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PolíticaBiografía

Colom, Álvaro (1951-VVVV).

Político guatemalteco, nacido en Ciudad de Guatemala el 15 de junio de 1951. Presidente de Guatemala desde el 14 de enero de 2008.

El cuarto de cinco hijos de Antonio Colom Argueta y Yolanda Caballeros Ferraté, cursó los estudios primarios y el bachillerato en el Liceo Guatemala, reputado centro católico privado regido por los Hermanos Maristas. Fue un joven religioso, y pensó seriamente ingresar en el seminario, según ha revelado en varias entrevistas. En 1974 se graduó como ingeniero industrial en la Universidad de San Carlos (USAC). Fue vicedecano en la Universidad Rafael Landívar, donde impartió las asignaturas de Administración de Producción, Mercados y Costos Industriales.

El devastador terremoto sufrido por Guatemala en 1976, que causó 23.000 muertos y dañó más de un millón de viviendas e infraestructuras de servicios en todo el país, despertó en él una vocación por el servicio a la comunidad que se manifestó en la puesta en marcha de pequeñas empresas generadoras de empleo en áreas rurales damnificadas por el seísmo.

Fue el comienzo de una próspera carrera en el sector privado que con el tiempo le convirtió en uno de los más importantes empresarios nacionales de la industria textil en la modalidad maquiladora, y en empresas de subcontratación dedicadas a tareas intensivas de montaje y producción, orientadas a la exportación.

Dueño de una fábrica de textiles, en 1977 enviudó de su primera esposa, Patricia Szarata, quedando bajo su responsabilidad el cuidado y la educación de sus hijos pequeños, Patricia y Antonio. Volvió a casarse y tuvo a su tercer hijo, Diego, este segundo matrimonio terminó en divorcio. Se casó por tercera vez con Sandra Torres Casanova, divorciada y madre de cuatro hijos.

Su participación en la vidad política aflorarían luego, siguiendo una herencia familiar, con antecedentes luctuosos en la figura de su tío asesinado, Manuel Colom Argueta.

En enero de 1991, al asumir la primera magistratura y constituir su Gobierno, Serrano Elías nombró a Colom viceministro de Economía; poco después, en junio, el mandatario le sacó del Gabinete para que dirigiese un organismo dependiente de la Presidencia, el Fondo Nacional para la Paz (FONAPAZ). La tarea de esta oficina era la de desarrollar comunidades rurales mediante programas de interés social, dentro del marco de los Acuerdos de Paz negociados con la coordinadora guerrillera de la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), luego de tres décadas de cruenta guerra interna, con 200.000 muertos. Allí fue donde donde diseñó el concepto de Fondos Sociales; ocupó este cargo hasta 1997, y desde él impulsó la creación de 75 empresas de desarrollo textil y la generación de 75 mil empleos.

Los dos cambios realizados en la Presidencia de la República, en junio de 1993, cuando Ramiro de León Carpio fue investido por el Congreso tras el fallido autogolpe de Serrano, y en enero de 1996, con el presidente electo Álvaro Arzú Yrigoyen, no alteraron la dirección de Colom en el FONAPAZ. Durante seis años, el ingeniero condujo la construcción de viviendas, la distribución de ayuda alimentaria, repatriaciones desde México y el asentamiento de miles de refugiados.

El 28 de diciembre de 2003 vio frustrado su objetivo de convertirse en Presidente, tras ser derrotado en la segunda vuelta electoral, elecciones en las que participó como candidato de la ex guerrilla guatemalteca. Aunque nunca militó en ninguna organización rebelde, sí admitió que siempre que se identificó con la causa de estos grupos que protagonizaron una rebelión interna en contra el gobierno guatemalteco. Identificado con la cultura maya pese a no ser indígena, enfrentó acusaciones de ambigüedad ideológica, y su carrera política se vio salpicada por imputaciones de financiación ilegal e infiltración del crimen organizado en su partido.

Colom fue el máximo dirigente de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Ofreció un plan de seguridad pública integral, que planteaba el combate contra el crimen organizado y la delincuencia común, así como la lucha contra la impunidad. Propuso el fortalecimiento de la Policía Nacional Civil (PNC), no sólo en cuanto a capacitación e incremento de efectivos, sino también en el aumento de los gastos de funcionamiento, para lo cual pretendió incluirlo en el presupuesto general de la nación.

Otro proyecto que intentó llevar a cabo fue propiciar un ambiente de certidumbre y diálogo social, así como apoyar la inversión local y extranjera en sectores como turismo, energía, servicios, textiles y exportación.

El I Congreso Nacional de la UNE, celebrado del 14 al 16 de julio de 2006, elaboró el borrador del programa del partido para las elecciones generales del año siguiente, titulado Plan de la Esperanza. Voluminoso y minucioso, el plan era una apuesta por transformar la sociedad guatemalteca con una visión de realizaciones que llegaba hasta el año 2032. El plan se basaba en el contenido de cuatro programas estratégicos: solidaridad, gobernabilidad, productividad y regionalidad, que implicaban otras "lealtades", humana, cívica, económica y vecinal, respectivamente. Con esta propuesta, la UNE reclamaba como propios los principios socialdemócratas de libertad, igualdad, justicia social y solidaridad.

Con el fin de intentar erradicar la pobreza en Guatemala, la UNE consideró que no podía ser posible sin el pleno reconocimiento de la multiculturalidad nacional, y en particular del componente indígena maya –el 41% de la población-, sin un Estado fuerte y descentralizado que hiciera cumplir el imperio de la ley, y sin un Gobierno que ejecutara políticas activas de generación de empleo y reducción de los agudos déficits sociales.

La UNE además se propuso aplicar una estrategia de seguridad nacional que protegería a los ciudadanos de la delincuencia común, y los socorrería frente a las calamidades naturales, a través de una política de gestión de riesgos, prevención y atención a desastres.

El tono progresista y social de las propuestas del ingeniero Colom causó inquietud en el empresariado tradicional de las poderosas familias detentadoras de la mayor parte de la renta nacional, que estuvo dispuesta a defender sus privilegios en forma de exoneraciones fiscales, recesión salarial, amplia flexibilidad laboral, mecanismos de salvamento financiero con dinero público, y restricción de la actividad sindical.

El 6 de mayo de 2007 Colom fue proclamado candidato presidencial por la Asamblea Nacional de la UNE en un momento especialmente favorable en las encuestas, que encabezaba por delante del otro hombre fuerte de la carrera electoral, Pérez Molina. En su tercer compromiso fue secundado para vicepresidente por el cardiólogo José Rafael Espada. La campaña electoral que libró fue áspera. La política de revanchas causó el asesinato de cerca de 50 candidatos a cargos de elección popular pertenecientes a diversos partidos, aunque Encuentro por Guatemala (EG), la formación que animaba Rigoberta Menchú, se llevó la peor parte. No se libró de la ola de violencia la UNE, que era, con sus 100.000 afiliados, el partido más voluminoso del país y que en los tres últimos años había sufrido el impune asesinato de una veintena de miembros, entre ellos los diputados Carlos Hipólito Miralda Roca y Mario Ronaldo Pivaral Montenegro. Estos ataques Colom los atribuyó a grupos del narcotráfico y el crimen organizado, apoyados por oficiales retirados vinculados a la antigua Inteligencia Militar, la oficina castrense a cuyo frente había estado en la década anterior, Pérez Molina.

Sin llegar a involucrarle expresamente en las tramas criminales que parecían haber dibujado una diana en su partido, Colom acusó a su adversario derechista del PP de estimular la violencia con su discurso de "mano dura" contra la delincuencia. Precisamente, "la mano dura la hemos tenido durante más de 50 años, y es la que tiene a Guatemala sumida en la pobreza, la mala educación y la falta de medicamentos en los hospitales", replicó a quien consideraba un "representante del pasado funesto" del país. Colom reconoció que las mafias del crimen habían intentado infiltrarse en su partido, pero que éste lo había impedido. Así, en diciembre de 2005 la UNE expulsó de sus filas al diputado Manuel de Jesús Castillo Medrano después de que un periódico, citando investigaciones policiales, le situara al frente de una banda dedicada a traficar con drogas y robar vehículos.

En líneas generales, Colom resultaba atractivo a los electores por su pragmatismo, su estilo sosegado, su talante conciliador y su sensibilidad social. Era un candidato que transmitía tranquilidad y honestidad, aunque sobre esta última virtud pesaba negativamente el procesamiento pasajero por la financiación irregular del partido. Pero, por otro lado, se le achacaba falta de liderazgo para gobernar un país que necesitaba mucha firmeza y habilidad para ganarle las batallas al crimen organizado dispuesto a gangrenar todos los ámbitos de la sociedad y el Estado. Su apariencia física –alto, delgado, gestualidad de tímido y con gafas, y su dicción de tono bajo y con un problema fonético en la pronunciación de la letra erre- daban munición a sus detractores, que le acusaban de dubitativo, de no tener carácter, e incluso de ser dominado por su impulsiva y enérgica esposa, Sandra Torres. En cuestiones morales, Colom se confesaba "chapado a la antigua", ya que desaprobaba el aborto, el matrimonio homosexual y el consumo de drogas.

En las elecciones al Congreso, la UNE fue la lista más votada con el 22,8% de los votos y 48 escaños, 16 más que en las votaciones de 2003. El PP, con 30 escaños, quedó en tercer lugar y no fue capaz de superar a la GANA, del oficialista Alejandro Giammattei Falla. Fuera quien fuera el próximo presidente de Guatemala, tendría que trabajar con un Legislativo fraccionado. La participación fue del 60,5% de los registrados en situación de votar.

Colom emprendió su competencia particular con Pérez Molina después que unas encuestas conferían la victoria al rival. Según todos los observadores, Colom perdió fuelle, acomodado en su imagen blanda no exenta de ambigüedad, y tuvo grandes dificultades para contrarrestar el enérgico discurso anticriminalidad que esgrimía el general retirado. Además, encajó el sobresalto de la marcha del país de un antiguo estratega electoral de la UNE, José Carlos Marroquín, debido a unas amenazas de muerte que, según él, le estaban dirigiendo elementos mafiosos de dentro del partido, que no le perdonaban su postura radicalmente hostil a la impunidad del crimen organizado.

En la recta final de la campaña, Colom fue capaz de recortar su diferencial con Pérez Molina con el anuncio de un plan para obtener "en los primeros 100 días" de gobierno resultados que devolverían "la confianza de los ciudadanos" en el Estado, con actuaciones rápidas y eficaces en los ámbitos de la sanidad, la educación y la seguridad. En particular, el Gobierno realizaría una ordenación estratégica de las fuerzas de seguridad y retomaría el control de las llamadas "zonas rojas" de la violencia, aquellos lugares donde el hampa campaba a sus anchas y el Estado virtualmente no hacía acto de presencia.

En la víspera de la segunda vuelta del 4 de noviembre Pérez Molina superaba en unos pocos puntos a su adversario en la intención de voto, pero se trataba de una horquilla lo suficientemente estrecha como para posibilitar la victoria de cualquiera de los dos. Además, se esperaba una alta abstención y la cifra de indecisos era también elevada. Las denuncias realizadas por Colom en las últimas horas respecto a supuestas irregularidades fueron interpretadas como vendas preventivas de la herida que le supondría perder, por tercera vez consecutiva, unas elecciones presidenciales.

Finalmente, el empate técnico se saldó a favor de Colom: el secretario general de la UNE fue proclamado presidente por el TSE con el 52,8% de los votos frente al 47,2% sacado por Pérez Molina; ganó en todos los departamentos del país salvo en el de Baja Verapaz y, el más poblado con diferencia, Guatemala, que concentra el 24% del padrón electoral, donde el patriótico le sacó 19 puntos porcentuales y 139.000 votos de ventaja. Era la primera vez en la historia electoral nacional que un vencedor presidencial en el conjunto del país perdía en la capital, y un análisis en caliente interpretaba que, al final, en el electorado había prevalecido no tanto la seducción por los méritos propios de Colom como el rechazo al "retorno de los militares" al poder, por más que Pérez Molina fuera un civil que ofrecía un proyecto legítimo y democrático. La participación en la segunda vuelta descendió al 48,3%.

Mientras Pérez Molina, en un gesto positivo para la democracia guatemalteca, hacía gala de buen perdedor anunciando una "oposición constructiva" para seguir adelante con "la guerra contra la corrupción, la violencia, la inseguridad, la impunidad y la pobreza", Colom anunciaba la convocatoria de negociaciones para que el gobierno que iba a tomar posesión el 14 de enero de 2008 fuera de "conciliación nacional", trascendiendo los intereses partidistas y asumiendo los de "todos los guatemaltecos". Sandra Torres de Colom, quien iba a tener a su cargo la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente (SOSEP), aseguró que en su labor daría prioridad a los más necesitados, continuando el trabajo social desempeñado hasta el momento al frente de la Fundación de la Esperanza.

Los principales retos de su gobierno han sido el combate al narcotráfico, al extendido analfabetismo, reducción de la pobreza extrema y concientización del papel de los sindicatos en la economía nacional. Como parte de su mandato ha implementado programas de redistribución de la riqueza tales como Cohesión Social y comedores solidarios. Estos programas han sido duramente criticados, debido a la dificultad de completarlos y a la casi imposibilidad de fiscalizarlos.

En enero de 2010, una Comisión en Guatemala que investigaba la denuncia del abogado opositor Rodrigo Rosenberg, culpando al presidente Colom en caso de fallecer, exoneró de cargos al presidente al poder comprobar que el abogado había ordenado su propio asesinato a través de familiares suyos.

Autor

  • Carlos Benavides Martínez