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HistoriaBiografía

Cola di Rienzi (ca. 1313-1354).

Revolucionario italiano, nacido en Roma hacia 1313 y muerto en la misma ciudad el 8 de octubre de 1354.

Síntesis biográfica

Nostálgico del glorioso pasado de Roma, en 1347 se hizo con el poder apoyándose en el papa Clemente VI y en el favor popular; expulsó a las grandes familias nobiliarias que tenían sojuzgada la ciudad hasta entonces, gobernando inicialmente con acierto. Pero sus buenas intenciones se transformaron en una excesiva ambición, proyectando la restauración del Imperio Romano, chocando así con el emperador alemán y el propio papa. Perdido el apoyo del pueblo por sus excentricidades y los elevados impuestos que impuso, fue fácil para la nobleza expulsarle ese mismo año. Tras un tiempo de retiro, en 1350, influido por las profecías de unos franciscanos espirituales, trató de convencer al emperador Carlos IV de que le ayudase a realizar su antiguo proyecto. Éste lo envió prisionero a la sede pontificia de Aviñón, donde el papa Inocencio VI lo perdonó y acabó por encomendarle de nuevo el gobierno de Roma (1354). Rienzi, no obstante, cayó rápidamente en sus antiguos errores y fue otra vez depuesto y, esta vez, asesinado.

Cola di Rienzi y el movimiento antinobiliario romano de 1347

Su verdadero nombre era Niccola di Rienzo Gabrini. Era hijo de Lorenzo, un mesonero del Trastevere, y de una lavandera, aunque durante un tiempo se llegó a pensar que lo era del emperador Enrique VII. A la muerte de su madre fue criado en Anagni, a unos kilómetros de Roma, por sus abuelos. Aprendió latín, leyó a los clásicos y se instruyó en la historia de la Roma antigua, por la que siempre tuvo gran curiosidad. Volvió a su ciudad natal al fallecer su padre, trabajando entonces como notario. Poco a poco iba calando en su espíritu el pasado glorioso de Roma, que contrastaba con la miseria presente, ausentes incluso los papas de la ciudad desde 1309 (establecidos en la ciudad francesa de Aviñón), y sometida a grandes familias nobiliarias, como los Orsini y los Colonna, que luchaban entre sí por su control. Según parece, en uno de los enfrentamientos murió un hermano suyo, lo que le impulsó a luchar con todas sus fuerzas contra la poderosa nobleza y devolver a Roma su perdido esplendor.

Para ello necesitaba el favor popular y otros apoyos: la ocasión llegó cuando, gracias a su conocimiento del latín y a su buena oratoria (algunos atribuyen todos sus éxitos a esta capacidad), fue enviado en 1343 a Aviñón para pedir al papa Clemente VI la vuelta a Roma y la concesión de un jubileo cada cinco años. Rienzi, que conoció allí y tuvo amistad con Francesco Petrarca, aprovechó su misión para informar al pontífice de la penosa situación de la ciudad. El papa, impresionado, nombró a Rienzi notario de la Cámara Capitolina, cargo que no sólo le dio poder, sino que le permitió dejar de ser pobre. Vuelto a Roma, mediante una serie de encendidos discursos contra la aristocracia se ganó la confianza del pueblo, y el 20 de mayo de 1347, en el Campidoglio, se proclamó tribuno de la Sacra República Romana (más adelante se dio otros títulos aún más altisonantes: Candidatus Spiritus Sancti, Imperator Orbis, Zelator Italiæ, Amator Orbis et Tribunus Augustus), asociando a su gobierno, con buena vista política, al vicario pontificio, Raymond, obispo de Orvieto. El papa, aunque molesto por la autonomía con que Rienzi obraba, le confirmó sus amplios poderes, siempre y cuando los ejerciese conjuntamente con el obispo de Orvieto.

Así, realizó una serie de reformas (aplicación de una buena justicia para todos, seguridad en los caminos, regulación de los precios, drenaje de los pantanos) y creó una milicia cívica, de la que se valió para combatir el poder de la nobleza. A causa de esta presión, los nobles más importantes tuvieron que abandonar la ciudad, camino de sus posesiones rurales, y los pocos que permanecieron debieron jurar lealtad a Rienzi. Su prestigio en Europa era enorme, admirado por filósofos, pensadores (el propio Petrarca), y honrado por embajadores de diversos países; pareció que una nueva era de estabilidad iba a comenzar en Roma. Pero llevado de su ambición y vanidad, proyectó obtener la independencia de Italia, restaurando el Imperio Romano; doscientos delegados de diversas ciudades italianas se mostraron conformes y, en agosto de 1347, proclamó la liberación de Italia respecto a cualquier poder extranjero o señorial. Afirmando que los romanos tenían derecho a elegir su emperador, emplazó a Luis IV el Bávaro y a Carlos IV a renunciar al título que según él habían usurpado.

Poco dotado en realidad como gobernante, sus utopías originaron su ruina: con la esperanza de ser elegido él mismo emperador, se organizó una lujosa corte y protagonizó distintas extravagancias (vistosos desfiles, guardia personal, una extraña orden de caballería), además de caer pronto en el nepotismo. Todo ello obligó a aumentar los impuestos, lo que causó no poco descontento en una población que rápidamente se estaba cansando de la teatralidad y ligereza de su señor. La nobleza romana, que aunque exiliada poseía todavía sus medios y su fuerza, olvidó por el momento sus antiguas discordias y se alió contra Rienzi. Tampoco era un buen jefe militar: aunque un primer ataque aristocrático fue detenido y muchos nobles murieron ejecutados, tras un nuevo incremento fiscal, las protestas populares crecieron todavía más. Asimismo, habiendo abandonado la ciudad el obispo de Orvieto, perdió el favor del papa, que le excomulgó y le declaró rebelde y hereje. Privado de sus apoyos, el popular y el pontificio, cuando las huestes nobiliarias entraron por sorpresa en Roma, nadie acudió a la llamada de auxilio que lanzaron las campanas; Rienzi se refugió en el castillo de Sant'Angelo antes de huir de la ciudad, mientras que, por su parte, los señores volvían a ella en diciembre de 1347.

Segundo gobierno y definitivo fracaso (1354)

Dirigiéndose a la región de los Abruzzos, buscó cobijo entre los franciscanos espirituales de Monte Maiella, llevando vida de penitente. Más adelante, uno de esos franciscanos, Fra Angelo, afirmó en 1350, en un contexto de exaltada espiritualidad nacida de diversos desastres (peste de 1348, bandidaje), que según había predicho Joaquín de Fiore había llegado el momento en que Rienzi debía purificar la Iglesia y restaurar el Imperio. Rienzi marchó a Praga para comunicar al emperador Carlos IV sus nuevas intenciones, quien no sólo no le escuchó sino que lo encarceló considerándole un loco o un hereje. En 1352 lo envió a Aviñón para ser juzgado. Prisionero en las cárceles pontificias, pero bien tratado, allí había sido elegido nuevo papa Inocencio VI, que tras la intercesión en su favor de Petrarca lo declaró inocente y lo mandó de nuevo a Roma junto con el cardenal Gil Álvarez de Albornoz (principios de 1353).

Nombrado senador (síndico) por el cardenal, fue muy bien acogido en agosto de 1354 por la población de Roma, donde había vuelto a extenderse la anarquía y la arbitrariedad tras la reinstalación de los nobles y la dictadura de Francesco Baroncelli. Éste fue apresado y muerto, haciéndose Rienzi con el control de la ciudad. Por segunda vez triunfaba, pero no tenía ya el carisma de antaño (había engordado y perdido su convincente oratoria), y por otra parte repitió errores del pasado, altos impuestos que debían pagar su lujo, añadiendo además otros nuevos, crueldad y algunas matanzas. Los romanos, furiosos, se sublevaron en octubre, apenas unos meses después de su entrada. En esta ocasión Rienzi no pudo huir: disfrazado de penitente, fue reconocido, detenido y mostrado a la muchedumbre en el Capitolio. Tras cierta indecisión inicial, uno de los presentes le clavó una daga, y luego otros le golpearon cuando ya probablemente estaba muerto. Su cuerpo fue arrastrado por las calles de la ciudad por la enardecida multitud y abandonado sin recibir sepultura. Varios siglos después, el nacionalismo italiano decimonónico y también el régimen fascista de Benito Mussolini idealizaron su figura hasta el punto de considerarlo un precedente del Risorgimento. El escritor inglés Edward Bulwer-Lytton hizo de él un héroe literario (1835), mientras que el compositor alemán Richard Wagner se inspiró en su historia para componer una ópera (1837).

Bibliografía

  • CARPEGNA FALCONIERI, T. Cola di Rienzo. (Roma, Salerno: 2002).

  • COLLINS, A. Greater than emperor: Cola di Rienzo (ca. 1313-1354) and the world of fourteenth centry Rome. (Ann Arbor, University of Michigan Press: 2002).

  • Dizionario biografico degli italiani. Vol. 26. (Roma, Istituto della Enciclopedia Italiana: 1960-1998).

  • FLEISCHER, V. Rienzo; the rise and afall of a dictator. (Port Washington, Kennikat Press: 1970).

  • GABRIELLI, A. Epistolario de Cola Rienzo. (Roma, Forzani e c.: 1890).

  • PIUR, P. C. di Rienzo. (Viena, L.W. Seidel & Sohn: 1934).

  • PORTA, G. Cronica Anonimo Romano. (Milán, Adelphi: 1979).

Enlaces en Internet

http://digilander.libero.it/bepi/cronica/cronica.html ; Página con el texto completo del Anónimo Romano, que relata la historia de Rienzi (en italiano).
http://www.mmdtkw.org/VRienzi.html ; Página con alguna información y enlaces sobre Cola di Rienzi (en inglés).
http://www.users.bigpond.com/billmastermind/moments21.htm ; Página con más información sobre Rienzi (en inglés).

Autor

  • Bernardo Gómez Álvarez