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Condé, Maryse (1937-VVVV).

Narradora, ensayista, dramaturga, crítica literaria y profesora universitaria francesa, nacida en Pointe-à-Pitre (en el departamento francés de Guadalupe o Guadaloupe, emplazado entre el mar Caribe y el océano Atlántico) el 11 de febrero de 1937. Aunque su nombre de pila era el de Maryse Boucolon, ha pasado a la historia de las Letras universales como Maryse Condé, tras haber adoptado el apellido de su primer esposo. Es una de las figuras femeninas más brillantes de la literatura contemporánea escrita en lengua francesa.

Hija menor de una familia de ocho hermanos, vivió una infancia feliz en su isla antillana natal, donde siempre tuvo consciencia de ser una ciudadana francesa de pleno derecho. Recibió desde niña una buena formación académica, basada en los programas oficiales de enseñanza de dicha nación europea, lo que pronto le permitió desarrollar su innata vocación humanística.

Conscientes de la brillantez que había alcanzado en su estudios, sus padres decidieron enviarla a París cuando sólo tenía dieciséis años de edad, para que tuviese ocasión de completar su formación en los mejores centros de enseñanza. Fue así como concluyó sus estudios de bachillerato en el prestigioso Lycée Fénélon de la capital gala, donde, cada vez más interesada por los libros, emprendió posteriormente una brillante carrera universitaria en la Sorbona.

Cursó, en dicho Centro, estudios superiores de Literatura Clásica, al tiempo que perfeccionaba sus conocimientos de otras lenguas europeas (principalmente, la inglesa, que habría de serle muy útil en el futuro). Curiosamente, fue durante aquella primera estancia en suelo europeo cuando -según declaró, años después, la propia escritora- empezó a darse cuenta de que el hecho de pertenecer a la raza negra le creaba ciertas dificultades entre esa población francesa a la que ella, por derecho propio, pertenecía.

En 1960, cuando contaba veintitrés años de edad, contrajo matrimonio con el actor teatral Mamadou Condé, también de raza negra y originario de Guinea. La futura escritora partió a continuación a África en compañía de su esposo, y se afincó durante algún tiempo en el país de donde éste procedía; allí descubrió que sus costumbres, su vestimenta, su alimentación, sus creencias religiosas y, en suma, todos los aspectos que conformaban su carácter, su cultura y su modus vivendi no guardaban ninguna relación con los de la mayor parte de los pobladores de Guinea, de donde extrajo una lección que más tarde habría de convertirse en una de las ideas centrales de su obra literaria: la raza no es un factor esencial, pues lo que define realmente a un ser humano es la cultura a la que pertenece.

Durante los doce años que pasó en el continente africano, Maryse Condé tuvo ocasión de vivir in situ la problemática política y social de unas naciones que acababan de constituirse en estados independientes. Conoció la miseria y las penosas condiciones de vida heredadas del colonialismo, pero también la corrupción y los abusos de la nueva oligarquía local, y de todo ello tomó cumplida cuenta para transformarlo, años después, en valioso material literario. Entretanto, sobrevivió ejerciendo la docencia, primero como profesora en la École Normale Supérieure de Conakry, en Guinea (1960-1964), y más tarde como maestra del Institute of Language de Accra, en Ghana (1966-1968). Finalmente, antes de regresar a Europa la humanista de Guadalupe se estableció en un tercer país africano, Senegal, donde impartió clases de Lengua y Literatura en el Lycée Charles de Gaulle, de Saint Louis (1968-1972).

En 1972, divorciada de su primer esposo y con cuatro hijos a su cargo, Maryse Condé decidió abandonar el Continente Negro. Su precaria situación económica la empujó a regresar a París y buscar la ayuda de la comunidad de emigrantes procedentes de los departamentos de Ultramar (Guadalupe y Martinica), con cuya asistencia logró sacar adelante a su prole y dar a la imprenta su primeras obras teatrales, tituladas Dieu nous l'a donné (París, 1972), Mort d'Oluwémi d'Ajumako (París, 1973) y Le Morne de Massabielle (París, 1974). Por aquel tiempo, retomó sus estudios universitarios y, tras una nueva y provechosa estancia en las aulas de la Universidad de la Sorbona, alcanzó el grado de doctora en Literatura comparada (1975), mientras compaginaba sus trabajos de estudio e investigación con el ejercicio de la docencia.

Entretanto, su vida sentimental había dado un giro espectacular, pues al poco tiempo de su regreso a París había conocido al ciudadano norteamericano Richard Philcox, de raza blanca, con el que, en 1982, habría de casarse en segundas nupcias. Philcox, traductor al inglés de su la mayor parte de la obra literaria de su esposa, habría de desempeñar un papel destacado en su futuro profesional, pues fue quien la introdujo en los ambientes académicos e intelectuales de los Estados Unidos de América.

En efecto, tras impartir clases durante varios años en diversos centros universitarios franceses, la doctora Condé -que ya gozaba de amplio prestigio intelectual en territorio galo, tanto por sus obras de ficción como por sus valiosos ensayos y estudios críticos- regresó a Guadalupe a comienzos de los años ochenta. Allí permaneció durante muy poco tiempo, ya que, en 1985, obtuvo una beca de la prestigiosa fundación Fulbright, con la que pudo instalarse durante un año en Los Ángeles (California), en calidad de profesora de la Universidad de Berkeley.

Sorprendida del desconocimiento que había, acerca de la Literatura caribeña escrita en lengua gala, entre la intelectualidad norteamericana -que, a pesar de conocer sobradamente a numerosos autores antillanos anglófonos o hispanohablantes, apenas tenía noticia del genial poeta de Martinica Aimé Cesaire-, la animosa Maryse Condé regresó en 1986 a su isla natal de Guadalupe con el firme propósito de volver cuanto antes a los Estados Unidos y subsanar dicha carencia. Y así, en efecto, ya consagrada como una de las escritoras caribeñas más importantes de todos los tiempos, pasó los últimos años del siglo XX y los primeros de la centuria siguiente a caballo entre su casa de las Antillas y la ciudad de Nueva York, donde ejerció la docencia en calidad de profesora de Literatura antillana en la Columbia University.

Pocos autores de su ámbito geo-cultural -tal vez con la notoria excepción del poeta de Santa Lucía Derek Walcott, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1992- han sido acreedores de tantos premios y reconocimientos internacionales como los que ha recibido Maryse Conté. En su brillante historial figuran el Grand Prix Littéraire de la Femme -que recayó, en 1986, en su espléndida novela Moi, Tituba, sorcière... Noire de Salem (Yo, Tituba, bruja... Negra de Salem)-; el Prix Anaïs-Ségalas de l'Académie Française -que, en su edición de 1988, distinguió su obra La Vie scélérate (La vida perversa)-; el Prix Marguerite-Yourcenar -que, en su convocatoria de 1999, recayó en la obra de Condé titulada Le C?ur à rire et à pleurer (El corazón de reír y de llorar)-; y, entre otros muchos, el Premio "Putterbaugh" con el que se distingue, en los Estados Unidos, el conjunto de la obra de un autor en lengua francesa (y que Maryse Condé ganó en 1993, con lo que se convirtió en la primera mujer homenajeada con tan prestigioso galardón).

Obra

La escritora de Guadalupe ha sobresalido en el cultivo de varios géneros, y con especial relevancia dentro la prosa de ficción, a la que dotó de algunas piezas fundamentales en la historia de las Letras antillanas y, al mismo tiempo, en el corpus general de la narrativa escrita en francés.

Narrativa

La obra de Maryse Condé no sólo es un claro exponente de la existencia de una literatura específicamente caribeña -algo que la escritora guadalupense demostró tanto en su prosa de ficción como en sus escritos teóricos-, sino también un buen referente de la preocupación de las escritoras contemporáneas por los problemas y las inquietudes que atañen directamente a la población femenina. Ya en sus dos novelas iniciales, Heremakhonon (París, 1976) y Une saison à Rihata (Una temporada en Rihata [París, 1981]), Condé puso al frente de las respectivas tramas argumentales a sendas mujeres que, originarias -como la propia autora- del Caribe, se ven inmersas en la compleja circunstancia social y cultural de un país Africano fruto de la imaginación de la escritora, pero tan emparentado con los de la realidad que están bajo el dominio de autoridades post-coloniales avezadas en las más sofisticadas artes de la represión y la corrupción política. Así, tanto la protagonista de Heremakhonon (Verónica) como la de Une saison à Rihata (Marie-Helene) se configuran, en las ficciones urdidas por Maryse Condé, como víctimas de un doble acosos: el que sufren por ser mujeres y el que padecen por estar sometidas a la tiranía de quienes gobiernan la mayor parte de los estados del África moderna. Su único consuelo es descubrir, a la postre -en un claro trasunto literario de la peripecia personal vivida por la propia Condé durante los doce años que pasó en el Continente Negro-, que existe una "diferencia caribeña" capaz de marcar claramente, por encima de la identidad racial idolatrada en vano por muchos, la separación entre la cultura de la población afroamericana de las Antillas y la civilización africana.

Tras estas dos primeras incursiones en el género novelesco, Condé se consagró como una excelente narradora con la publicación de su obra maestra, Ségou, aparecida en la capital gala en dos entregas: Ségou. Les murailles de terre (Ségou. Las murallas de tierra [París, 1984]) y Ségou. La terre en miettes (Ségou. La tierra hecha trizas [París, 1985]). La crítica y los lectores del país galo recibieron con tal entusiasmo esta obra de la autora antillana, que, durante muchos meses, ambas partes permanecieron en las listas de los libros más vendidos. Y, ciertamente, esta acogida tan cálida por parte del público respondía en justicia al ímprobo esfuerzo realizado por Condé, quien, además de crear una sólida y entretenida trama argumental a propósito de una saga africana (la familia Traore), se había enfrascado en una minuciosa labor de indagación histórica para reconstruir, con la mayor fidelidad posible, el reino ocupado por los bambara (una tribu mandiga) en el territorio malinés de Ségou durante el siglo XIX. En esta ocasión, Maryse Condé sí encontraba abundantes concomitancias entre las luchas de las tribus africanas por lograr su independencia y la búsqueda constante de una identidad propia entre la población afroamericana del Caribe.

La copioso producción narrativa de la escritora antillana se enriqueció después con otras novelas tan relevantes como Moi, Tituba, sorcière... Noire de Salem (Yo, Tituba, bruja... Negra de Salem [París, 1986]) -otro asombroso ejercicio de fecundidad creativa y reconstrucción histórica, esta vez ambientado en esa localidad de Massachussetts que se hizo tristemente célebre en el siglo XVIII-; La vie scélérate (La vida perversa [París, 1987]) -relato de las vicisitudes de otra compleja saga familiar, aquí ligada al Caribe-; y, entre otras muchas narraciones de acreditada calidad, Traversée de la mangrove (Travesía del manglar [París, 1989]) -una alucinante incursión en el ámbito de la realidad colonial de Caribe, a través del velorio que, entre las sombras de la noche y la primera claridad del alba, se celebra tras la muerte de Francisco Sánchez, el enigmático protagonista de esta historia de dominación sexual en el marco de la sociedad criolla.

Otras novelas de Maryse Condé son las tituladas Les Derniers Rois Mages (París, 1992), La Colonie du Nouveau Monde (París, 1993), La Migration des coeurs (París, 1995), Desirada (París, 1997), Célanire cou-coupé (París, 2000), La Belle Créole (París, 2001), Histoire de la femme cannibale (París, 2003) y À la Courbe du Joliba (Paris, 2006). En todas ellas, la escritora de Guadalupe hace gala de su virtuoso, complejo y sugerente estilo narrativo, caracterizado siempre por el empleo de las técnicas más novedosas, capaces de enriquecer profundamente la estructura de la historia narrada (múltiples perspectivas de la instancia narradora, acumulación de voces polifónicas, revelación aparentemente "caótica" o azarosa de una serie de hechos que el lector se espera dentro de una exposición lineal, tramas argumentales intencionadamente enmarañadas o confusas, etc.).

Cabe aludir, además, a la extraordinaria maestría demostrada también por Condé en el cultivo de la narrativa breve, género al que ha enriquecido -dentro de la rica tradición cuentística de la prosa de ficción francesa- con algunas nouvelles (novelas cortas) o colecciones de relatos tan dignas de mención como Le Coeur à rire et à pleurer, contes vrais de mon enfance (París, 1999), Victoire, des saveurs et des mots (París, 2006), "Trois femmes à Manhattan" (1982), "Ayissé" (1984), Pays mêlé (París, 1985), "La châtaigne et le fruit à pain" (1988), A ma mère (París, 1988) y "No Woman No Cry" (1991).

Ensayo

En su faceta de ensayista, Maryse Condé publicó numerosos artículos y libros sobre la realidad cultural de África y del Caribe, con especial atención a las manifestaciones literarias de la negritud, a la poesía francófona de las Antillas, a la novela de los pueblos caribeños y a la literatura escrita por mujeres en su ámbito geo-cultural.

Entre estos artículos y libros, cabe citar "Pourquoi la Négritude? Négritude ou Révolution" (1973), "Négritude Césairienne, Négritude Senghorienne" (1974), La Civilisation du bossale; Réflexions sur la littérature orale de la Guadeloupe et de la Martinique (París, 1978), Profil d'une oeuvre: Cahier d'un retour au pays natal (París, 1978), "Propos sur l'identité culturelle" (1978), La parole des femmes: Essai sur des romancières des Antilles de langue française (París, 1979), "L'Image de la petite fille dans la littérature féminine des Antilles" (1979), "Au-delà des langues et des couleurs" (1985), "Notes sur un retour au pays natal" (1987), "Cinema, Literature and Freedom" (1992), "Order, Disorder, Freedom and the West Indian Writer" (1993), "The Role of the Writer" (1993), "Femme, Terre Natale" (1996), "Noir, C'est Noir" (1996), "Nèg pas bon" (1997), "Créolité without Creole Language" (1998), "Unheard Voice: Suzanne Césaire and the Construct of a Caribbean Identity" (1998), "O Brave New World" (1998), "On the Apparent Carnivalization of Literature from the French Caribbean" (1999), "Heros et Cannibales" (2000), y, entre otros, "The Voyager In, The Voyager Out" (2000).

Teatro

Aunque alcanzó fama internacional por sus excelentes novelas, cabe recordar que Maryse Condé se inició como dramaturga en el terreno de la creación literaria. Su producción teatral consta de los siguientes títulos: Dieu nous l'a donné (París, 1972), Mort d'Oluwémi d'Ajumako (París, 1973), Le Morne de Massabielle (Puteaux, 1974), Pension les Alizés (París, 1988), An Tan Revolisyon (Guadelupe, 1989) y Comédie d'amour -obra inédita, aunque representada en París en julio de 1993 (en el Théâtre Fontaine), y en Nueva York y Washington en noviembre de aquel mismo año.

Otras obras

La polifacética escritora antillana también ha cultivado la literatura infantil y juvenil, campo al que pertenecen sus obras "Victor et les barricades" (1989), Haïti chérie (París, 1991), Hugo le terrible (París, 1991), La Planète Orbis (Pointe-au-Pitre [Guadalupe], 2002), "Savannah blues" (2004) y "Chiens fous dans la brousse" (2006). Además, en colaboración con su segundo esposo, Richard Philcox, ha traducido al francés la obra de Eric Williams De Christophe Colomb à Fidel Castro: L'Histoire des Caraïbes, 1492-1969 (París, 1975).

J. R. Fernández de Cano

Autor

  • J. R. Fernández de Cano.