Cecilia Böhl de Faber (1796–1877): Pionera de la Narrativa Costumbrista y Folklórica Española

Cecilia Böhl de Faber (1796–1877): Pionera de la Narrativa Costumbrista y Folklórica Española

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Primeros años y formación literaria

Cecilia Böhl de Faber, nacida el 27 de diciembre de 1796 en Morges, Suiza, bajo la influencia de un contexto europeo convulso y de una familia profundamente marcada por diversas tradiciones culturales, es una de las grandes figuras de la literatura española del siglo XIX. Conocida por su pseudónimo Fernán Caballero, su vida y su obra constituyen un testimonio de la lucha por la inclusión de las mujeres en los círculos literarios en una época en la que la literatura era dominada mayoritariamente por los hombres. Sin embargo, su relación con la escritura no fue fortuita, sino que fue el resultado de una formación sólida y un ambiente familiar propicio para la cultura.

Un nacimiento en el crisol de culturas

El lugar de su nacimiento, Morges, en Suiza, fue un accidente del destino, pues sus padres, Juan Nicolás Böhl de Faber y Francisca Javiera Ruiz de Larrea, se encontraban allí en un viaje por motivos laborales. Su padre, originario de Hamburgo, había llegado a España en el contexto de la prosperidad comercial de finales del siglo XVIII. Aunque su vocación era más bien administrativa y empresarial, como cónsul de las repúblicas hanseáticas en Cádiz, su verdadero amor era la filología y las humanidades. Juan Nicolás Böhl de Faber era un hombre erudito, amante de las letras, y tuvo un profundo impacto en la formación intelectual de su hija. Desde su infancia, Cecilia estuvo rodeada de libros, un elemento que marcaría su vida futura.

Su madre, Francisca Ruiz de Larrea, de ascendencia española e irlandesa, también tuvo una fuerte influencia sobre ella, aunque de una manera diferente. A pesar de ser una mujer profundamente conservadora, que veía con cierto recelo la incursión de las mujeres en el mundo literario, apoyó la formación de su hija en todo lo que pudiera. Sin embargo, Francisca también fue responsable de la educación más doméstica y práctica de Cecilia, y si bien su apoyo a la vocación literaria de su hija fue indirecto, en gran medida contribuyó a la organización del entorno en el que la futura escritora pudo nutrirse de las ideas y las culturas que predominaron en la Europa de su tiempo.

Los primeros años de formación en Cádiz y Hamburgo

El primer cambio significativo en la vida de Cecilia Böhl de Faber ocurrió cuando, debido a los compromisos profesionales de su padre, la familia se trasladó a Cádiz, ciudad que en ese momento era un crisol de influencias culturales. En Cádiz, Juan Nicolás Böhl de Faber asumió funciones como delegado de la empresa Duff Gordon y Cía., lo que permitió a su hija un acceso aún mayor a una formación diversa. Sin embargo, este cambio de residencia marcó también la primera crisis familiar. La situación económica se vio gravemente afectada por la quiebra de la compañía Böhl, lo que sumió a la familia en un periodo de penurias económicas.

Cecilia, aún niña, se encontró con un entorno marcado por la tensión económica y familiar, pero esto no mermó su interés por la literatura. Al contrario, su padre, a pesar de su vida comercial, siempre le brindó una formación exquisita, matriculándola en un selecto internado francés en Hamburgo. Fue allí, en la ciudad alemana, donde Cecilia empezó a profundizar en la literatura clásica europea, abriéndose al conocimiento de figuras literarias fundamentales de la Ilustración y el Romanticismo. Durante estos años, los hermanos de Cecilia nacieron en Hamburgo, y aunque la familia estaba dividida, ella mantuvo un vínculo muy estrecho con su padre, que se encargó de supervisar su educación.

El amor por la literatura en Cecilia no fue algo espontáneo, sino una verdadera transmisión de pasiones intelectuales heredadas de su padre, que le inculcó el conocimiento de los grandes autores y las principales corrientes filosóficas y estéticas de su tiempo. Su educación fue diversa y de gran calidad, y si bien en sus años más tempranos experimentó las luchas familiares y económicas, se empapó de la riqueza cultural de su entorno europeo. A través de los estudios y el contacto con diversas corrientes de pensamiento, Cecilia empezó a desarrollar no solo una educación formal, sino también una profunda curiosidad por la literatura popular, los relatos orales y las costumbres de la región andaluza que la influirían más tarde en su obra.

La influencia de su padre y la formación literaria

La figura de Juan Nicolás Böhl de Faber fue determinante en su carrera literaria, tanto por el acceso temprano a su vasta biblioteca como por las ideas que ella misma absorbió de su padre sobre el Romanticismo, la poesía y el teatro. Aunque Juan Nicolás Böhl de Faber se destacó más por su labor como bibliófilo y erudito que por su producción literaria original, su afán por recuperar los clásicos y la tradición literaria española, especialmente el teatro de Calderón de la Barca, dejó una huella indeleble en su hija. Su acercamiento a la lengua española y su visión de la literatura española como un espacio de riqueza cultural marcó la orientación de la obra de Cecilia.

A pesar de que Juan Nicolás Böhl de Faber fue, en cierto modo, reticente a aceptar las aspiraciones literarias de su hija, su influencia fue fundamental para el desarrollo de su vocación. En sus primeros escritos, Cecilia se sintió limitada por las expectativas que se tenían de una mujer en esa época. La sociedad española, profundamente conservadora, no veía con buenos ojos a las escritoras mujeres, y mucho menos a aquellas que pretendieran hacer de la literatura su ocupación profesional. Así, aunque recibió una formación privilegiada, Cecilia se vio obligada a superar los prejuicios de su época, los cuales le eran impuestos tanto por su familia como por la sociedad en general.

El regreso a Cádiz y las tensiones familiares

En 1805, debido a los problemas económicos de la familia, Cecilia regresó con su madre y hermanos a Cádiz, donde se encontró con una realidad muy diferente a la que había conocido en Alemania. Su padre, Juan Nicolás Böhl de Faber, se vio forzado a renunciar a su cargo debido a la quiebra de la empresa familiar, y la situación económica pasó a ser un problema central en la vida de los Böhl de Faber. Esto, sin embargo, no frenó la pasión de Cecilia por las letras. En Cádiz, a pesar de las dificultades, continuó cultivando su amor por la literatura, pero fue también en esta etapa donde comenzó a experimentar las tensiones con su madre, que se oponía rotundamente a la idea de que su hija se casara con el capitán Antonio Planells y Bardaxí, un militar con quien Cecilia mantuvo una relación fugaz y problemática.

El matrimonio con Antonio Planells en 1816 fue una de las decisiones más significativas de su vida. Sin embargo, tras la muerte prematura de su esposo, Cecilia se vio obligada a regresar a España desde Puerto Rico, donde él estaba destinado. Este trágico episodio marcó un punto de inflexión en su vida, pues, tras la muerte de Antonio Planells, la joven escritora se vio empujada a enfrentarse sola a las adversidades. Durante esta etapa, Cecilia se dedicó a la escritura como una forma de darle sentido a su vida, pero también como un medio para luchar contra la opresión que las mujeres de su tiempo experimentaban.

Matrimonios y primeros pasos literarios

La vida de Cecilia Böhl de Faber, conocida más tarde por su pseudónimo Fernán Caballero, estuvo marcada por una serie de eventos personales complejos y, en muchos casos, trágicos. Aunque la literatura fue siempre una pasión para ella, fue a través de su experiencia vital y las pruebas que la vida le deparó que se forjó su destino como escritora. En esta segunda parte de su vida, los matrimonios y las dificultades económicas y sociales fueron factores clave que influyeron en su desarrollo personal y literario. Además, este fue el período en que comenzó a escribir de manera más profesional, incursionando en las publicaciones periódicas y cimentando su carrera literaria, aunque inicialmente lo hizo bajo un seudónimo.

El primer matrimonio: Cecilia y Antonio Planells

En 1816, a los 20 años, Cecilia Böhl de Faber contrajo matrimonio con Antonio Planells y Bardaxí, un capitán del ejército destinado a Puerto Rico. El matrimonio fue aprobado en contra de la voluntad de su madre, quien no aprobaba este enlace. Francisca Ruiz de Larrea, su madre, se opuso vehementemente a la unión, y su desaprobación fue un reflejo de las normas y expectativas sociales que veían el matrimonio como una institución esencial para las mujeres, especialmente para aquellas que aspiraban a una vida literaria y pública. A pesar de las reservas de su madre, Cecilia se casó con Planells en marzo de 1816 y viajó con él a Puerto Rico.

Sin embargo, este matrimonio fue breve y estuvo marcado por una tragedia. El joven capitán Antonio Planells falleció a los pocos meses de haber llegado a la isla. Su muerte dejó a Cecilia sola en un territorio lejano, sin familiares ni recursos para enfrentar las dificultades que se le presentaron. Este suceso marcó profundamente la vida de Cecilia Böhl de Faber y, aunque no se ha especificado si la muerte de su marido fue un factor determinante, parece que fue la causa principal por la cual la escritora comenzó a alejarse de la vida pública para refugiarse en su mundo interior, la literatura, y en la creación de una obra que comenzaba a tomar forma. Regresó a Cádiz, donde se reunió con su madre y sus hermanos, y esa etapa de soledad y reflexión fue fundamental para su futura carrera literaria.

El segundo matrimonio: Cecilia y Francisco Ruiz del Arco

En 1822, Cecilia Böhl de Faber contrajo su segundo matrimonio con Francisco Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso, un aristócrata sevillano. Este matrimonio, a diferencia del primero, parecía tener una base más estable. Francisco Ruiz del Arco era un hombre de buena posición social y pertenecía a un entorno político y cultural relevante en Andalucía. La unión fue celebrada en Sevilla, y la pareja se estableció en esta ciudad, lo que permitió a Cecilia integrarse en los círculos intelectuales y culturales de la capital andaluza.

A pesar de la aparente estabilidad que este matrimonio le ofrecía, las circunstancias personales se complicaron cuando Francisco Ruiz del Arco enfermó gravemente de tuberculosis. La enfermedad de su esposo llevó a la pareja a mudarse varias veces en busca de un clima más adecuado para la salud de Francisco, primero a El Puerto de Santa María, luego a Cádiz y, finalmente, a Dos Hermanas, un pequeño municipio en las afueras de Sevilla, donde la pareja se asentó permanentemente en 1823. Esta serie de mudanzas no solo tuvo un impacto en la salud de su esposo, sino que también modificó la vida de Cecilia, quien tuvo que adaptarse a una situación económica y emocional cada vez más incierta. La vida de la escritora en esos años fue marcada por el cuidado de su esposo y por la necesidad de encontrar una fuente de sustento para su familia.

Durante este tiempo, Cecilia Böhl de Faber continuó cultivando su amor por las letras. A pesar de que su vida parecía estar centrada en el cuidado de su marido y en las dificultades de la vida cotidiana, no dejó de escribir. Fue en esta etapa cuando empezó a dar forma a sus primeros relatos y novelas, aunque no con la intención de ganarse la vida como escritora. Su actividad literaria seguía siendo más bien un pasatiempo, un espacio privado en el que se refugiaba de las dificultades de su vida personal. La dedicación a la escritura le permitió también explorar la creación de obras más cercanas a la tradición costumbrista, un género literario que se encontraría con una creciente demanda en los años venideros.

La escritura como medio de sustento

A lo largo de la década de 1820, la situación económica de Cecilia Böhl de Faber se volvió más precaria. La salud de su esposo se deterioraba, y las deudas económicas de la familia aumentaban. Fue en este contexto, en 1835, con la muerte de Francisco Ruiz del Arco, que Cecilia decidió finalmente tomar las riendas de su vida y de su futuro profesional. La viudez de Francisco Ruiz del Arco fue un punto de inflexión, pues liberó a Cecilia de las presiones sociales y familiares que había tenido que afrontar como esposa. Ahora, lejos de las obligaciones que le imponía la sociedad tradicional, se dedicó por completo a su verdadera vocación: la escritura.

En lugar de depender del apoyo de un marido, Cecilia decidió convertirse en escritora profesional, lo que fue un acto de valentía en una época en la que las mujeres literatas aún eran vistas con escepticismo. La pobreza y la necesidad de sobrevivir la llevaron a hacer de la escritura no solo una pasión, sino una forma de subsistencia. Fue entonces cuando comenzó a colaborar en diversas publicaciones periódicas, como La Moda, La Ilustración, El Pensamiento de Valencia y La Razón Católica, entre otras. Estas colaboraciones fueron fundamentales para la autora, pues le permitieron ganar un reconocimiento gradual, aunque limitado, en el mundo literario de la época.

El seudónimo «Fernán Caballero»

Uno de los aspectos más notables de la carrera literaria de Cecilia Böhl de Faber fue su decisión de publicar bajo el seudónimo Fernán Caballero. Este nombre no solo era una estrategia para sortear los prejuicios contra las mujeres escritoras en una época tan conservadora, sino también una manera de proteger su identidad. Cecilia comprendía que ser reconocida como mujer en el mundo literario podría descalificar su obra antes de que fuera leída, por lo que eligió un seudónimo masculino para evitar ser juzgada únicamente por su género. De este modo, su obra comenzó a circular en diversos medios sin que el hecho de que fuera mujer influyera en la recepción de sus textos.

Bajo el nombre de Fernán Caballero, Cecilia Böhl de Faber publicó sus primeras narraciones breves, como La hija del sol (1851) y Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852). En estas obras, la escritora comenzó a consolidar su estilo costumbrista, que reflejaba la vida en Andalucía y las tensiones sociales y políticas de su tiempo. En su obra, Cecilia no solo abordó la realidad cotidiana de las clases populares, sino que también incursionó en temas más profundos relacionados con el papel de la mujer, la moralidad y las contradicciones sociales.

Reconocimiento y consolidación como escritora

La decisión de publicar bajo un seudónimo también fue una táctica inteligente, ya que le permitió sortear los obstáculos y prejuicios de la crítica literaria. En un mundo donde las escritoras eran consideradas, en muchos casos, como aficionadas o intrusas, el hecho de que Fernán Caballero fuera visto como un escritor serio y competente ayudó a darle la legitimidad que necesitaba para seguir publicando y para ganar un público cada vez más amplio. Su obra costumbrista fue bien recibida, y Cecilia Böhl de Faber se fue consolidando, poco a poco, como una de las primeras mujeres que logró ganarse la vida como escritora profesional en España.

A lo largo de los años siguientes, continuó publicando relatos y novelas, como Lucas García (1852) y Clemencia (1852), que le permitieron ganar un lugar destacado en la literatura española del Romanticismo. Sin embargo, no fue hasta la década de 1850 cuando su obra alcanzó la mayor notoriedad. Fue en estos años cuando la crítica comenzó a reconocer la valía de su trabajo, aunque muchos aún desconocían que Fernán Caballero era, de hecho, una mujer.

Pseudónimo y consagración literaria

En el transcurso de su vida, Cecilia Böhl de Faber, bajo el seudónimo de Fernán Caballero, se consolidó como una de las principales figuras de la narrativa costumbrista en España. A través de una carrera marcada por la lucha por su reconocimiento, la autora supo sortear los prejuicios de la sociedad de su tiempo y establecerse como una escritora influyente en el panorama literario del siglo XIX. Fue este mismo siglo, tan cargado de cambios y contrastes, el que le brindó la oportunidad de ver cómo su obra se reconocía, aunque no sin dificultades, como parte fundamental de la literatura española de la época.

El pseudónimo: una estrategia frente a los prejuicios

El uso de un seudónimo masculino fue una de las decisiones más estratégicas de Cecilia Böhl de Faber. En una época en que la literatura era considerada un dominio casi exclusivo de los hombres, las escritoras se enfrentaban a una doble lucha: no solo debían hacer frente a los desafíos creativos, sino también a los prejuicios sociales que consideraban que las mujeres no debían escribir de manera profesional. Cecilia fue consciente de esta realidad, por lo que optó por firmar su obra bajo el nombre de Fernán Caballero. Este seudónimo le permitió escapar de los prejuicios sexistas que dominaban la sociedad literaria y abrir las puertas a un espacio de mayor libertad creativa.

Bajo este seudónimo, Cecilia Böhl de Faber no solo protegía su identidad, sino que también podía presentarse como un escritor serio y comprometido. Fernán Caballero se convirtió en un nombre respetado, especialmente en el campo de la narrativa costumbrista. De hecho, la obra de Cecilia se distinguió precisamente por su capacidad para plasmar las costumbres y tradiciones de la sociedad andaluza, un tema que le permitió captar la atención de los lectores de su tiempo.

La narrativa costumbrista: un estilo único

La literatura costumbrista, que se convirtió en uno de los pilares de la producción literaria de Cecilia Böhl de Faber, es un subgénero que se caracteriza por retratar las costumbres y las tradiciones de una región o sociedad. En este caso, Cecilia supo representar como nadie la vida cotidiana de Andalucía, especialmente en lo que respecta a las clases populares y los aspectos más humanos y cercanos de la sociedad. Sus obras ofrecían una visión nostálgica y, en muchos casos, crítica de los comportamientos sociales, las tensiones familiares y las costumbres de la época.

En este contexto, obras como La hija del sol (1851), Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852) y Lucas García (1852) marcaron el inicio de su carrera literaria profesional. Estas narraciones no solo se convirtieron en referencias dentro del género costumbrista, sino que, además, comenzaron a formar parte de una tradición literaria que abogaba por la representación de lo cotidiano, de los pequeños detalles de la vida, y por dar voz a aquellos que tradicionalmente habían quedado fuera de la narrativa literaria convencional.

Uno de los aspectos que más destaca en la obra de Fernán Caballero es su capacidad para humanizar las historias, dotándolas de un sentido de profundidad emocional. Los personajes que habitan sus relatos son, en su mayoría, personas comunes, atrapadas por las restricciones sociales de su tiempo. A través de sus relatos, Cecilia Böhl de Faber planteó una serie de reflexiones sobre la moral, la religión y el papel de la mujer en la sociedad, temas que trataría de forma recurrente a lo largo de su vida literaria.

Obras clave: de la costumbre a la crítica social

Cecilia Böhl de Faber consiguió una gran notoriedad con la publicación de varias de sus obras, que no solo reflejaban la idiosincrasia de la sociedad andaluza, sino que también eran un vehículo para la crítica social. En La hija del sol (1851), por ejemplo, la autora presenta una historia en la que se profundiza en las contradicciones de la sociedad rural, donde las diferencias de clase y el peso de las tradiciones sociales juegan un papel crucial. Esta obra, además de ser un relato emotivo sobre el amor, la pérdida y la injusticia social, ofrece una visión crítica de las estructuras de poder y de la opresión que sufrían las mujeres en una época tan conservadora.

Otro de los títulos que consolidó su prestigio fue Clemencia (1852), que se caracteriza por ser una obra de transición entre el costumbrismo y una narrativa más introspectiva. En esta novela, Cecilia Böhl de Faber explora las complejas relaciones de amor y sacrificio, reflejando la influencia de la religión en las decisiones personales. Aunque es un relato profundamente moralizante, también muestra la lucha interna de los personajes por encontrar su identidad dentro de los límites impuestos por la sociedad.

Además de estos trabajos, su Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852) y Cuentos y poesías populares andaluzas (1859) tuvieron un impacto significativo, ya que en ellos Cecilia no solo narraba historias de la vida cotidiana, sino que también recopilaba leyendas y relatos orales que consideraba valiosos para la preservación de la cultura popular. La autora, en su empeño por recuperar y difundir el folklore andaluz, ayudó a consolidar una parte del patrimonio cultural español que hoy en día sigue siendo una fuente importante de estudio.

El auge de su carrera y el reconocimiento literario

A medida que Cecilia Böhl de Faber fue consolidando su carrera, el reconocimiento hacia su obra creció. Si bien en sus primeros años como escritora el hecho de ser mujer y firmar bajo un seudónimo supuso un obstáculo para que su trabajo fuera totalmente aceptado, con el paso del tiempo Fernán Caballero adquirió una notoriedad tal que la crítica comenzó a considerarla una de las grandes figuras de la narrativa española del Romanticismo.

La colaboración de Cecilia en diversas revistas literarias como La Ilustración Española y Americana, La Moda, El Pensamiento de Valencia y La Razón Católica permitió que su obra fuera leída por un público amplio. Fue también a través de estas publicaciones que Cecilia logró conectar con otros escritores de su tiempo, como Juan Eugenio de Hartzenbusch, quien la apoyó y la promovió dentro del ámbito literario. El reconocimiento de Hartzenbusch, poeta y dramaturgo, fue crucial para darle visibilidad a Cecilia, ya que fue él quien, al descubrir el talento de la escritora, comenzó a difundir sus trabajos.

El reconocimiento de su obra llegó también por parte de la crítica, aunque no exento de controversias. Las tensiones ideológicas entre los defensores del Romanticismo liberal y los más conservadores, quienes veían en sus relatos una exaltación de los valores tradicionales, dieron lugar a debates sobre la postura ideológica de Fernán Caballero. No obstante, a pesar de estos desacuerdos, Cecilia se mantuvo fiel a sus convicciones y a su estilo narrativo.

La figura de Fernán Caballero: más allá de la literatura

La obra de Fernán Caballero, más que un simple reflejo de la sociedad de su tiempo, es también una ventana a los valores, las contradicciones y los dilemas morales de la época. La autora se convirtió en una figura fundamental para la literatura española, no solo por su talento literario, sino también por su valentía al enfrentarse a las restricciones impuestas a las mujeres en el mundo literario. Al final de su vida, Cecilia Böhl de Faber había logrado crear un legado que trascendería las barreras de su tiempo.

La vida y obra de Fernán Caballero son un testimonio de la capacidad de la literatura para transformar las realidades sociales y culturales, y de la lucha incansable de una mujer por ser escuchada en un mundo literario dominado por hombres.

Crisis personales y nuevas etapas creativas

Los años de madurez de Cecilia Böhl de Faber estuvieron marcados por una serie de crisis personales que, lejos de destruirla, la empujaron a profundizar en su interior y a enfrentar con valentía las adversidades de la vida. La escritora experimentó momentos de gran sufrimiento y pérdida, pero también fue en este período cuando alcanzó nuevas alturas en su carrera literaria, demostrando que la tragedia personal podía convertirse en una fuente de creación artística y reflexión.

La muerte de su segundo esposo y la viudez

La segunda crisis que Cecilia Böhl de Faber enfrentó en su vida fue la muerte de su esposo, Francisco Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso, en 1835. Este trágico suceso significó el final de una etapa en su vida, pues la escritora se vio nuevamente sola y vulnerable, esta vez sin el apoyo de su esposo, quien había sido una figura fundamental en su vida durante más de una década. Francisco Ruiz del Arco había sido una presencia constante en su vida y, pese a las dificultades que la enfermedad de él trajo a la pareja, su relación fue significativa para la estabilidad emocional de Cecilia en esos años.

La pérdida de su segundo esposo la dejó sumida en la reflexión y la soledad, lo que generó en Cecilia una necesidad de encontrar un nuevo propósito. Este periodo de viudez fue crucial en su vida personal y literaria, pues no solo tuvo que lidiar con el dolor emocional, sino que también se vio obligada a enfrentar de nuevo la precariedad económica que había sufrido a lo largo de su vida. La viudez de Francisco Ruiz del Arco no solo fue una tragedia personal, sino también una oportunidad para que Cecilia se replanteara su futuro y decidiera retomar, con renovada energía, su carrera literaria.

Este fue el momento en que la escritora se comprometió plenamente con la escritura, dejándose llevar por el deseo de plasmar en el papel todo lo que había acumulado en sus años de sufrimiento. La profunda conexión que desarrolló con su obra en este momento refleja las emociones complejas que atravesaba y la fuerza con la que se volcó en la creación literaria, como una forma de sobreponerse a la pérdida.

Viaje a Europa y nueva relación amorosa

Después de la muerte de su segundo esposo, Cecilia Böhl de Faber decidió emprender un viaje por Europa, lo que representaba una nueva etapa en su vida. Durante esta etapa, la escritora se embarcó en una relación amorosa con Federico Cuthbert, un hombre con el que había tenido un contacto previo durante su estancia en El Puerto de Santa María. Esta relación, sin embargo, fue de corta duración, ya que Cecilia tuvo que interrumpir su relación con Cuthbert y regresar precipitadamente a España debido a la grave enfermedad de su padre, Juan Nicolás Böhl de Faber, quien falleció en 1836.

El viaje por Europa le brindó a Cecilia una nueva perspectiva sobre la vida y la literatura. La autora, en contacto con diferentes culturas y estilos literarios, comenzó a desarrollar un enfoque más abierto y flexible hacia la creación literaria. Su relación con Federico Cuthbert, aunque breve, la sumió nuevamente en una reflexión profunda sobre el amor, el deseo y la libertad personal, temas que empezaron a ser recurrentes en sus obras posteriores. La separación de Cuthbert, aunque dolorosa, significó también un impulso hacia una nueva independencia emocional y literaria. En este sentido, el viaje europeo y la relación amorosa fallida marcaron un giro importante en la vida de Cecilia, pues no solo la impulsaron a la reflexión personal, sino que también la ayudaron a encontrar un nuevo enfoque para sus escritos.

El tercer matrimonio y la crisis de la identidad

En un giro sorprendente, Cecilia Böhl de Faber contrajo un tercer matrimonio con Antonio Arrom de Ayala, un pintor de Ronda que, como ella, sufría de tuberculosis. A pesar de las tensiones familiares y los prejuicios sociales hacia este tercer matrimonio, que fue considerado escandaloso debido a la diferencia de edad entre los esposos y la precaria situación económica de la pareja, Cecilia se mantuvo firme en su decisión. Este matrimonio, al igual que los anteriores, estuvo marcado por las dificultades económicas, pero también por la inestabilidad emocional de su esposo, quien luchaba contra una enfermedad grave.

Este tercer matrimonio también estuvo plagado de dificultades, pues Antonio Arrom no solo se encontraba afectado por la enfermedad, sino que también atravesaba problemas económicos que, en muchos casos, obligaron a Cecilia a ser la principal fuente de sustento de la familia. A pesar de la precaria situación en la que se encontraba, Cecilia no dudó en utilizar sus propios recursos para enviar a su esposo a Manila, con la esperanza de que el clima tropical mejorara su salud. Este acto de generosidad y sacrificio, que ejemplificaba el amor que Cecilia sentía por su esposo, también reflejaba el arduo trabajo que la escritora tuvo que realizar para mantener su familia.

Sin embargo, el matrimonio con Antonio Arrom de Ayala no fue solo un acto de sacrificio y amor, sino también un reflejo de los desafíos emocionales y psicológicos a los que Cecilia se enfrentaba. La fragilidad de su esposo, combinada con las tensiones que surgían por la precariedad económica, llevó a la escritora a una profunda crisis de identidad, pues se encontró atrapada entre el deber de cuidar a su esposo y la necesidad de encontrar su propio camino dentro del mundo literario.

La escritura como refugio y la consolidación como escritora profesional

Durante los años de su matrimonio con Antonio Arrom, Cecilia Böhl de Faber continuó desarrollando su carrera literaria. Sin embargo, el constante desgaste emocional y las dificultades económicas la llevaron a una nueva crisis creativa. A pesar de todo, fue en este periodo cuando la autora decidió dar un paso crucial hacia la consolidación de su carrera literaria como escritora profesional. Aunque ya había escrito obras en el pasado, fue durante este tiempo cuando comenzó a publicarlas de manera más sistemática y en medios de mayor renombre, como revistas y periódicos de ámbito nacional. La necesidad de sostener a su familia a través de la escritura impulsó a Cecilia a convertirse en una escritora profesional de pleno derecho.

Fue en este contexto que surgieron algunas de sus obras más significativas, como La gaviota (1856), que se considera la culminación de su estilo costumbrista. La gaviota es considerada por muchos críticos como su obra maestra, pues en ella se refleja la complejidad de las relaciones humanas, las luchas emocionales y las contradicciones sociales de la época. A través de este relato, Cecilia Böhl de Faber dio voz a los problemas más profundos de la sociedad española, incluyendo los conflictos familiares, el amor no correspondido y la lucha por la autonomía personal.

La publicación de La gaviota marcó un antes y un después en la carrera de Cecilia Böhl de Faber. No solo consolidó su figura como escritora profesional, sino que también la ayudó a ganar el reconocimiento que tanto había buscado a lo largo de los años. La crítica literaria, que inicialmente había sido reacia a aceptarla, empezó a valorarla como una de las grandes narradoras de su tiempo. A través de sus obras, Cecilia no solo abordó los problemas sociales, sino también los aspectos más íntimos y personales de la vida humana.

La muerte de Antonio Arrom y el regreso a la soledad

Sin embargo, poco tiempo después de la publicación de La gaviota, la vida de Cecilia Böhl de Faber sufrió otro golpe devastador: Antonio Arrom se suicidó en 1859, dejándola nuevamente viuda. Este trágico episodio marcó el final de la vida sentimental de Cecilia, quien ya había experimentado demasiadas pérdidas a lo largo de su vida. La muerte de su tercer esposo dejó a la escritora sumida en una profunda tristeza, pero también fue una oportunidad para centrarse aún más en su obra.

A partir de este momento, Cecilia Böhl de Faber se dedicó por completo a la escritura, sin dejarse desviar por las circunstancias emocionales. Aunque su vida personal fue extremadamente difícil, su legado literario fue el resultado de su determinación y su talento inquebrantable. La escritura se convirtió en su único refugio, y fue a través de ella que encontró consuelo y una forma de seguir adelante.

Últimos años y legado literario

Los últimos años de Cecilia Böhl de Faber, a pesar de las múltiples dificultades que enfrentó, fueron también los de un legado literario que perduraría mucho más allá de su muerte. Al final de su vida, la escritora vivió varios momentos de tristeza y penuria, pero también experimentó un reconocimiento tardío y un nivel de consuelo derivado de su contribución al mundo literario. Fernán Caballero, seudónimo que ocultaba la identidad de una mujer talentosa y luchadora, se consolidó como una figura esencial en la narrativa española, especialmente dentro del contexto del Romanticismo y la novela costumbrista.

El impacto de La Gloriosa y los últimos cambios en su vida

En 1868, la Revolución de La Gloriosa, que derrocó a Isabel II, marcó el comienzo de una nueva etapa política en España. La caída de la monarquía tuvo efectos no solo en la estructura política, sino también en las vidas de los ciudadanos comunes, especialmente aquellos que vivían en la periferia de la élite social. Cecilia Böhl de Faber, que hasta ese momento había residido en un inmueble cedido por la reina Isabel II en el Alcázar de Sevilla, se vio afectada por estos cambios. La nueva situación política llevó a que el Alcázar fuera puesto a la venta por las nuevas autoridades republicanas, obligando a Cecilia a mudarse a una vivienda más modesta. Esta situación fue otro golpe a su estabilidad emocional y material, pues, a pesar de la longevidad que le quedaba, se encontró sola, sin los recursos económicos con los que había contado en su juventud.

El impacto de los cambios en la estructura política también hizo que Cecilia Böhl de Faber se sintiera algo desplazada, aunque nunca dejó de escribir ni de colaborar con las publicaciones periódicas de la época. En sus últimos años, la escritora se sumió en una creciente pobreza y aislamiento, pero nunca perdió el contacto con el mundo literario. Los duques de Montpensier, en un acto de generosidad, le ofrecieron amparo y ayuda durante estos años difíciles. En ellos, Cecilia halló consuelo en su amistad y apoyo, al tiempo que pudo continuar su dedicación a la escritura.

La visita de Isabel II y el reconocimiento tardío

Una de las anécdotas más significativas de los últimos años de Cecilia Böhl de Faber fue la visita que recibió de la propia Isabel II en 1877. En uno de sus breves retornos a España, la reina visitó a Cecilia en su hogar sevillano, y la escritora tuvo el honor de recibir la visita de la monarca, quien la saludó con gran cordialidad. Además de este gesto de reconocimiento real, Cecilia también disfrutó de la amistad de la infanta Luisa Fernanda, quien, además de la cortesía, le brindó compañía durante los últimos años de su vida.

Este acto de reconocimiento por parte de Isabel II y la atención de la infanta Luisa Fernanda demostraron que, finalmente, Cecilia Böhl de Faber estaba alcanzando el reconocimiento que tanto había deseado durante sus años de lucha literaria. Sin embargo, este reconocimiento llegó cuando su salud ya estaba bastante deteriorada, y la escritora, aunque todavía activa en su labor creativa, estaba consciente de que sus días estaban contados. Fue entonces cuando su trabajo pasó a ser reconocido no solo en los círculos literarios, sino también en los círculos reales, una recompensa a su incansable esfuerzo y a su resistencia frente a las adversidades de la vida.

Muerte y legado literario

En los primeros días de la primavera de 1877, Cecilia Böhl de Faber falleció en su hogar de Sevilla a los 80 años, dejando tras de sí una obra literaria significativa que marcó un hito en la narrativa española del siglo XIX. Fernán Caballero, bajo cuyo seudónimo había publicado una vasta cantidad de relatos costumbristas, novelas y estudios de la cultura popular andaluza, se convirtió en un símbolo de la narrativa femenina de la época. Aunque en vida no fue completamente reconocida, la crítica posterior valoró profundamente su obra y la consideró una de las grandes voces del Romanticismo español, especialmente en lo que respecta al tratamiento de la vida cotidiana y los conflictos sociales en Andalucía.

La muerte de Cecilia Böhl de Faber marcó el final de una vida compleja y llena de pruebas, pero también el cierre de una etapa de oro en la literatura española, en la que las escritoras comenzaron a ganarse un lugar destacado en el escenario literario. Su obra literaria se convirtió en un referente para generaciones posteriores, y su legado perduró gracias a las voces críticas que reivindicaron su figura como una de las precursoras de la narrativa costumbrista y de la escritura femenina en España.

La recuperación del folklore y la obra de Fernán Caballero

Uno de los aspectos más destacables del legado de Cecilia Böhl de Faber es su trabajo de recopilación y difusión del folklore andaluz, el cual quedó reflejado en títulos como Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852) y Cuentos y poesías populares andaluzas (1859). A través de estos textos, Cecilia contribuyó significativamente a la preservación de las tradiciones orales y los relatos populares que, de otro modo, podrían haberse perdido en el tiempo. Su pasión por la cultura popular no solo se reflejó en su obra narrativa, sino también en sus ensayos y recopilaciones, que dieron a conocer las leyendas y costumbres de Andalucía en un momento en que la cultura popular era aún vista con cierto desdén por parte de la élite intelectual.

Su trabajo en la recopilación de cuentos, refranes y poesías populares se convirtió en una de las principales contribuciones de Cecilia Böhl de Faber a la literatura española. Gracias a su esfuerzo, se preservaron muchos de los elementos culturales que más tarde serían fundamentales para la comprensión de la tradición literaria española, y su nombre quedó ligado para siempre al estudio y la difusión del folklore andaluz.

El impacto posthumous

Aunque Cecilia Böhl de Faber no fue completamente reconocida en vida, especialmente por su condición de mujer en una sociedad literaria dominada por hombres, su legado creció significativamente después de su muerte. Fue la crítica y la academia quienes, a lo largo del tiempo, comenzaron a ver en ella una de las voces más representativas del Romanticismo español. Su capacidad para combinar el costumbrismo con la reflexión social la convirtió en una figura clave en la evolución de la literatura española, particularmente en lo que respecta al papel de la mujer en la literatura y en la creación literaria profesional.

Además, su obra fue una fuente de inspiración para generaciones de escritoras y escritores que se sintieron impulsados por su ejemplo y su lucha por hacer valer su voz en un contexto que no favorecía a las mujeres. De este modo, Cecilia Böhl de Faber, bajo su seudónimo Fernán Caballero, se consolidó como una de las pioneras de la narrativa femenina en España, un logro que resonaría a lo largo del tiempo y que le aseguraría un lugar en la historia de la literatura.

La lucha por ser escuchada

Cecilia Böhl de Faber fue, a pesar de los innumerables obstáculos que enfrentó a lo largo de su vida, una escritora excepcional que logró dejar una huella perdurable en la literatura española. A través de su pseudónimo Fernán Caballero, Cecilia no solo desafió las convenciones sociales de su época, sino que también luchó por un espacio en un mundo literario dominado por hombres. Su legado, tanto como escritora como pionera de la narrativa costumbrista y folklórica, sigue vivo hoy en día, recordándonos la importancia de la perseverancia, la valentía y la pasión por las letras.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Cecilia Böhl de Faber (1796–1877): Pionera de la Narrativa Costumbrista y Folklórica Española". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/bohl-de-faber-cecilia [consulta: 4 de febrero de 2026].