Juan José Arrom González (1910–2007): Arquitecto del pensamiento cultural antillano y defensor de las raíces americanas

Contexto de origen y formación intelectual

Entorno histórico y social de su nacimiento en Holguín

Juan José Arrom González nació el 28 de febrero de 1910 en Holguín, una ciudad del oriente cubano que en ese tiempo era un centro de vitalidad cultural, aunque aún lejos de los grandes focos intelectuales de la isla como La Habana. Cuba se encontraba entonces en una etapa crítica de consolidación republicana tras su independencia de España en 1898 y la posterior ocupación estadounidense. En esa Cuba aún marcada por el trauma colonial y en medio de los desafíos de una república joven, surgían voces y movimientos que buscaban definir una identidad cultural nacional.

En este contexto, Holguín ofrecía un entorno propicio para la formación de sensibilidades literarias e intelectuales, con una mezcla de tradición hispánica, religiosidad popular y un incipiente nacionalismo cultural. Las influencias afroantillanas, indígenas y españolas convivían en las prácticas cotidianas, los mitos locales y el lenguaje. Este entorno profundamente mestizo dejaría una huella indeleble en la visión cultural y académica que más tarde cultivaría Arrom.

Orígenes familiares y primeras influencias

Los orígenes familiares de Juan José Arrom no fueron detalladamente expuestos en sus biografías oficiales, pero se sabe que creció en un ambiente que valoraba la educación y las humanidades. Su vocación humanística emergió desde muy joven, probablemente alentada por lecturas tempranas, la vida parroquial local y el contacto con maestros que detectaron su sensibilidad intelectual. La formación clásica, tan característica de la educación cubana de la época, sentó las bases para su posterior interés por la literatura, la mitología y la historia cultural.

Holguín, aunque alejada del centro político de la isla, ofrecía oportunidades de educación básica sólida. En su juventud, Arrom desarrolló una afinidad por el estudio del idioma, la literatura y el arte, que se consolidaría más adelante cuando accediera a estudios superiores. Es muy probable que también haya sido influenciado por el espíritu martiano, omnipresente en la educación cubana posindependentista, y por los debates culturales sobre lo nacional y lo universal.

Formación académica en Cuba y transición a Yale

Tras completar su formación inicial en Cuba en el área de Letras y Humanidades, Juan José Arrom se trasladó a los Estados Unidos, donde su vida académica adquiriría un giro definitivo. En 1937, obtuvo el título de Bachelor of Arts por la Universidad de Yale, una de las instituciones más prestigiosas del país y del mundo. Allí comenzó una trayectoria académica extraordinariamente fructífera, que lo llevó a recibir en esa misma universidad los títulos de Master of Arts (1940) y Doctor in Philosophy (1941).

La experiencia de Arrom en Yale no solo consolidó su formación académica, sino que también lo puso en contacto con un ambiente de rigurosidad metodológica, investigación de alto nivel y acceso a vastos recursos bibliográficos. La interacción con académicos norteamericanos y con la diáspora intelectual latinoamericana que encontraba refugio en centros académicos de EE. UU., ayudó a formar su perspectiva transnacional sobre el estudio de la cultura hispanoamericana.

Vocación docente e ingreso a la vida universitaria

Inmediatamente después de completar su doctorado, Juan José Arrom se integró como docente a la misma universidad que lo había formado, desempeñándose como profesor de Lengua y Literatura española e hispanoamericana en Yale. Esta posición, que mantendría de forma ininterrumpida durante décadas, no solo le dio estabilidad institucional, sino también la oportunidad de construir una obra intelectual de largo aliento. Arrom no fue solo un investigador académico, sino un maestro apasionado, reconocido por su claridad didáctica y su entrega pedagógica.

Con el tiempo, alcanzó el cargo de director de Estudios Graduados en Español, desde donde promovió nuevas líneas de investigación en literatura colonial, estudios lingüísticos y crítica literaria hispanoamericana. Desde Yale, Arrom fue formador de generaciones de estudiantes, muchos de los cuales se convertirían en importantes académicos. En este proceso, desarrolló una profunda convicción sobre el papel del intelectual como puente entre culturas y como custodio del legado histórico.

Primeros intereses intelectuales y líneas de investigación

Durante las décadas iniciales de su carrera, Juan José Arrom comenzó a perfilar las líneas centrales que definirían su obra: la recuperación del patrimonio literario y cultural de Cuba, el análisis del teatro colonial, la lexicografía indígena y la mitología antillana. Uno de sus primeros logros intelectuales fue la publicación, en 1944, de Historia de la literatura dramática cubana, una obra pionera que colocó el estudio del teatro cubano en el mapa académico internacional.

Este temprano interés por la dramaturgia no respondía únicamente a una inquietud estética, sino también a un deseo de restaurar la memoria histórica de las Antillas, muchas veces relegada o distorsionada por las interpretaciones eurocéntricas. Arrom veía en el teatro una herramienta para comprender los procesos sociales, religiosos y políticos del pasado, y por eso se dedicó con meticulosidad a rescatar textos olvidados, analizar su contexto y proponer nuevas clasificaciones.

También en estos primeros años mostró un enfoque metodológico original: aplicó criterios filológicos rigurosos, pero también introdujo elementos de análisis simbólico, histórico y cultural. Su trabajo con las raíces lingüísticas arawacas, por ejemplo, respondía a una necesidad de comprender el substrato autóctono de la cultura antillana. No era solo un académico aislado, sino un intelectual comprometido con la recuperación de una identidad plural y profundamente mestiza.

Desde este momento, Arrom empezó a participar en congresos internacionales, publicó en revistas especializadas de todo el continente y se vinculó con redes de intelectuales interesados en el rescate y la reinterpretación del legado americano. Entre ellos, halló interlocutores clave y también críticos, ya que algunas de sus clasificaciones —como la que propuso para el teatro colonial— desafiaban las categorías tradicionales y provocaban debates encendidos.

La etapa formativa de Juan José Arrom, que abarca desde su infancia en Cuba hasta sus primeras publicaciones y consolidación académica en Yale, dejó ya ver los rasgos distintivos de su trayectoria posterior: una visión transnacional, un compromiso con la memoria cultural de América, y una profunda convicción sobre la centralidad del lenguaje, la mitología y la literatura como vehículos de identidad. Esta base lo preparó para desplegar, en las siguientes décadas, una de las obras más sólidas y originales del pensamiento crítico hispanoamericano del siglo XX.

Consagración académica y legado literario

Trayectoria profesional en Yale y otros centros

Durante más de cuatro décadas, Juan José Arrom desarrolló una intensa y fructífera labor académica en la Universidad de Yale, consolidándose como una figura central en los estudios hispanoamericanos en los Estados Unidos. Como profesor de Lengua y Literatura Española e Hispanoamericana, y posteriormente como director de Estudios Graduados en Español, Arrom no solo se dedicó a la docencia de alto nivel, sino que también promovió una reconfiguración de los planes de estudio que integrara una perspectiva más latinoamericana, plural y crítica.

Además de su desempeño en Yale, Arrom tuvo una presencia constante en otras instituciones de prestigio internacional. Fue profesor invitado en la Universidad de La Habana, donde impartió clases en los Cursos de Verano, reforzando el vínculo entre la academia cubana y la diáspora intelectual. En Colombia, trabajó en el Instituto Caro y Cuervo en 1960, uno de los centros más relevantes para la lingüística y la filología en América Latina. También fue profesor visitante en la Universidad de Arizona durante el ciclo académico 1961-1962.

Arrom participó activamente como conferencista en numerosos congresos internacionales celebrados en Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, España y Estados Unidos, lo que evidencia el amplio reconocimiento de su obra en distintas latitudes. En cada uno de estos espacios, su voz representó una defensa del rigor académico y de la necesidad de explorar las raíces culturales de América desde una óptica integradora y descolonizadora.

Producción intelectual: crítica, lexicografía y teatro

La obra de Juan José Arrom es notable por su diversidad temática y por su profundidad metodológica. Uno de sus primeros grandes aportes fue el libro Historia de la literatura dramática cubana (Nueva York, 1944), texto que estableció los fundamentos para el estudio serio del teatro cubano desde la Colonia hasta el siglo XX. Esta obra reveló una sensibilidad crítica orientada no solo a clasificar autores y obras, sino también a interpretar los contextos sociales, lingüísticos y culturales en los que esas producciones se inscribían.

Arrom también realizó una labor esencial como editor crítico, destacándose su edición de El príncipe jardinero y fingido Cloridiano (1951), de Santiago Pita, considerada la primera comedia escrita en Cuba. Esta publicación no solo rescató un texto olvidado, sino que lo contextualizó dentro de una tradición más amplia del teatro antillano y colonial. En El teatro de Hispanoamérica en la época colonial (1956), Arrom propuso una clasificación tripartita de las expresiones teatrales del Nuevo Mundo: teatro misionero, teatro criollo y teatro escolar, un modelo interpretativo que generó debates y sigue siendo referencia obligada en estudios teatrales.

En el ámbito de la lexicografía, Arrom se convirtió en un pionero de los estudios sobre las lenguas indígenas del Caribe, especialmente las raíces lingüísticas arawacas. Su obra Estudios de lexicología antillana (Puerto Rico, 2000) recoge décadas de investigación sobre los términos y estructuras que sobreviven de las lenguas amerindias en el español antillano. Este trabajo no solo aporta datos filológicos, sino que es también una exploración de las huellas mentales y culturales de los pueblos originarios, como él mismo expresó al afirmar que a través de esas palabras “acaso todavía podamos vislumbrar algunos de los procesos mentales de los aborígenes antillanos”.

Estudios mitológicos y cultura prehispánica

Otro eje fundamental en la obra de Arrom fue el estudio de la mitología indígena americana, con especial atención a las Antillas. En libros como Certidumbre de América (1959) y Mitología y artes prehispánicas de las Antillas (1975), Arrom exploró los mitos fundacionales, símbolos sagrados y sistemas de creencias de los pueblos taínos y arawacos, revelando sus resonancias en la cultura contemporánea del Caribe.

Arrom defendía que las cosmovisiones antiguas no debían ser vistas como simples curiosidades etnográficas, sino como claves para entender las creencias religiosas, los rituales populares y las formas artísticas del presente. En su análisis de la figura del ser supremo entre los taínos, por ejemplo, se observa una metodología que combina la filología, la antropología y la filosofía, en una búsqueda por comprender la lógica interna de los sistemas simbólicos originarios.

Relaciones intelectuales e impacto en el pensamiento hispanoamericano

Arrom mantuvo relaciones intelectuales profundas con muchos de los grandes escritores e intelectuales de su época. Se destacan sus estudios sobre José Martí, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y José Lezama Lima, autores con quienes compartía no solo la nacionalidad cubana, sino también una preocupación común por la identidad cultural latinoamericana. Sus ensayos sobre ellos fueron recogidos en Estudios de literatura hispanoamericana (1950) y Imaginación del Nuevo Mundo (1989).

No obstante, la relación de Arrom con estos autores no fue meramente afectiva o nacionalista: su crítica fue rigurosa, y sus análisis buscaron siempre situar sus obras dentro de marcos más amplios, donde la historia, la política y la mitología se entrecruzaban. Su influencia se sintió también en las generaciones de estudiosos que, bajo su orientación o influencia, comenzaron a replantear las categorías tradicionales de la crítica literaria hispanoamericana.

Arrom fue miembro de múltiples instituciones académicas de prestigio, entre ellas la Academia Cubana de la Lengua, la Connecticut Academy of Arts and Sciences, la Real Academia de Córdoba y el Ateneo Americano de Washington. Estos reconocimientos reflejan la proyección internacional de su pensamiento y su condición de puente entre la tradición hispánica y la modernidad crítica norteamericana.

Propuestas teóricas innovadoras y recepción crítica

Entre sus propuestas teóricas más importantes se encuentra el libro Esquema general de las letras hispanoamericanas: ensayo de un método (1963), donde Arrom propone una nueva periodización de la literatura hispanoamericana desde 1504 hasta 1954. Este estudio rompió con los esquemas tradicionales eurocéntricos y propuso una lectura más matizada, que incluía géneros marginales, autores poco conocidos y contextos sociales como criterios de análisis.

El método propuesto por Arrom fue recibido con interés y polémica: algunos críticos lo celebraron como una revolución metodológica, mientras que otros cuestionaron sus divisiones cronológicas o su énfasis en ciertos autores. A pesar de ello, el libro se convirtió en una obra de consulta fundamental en departamentos de literatura y fue traducido y debatido en numerosos foros académicos.

Arrom también contribuyó a consolidar la narrativa de protesta como categoría crítica, a partir de sus estudios sobre Bartolomé de Las Casas, a quien consideraba el iniciador de esa tradición. En este sentido, su trabajo fue precursor de enfoques que más tarde adoptarían los estudios postcoloniales y la crítica descolonizadora, anticipando debates contemporáneos sobre la representación del otro y la violencia colonial.

La segunda parte de su vida profesional estuvo marcada por la madurez intelectual, el reconocimiento institucional y la proyección de su obra más allá del ámbito académico. Sin embargo, Arrom nunca dejó de investigar, enseñar y publicar. Su legado se fue consolidando como una de las voces más originales y sólidas de la crítica cultural hispanoamericana del siglo XX.

Reconocimiento, herencia cultural e influencia duradera

Últimos años en Estados Unidos y homenaje en vida

En las décadas finales de su vida, Juan José Arrom permaneció en Estados Unidos, donde continuó activo intelectual y académicamente hasta sus últimos años. Falleció el 25 de abril de 2007 en Connecticut, estado donde había establecido su residencia desde hacía muchos años, vinculado ininterrumpidamente a la Universidad de Yale. Aunque vivió gran parte de su vida fuera de Cuba, su obra estuvo profundamente arraigada en la cultura de su país natal y del Caribe hispano en general.

En vida, Arrom fue objeto de numerosos homenajes y distinciones. Instituciones académicas, asociaciones culturales y universidades de América y Europa reconocieron su legado con premios, publicaciones conmemorativas y simposios en su honor. Fue considerado un maestro entre maestros, tanto por su erudición como por su generosidad intelectual. A pesar de su retiro formal de la docencia activa, continuó publicando, revisando ediciones críticas y participando como consejero académico en diversas iniciativas editoriales y culturales.

Proyección internacional de su obra

La obra de Arrom alcanzó una proyección internacional notable, tanto en el mundo hispanohablante como en el ámbito académico anglosajón. Sus libros y ensayos fueron difundidos en editoriales y revistas especializadas de Cuba, México, Venezuela, Colombia, España, Reino Unido y Estados Unidos, consolidando su reputación como uno de los grandes humanistas de su tiempo.

Entre las publicaciones donde colaboró destacan Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras, Revista Bimestre Cubana, Revista Cubana, Islas, Universidad de La Habana, Vida Hispánica, Thesaurus, Revista Nacional de Cultura, The Romanic Review y Revista Iberoamericana. Esta diversidad de publicaciones demuestra no solo la amplitud temática de su obra, sino también su capacidad para dialogar con distintas tradiciones críticas y adaptarse a diferentes contextos académicos.

Sus estudios sobre el teatro colonial, la mitología taína, la lexicografía antillana y la literatura de protesta se convirtieron en textos de referencia obligada, utilizados por investigadores, docentes y estudiantes en universidades de todo el mundo. La segunda edición ampliada de Estudios de lexicología antillana (2000) y la revalorización de Mitología y artes prehispánicas de las Antillas muestran cómo su pensamiento seguía evolucionando incluso en los últimos años de su vida.

Revaloración historiográfica y legado

Tras su muerte, el legado de Juan José Arrom ha sido objeto de renovadas evaluaciones historiográficas, que han tendido a destacar su papel fundacional en el estudio de la identidad cultural americana. Muchos estudiosos han subrayado su capacidad para articular un enfoque crítico que combinaba la rigurosidad filológica con una sensibilidad cultural profunda, superando dicotomías como lo popular vs. lo culto, lo europeo vs. lo indígena.

Las nuevas generaciones de investigadores han redescubierto en su obra claves metodológicas valiosas para el análisis de textos coloniales, la reconstrucción de mitos indígenas y la interpretación simbólica del arte antillano. También ha sido revalorizada su capacidad para conectar distintos niveles de análisis: desde la palabra hasta la estructura simbólica; desde el texto hasta la visión del mundo que lo sustenta.

Obras como Imaginación del Nuevo Mundo (1989) han sido leídas con nuevos ojos, especialmente por corrientes críticas interesadas en los procesos de representación del otro, la configuración de lo criollo y las narrativas fundacionales. Arrom ha sido incluido en estudios comparativos con otros grandes intelectuales del siglo XX, como Antonio Cornejo Polar, Beatriz Pastor, Ángel Rama y Roberto González Echevarría.

Aportes fundamentales a la identidad cultural antillana

Uno de los legados más trascendentes de Arrom fue su insistencia en reconocer la complejidad y riqueza de la identidad antillana. Desde sus estudios sobre la poesía afrocubana hasta sus indagaciones en la mitología indígena, Arrom defendió la idea de que la cultura del Caribe es resultado de un entrecruzamiento histórico, lingüístico y simbólico que no puede reducirse a una sola genealogía.

En este sentido, su trabajo sobre la figura de la Virgen del Cobre, donde examina la dimensión sincrética entre la religión católica y las creencias africanas e indígenas, constituye un ejemplo paradigmático de su enfoque integrador. Del mismo modo, su interpretación de los mitos taínos revela una convicción profunda: que los pueblos del Caribe no han perdido sus raíces originarias, sino que estas siguen vivas en formas simbólicas, en el lenguaje cotidiano, en los rituales y en la memoria colectiva.

Además, su libro Historia y sentido del nombre de Cuba (1964) expone cómo el análisis lingüístico puede servir para desentrañar procesos históricos y culturales profundos, devolviendo al lector una comprensión más rica y plural del concepto de nación. Arrom entendía que el lenguaje no solo describe el mundo, sino que lo construye y lo articula simbólicamente.

Síntesis narrativa del impacto de su vida y obra

Juan José Arrom González fue un intelectual de frontera, en el mejor sentido del término: cruzó lenguajes, disciplinas, geografías y épocas para construir una visión compleja y coherente del Caribe hispano. Fue, sin duda, uno de los más importantes mediadores culturales del siglo XX, y su vida constituye un ejemplo de cómo el compromiso con la cultura puede generar transformaciones duraderas.

Como ensayista, historiador, lingüista y crítico, Arrom no buscó imponer una verdad única, sino ofrecer herramientas para la comprensión, métodos para la reconstrucción de memorias culturales y modelos para el análisis crítico. Su obra no se limita a la descripción erudita, sino que está animada por una ética de la responsabilidad intelectual: una preocupación constante por cómo narramos la historia, cómo damos sentido al pasado y cómo proyectamos una identidad colectiva.

A través de sus libros, ediciones críticas, conferencias y clases, Juan José Arrom dejó una herencia que sigue viva no solo en las bibliotecas y aulas, sino también en el modo en que pensamos América desde América. Su figura representa una invitación permanente a mirar el continente con ojos propios, reconociendo la profundidad de sus raíces y la riqueza de sus imaginaciones. En un tiempo donde el diálogo entre culturas es más necesario que nunca, su legado resuena con una actualidad conmovedora.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Juan José Arrom González (1910–2007): Arquitecto del pensamiento cultural antillano y defensor de las raíces americanas". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/arrom-gonzalez-juan-jose [consulta: 21 de febrero de 2026].