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BiografíaFotografía

Disdéri, Adré-Adophe-Eugène (1819–1890).

Fotógrafo francés nacido en 1819 y fallecido en París en 1890. Fue un autor que supuso un importante referente en las mutaciones que estaba sufriendo la fotografía hacia la mitad del siglo XIX, cambios no tanto artísticos como económicos y conceptuales, al acercar el nuevo arte a un amplio espectro de la población, de manera que introdujo un componente democratizador en el mismo. Sin formación artística sólida (tan sólo realizó una breve preparación como dibujante), supo trazarse una sólida carrera comercial tan sólo conocida en la figura de Daguerre.

Hacia 1854 se instaló en París, en pleno esplendor del Segundo Imperio, creando los estudios más suntuosos jamás conocidos en la capital gala. Con dos pisos (el primero con el almacén, el taller de enmarcados y la sala de espera; y el segundo con dos grandes terrazas de vidrieras, un salón elegante para señoras y distintos laboratorios para la manipulación de las placas, el colodión y el tiraje de copias), a los ojos de sus visitantes su estudio era, ciertamente, “el templo de la fotografía”, un lugar único por su lujo y elegancia.

En estas instalaciones realizó, a modo de publicidad, una exposición que mostraba algunos de sus trabajos, entre los que se encontraban daguerrotipos, pruebas positivas sobre papel y ambrotipos, mucho más económicos. Su preocupación por acercar la fotografía a cualquier bolsillo le llevó a diseñar su famosa carte-de-visite, que presentó en noviembre de 1854.

El valor de Disdéri como hombre de negocios se apoyó en el hecho de que adaptó su producción a la situación económica de su clientela y a sus condiciones intelectuales. Observando la ingente cantidad de fotografías tomadas por el autor en su estudio del Bulevard des Italiens, la nota común a todas ellas es la absoluta falta de creatividad en el arte del retrato, ya que los personajes aparecen inexpresivos. Ante los ojos del espectador desfilan, en interminables hileras, los representantes de todos los niveles y profesiones de la burguesía; mas, detrás de esas estereotipadas fotografías, se desvanece la imagen del fotografiado, escondida entre los accesorios y la gran cantidad de atrezzo. Así se criticó duramente el trabajo de Disdéri y su carte-de-visite durante largo tiempo: “gruesos infolios solícitamente amontonados sobre un velador, cuya grácil silueta evoca cualquier cosa, excepto una mesa de trabajo, y cuadernos abiertos o cerrados en ingenioso desorden, tal es la ambientación requerida para presentar a un escritor o a un sabio. El mismo individuo se ve constreñido a una pose: el brazo izquierdo apoyado en la mesa (esa actitud es el resultado de poses interminables), los ojos sumidos en la meditación, una pluma de oca en la mano derecha, gestos todos ellos que le convierten a él mismo en un accesorio del taller. El gesto patético de un señor gordo y disfrazado que se tuerce los brazos, con un puñal a sus pies, basta para que reconozcamos a un primer tenor de ópera. Lo de menos es el hombre. Por lo que hace al pintor, basta con un caballete y un pincel. El hombre de estado sostiene en su mano izquierda un rollo de pergamino. Su brazo derecho se apoya en una balaustrada cuyas macizas curvas figuran su pensamiento cargado de responsabilidad”. Es así como el estudio de un fotógrafo como Disdéri se transforma en el almacén de un teatro que, entre bambalinas, esconde todo tipo de arquetípicas máscaras que proporcionar al cliente a la hora de subir el telón y accionar el disparador.

A finales de 1854, Disdéri transformó su negocio en sociedad por acciones (la sociedad Disdéri et Cie) y, después de obtener la concesión para fotografiar todos los objetos presentados en la Exposición Universal, fundó la Sociedad del Palacio de la Industria. Convencido de la necesidad de hacer retratos baratos, supo aprovecharse de la dinámica de la Exposición Universal, dando pruebas de su magnífico sentido comercial. Así, a diferencia de sus colegas, nunca adoptó el título de "pintor-fotógrafo” ni “artista fotógrafo”, sino “fotógrafo de los Palacios de la Industria y de Bellas Artes, miembro de la Sociedad de Fomento”.

Sus móviles, alejados de cualquier principio artístico y vinculados al más absoluto ánimo de lucro, le indujeron incluso a abandonar sus convicciones republicanas para aproximarse al Imperio y extender su clientela entre las capas inferiores de la burguesía. Después de que su fortuna fuera el comentario de todo París, Disdéri se quedó ciego y sordo, y no poseía un solo franco cuando murió en un hospital público de París en 1890.

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  • 0205 MMMM