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Consalvi, Simón Alberto (1927-2013)

Narrador, ensayista, historiador, periodista y político venezolano, nacido en Santa Cruz de Mora (en el estado de Mérida) el 7 de julio de 1927 y fallecido en Caracas el 11 de marzo de 2013. Escritor denso y, a la par, ameno; intelectual lúcido y riguroso, y hombre de estado capaz de asumir las responsabilidades políticas de mayor compromiso -llegó a desempeñar tres cargos ministeriales en su Venezuela natal-, fue, sin lugar a dudas, una de las figuras más destacadas del panorama político, social y cultural venezolano de la segunda mitad del siglo XX

Vino al mundo en el seno de una familia descendiente de emigrantes italianos que, como tantos otros compatriotas, se habían instalado en los Andes Venezolanos a finales del siglo XIX, huyendo de la crisis que afectaba al país transalpino.

Desde niño hizo gala de poseer una vasta capacidad intelectual, por lo que sus progenitores no escatimaron gastos a la hora de proporcionarle una excelente educación que contribuyera al desarrollo de sus dotes naturales. Así, cursó sus estudios primarios en el Colegio San José de Mérida, regentado por los padres jesuitas, y de allí, por mor de un cambio familiar de domicilio, pasó al centro de estudios que poseían los sacerdotes eudistas en La Grita (capital del municipio de Jáuregui, en el estado de Táchira), denominado Colegio Kermaría.

Los padres eudistas -pertenecientes a la Congregación de Jesús y María, fundada en 1643 por san Juan Eudes- tenían como misión principal la instrucción académica y la formación espiritual de los seminaristas. Pero la vida del joven Consalvi no se encauzó por los derroteros de la religión, pues, como tantos otros muchachos de su generación, el futuro escritor quedó fuertemente marcado por los sucesos de la Revolución de Octubre de 1945. A sus dieciocho años de edad, comenzó a implicarse seriamente en los vaivenes políticos de su pueblo, y decidió comprometerse con el desarrollo de su nación desde la palestra de la vida pública.

Así las cosas, en 1946 el joven Consalvi ya había asumido la dirección del diario Vanguardia (editado en San Cristóbal, capital del ya mencionado estado de Táchira), que por aquel entonces era el rotativo de mayor difusión en el área occidental de Venezuela. Esta asombrosa precocidad intelectual le permitió, poco después, fundar y redactar, en colaboración con otro gran escritor de su misma edad, Orlando Araujo la revista estudiantil Juventud; e incorporarse, por aquellas fechas, a la redacción de una prestigios publicación cultural, Logos, editada por la Sociedad Salón de Lectura.

A finales de la década de los años cuarenta, Simón Alberto Consalvi residía ya en Caracas, ciudad a la que se había trasladado para cursar la carrera de periodismo en la Universidad Central de Venezuela. El prestigio adquirido a raíz de sus primeros trabajos en los medios de comunicación de su entorno local le permitió compaginar sus estudios con un ventajoso empleo en el rotativo caraqueño El País, donde todos auguraban al joven periodista un futuro ciertamente prometedor, a tenor de la presencia que había ido adquiriendo en la vida pública de Venezuela durante el período que más tarde habría de ser conocido como "El Trienio Revolucionario".

Pero en 1948, tras el golpe de estado militar encabezado por el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud -a la sazón, ministro de defensa en el gobierno presidido por el gran escritor Rómulo Gallegos-, por el coronel Marcos Pérez Jiménez y por el capitán Luis Felipe Llovera Páez, el joven Simón Alberto Consalvi empezó a encontrarse con arduas dificultades para el desarrollo de su carrera intelectual en Venezuela. Enemigo acérrimo de la dictadura militar -y defensor, al mismo tiempo, del ilegítimamente destituido Rómulo Gallegos-, se sumó a la resistencia clandestina que intentaba encabezar la oposición al nuevo régimen dictatorial; pero no pudo ejercer la crítica política desde los medios de comunicación, por lo que, durante aquellos primeros años de la dictadura, sus colaboraciones en El País se limitaron a glosar la narrativa clásica española, con especial atención a la novela picaresca y a la obra inmortal de Cervantes -a quien dedicó su espléndido trabajo "El tiempo perdido de Don Quijote".

A pesar de esta aparente consagración a los estudios literarios, su actividad política clandestina iba en aumento, por lo que en 1953 fue detenido, apresado y, finalmente, expulsado de su país natal. El desterrado Consalvi se afincó en La Habana, donde sobrevivió merced a las colaboraciones que publicaba en algunos medios cubanos, como la revista Bohemia; pero de nuevo la política se convirtió en un obstáculo para el desarrollo de su vida intelectual, pues la progresiva inclinación del presidente cubano Fulgencio Batista hacia la dictadura acabó por forzar su marcha de la bella isla antillana.

Se dirigió, entonces, a Nueva York, donde aprovechó para culminar con brillantez sus estudios periodísticos, que coronó con un Master expedido por la School of International Affairs, de la Universidad de Columbia. Finalmente, en 1958 pudo regresar a su país natal, libre ya de la ominosa dictadura militar tras las recientes convulsiones sociales y políticas (huelgas, protestas, alzamientos...) que habían forzado a Pérez Jiménez a abandonar el poder.

A su regreso a Venezuela, Simón Alberto Consalvi volvió a integrarse plenamente en los principales foros políticos y culturales del país, donde pronto recuperó -y aún incrementó- la relevancia de que gozaba antes de "La Década Militar" (1948-1958). En colaboración con el también político, historiador y periodista Ramón J. Velásquez, que habría de alcanzar la Presidencia interina de la República de Venezuela en 1994, fundó el rotativo El Mundo (1958), al tiempo que inició una brillante trayectoria en la política profesional, que le condujo, aquel mismo año, a su elección como diputado por el estado de Mérida.

Sin renunciar nunca a su labor de periodista (en la que, además de los trabajos ya mencionados, ha fungido como director de las revistas Elite, Momento y Bohemia, y como columnista y encargado de la sección internacional de el diario El Nacional), Simón Alberto Consalvi desempeñó luego algunos cargos públicos tan relevantes como el de embajador de Venezuela en Yugoslavia (1962-1964); embajador en la sede de las Naciones Unidas (Nueva York, 1974-1977); ministro de Relaciones Exteriores (en dos ocasiones: 1977-1979 y 1985-1988); ministro de la Secretaría de la Presidencia de la República (1984); ministro de Relaciones Interiores (1988-1989); y embajador venezolano en los Estados Unidos de América (Washington, 1989-1994).

En el ámbito cultural, su labor no ha sido menos intensa y fecunda. Fundador del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA) y del prestigioso sello editorial Monte Ávila, fue elegido miembro de la Academia Nacional de la Historia en 1997.

Obra

En su faceta de ensayista, historiador y estudioso de la realidad social y política de su pueblo (y, en general, de todos los países hispanoamericanos), Simón Alberto Consalvi ha publicado algunos títulos tan notables como La paz nuclear. Ensayos de historia contemporánea (Caracas, 1988); Ramón J. Velásquez. La historia y sus historias (Caracas, 1988); Los papeles del Canciller (Caracas, 1989); Diario de Washington, 1989 (Washington [U.S.A.], 1990); Auge y caída de Rómulo Gallegos (Caracas, 1991); De cómo el primer canciller Juan Vicente Gómez instruyó el ministro plenipotenciario de Washington. 1909 (Washington [U.S.A.], 1991); Pedro Manuel Arcaya y la crisis de los años 30 (Washington [U.S.A.], 1991); Grover Cleveland y la controversia Venezuela-Gran Bretaña (Washington [U.S.A.], 1992); El precio de la historia (Caracas, 2001); Reflexiones sobre la historia de Venezuela (Caracas, 2002); El carrusel de las discordias (Caracas, 2003); 1957, el año en que los venezolanos perdieron el miedo (Caracas, 2007); La guerra de los compadres: Castro vs Gómez, Gómez vs Castro (Caracas, 2009); La revolución de octubre, 1945-1948: La primera república liberal democrática (Caracas, 2010), entre otros.

En la década de los años noventa, Simón Alberto Consalvi sorprendió gratamente a la crítica y los lectores venezolanos con la publicación de Lascivia brevis (Caracas, 1992), una interesante colección de narraciones breves que pusieron de manifiesto sus excelentes dotes de escritor (plasmadas, fundamentalmente, en un perfecto dominio de la construcción del cuento, así como en la sabia dosificación de la ironía y el sentido del humor).

Autor

  • José Ramón Fernández de Cano