Calixto III, Papa (1378-1458). El pontífice que restauró el prestigio de la Iglesia

Calixto III, nacido como Alfonso de Borja en Játiva (Valencia) el 31 de diciembre de 1378, desempeñó un papel crucial en la historia de la Iglesia Católica durante el siglo XV. Su papado, que comenzó en 1455 y terminó con su muerte en 1458, estuvo marcado por su dedicación a causas de gran trascendencia, tanto espirituales como políticas. Fue un hombre que, en tan solo tres años, dejó una huella significativa, desde su enfoque en la reconquista de Constantinopla hasta la canonización de figuras clave. Su nombre se perpetuó no solo por su trabajo eclesiástico, sino también por su implicación en las luchas políticas de su tiempo, y por haber sido parte de una de las familias más poderosas de la Europa medieval, los Borja.

Orígenes y contexto histórico

Alfonso de Borja nació en una familia de la pequeña nobleza valenciana, los Borja, de la rama secundaria de la familia. Su lugar de origen fue la Torre de Canals, un pequeño castillo fortificado en la región de Valencia. La vida de Alfonso estuvo marcada desde su juventud por el estudio y la ambición. Cursó estudios en varias ciudades españolas, comenzando en Zaragoza y luego trasladándose a Lérida, donde obtuvo su doctorado en derecho civil y canónico. Esta sólida formación académica le abrió las puertas al servicio del rey Alfonso V de Aragón, quien se convirtió en una figura crucial en su vida. Alfonso V lo nombró auditor de la Cámara Real y le otorgó varias funciones dentro de la Iglesia, como canónigo de la Catedral de Lérida y vicario general de la diócesis.

Uno de los momentos clave en la carrera de Alfonso fue su mediación en un conflicto dinástico entre Alfonso V, Juan de Castilla y Juan de Navarra en 1419. El resultado de su intervención fue un acuerdo en el que los tres monarcas se comprometieron a resolver sus diferencias a través del diálogo. Este éxito como diplomático aumentó considerablemente su prestigio y lo consolidó como un actor clave en la política internacional.

El obispado de Valencia

A partir de 1429, la carrera eclesiástica de Alfonso de Borja comenzó a despuntar. Su papel como mediador en los conflictos eclesiásticos de la época fue notable, y uno de sus logros más significativos fue la intervención en el conflicto entre el Papa Martín V y el antipapa Clemente VIII, quien se autoproclamaba sucesor del antipapa Benedicto XIII. Gracias a las gestiones de Alfonso, Clemente VIII abandonó su pretensión de ser Papa, lo que le permitió ganar la confianza del Papa Martín V. Como recompensa por sus servicios, en 1429, el Papa le otorgó el Obispado de Valencia, una de las diócesis más ricas de la península.

A partir de este momento, Alfonso se dedicó a fortalecer su posición dentro de la Iglesia y a afianzar sus lazos con la nobleza y los poderosos de la época. A pesar de ser un obispo de gran relevancia en España, su destino estaba marcado por el llamado de la política internacional, y en 1432 se trasladó a Italia, donde fue nombrado vicecanciller y consejero privado del Papa. Esta nueva etapa en Italia fue decisiva para su ascenso en la jerarquía eclesiástica, ya que desde ese momento pasaría a vivir permanentemente en Roma.

Roma: de Cardenal a Papa

El camino de Alfonso de Borja hacia el papado comenzó en 1444, cuando fue nombrado cardenal por el Papa Eugenio IV. Este ascenso fue el resultado de sus acciones diplomáticas y su incansable trabajo para asegurar la estabilidad dentro de la Iglesia, especialmente evitando que Alfonso V de Aragón asistiera al Concilio de Basilea, un evento que podría haber complicado las relaciones entre la Iglesia romana y los monarcas europeos. Tras este nombramiento, Alfonso se trasladó a Roma, donde rápidamente ganó respeto gracias a su sólida formación en derecho y su vida austera, lo que le permitió ganar la confianza de los miembros más influyentes de la Curia.

La muerte del Papa Nicolás V en 1455 abrió una vacante en el trono papal. Tras solo cuatro días de deliberación, el cónclave de cardenales eligió a Alfonso de Borja como el nuevo Papa, quien asumió el nombre de Calixto III. Su ascenso al papado fue un momento trascendental, tanto para él como para su familia, los Borja, quienes comenzarían a ocupar posiciones clave dentro de la Iglesia en los años siguientes.

Calixto III, el nuevo pontífice

El pontificado de Calixto III fue breve, pero estuvo marcado por una serie de acciones significativas que reflejaron tanto sus intereses espirituales como políticos. Uno de sus principales objetivos fue la liberación de Constantinopla del dominio turco, y como Papa, hizo numerosos esfuerzos para convocar a las naciones cristianas a una cruzada contra el Imperio Otomano. Esta cruzada fue, para él, una cuestión de honor y una de las causas más importantes de su pontificado.

Otro de los logros de Calixto III fue la canonización de su compatriota Vicente Ferrer, un fraile dominico que, según la tradición, había profetizado que Alfonso de Borja llegaría a ser Papa. El Papa también tomó medidas para rehabilitar la figura de Juana de Arco, quien había sido injustamente condenada por un tribunal eclesiástico como bruja y quemada en la hoguera. Calixto III anuló esta condena, permitiendo que la figura de la heroína francesa fuera restablecida en la memoria colectiva de la Iglesia.

Durante su breve papado, Calixto III también rodeó su papado de varios familiares y compatriotas. En el Colegio Cardenalicio, dio lugar a dos de sus sobrinos, Rodrigo de Borja, quien más tarde se convertiría en el Papa Alejandro VI, y Luis Juan de Borja. Rodrigo de Borja sería una figura clave en la historia de la Iglesia, ya que ocupó el puesto de vicecanciller durante varios papados consecutivos, destacándose como uno de los papas más influyentes de la historia.

El legado de Calixto III

A pesar de la corta duración de su pontificado, Calixto III dejó una marca indeleble en la historia de la Iglesia. Su esfuerzo por la defensa de la cristiandad frente al Imperio Otomano, su contribución a la rehabilitación de figuras clave como Juana de Arco, y la canonización de Vicente Ferrer, consolidaron su papel como un Papa preocupado tanto por la salvaguarda de la fe como por la justicia. Asimismo, su papado consolidó a los Borja como una familia de gran influencia dentro de la Iglesia, lo que sentó las bases para el posterior ascenso de su sobrino Alejandro VI, quien tomaría el papado en 1492.

En su último día, el 6 de agosto de 1458, Calixto III falleció en Roma, dejando un legado que perduró más allá de su muerte. Fue sucedido por Pío II, quien continuó muchas de las políticas que él había iniciado.

Bibliografía

SCHÜLLER PIROLI, S.: Los papas Borgia. Calixto III y Alejandro VI. Valencia: Alfons el Magnànim, 1991.

VVAA.: Els temps dels Borja. Valencia: Generalitat Valenciana. Serie Minor nº 39, 1996.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Calixto III, Papa (1378-1458). El pontífice que restauró el prestigio de la Iglesia". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/calixto-iii-papa [consulta: 13 de febrero de 2026].