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HistoriaBiografía

Antonia Clementina (s. II).

Matrona hispano-romana, nacida y muerta en fecha y lugares desconocidos (aunque es muy probable que fuera natural de la antigua Tarraco -actual Tarragona-, ciudad en la que residió durante toda su vida y en la que han quedado los restos que han transmitido hasta nuestros días los datos que se saben acerca de ella). En efecto, de la interpretación del epitafio grabado sobre su tumba se desprende que Antonia Clementina fue una mujer poderosa e influyente, perteneciente a una familia acomodada y -lo que constituye el mayor signo de su riqueza y poder- poseedora de esclavos.

La mencionada tumba de Antonia Clementina fue localizada en las proximidades de la antigua Tarraco, capital de la provincia de Hispania Citerior, por lo que cabe deducir que era originaria de Tarragona, ciudad en la que todos los personajes que llevaban el nombre de Antonio o Antonia estaban vinculados a las altas esferas sociales, políticas y económicas. Otro de los detalles que inciden en la riqueza de Antonia Clementina es su posesión de un jardín o huerto en las afueras de la ciudad, signo de ostentación frecuente en las clases acomodadas de la época. Pero el detalle más significativo es que, a pesar de haber estado casada (según las inscripciones halladas, con un tal Publio Rufio Flavo del que no se conocen otros datos que estos nombres), Antonio Clementina conservó a su nombre toda su riqueza, hasta el extremo de que, en el momento de su muerte, era propietaria de cuatro esclavos que, por disposición testamentaria, quedaban en ese punto en libertad. Su esposo, que sobrevivió a la desaparición de esta poderosa matrona, se encargó de hacer cumplir el testamento de Antonia Clementina, por vía del cual adquirieron la condición de libertos Helena, Tertulina, Marulo y Antroclo, los criados de una dama hispano-romana que se acordó de ellos hasta el extremo de recoger sus nombres en su propio testamento.

Asimismo, entre las voluntades expresadas por Antonia Clementina en sus disposiciones testamentarias figuraba la de ser enterrada en el citado huerto que poseía en las afueras de la capital. Para asegurarse la conservación del depósito de sus restos mortales, la matrona legó a perpetuidad este jardín a los mencionados esclavos que ponía en libertad, con la exigencia expresa de que éstos lo transmitiesen, a su vez, a su propia descendencia o, en su defecto, a los posibles libertos que pudieran dejar tras su muerte. Gracias a disposiciones como las dejadas por Antonia Clementina se pueden conocer en la actualidad muchos detalles acerca de las relaciones entre propietarios, esclavos y libertos de la Hispania romana. Así, cabe destacar en primer lugar que el hecho de confiar el cuidado y conservación de la propia tumba a los libertos era una práctica frecuente entre los grandes señores, quienes seguían exigiendo a sus libertos una serie de obligaciones que incluso podían perpetuarse -como se ve expresamente en el caso que nos ocupa- entre la descendencia de estos esclavos liberados. En realidad, esta conservación de los vínculos obedecía a que los esclavos eran considerados, en la mayor parte de los casos, miembros de las propias familias de sus amos, lo que a su vez explica que, una vez manumisos, casi todos ellos adoptaran el nombre familiar de quienes les habían otorgado la libertad.

Respecto al caso concreto de Antonia Clementina, cabe destacar también el detalle -muy significativo para conocer el papel de la mujer en la Hispania romana- de que expresara libremente sus disposiciones testamentarias sin someterlas a la aprobación de un tutor, como parece ser que exigía la ley. En efecto, las mujeres podías ser propietarias de esclavos y venderlos o manumitirlos con entera libertad, pero siempre que en estos actos fueran representadas por un tutor. Al parecer, algunas mujeres -sobre todos, las pertenecientes a las clases acomodadas y procedentes, a su vez, de familias respaldadas por el prestigio económico y social- habían alcanzado un cierto grado de independencia respecto a estas exigencias legales, pues ni en el caso del testamento de Antonia Clementina ni en otros documentos similares aparece mencionada la figura de ese tutor que, supuestamente, tenía que realizar en su nombre las citadas operaciones de compra, venta, cesión o manumisión.

Por lo demás, como muy bien observa María Dolores Mirón Pérez, una de las investigadoras que con mayor dedicación se ha ocupado del estudio de esta época, con la prohibición expresa de que fuera vendida su tumba Antonia Clementina pretendía asegurarse no sólo que esta propiedad pasara "a manos extrañas, sino también que la finca fuese dividida y finalmente el monumento funerario quedase sin acceso directo a la vía pública, pues, como era habitual en Roma, las tumbas se situaban en los caminos de acceso a las ciudades, y siempre fuera del área urbana. El terreno de una tumba era, además, terreno religioso, pues allí se llevaba a cabo el culto a los muertos de la familia" (vid., infra, "Bibliografía").

Bibliografía

  • Corpus Inscriptionum Latinarum, II, 4332 (Berlín, 1871 [suplemento 1900]).

  • MIRÓN PÉREZ, María Dolores. "Antonia Clementina": Mujeres en la Historia de España (Madrid: Planeta, 200), pp. 19-21.

  • ORS PÉREZ-PEIX, Álvaro d'. Epigrafía jurídica de la España romana (Madrid: Instituto Nacional de Estudios Jurídicos, 1953).

Autor

  • JR