José María Carnerero (1784–?): Dramatismo, Pluma y Política en la España del Siglo XIX
Orígenes, formación y primeros pasos literarios
Los orígenes de una vocación literaria
José María Carnerero nació en Madrid en 1784, en el seno de una familia acomodada e integrada en la esfera del funcionariado ilustrado. Su padre, Sebastián Bernardo Carnerero de la Quintana, fue una figura influyente en la administración y las letras del momento. Se desempeñaba como redactor del prestigioso Memorial literario, una de las publicaciones más relevantes del siglo XVIII español, y como secretario del Consejo de Su Majestad, además de estar vinculado a la Superintendencia de Plantíos, Rompimientos y Sementeras en torno a la Corte. Por parte materna, descendía de Josefa Bails de Balmaseda, integrante de una familia hidalga, lo que dotó a Carnerero de un linaje respetable, requisito indispensable para ciertas distinciones de la época.
Ya desde temprana edad, los caminos hacia el saber y la vida pública le fueron abiertos. En 1793, con tan solo nueve años, recibió el beneficio eclesiástico de la parroquia de Santa María de Almeyda de Sayago, en la diócesis de Zamora. Para ello, se exigía la información de limpieza de sangre, una formalidad que reflejaba los prejuicios de su tiempo y que su familia cumplía con creces. Aunque esta concesión no implicaba una vocación religiosa, sí reflejaba el deseo de su entorno por asegurarle privilegios sociales y económicos.
Influencia del padre y acceso a círculos intelectuales
El joven Carnerero recibió una formación polifacética, dirigida directamente por su padre. Estudió Humanidades, Filosofía moral, Física experimental, Poética, Matemáticas y, presumiblemente, francés. Esta última lengua sería determinante en su posterior inclinación por las adaptaciones teatrales de obras galas, una práctica que lo definiría como dramaturgo y traductor. En 1801, con apenas diecisiete años, ya había escrito Citas debaxo del olmo, una comedia que era una refundición de una obra francesa, lo que evidencia no sólo su formación bilingüe, sino también su temprana incursión en el mundo de la escena.
Educación y vida académica
Ingreso y vida en el Colegio de Santa Catalina Mártir
En junio de 1801, su padre solicitó para él una beca porcionista en el Colegio de Santa Catalina Mártir, parte de la Universidad de Alcalá. A pesar de no poseer el título de bachiller, necesario para obtener dicha beca, la solicitud fue aceptada gracias a la influencia de su progenitor, quien logró eximirlo del requisito. Ese mismo año, en diciembre, recibió además una beca de voto concedida por la condesa de Montijo, otra muestra del círculo de protección y privilegio que rodeaba su formación.
Irregularidades y expulsión del entorno universitario
Sin embargo, su paso por la Universidad de Alcalá estuvo marcado por la indisciplina y la falta de compromiso. Carnerero violó las normas internas, saliendo del recinto sin permiso y pernoctando fuera del colegio en al menos dos ocasiones, hechos que le valieron un castigo en 1802. La intervención de su padre evitó mayores consecuencias, pero el patrón de conducta se repitió. Finalmente, el 11 de marzo de 1805, la junta del Colegio le retiró la beca, obligándolo a abandonar la institución y truncando sus estudios universitarios. Este episodio reflejaría un rasgo constante de su vida: una combinación de talento y oportunidades, contrapesada por su carácter inquieto y su actitud irreverente hacia las normas establecidas.
Primeros ensayos dramáticos y colaboración editorial
Comienzos en el teatro: las primeras comedias y tragedias
A pesar de su turbulenta vida académica, Carnerero encontró en el teatro un espacio fértil para desplegar su creatividad. En 1801, estrenó en el Coliseo de la Cruz la comedia El viajante desconocido, una versión adaptada de una obra francesa. En 1803, presentó la tragedia Elvira y Perci, o los efectos de la violencia, que mostraba ya un enfoque sentimental y efectista, en línea con el gusto romántico incipiente. Estas primeras obras, aunque modestas, evidenciaban su facilidad para el pastiche y la traducción dramatúrgica, recursos que explotaría profusamente a lo largo de su carrera.
El “Memorial literario” y su implicación en el periodismo cultural
Simultáneamente, Carnerero comenzó a trabajar como redactor del Memorial literario, junto a su hermano Mariano Carnerero. La publicación, propiedad de su padre, era un importante vehículo de difusión de ideas ilustradas, ciencia y arte. Su participación en este medio no sólo le permitió desarrollar su estilo y sus opiniones, sino que también lo conectó con otros intelectuales de su tiempo, iniciando así su trayectoria como periodista cultural.
De la política a la diplomacia
El nombramiento como agregado en Constantinopla
En 1806, gracias a la influencia del Príncipe de la Paz, Manuel Godoy, Carnerero fue nombrado Agregado a la Embajada de España en Constantinopla. Este cargo diplomático, que denotaba prestigio y confianza, lo situó en el plano internacional y le ofreció la posibilidad de integrarse en redes de poder transnacionales. No obstante, su permanencia fue breve. Poco después, ante la inminente invasión napoleónica, regresó a España, uniéndose a la huida de su familia hacia Sevilla.
La huida ante la invasión napoleónica y consecuencias familiares
La llegada de las tropas francesas a Madrid en 1808 transformó por completo la vida de Carnerero. Su padre fue destinado a Nueva España, donde falleció poco después, seguido por su madre. Carnerero, atrapado por la inestabilidad del momento, fue detenido por la policía francesa, pero logró salvarse gracias a la intervención de Miguel José de Azanza, un influyente político español afrancesado. Esta etapa marcó un giro decisivo en su carrera: a partir de entonces, se alinearía con el régimen de José Bonaparte, una decisión que condicionaría su reputación y su trayectoria futura.
Activismo político, producción literaria y legado cultural
Carnerero y el afrancesamiento
Su papel durante el reinado de José I
La adhesión de José María Carnerero al régimen de José I Bonaparte, proclamado rey de España por su hermano Napoleón, representó uno de los episodios más controvertidos de su vida. Lejos de mantenerse al margen, Carnerero se afrancesó abiertamente, aceptando cargos públicos y colaborando activamente en la maquinaria cultural del nuevo monarca. Fue nombrado redactor de la Gaceta de Madrid, órgano de prensa oficial del régimen josefino, y desempeñó funciones en la Secretaría del Ministerio del Interior, participando en la propaganda institucional del gobierno intruso.
Durante esta etapa, Carnerero compuso textos aduladores como Al Rey Nuestro Señor, leído públicamente en Sevilla en 1810 con motivo de la entrada de José I en la ciudad. En él se celebraba la figura del monarca francés como salvador de las Españas, en una muestra de servilismo político que más tarde sería interpretada como oportunismo ideológico. Esta capacidad para adaptarse al poder de turno, lejos de ser ocasional, se convertiría en una constante en su vida pública.
Composiciones propagandísticas y funciones oficiales
En su faceta de publicista afrancesado, Carnerero adoptó un estilo retórico y enfático, propio de la literatura de circunstancias, dirigido a legitimar la presencia napoleónica. Sin embargo, tras la derrota de los ejércitos franceses y el retorno de los Borbones, su adhesión al régimen intruso le valió la persecución política. Al igual que otros colaboradores del gobierno de José I, se refugió en Francia, buscando protección en los círculos monárquicos exiliados.
Exilio, reinserción y nuevas publicaciones
Estancia en Francia y protección del duque de Orléans
En Francia, Carnerero fue acogido por el entorno del duque de Orléans, futuro Luis Felipe I, quien le concedió la posición de bibliotecario. Este cargo le proporcionó estabilidad y le permitió continuar con su producción intelectual. En Toulouse, en 1814, tradujo al francés la obra Idea sencilla del eclesiástico Juan de Escoiquiz, eliminando ciertos pasajes y añadiendo notas personales, en un ejercicio que combinaba edición crítica y censura ideológica.
Este periodo francés fue también una etapa de reflexión estilística, en la que Carnerero asimiló nuevas formas teatrales y reafirmó su vocación como mediador cultural entre Francia y España. Aunque alejado físicamente de su país, seguía al tanto de los cambios políticos y culturales que sacudían la península.
Regreso a España y nuevas comedias y colaboraciones
A pesar de las dificultades iniciales, Carnerero consiguió regresar a España en 1821, coincidiendo con el Trienio Liberal. A su vuelta, retomó su papel como colaborador en diversos periódicos, como El Universal y El Eco de Padilla, y escribió una carta en defensa propia y de su hermano tras ser atacados públicamente por El Constitucional. En esta etapa, se multiplican sus trabajos como traductor y adaptador teatral: trajo al castellano dramas franceses como La novicia o la víctima del claustro, de La Harpe, y Los títeres o lo que es el mundo, de Picard, obras que incorporó al repertorio escénico español.
Carnerero también estrenó comedias originales como La antesala, y su implicación en los diarios políticos y literarios lo convirtió en una figura clave del debate ideológico y artístico de la época. Fue colaborador de El Independiente (1822), fundador del Indicador (1822–1823) y partícipe del Patriota español, publicaciones donde se discutían los límites del liberalismo, la monarquía y la modernización del país.
Camaleonismo político y promoción cultural
El apoyo a Fernando VII y adaptaciones teatrales
La restauración absolutista tras el fin del Trienio no supuso una retirada para Carnerero, sino una nueva reconversión ideológica. En 1823, logró el favor del duque de Angulema, comandante de las tropas francesas que restauraron el poder de Fernando VII, y celebró esta victoria con la comedia La noticia feliz, en la que glorificaba al monarca borbónico. Esta rápida adaptación del discurso, similar al que había utilizado para alabar a José I, evidencia su capacidad para sobrevivir políticamente en contextos adversos.
Durante estos años, estrenó obras como La huerfanita o lo que son los parientes (1825), El regreso del Monarca (1828), El que fuere bobo, no camine, o el castigo de Pensequé, y El peluquero de antaño y el peluquero de hogaño, en las que recurrió tanto a argumentos tradicionales como a la sátira de costumbres. También compuso poemas y piezas de carácter patriótico como Las glorias de España (1829) y Los festejos olímpicos o el Triunfo de Citerea (1830), demostrando una notable versatilidad estilística.
Fundaciones periodísticas y sátiras literarias
Paralelamente a su labor dramática, Carnerero se dedicó a la dirección de publicaciones como el Correo Literario y Mercantil (1828–1831), y fundó la revista Cartas españolas en 1831, a la que siguió la Revista española en 1832. En estos medios conjugó periodismo político, crítica literaria y textos humorísticos, ampliando su influencia en el espacio público. También firmó comedias como La cuarentena, El afán de figurar, El tutor inglés (1831), Gustavo y Poleska o el pan de la boda (1832) y El marido ambicioso (1834).
Su obra más ambiciosa de esta etapa fue Memorias contemporáneas o Colección histórica de sucesos de nuestros días (1838), publicada de forma anónima. Este volumen compila episodios políticos recientes con un enfoque narrativo que mezcla crónica, ficción y propaganda. La atribución a Carnerero es sostenida por diversas fuentes, aunque nunca fue reconocida públicamente.
Últimos años y legado ambiguo
La vasta producción y acusaciones de plagio
La prolífica carrera de José María Carnerero abarca más de tres décadas de actividad literaria, periodística y política. Su facilidad para traducir, adaptar y refuncionalizar textos lo convirtió en un autor presente en la escena madrileña y en las principales publicaciones del siglo XIX. Sin embargo, su reputación quedó empañada por constantes acusaciones de plagio y oportunismo ideológico. Diversos críticos, incluyendo a Antonio Palau y Dulcet, señalaron su inclinación a apropiarse de ideas ajenas con notable habilidad. Se le atribuye incluso la satírica Banderilla de topocarnero para ciertos críticos exagerados y mal avenidos con la función de toros, un texto que refleja su mordacidad y su afán de provocación.
Huellas familiares, literatura áulica y el enigma de su muerte
Se sabe que Carnerero estuvo casado y tuvo hijos, aunque la documentación sobre su vida familiar es escasa. Sus últimos años están rodeados de incertidumbre, y no se ha determinado la fecha exacta de su muerte. No obstante, su figura dejó una huella significativa en la vida cultural de la España contemporánea, especialmente por su capacidad de adaptación, su ambivalencia política y su contribución a la literatura áulica y el teatro popular.
En definitiva, José María Carnerero representa el arquetipo del escritor de circunstancias: prolífico, polémico y siempre atento a las oportunidades del poder. Su obra, aunque discontinua en calidad, constituye un testimonio esencial del complejo entramado de letras, política y supervivencia cultural en la España del siglo XIX.
MCN Biografías, 2025. "José María Carnerero (1784–?): Dramatismo, Pluma y Política en la España del Siglo XIX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/carnerero-jose-maria [consulta: 12 de febrero de 2026].
