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PeriodismoLiteraturaBiografía

Costa, Hipólito José da (1774-1823).

Escritor y periodista luso-brasileño, nacido en la Colonia del Sacramento (actualmente perteneciente a Uruguay, y entonces ubicada en territorio brasileño y sometida, por tanto, a la Corona portuguesa) el 13 de agosto de 1774, y fallecido en Londres (Reino Unido) el 11 de septiembre de 1823. Esta considerado como el fundador del periodismo brasileño y uno de los pioneros del movimiento político que acabaría propiciando la independencia de Brasil.

Vino al mundo en el seno de una familia acomodada, formada por el militar portugués Félix da Costa Furtado de Mendonça -destacado en Sacramento por la Capitanía de Río de Janeiro, en calidad de Alférez de Ordenanzas- y por Ana Josefa Pereira Martins de Mesquita, ciudadana de la Nova Colonia do Santíssimo Sacramento. Su nombre completo era, por tanto, el de Hipólito José da Costa Pereira Furtado de Mendonça.

En la Colonia de Sacramento vinieron también al mundo dos hermanos del futuro escritor que habrían de alcanzar relevancia en la vida política y social de su pueblo. Uno de ellos, Felício Joaquim da Costa Pereira, consagró su vida al sacerdocio y, durante muchos años, ejerció su ministerio en la ciudad de Pelotas (en el actual estado de Río Grande do Sul); por su parte, José Saturnino da Costa Pereira se dedicó a la política y llegó a convertirse en el primer gobernador de Mato Grosso, para alcanzar posteriormente los cargos de senador del Imperio y ministro de Guerra de éste.

Los padres del joven José Hipólito, conscientes de su innata capacidad intelectual, le proporcionaron una espléndida formación académica desde que era un niño de corta edad. Cursó sus estudios primarios en la ciudad de Pelotas, a la que se había trasladado la familia a finales de 1777, ya que, a raíz del convenio firmado por España y Portugal el día 1 de octubre de dicho año (el famoso Tratado de San Ildefonso), los españoles pasaban a controlar todo el estuario del Río de la Plata, lo que implicaba que la Colonia del Sacramente dejaba de ser portuguesa. En Pelotas, pues, transcurrió buena parte de la infancia y la adolescencia del pequeño José Hipólito, quien, ya en su juventud, marchó a Porto Alegre para cursar los estudios preparatorios que habrían de permitirle iniciar su carrera universitaria.

Viajero infatigable desde aquel período estudiantil, merced a los ahorros de su familia pudo cruzar el Atlántico para establecerse en la ciudad portuguesa de Coimbra, en cuya antigua universidad -una de las más prestigiosas del ámbito geo-cultural luso- cursó estudios superiores de Derecho y Filosofía y Letras. Y fue tal el aprovechamiento con que realizó estas carreras que el 16 de octubre de 1798, el mismo año en que las hubo concluido, se embarcó rumbo a los Estados Unidos de América por mandato expreso del ministro portugués Rodrigo de Sousa Coutinho, con el encargo de ponerse al día acerca de los últimos adelantos de las Ciencias Económicas y las mejores técnicas de explotación de las plantas útiles.

Durante los dos años que pasó en los Estados Unidos, Hipólito José da Costa, además de estudiar a fondo las nuevas técnicas industriales desarrolladas en la joven nación norteamericana, entró en contacto con la masonería que, procedente de Francia e Inglaterra, aspiraba a extenderse por dichas tierras. Fruto de aquella fecunda temporada en Norteamérica fueron las impresiones y reflexiones que fue anotando en su Diário da minha viagem a Filadélfia (1798-1799), obra que Hipólito José da Costa no dio a la imprenta en vida, por lo que quedó relegada al olvido y no fue publicada hasta que no hubo transcurrido más de un siglo y medio desde su fecha de redacción (Río de Janeiro: Academia Brasileira, 1955).

A su regreso a Lisboa, Hipólito José da Costa recibió, en pago de los servicios recién prestados a la Corona portuguesa, un relevante cargo oficial: el de director de la Imprenta Real (1801). Poco después, en cumplimiento de una serie de labores relacionadas con dicho empleo, realizó un prolongado viaje por Inglaterra y Francia, donde -según parece- consolidó sus vínculos con la masonería (hasta el extremo de que, años después, habría de convertirse en Gran Maestre de la Masonería Inglesa).

Pero en la corte lusa no se veía con buenos ojos esta pertenencia de Hipólito José da Costa a enigmáticas sociedades secretas extranjeras, por lo que, en 1802, ya de nuevo en Portugal, fue detenido y juzgado por la Inquisición, que le condenó a presidio. Se le acusaba -al parecer, con bastante fundamento- de ser uno de los principales promotores de la divulgación clandestina de la masonería en Portugal.

En 1805, después de haber pasado durante tres años por varios penales de la Inquisición, Hipólito José da Costa logró huir de sus carceleros tomando el disfraz de uno de sus criados. Pasó apresuradamente a España y, en busca de su completa salvación, bajó sin mayor demora hasta Gibraltar, en donde pudo tomar un barco que partía hacia Inglaterra. Allí, en calidad de exiliado, se acogió al amparo del poderoso Duque de Sussex -hijo del propio rey de Inglaterra y miembro también de la masonería-, con lo que se supo libre de cualquier amenaza de sus perseguidores (fundamentalmente, la Inquisición portuguesa) y pudo consagrarse de lleno a una de sus grandes pasiones: el cultivo de la escritura y el periodismo.

Bajo la protección del Duque de Sussex, Hipólito José da Costa se convirtió en el editor de la primera publicación periódica brasileña, el mensuario O Correio Brasiliense ou Armazén Literário, que estuvo en circulación desde el 1 de junio de 1808 hasta 1823. Esta publicación, que desde su primer número comenzó a difundirse no sólo por Inglaterra, sino también por Portugal y Brasil, se adelantó en tres meses a la aparición del primer rotativo lanzado en territorio brasileño propiamente dicho, la Gazeta do Rio de Janeiro (que comenzó a circular el 10 de septiembre de 1808).

Desde las páginas de O Correio Brasiliense, Hipólito José da costa se erigió en uno de los grandes precursores de la lucha de los brasileños en pro de su emancipación. Hombre dotado de una aguda capacidad de análisis, comentó con suma lucidez todas las decisiones relevantes de la política y la administración territorial portuguesa, y lanzó firmes proclamas tendentes a estimular el patriotismo de los sectores ilustrados de Río de Janeiro y el resto de las grandes ciudades de Brasil. La formación cultural y la mentalidad que había adquirido en Europa le alentó a propagar por Brasil las principales ideas que habían alentado las grandes figuras europeas del Siglo de las Luces, como la defensa del progreso científico, la abolición de la esclavitud, la retirada de la censura, la libertad de credo y expresión, etc., con el convencimiento de que estas causas llevarían a Brasil el mismo desarrollo económico y cultural que habían generado en Europa.

Entretanto, Brasil atravesaba por uno de los períodos más agitados de su historia. En 1808, ante la creciente expansión de la ofensiva militar napoleónica, la corte portuguesa -con el mismísimo rey Juan VI a la cabeza- había cruzado el Atlántico para ponerse a salvo en Río de Janeiro. Siete años después (1815), el territorio colonial fue elevado a la categoría de reino, con lo que pasaba a formar parte del trío de ellos -junto con el del Algarve y el de Portugal- que integraban el gran reino de Portugal. Pero los ilustrados brasileños anhelaban llegar mucho más lejos en sus pretensiones independentistas, por lo que alentaron algunas rebeliones que -como la más sonada de ellas, la revuelta pernambucana de 1817- fueron ampliamente glosadas y elogiadas por Hipólito José da Costa desde las páginas de O Correio Brasiliense.

Así las cosas, en 1821 la revolución liberal declarada en Portugal y extendida ya a Brasil obligó a Pedro VI a regresar a su antigua corte europea, con lo que su joven hijo Pedro quedó en Río de Janeiro en calidad de Regente. Las Cortes portuguesas, en las que los representantes brasileños apenas tenían voz, decidieron que Pedro IV habría de comportarse como un mero funcionario de alto rango, para favorecer que Brasil volviera a convertirse en una simple colonia. Pero la revolución liberal impulsada por los ilustrados brasileños -y jaleada por Hipólito José da Costa desde el mensuario que editaba en Londres- exigió al joven Regente que declarase la independencia de Brasil respecto a la Corona portuguesa, con lo que, a partir del 1 de diciembre de 1822, don Pedro pasó a ser el primer emperador de Brasil.

Conseguido su objetivo de ver proclamada la emancipación de su tierra natal, Hipólito José da Costa cerró su noticiero y decidió regresar a Brasil, en donde no había vuelto a poner los pies desde su ya lejano viaje estudiantil a Coimbra. Las nuevas autoridades del imperio, conscientes del ímprobo esfuerzo que, en pro de la independencia, había realizado desde el exilio, le nombraron cónsul de Brasil en Londres y le condecoraron con la Orden Imperial do Cruzeiro. Pero el brillante escritor y audaz periodista no llegó a tener conocimiento de esta honrosa distinción, pues falleció en la capital inglesa a finales del verano de 1823, antes de que pudiesen notificársela.

Además del ya citado Diário da minha viagem a Filadélfia (1798-1799) y de la ingente producción periodística que dejó impresa en O Correio Brasiliense -integrada, en su mayor parte, por trabajos sobre política y economía-, Hipólito José da Costa fue autor del valioso ensayo titulado Narrativa da perseguição (Londres: W. Lewis, 1811) [2 vols.]. Previamente, había visto la luz en Madrid, en una edición semi-clandestina, una interesantísima recopilación de las epístolas con las que contribuyó a divulgar la masonería en la Península Ibérica. Se trata del volumen titulado Cartas sobre a franco-maçonaria (Madrid, 1805), que, al cabo de más de medio siglo, fue reimpreso en Holanda (Amsterdam, 1863).

Bibliografía

  • DOURADO, Mecenas. Hipólito da Costa e o Correio Brasiliense (Río de Janeiro: Biblioteca do Exército, 1957), 2 vols.

  • RIZZINI, Carlos. Hipólito da Costa e o Correio Brasiliense (São Paulo: Editora Nacional, 1957).

Autor

  • J. R. Fernández de Cano.