Manuel José Cortés (1811–1865): Forjador del Romanticismo y la Historia en Bolivia
Raíces y formación del pensador boliviano
Cotagaita y el nacimiento de una vocación intelectual
Manuel José Cortés, nacido el 10 de abril de 1811 en Cotagaita, una modesta localidad del departamento de Potosí, vio la luz en un momento histórico de profundas transformaciones para América Latina. La independencia de las colonias españolas estaba en marcha, y ese entorno convulso marcó profundamente su formación y destino. La infancia de Cortés transcurrió en una región andina impregnada de las tensiones propias de la descolonización, lo que contribuyó a despertar desde temprano una sensibilidad aguda por los asuntos nacionales, políticos y culturales.
Aunque el entorno rural de Cotagaita no ofrecía muchos estímulos intelectuales, la familia de Cortés optó por trasladarse a Sucre, capital del departamento de Chuquisaca, cuando él aún era adolescente. Este cambio resultaría decisivo para su desarrollo, pues lo acercó a uno de los centros más importantes de saber de la época: la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier.
La educación en Sucre y la consolidación académica
En Sucre, Cortés inició una trayectoria universitaria brillante, que lo llevó a estudiar Derecho en una de las instituciones más prestigiosas del continente sudamericano. Obtuvo el grado de licenciado en Leyes, lo que no sólo consolidó su formación jurídica, sino que le permitió acceder a los círculos intelectuales y políticos más influyentes de Bolivia.
Su tiempo en la universidad no solo fue de estudio; también se vinculó a las discusiones filosóficas, jurídicas y políticas que animaban el campus. Cortés absorbió con entusiasmo las ideas del liberalismo ilustrado, el republicanismo y los valores humanistas que impregnaban la atmósfera intelectual. Estas influencias serían visibles en todas sus futuras producciones: desde su visión historiográfica hasta su poesía, pasando por su ejercicio político.
Influencias ideológicas y contexto juvenil
Durante su juventud, Bolivia atravesaba un proceso de consolidación institucional como república independiente. El joven Cortés vivió intensamente los debates sobre la construcción del nuevo Estado, el papel de las leyes y el rol de la ciudadanía. Fue testigo de los conflictos entre caudillismos militares y los intentos de establecer una democracia moderna.
Su compromiso ideológico con el desarrollo de una ética cívica y con la formación de una identidad nacional sólida se fraguó en esta etapa. El joven jurista empezaba a destacar como un hombre profundamente involucrado con los destinos de su país, consciente del papel que los intelectuales debían jugar en la cimentación del futuro boliviano.
Trayectoria académica y jurídica
Ascenso como docente universitario y Cancelario
Tras finalizar sus estudios, Manuel José Cortés no se alejó de la vida universitaria. Su prestigio como académico lo llevó a formar parte del cuerpo docente de la Universidad de Chuquisaca, donde impartió clases de Derecho. Su labor pedagógica fue tan destacada que alcanzó el cargo de Cancelario, la máxima autoridad académica, responsable de conferir grados y organizar la vida institucional.
Esta etapa de su vida lo consolidó como un intelectual orgánico en el sentido más pleno del término: alguien que no solo piensa y escribe, sino que forma a nuevas generaciones con una visión crítica, cívica y comprometida con el devenir nacional.
La Universidad de Chuquisaca como núcleo intelectual
En el siglo XIX, Chuquisaca (hoy Sucre) era mucho más que una ciudad provinciana: era un foco irradiador de pensamiento político y jurídico en toda Hispanoamérica. Cortés se integró plenamente a ese entorno, donde convivían ideologías liberales, nacionalistas y católicas, todas discutiendo el rumbo que debía tomar Bolivia.
El entorno universitario le permitió no solo desarrollar su pensamiento crítico, sino también tejer una red de contactos influyentes, desde abogados y magistrados hasta políticos, militares y otros escritores. Este capital social le fue muy útil cuando decidió involucrarse de lleno en la vida pública.
Primeros aportes al pensamiento boliviano desde el Derecho
En 1862, ya consolidado como académico, publicó su obra “Introducción al derecho”, un texto que reflejaba tanto su conocimiento técnico como su voluntad pedagógica. Este tratado fue utilizado por años como material de consulta en las aulas bolivianas y prueba cómo su formación jurídica alimentó también su pensamiento filosófico y político.
Cortés entendía el Derecho no solo como un sistema normativo, sino como una herramienta de transformación social. A través de sus enseñanzas y escritos jurídicos, buscaba contribuir a la formación de un Estado justo, institucionalizado y éticamente fundado.
Ingreso a la vida pública y militar
De magistrado a Fiscal General de la República
La solidez de su formación académica lo proyectó inevitablemente hacia la función pública. Fue nombrado magistrado y ascendió rápidamente hasta convertirse en Fiscal General de la República, uno de los cargos más relevantes del sistema judicial boliviano. En este rol, Cortés mostró su apego por los valores del Estado de Derecho, así como su convicción de que la ley debía primar sobre la arbitrariedad del poder militar o personalista.
Su reputación como jurista se consolidó, y su nombre empezó a resonar con fuerza en las discusiones nacionales. Cortés era reconocido tanto por su erudición como por su rectitud moral, y su voz comenzó a tener peso en los debates de la Asamblea Nacional.
Rol en la Asamblea Nacional y liderazgo en el Congreso
Entre 1861 y 1864, presidió el Congreso Nacional, una etapa clave en su vida pública. Desde esa tribuna, impulsó reformas y defendió la institucionalidad republicana, en un contexto político de enorme inestabilidad. Enfrentó tensiones internas y presiones militares, pero se mantuvo firme en su ideal de una Bolivia regida por leyes y no por caudillos.
Sus discursos parlamentarios, aunque poco conservados, eran conocidos por su elocuencia y profundidad. Defendía con vehemencia los principios del progreso, la educación y la soberanía nacional, anticipando muchas de las preocupaciones del pensamiento liberal latinoamericano.
Participación en la Batalla de Ingavi y carrera militar
La vida de Manuel José Cortés también se desarrolló en el campo de batalla. En 1841, participó como oficial del ejército boliviano en la Batalla de Ingavi, un enfrentamiento crucial en el que Bolivia, bajo el mando de José Ballivián, derrotó al ejército peruano dirigido por Agustín Gamarra.
Este episodio mostró que Cortés no era un intelectual recluido en sus libros, sino un hombre de acción dispuesto a arriesgar su vida por la defensa de su patria. La victoria en Ingavi no solo consolidó la independencia boliviana frente a Perú, sino que reforzó su prestigio como patriota comprometido.
Su experiencia militar, aunque secundaria respecto a su labor intelectual y política, le aportó una visión más integral de la realidad nacional. La mezcla de reflexión y acción, de pluma y espada, caracteriza su figura como una de las más complejas y fascinantes del siglo XIX boliviano.
Exilio, diplomacia y compromiso político
Misiones diplomáticas y servicio internacional
La versatilidad de Manuel José Cortés lo llevó también al ámbito diplomático, donde representó a Bolivia en delicadas misiones internacionales. Su preparación intelectual, dominio del discurso jurídico y reputación de integridad lo convirtieron en un emisario ideal para los gobiernos que requerían defensores firmes de los intereses bolivianos ante otras naciones.
Aunque los registros sobre sus tareas diplomáticas son fragmentarios, se sabe que asumió encargos de notable complejidad, en los que tuvo que negociar acuerdos, representar posiciones políticas y actuar como portavoz del naciente Estado boliviano. Su actuación diplomática fue una extensión natural de su visión patriótica y de su capacidad para combinar persuasión intelectual con compromiso práctico.
Períodos de exilio en Argentina
El precio de su integridad y su activismo político no fue bajo. En tres momentos distintos de su vida, Cortés se vio obligado a exiliarse en Argentina, víctima de los vaivenes del poder y de la inestabilidad crónica que caracterizaba a Bolivia en el siglo XIX. Durante esos períodos, lejos de replegarse en la nostalgia, utilizó el exilio como espacio para reflexionar, escribir y continuar su labor intelectual.
En Valparaíso y Buenos Aires, mantuvo contacto con círculos ilustrados y tuvo acceso a imprentas más modernas, lo que facilitó la publicación de algunas de sus obras fundamentales. Estos exilios fortalecieron su dimensión latinoamericanista, y lo acercaron a una comprensión más amplia de los procesos históricos regionales, que luego plasmó en sus escritos historiográficos.
Visión patriótica y conflictos con el poder
A pesar de haber gozado de cargos importantes, Cortés no fue un político dócil ni acomodaticio. Su visión crítica y ética del poder lo enfrentó en varias ocasiones con los sectores dominantes, tanto civiles como militares. Esta actitud provocó tanto admiración como animadversión: admiración por su valentía y lucidez, y enemistad por su negativa a ser funcional a los intereses de turno.
Para Cortés, el servicio público era una obligación moral y no una oportunidad de lucro o prestigio. Esta ética austera y comprometida fue uno de los rasgos más distintivos de su carácter, y lo colocó en una categoría rara: la del intelectual que asume plenamente las consecuencias de sus convicciones.
Fundador de la historiografía boliviana
“Bosquejo de los progresos de Hispano-América”
En 1852, publicó en Valparaíso (Chile) su primera gran obra historiográfica: “Bosquejo de los progresos de Hispano-América”. Este ensayo no solo representó un esfuerzo pionero por sistematizar el desarrollo político y social del continente, sino también una toma de posición sobre la responsabilidad histórica de los pueblos y los individuos.
Cortés propuso una lectura en la que el progreso no dependía de fuerzas abstractas, sino del grado de compromiso ético de los ciudadanos con su historia. Esta idea de una “ética de la Historia” lo situó en una posición adelantada respecto a otros cronistas y memorialistas de su tiempo, que solían relatar el pasado con criterios arbitrarios o anecdóticos.
“Ensayo sobre la historia de Bolivia” y su repercusión
El momento cumbre de su obra historiográfica llegó en 1861, con la publicación en Sucre de su “Ensayo sobre la historia de Bolivia”, considerado por muchos especialistas como el texto fundacional de la historiografía nacional. En esta obra, Cortés intentó ofrecer una visión integral del devenir boliviano desde la independencia hasta mediados del siglo XIX, recurriendo por primera vez de manera sistemática a documentos históricos, y abandonando el tono memorialista predominante.
La obra fue recibida con entusiasmo por sus contemporáneos. El destacado polígrafo Gabriel René-Moreno la elogió como una “joya de la literatura hispanoamericana” y subrayó su valor como punto de inflexión en la manera de concebir la historia. Cortés logró articular una narrativa donde la documentación, el análisis crítico y la interpretación ética se combinaban de forma inédita en Bolivia.
Críticas modernas y valor documental
La crítica del siglo XX, sin embargo, no fue unánimemente elogiosa. Se señalaron algunos defectos estructurales y estilísticos en su obra, como la tendencia a literaturizar ciertos pasajes históricos, la tendenciosidad ideológica y la limitación cronológica del período cubierto. No obstante, estos reparos no opacaron el reconocimiento de su aporte pionero al uso de fuentes documentales en la historiografía boliviana.
Valentín Abecia, en su estudio Historiografía boliviana (1974), fue claro al afirmar que con Cortés “nace la historia que hace uso de la documentación”. Más aún, Juan Siles Guevara valoró el Ensayo sobre la historia de Bolivia como “la primera visión integral de la historia boliviana”, reconociendo su influencia perdurable en generaciones posteriores de historiadores.
El primer poeta romántico de Bolivia
El volumen “Poesías” y su recepción
Además de jurista e historiador, Manuel José Cortés fue también poeta, y está considerado por muchos estudiosos como el introductor del Romanticismo en Bolivia. Su obra poética, reunida en el volumen “Poesías” publicado en 1856 en Valparaíso, gozó de considerable éxito entre los lectores de su tiempo.
Los temas abordados eran típicos del Romanticismo: el deber, la patria, la muerte, la soledad del justo, el heroísmo. Aunque la crítica contemporánea tiende a considerar sus versos como convencionales y faltos de originalidad, su valor radica más en su función fundacional que en su calidad estética.
El soneto “El justo” y su relevancia simbólica
Uno de sus poemas más conocidos, el soneto “El justo”, fue reproducido en numerosas antologías del siglo XIX. En sus versos, se exalta la figura de quien resiste con firmeza las adversidades y permanece fiel a sus principios, incluso al borde del abismo. Este poema se convirtió en un símbolo de integridad moral, muy acorde con la imagen pública de Cortés.
El soneto expresa claramente su ideal de vida: un hombre recto, resiliente y sin rencor, que confía en la justicia trascendente. Esa visión del deber, expresada en términos líricos, era también la guía de su accionar político e intelectual.
Revaloración crítica de su obra lírica
En la actualidad, la obra poética de Cortés ha perdido protagonismo frente a su labor como historiador y ensayista. No obstante, sigue siendo objeto de estudio por su importancia histórica y su valor como documento de época. El crítico Enrique Finot, por ejemplo, lo consideró el primer poeta romántico de Bolivia, aunque reconoció las limitaciones formales de su lírica.
El contraste entre el reconocimiento de su tiempo y las valoraciones modernas ilustra cómo cambian los criterios literarios, pero también cómo algunos textos pueden perdurar por su dimensión ética y simbólica más que por su perfección artística.
Legado e impacto en la identidad nacional
Aportes multidisciplinarios a la cultura boliviana
La figura de Manuel José Cortés escapa a una sola categoría. Fue jurista, docente, político, militar, diplomático, poeta e historiador, y en cada uno de estos campos dejó huellas significativas. Su vida muestra cómo un solo individuo puede articular diferentes esferas del conocimiento y la acción, siempre guiado por un mismo horizonte ético.
Sus obras no solo introdujeron nuevas formas de pensar la historia y la literatura, sino que también ayudaron a formar una conciencia nacional, en una época en la que Bolivia aún buscaba definirse a sí misma.
Relevancia actual en estudios históricos y literarios
Hoy, Manuel José Cortés sigue siendo una figura fundamental en los estudios sobre el siglo XIX boliviano. Su obra historiográfica es punto de partida obligado para quienes investigan los orígenes de la escritura histórica en el país, mientras que sus escritos jurídicos y políticos ofrecen claves para entender el pensamiento institucional en tiempos de fundación.
Los historiadores lo reconocen como un precursor del método crítico, y los literatos como un pionero romántico. Ambos coinciden en señalar su coherencia personal como una de sus mayores virtudes.
Manuel José Cortés como símbolo del intelectual comprometido
En un siglo marcado por la violencia política, los caudillismos y la fragilidad institucional, Manuel José Cortés representa una rara excepción: la del intelectual que no se arrodilla ante el poder, que piensa con libertad y actúa con valentía. Su vida y obra constituyen un legado inspirador para Bolivia y América Latina.
Hoy más que nunca, su figura invita a reflexionar sobre el papel de los intelectuales en la construcción democrática y sobre la necesidad de unir saber, ética y compromiso en la defensa de la dignidad colectiva y el porvenir nacional.
MCN Biografías, 2025. "Manuel José Cortés (1811–1865): Forjador del Romanticismo y la Historia en Bolivia". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/cortes-manuel-jose [consulta: 3 de febrero de 2026].
