, la consolidación de la dinastía Valois se logró con su ascenso al trono, lo que inauguró una nueva era en la historia francesa, marcando el fin de la Casa de los Capetos y el inicio de una línea que duraría hasta el siglo XVI.

Además, Felipe VI dejó una huella importante en la gestión territorial de Francia. Su compra de territorios como Montpellier y Lattes (en 1349) y su adquisición del Delfinado evidencian su intento de asegurar y expandir el poder de la corona a través de medios económicos, a pesar de los grandes problemas financieros que azotaban su reino. Aunque sus esfuerzos para fortalecer la monarquía a través de la diplomacia y el matrimonio fueron significativos, no pudieron evitar el inevitable desgaste que sufriría Francia debido a las presiones internas y externas.

El impacto de la guerra y la peste en la sociedad francesa

El reinado de Felipe VI estuvo marcado por las tensiones bélicas con Inglaterra, pero también por la devastación de la peste negra que asoló Europa. A lo largo de su mandato, Francia vivió una serie de sufrimientos colectivos que contribuyeron a una creciente desconfianza entre la población y la aristocracia. Los flagelantes, el movimiento religioso que surgió durante la peste, reflejan la desesperación de una sociedad que buscaba respuestas divinas para un castigo que parecía inclemente e ineludible.

Además, las persecuciones de los judíos, motivadas por la falsa creencia de que eran responsables de la plaga, dejaron cicatrices en la memoria histórica de Francia, constituyendo una de las injusticias sociales más graves del periodo. La actitud del estado frente a estas matanzas reflejó la desorganización y falta de cohesión en las políticas internas del reino, lo que empeoró aún más la situación de los pueblos más vulnerables.

La reinterpretación histórica de Felipe VI

A lo largo de la historia, la figura de Felipe VI ha sido reinterpretada de diversas maneras. Para algunos historiadores, su reinado fue un periodo de transición y consolidación dinástica, mientras que otros lo ven como un fracaso estratégico debido a las numerosas derrotas militares y la mala gestión interna. La Guerra de los Cien Años, que comenzó durante su reinado, sería vista como una larga serie de derrotas para Francia, en gran parte debido a las decisiones tomadas por Felipe VI y sus sucesores.

Sin embargo, no todo en su reinado fue negativo. Felipe VI logró mantener la unidad de Francia en circunstancias difíciles y defendió con firmeza la autoridad de la monarquía frente a las aspiraciones de otros monarcas. Además, su habilidad para negociar y hacer alianzas, como la que tuvo con Felipe de Evreux y la posterior reconstrucción de la dinastía Valois, aseguró la continuidad de la corona de Francia en un momento crítico.

El legado perdurable de Felipe VI

Aunque su reinado no fue un modelo de éxito, Felipe VI dejó una huella indeleble en la historia de Francia. A pesar de los problemas económicos y militares, logró consolidar un poder que sería vital para la supervivencia de la dinastía Valois en los siglos venideros. A través de sus alianzas, su administración territorial y sus intentos de restaurar el orden social, Felipe VI ayudó a sentar las bases de la monarquía francesa, que continuaría luchando y evolucionando durante la Guerra de los Cien Años y más allá.

A lo largo de los años, la figura de Felipe VI ha sido vista desde diversas perspectivas, y su legado sigue siendo objeto de debate entre los historiadores. Sin embargo, lo cierto es que su reinado marcó el comienzo de un periodo crucial para la historia de Francia, y su influencia, aunque llena de desafíos y fracasos, fue fundamental para la configuración del futuro de la nación.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Felipe VI, Rey de Francia (1293-1350): El monarca que enfrentó el inicio de la Guerra de los Cien Años". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/felipe-vi-rey-de-francia [consulta: 1 de febrero de 2026].