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HistoriaBiografíaPolítica

Arabi Bajá o Ahmad Arab (1839-1911).

Político egipcio nacido en Heria Rosna en 1839 y muerto en El Cairo el 21 septiembre de 1911. Fue uno de los organizadores del movimiento nacionalista egipcio que surgió a finales del siglo XIX. Lideró el citado movimiento entre 1881 y 1882.

Era hijo de una familia de campesinos. Siendo muy joven se enroló en el ejército, pero fue expulsado poco después a causa de su mala conducta. Se dedicó a los estudios religiosos en la célebre Universidad al-Azhar (El Cairo), una de las más prestigiosas escuelas coránicas del Islam. Con la llegada al cargo de jedive de Ismail, se le permitió el reingreso en el ejército. En su regreso, fue ascendiendo rápidamente en el escalafón por méritos propios. Pronto se ganó la confianza del nuevo gobernante, quien le nombró oficial comisariado en 1875, durante la guerra que enfrentó a Egipto y la antigua Abisinia. Se unió a una sociedad secreta existente en el seno del ejército, que tenía como fin eliminar a los oficiales turcos y circasianos que monopolizaban los rangos más altos del ejército. Había alcanzado el grado de coronel cuando, en 1879, las potencias occidentales impusieron la destitución del jedive Ismail y su sustitución por su hijo Tawfiq.

Ante ello, Arabi Bajá decidió, junto con otros militares, crear el Partido Nacional, de marcada ideología nacionalista y que protestaba contra la intervención de las potencias extranjeras en los asuntos internos de Egipto. Pronto se unieron en torno a su movimiento los descontentos de las clases acomodadas egipcias, la mayor parte del ejército y los campesinos. Desde su formación exigían la creación de un Parlamento egipcio y la sustitución de los oficiales turcos del ejército por oficiales egipcios. Él y sus seguidores se sublevaron en 1881 contra los privilegios concedidos en el seno del ejército a los oficiales extranjeros y a causa de las disputas sobre los derechos de la Asamblea Egipcia para controlar los presupuestos. Ese mismo año, con las tropas que le eran fieles, se apoderó de El Cairo y el palacio del jedive egipcio, a quien obligó a que formase un gobierno de corte nacionalista.

El nuevo gobierno estaba encabezado por el nacionalista Mahmud Sami al-Baradi, y en el que Arabi Bajá ocupaba la cartera de Guerra. Desde su cargo llegó a proponer medidas radicales como la destitución del jedive, la convocatoria de un nuevo parlamento y el aumento del número de efectivos del ejército. Estas propuestas fueron enviadas al sultán de Constantinopla, para que las tuviera en consideración. Desde el ministerio de Guerra actuaba como el verdadero jefe de Estado. Una de sus primeras preocupaciones fue evitar que Francia y Reino Unido se hicieran con el control de las finanzas del país. Su presencia asustó a las fuerzas de ocupación, compuestas por tropas turcas, francesas y británicas, países que en una nota pública pidieron al jedive su alejamiento inmediato del gobierno. Este temerosos de su reacción y de la de sus seguidores le mantuvo en el cargo.

Cuando el sultán reclamó su presencia en Constantinopla, el se negó a acudir, por lo que Arabi Bajá fue declarado rebelde por el sultán de Constantinopla, Abdulhamit II. La matanza de europeos que sucedió en Alejandría en 1882, a cuyos líderes había apoyado en sus acciones violentas hizo que las potencias extranjeras se decidieran a intervenir. Barcos británicos y franceses, al mando del almirante Seymar, bombardearon la ciudad de Alejandría. Arabi Bajá tuvo que abandonar la ciudad, no sin antes haber abierto las puertas de la prisión y liberado a todos los presos, quienes saquearon la parte de la ciudad que los proyectiles ingleses habían dejado en pie. Poco después los británicos desembarcaron y se apoderaron de la ciudad. Finalmente el jedive, quien debía su poder a los británicos, le declaró rebelde y le destituyó como ministro de Guerra.

Arabi Bajá respondió formando un gobierno y declarándose nuevo profeta, como símbolo de lo cual tocó su cabeza con un turbante verde, y proclamó al jedive traidor a la causa del islam. Las tropas británicas, al mando de sir Garnet Wolseley, marchó contra él y le derrotó en las batallas de Ramses y Kassasin. Un ejército franco-británico le infringió la derrota definitiva en Tell-el-Kebir en septiembre de 1882. Consiguió huir a El Cairo, pero fue finalmente detenido y tras ser juzgado por un tribunal militar fue condenado a muerte, acosudo de alta traición. El comisionado especial británico, Hamilton-Temple-Blackwood, el primer marqués de Dufferin y Ava, presionó ante el jedive para que la pena de muerte le fuera conmutada por una destierro de por vida. Finalmente fue indultado y desterrado a Ceilán donde permaneció bajo arresto en una pequeña pensión hasta mayo de 1901, año en el que una amnistía concedida por el jedive Abbas II le permitió regresar a Egipto. A su regresó pudo observar el progreso que había sufrido el país durante sus diecinueve años de ausencia. Esto le hizo cambiar de parecer y se convirtió en una fuerte partidario del gobierno británico hasta su muerte.

JLGC

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  • 0105 JLGC