A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z
PeriodismoLiteraturaFilologíaBiografía

Barreto, Mariano (1856-1927).

Poeta, ensayista, filólogo, jurista y periodista nicaragüense, nacido en León (capital del departamento homónimo) en 1856 y fallecido en su ciudad natal en 1927. Figura destacada del Romanticismo tardío en las Letras centroamericanas, combatió con ardor, en sus ensayos y artículos periodísticos, el oscurantismo, el clericalismo ortodoxo y el autoritarismo político dictatorial; y, en su condición de eminente filólogo, se erigió en uno de los grandes defensores de la lengua castellana (frente al preocupante avance del francés en las antiguas colonias hispanas).

Hombre de vasta formación cultural y e innata vocación literaria, recibió desde niño una esmerada educación humanística que le permitió, ya en plena juventud, alcanzar el grado de doctor en Leyes en la Universidad de León. A lo largo de toda su vida, el fecundo y bullicioso humanista liberal que fue Mariano Barreto desplegó una infatigable labor de desarrollo y promoción cultural de Nicaragua, que le llevó, entre otras iniciativas, a impulsar la fundación del Ateneo Nicaragüense; a editar la célebre Revista Literaria, Científica y de Conocimientos Útiles (1888), publicación en la que tuvieron cabida los versos y las crónicas numerosos autores nicaragüenses de finales del siglo XIX; y a colaborar asiduamente en los principales rotativos y revistas de su nación.

En esta faceta suya de periodista y animador cultural, Barreto sobresalió por los numerosos artículos que dejó estampados entre las páginas del diario La Patria, donde arremetió sañudamente contra quienes ostentaban el poder desde las posturas más reaccionarias e inmovilistas, tanto civiles como religiosas o militares. Artículos de semejante índole difundió en otros medios de comunicación de su época, como Los Nuevos Tiempos y Revista de Nicaragua; y sufrió por ello la inquina y la persecución de los poderosos, que llegaron a forzar su encarcelamiento y, en otra ocasión, su salida apresurada del país centroamericano, rumbo al exilio. Un buen ejemplo de las convulsiones que creaba con sus críticas de severo librepensador fue la agria polémica que mantuvo con Monseñor Tijerino, Obispo de la diócesis de León, quien se sintió seriamente agraviado por los folletos anticatólicos publicados por Barreto; y hasta tal punto creyó ver en el humanista leonés la quintaesencia del liberalismo anticlerical decimonónico, que llegó a organizar, en su ciudad natal, una procesión de desagravia a la Iglesia católica que tenía como objetivo primordial pasar por delante de la casa de Barreto y señalar a los fieles el lugar donde anidaban las fuerzas del mal.

Pero, más allá de los temores irracionales del iracundo prelado, lo cierto es que Mariano Barreto no arremetió, sin más, contra la Iglesia católica; sus críticas a ésta formaban parte de un proyecto mucho más amplio y ambicioso, que perseguía la eliminación del oscurantismo, la superstición y la irracionalidad, en aras de un racionalismo humanista basado en firmes convicciones de la moral civil. Ello explica que, al analizar con la perspectiva del tiempo el conjunto de su escritos y su pensamiento, Barreto haya de ser encuadrado en la categoría de los autores heterodoxos, aunque siempre dentro de una sincera coherencia que confiere hondura e integridad a todos sus textos. Así, v. gr., para no salirse de esta línea coherente, en materia política arremetió, con audacia y sin titubeos, contra la dictadura del general José Santos Zelaya, y se mostró radicalmente opuesto a la intervención de los Estados Unidos en la política interna de Nicaragua (intervención que, iniciada en 1909 con el beneplácito de Zelaya, habría de prolongarse infamemente hasta 1932). Lógicamente, los gobiernos de turno decretaron penas de cárcel y destierro para el arisco e íntegro intelectual leonés.

En su condición de poeta, Mariano Barreto fue, sorprendentemente, mucho más conservador (siquiera en lo que a las formas y al estilo se refiere). Admirador confeso de los románticos españoles -y, de forma muy señalada, del populismo patriótico de Zorrilla y el sentimentalismo sencillo y depurado de Campoamor-, compuso una obra de suma simpleza formal, compuesta por poemas cantables (el propio Barreto los llamó cantares) de inspiración regional. Al igual que el citado Campoamor, alcanzó gran popularidad entres sus coetáneos por algunos de estos cantares de innegable apego -a pesar de su sabor regionalista- a la tradición española, entre los que resulta forzoso destacar su pieza más célebre, "La confesión", que bien podría pasar inadvertido en cualquier edición de los versos del creador de las doloras, ternezas, humoradas y pequeños poemas: "-Dime: ¿has amado, criatura? / -Amo, señor, con locura, / con ardiente frenesí; / amo a un hombre que ha jurado / a mis pies arrodillado / quererme tan solo a mí. / Le amo, señor, porque un día, / lejos de la patria mía, / fue consuelo en mi dolor; / porque sus manos queridas / vertieron en mis heridas / el perfume de su amor. / ¿He pecado, señor cura? / -No has pecado, no, criatura, / que no es pecado el amor [...]".

El ardor patriótico también vibra con ecos decimonónicos en los inflamados versos de Manuel Barreto, uno de los primeros vates americanos que exaltaron, con su estro, la figura de Simón Bolívar (1783-1830): "Cuando Bolívar levanta / su bandera triunfadora, / la España un tiempo opresora / besa de hinojos su planta". Sin embargo, este furor americanista y nacionalista, tan justificado en un tiempo en el que el poderoso vecino de América del Norte aspiraba a hacerse con el domino de toda Centroamérica, da paso a una encendida defensa de la tradición española cuando se trata de asumir -como ya se ha visto más arriba- su legado literario y, sobre todo, su riquísima herencia lingüística.

En efecto, en su faceta de eminente filólogo Mariano Barreto asumió sin dudarlo las propuestas del eximio humanista colombiano Rufino José Cuervo, que, en sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano (Bogotá, 1867-1872), denunciaba la invasión de galicismos y otros vocablos espurios que corrompían la lengua española. Barreto, junto a su paisano el historiador Alfonso Ayón (1858-1944), se erigió en el gran defensor, en Nicaragua, de la pureza de la lengua castellana, amenazada -según su propia opinión- por la escasa o nula atención prestada por las autoridades a la enseñanza de la lengua materna en la escuela.

Emprendió, así, el esforzado Barreto una campaña personal de lucha contra las incorrecciones, solecismos, prevaricaciones y demás vicios y defectos lingüísticos que deturpaban el habla y la escritura en los jóvenes y las clases populares. Detectó la frecuencia e importancia de estos errores, rastreó su procedencia y se propuso eliminarlos por medio de la educación sencilla y amena. Fue así como fueron surgiendo algunas de sus obras más célebres -o, al menos, las que con mayor interés se recuerdan en nuestros días-, como las tituladas Vicios de nuestro lenguaje (León, 1893), Ejercicios ortográficos (León, 1900) e Idioma y Letras (León, 1903-1904, 2 vols.). En ellas, Mariano Barreto puso en práctica un eficaz método pedagógico, consistente en la exposición clara y sencilla de los aspectos teóricos, acompañada por una serie de ejercicios prácticos en los que el lector podía poner a prueba los saberes adquiridos tras la lectura de dicha parte teórica.

Al margen de esta interesante labor en el campo de la lengua y la defensa de la pureza del idioma, cabe destacara también dos publicaciones de Barreto que recogen sus ensayos y artículos de contenido político, ideológico y moral. Se trata de Política, religión y arte (León, 1921-1923, 3 vols.) y Prosas de combate (León, 1925).

Bibliografía

  • ARELLANO, Jorge Eduardo. "Bibliografía analítica de Mariano Barreto", en Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (Managua), nº 15 (1977), págs. 85-90.

  • FIALLOS GIL, Mariano. "Mariano Barreto y su época", en Cuadernos Universitarios (León), nº 21 (1962), págs. 3-4.

Autor

  • J. R. Fernández de Cano.