María Jesús Alvarado Rivera (1878–1971): Precursora del Feminismo y la Justicia Social en el Perú

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Raíces de una conciencia social

El contexto del Perú de fines del siglo XIX

A fines del siglo XIX, el Perú atravesaba una compleja transición social y política tras la devastadora Guerra del Pacífico (1879–1883). La nación buscaba reconstruirse en medio de profundas desigualdades económicas, sociales y étnicas. Mientras las élites costeñas mantenían el poder político y económico, vastas poblaciones indígenas e integrantes de clases trabajadoras urbanas permanecían marginadas de los derechos más básicos. Las mujeres, en particular, estaban sujetas a un sistema legal y cultural que las reducía a roles domésticos, sin acceso equitativo a la educación, al voto ni a la vida pública.

En este contexto profundamente patriarcal y excluyente nació María Jesús Alvarado Rivera, en 1878, en la ciudad de Chincha, al sur de Lima. Su biografía está marcada por una constante reacción frente a las desigualdades de su entorno. Chincha, con su historia de haciendas esclavistas, fue un espacio donde aún resonaban los ecos del régimen colonial. La abolición de la esclavitud en 1854 no había erradicado las formas estructurales de opresión, y la explotación persistía bajo nuevos ropajes legales y laborales.

Chincha, sociedad postcolonial y estructuras de poder

La ciudad de Chincha era un microcosmos de la compleja composición étnica y social del Perú de la época. Aunque María Jesús nació en un hogar de pocos recursos, su familia se distinguía por su cultura y formación intelectual. Desde muy joven, experimentó de primera mano las contradicciones entre el discurso ilustrado de la República y las prácticas cotidianas de discriminación y violencia social.

Según la biógrafa María Sara L. de Castorino, la infancia de María Jesús transcurrió en una antigua casona que había pertenecido a una familia esclavista. Los relatos sobre castigos y torturas a esclavos negros que circulaban en el lugar marcaron profundamente su sensibilidad. Aquellos rumores, más que simples anécdotas, constituyeron para la niña un despertar moral: una toma de conciencia precoz sobre las injusticias históricas y la brutalidad de las relaciones de poder.

Infancia y sensibilidad ante la injusticia

La casona familiar y el eco de la esclavitud

La casona donde creció María Jesús no era simplemente una vivienda: era un símbolo físico de las jerarquías coloniales, una cápsula de memoria viva. A través de las historias que escuchaba, internalizó una noción clara del sufrimiento humano vinculado a las estructuras sociales heredadas. Esta sensibilidad no fue un gesto pasivo, sino el inicio de una vida dedicada a defender a los oprimidos. Desde entonces, su biografía no puede entenderse sin ese vínculo emocional con las víctimas de sistemas injustos.

Primeras percepciones de la desigualdad en el colegio

En su temprana educación formal, María Jesús detectó y se indignó ante el trato diferenciado que los profesores ofrecían a los niños según su origen social. Este hecho resultó clave en su desarrollo. Lejos de aceptar ese orden como natural, lo cuestionó y se rebeló contra él. Esta actitud crítica marcó el fin de su educación escolar formal: abandonó el colegio tras el tercer grado de primaria, insatisfecha con un sistema que reproducía la exclusión en vez de combatirla.

Desde entonces, se volcó al estudio autodidacta, formándose mediante la lectura de obras clásicas. Su experiencia educativa revela una tendencia que acompañará toda su vida: la autodeterminación frente a las limitaciones impuestas por el entorno. No sería el sistema quien definiría sus capacidades, sino su esfuerzo personal y su pensamiento libre.

Autodidactismo, vocación docente y formación feminista

La formación en el Liceo Fanning

Ya en su juventud, María Jesús se trasladó a Lima, donde ingresó al Liceo Fanning, dirigido por Elvira García y García, destacada pedagoga y escritora peruana. Esta etapa fue determinante en su formación profesional y en el fortalecimiento de su vocación docente. Allí encontró un entorno de mujeres intelectuales que compartían una visión crítica del rol femenino tradicional, lo cual amplió su horizonte y consolidó su identidad como futura educadora y líder social.

En un momento en que la educación de las mujeres aún se reducía a las tareas del hogar o a una preparación limitada para el matrimonio, María Jesús optó por capacitarse como profesora de primaria, convencida de que la educación era una herramienta transformadora. Su decisión reflejaba una visión adelantada sobre el rol de la mujer en la sociedad.

El rechazo al elitismo académico y la defensa de la mujer desde la juventud

La brillantez intelectual de María Jesús no pasó desapercibida. A principios del siglo XX, cuando la educación nacional buscaba reformarse, una delegación estadounidense la invitó a estudiar ciencias domésticas en una universidad norteamericana. No obstante, el presidente peruano de entonces le pidió que permaneciera en el país para contribuir al desarrollo educativo local. Esta petición, aunque disfrazada de halago patriótico, reflejaba también un intento de control sobre una figura que comenzaba a destacarse como pensadora independiente.

A pesar de no viajar al extranjero, María Jesús se mantuvo activa en la escena cultural limeña. En 1910, recibió una invitación para participar en el Primer Congreso Femenino Internacional en Argentina, pero la falta de recursos económicos le impidió asistir. Aun así, envió un trabajo titulado “Educación y Derechos de la Mujer”, reafirmando su compromiso con la causa femenina y su capacidad para actuar más allá de las barreras impuestas por el género o la clase social.

Primeros pasos públicos y el feminismo incipiente

La conferencia de 1911: nacimiento del feminismo peruano

El 28 de febrero de 1911, María Jesús dio un paso histórico al leer en la Biblioteca Nacional de Lima su conferencia titulada “El Feminismo”. Este acto público fue, en muchos sentidos, el acto fundacional del feminismo peruano. En su intervención, argumentó con firmeza a favor de la educación amplia, eficiente y profesional para la mujer, el acceso a empleos públicos y profesiones liberales, y la exigencia de igualdad de derechos civiles y políticos entre hombres y mujeres.

La repercusión fue inmediata. Varios diarios limeños elogiaron la conferencia, destacando la solidez de sus ideas y la valentía de su exposición. María Jesús se consolidó como una figura pública y crítica en una sociedad poco dispuesta a aceptar cambios radicales. Sin embargo, su discurso no era únicamente una reclamación de derechos, sino también un proyecto pedagógico y emancipador, que vinculaba la transformación de la mujer con la regeneración moral de toda la sociedad.

Contactos internacionales y exclusión económica

El hecho de que María Jesús no pudiera asistir al Congreso de 1910 en Buenos Aires, ni aceptar la beca para estudiar en EE. UU., demuestra uno de los grandes dilemas de las mujeres intelectuales de su tiempo: la exclusión no solo se sustentaba en leyes o costumbres, sino también en las limitaciones económicas y estructurales que dificultaban su acceso al espacio público.

Aun así, María Jesús encontró en la palabra escrita una poderosa vía de participación. En 1911, comenzó a publicar artículos en la prensa nacional, extendiendo su influencia más allá de los círculos feministas. Fue entonces cuando su activismo se diversificó hacia otras causas sociales, especialmente la defensa de los pueblos indígenas, lo cual marcaría la siguiente etapa de su vida como militante polifacética.

Acción, organización y confrontación

Evolución Femenina y el feminismo como práctica colectiva

Fundación, objetivos y primeras campañas

Tras el impacto de su conferencia de 1911, María Jesús Alvarado Rivera comprendió que el feminismo requería organización y acción colectiva para trascender los círculos ilustrados. Así, en 1914, fundó en Lima la primera organización feminista del Perú, denominada Evolución Femenina. Esta agrupación surgió con una visión integral: no se limitaba a las reivindicaciones de las mujeres de élite, sino que abogaba por los derechos de mujeres de todos los niveles sociales, lo cual la convertía en una propuesta insólita y radical para su tiempo.

El 25 de mayo de 1914 se aprobaron los estatutos de la organización, y María Jesús asumió el cargo de presidenta. Entre sus principales objetivos figuraban la promoción de la educación femenina, el acceso al trabajo profesional, y la participación política de la mujer en el ámbito cívico. Uno de los primeros logros visibles de Evolución Femenina fue su campaña para permitir que las mujeres integraran las Sociedades de Beneficencia Pública. La campaña culminó con éxito en agosto de 1915, cuando la Cámara de Diputados aprobó el proyecto respectivo, marcando un hito en la participación femenina institucional.

Educación profesional para mujeres y la Escuela “Moral y Trabajo”

Comprometida con la formación técnica y profesional como vía de emancipación, María Jesús inauguró en 1915 la Escuela “Moral y Trabajo”, destinada a mujeres jóvenes de escasos recursos económicos. En ella se dictaban cursos prácticos como tipografía, danza, talabartería, puericultura, nutrición, costurería y economía doméstica. El propósito era formar mujeres autónomas, capaces de ganarse la vida dignamente y romper con la dependencia económica del varón.

Esta escuela fue también un espacio de experimentación pedagógica y de construcción de comunidad entre mujeres. María Jesús entendía la educación no solo como una herramienta de inserción laboral, sino como una estrategia de dignificación social. En un entorno que excluía sistemáticamente a las mujeres pobres del acceso a saberes útiles, su escuela se convirtió en un semillero de conciencia social y empoderamiento.

Articulación de luchas: mujer, indígena y obrero

Participación en la Asociación Pro-Indígena y sus publicaciones

Desde 1911, María Jesús comenzó a extender su activismo más allá del feminismo. En 1913, se integró a la Asociación Pro-Indígena, dirigida por Pedro Zulen y Dora Mayer, dos de las figuras más notables del movimiento indigenista peruano. Esta asociación denunciaba las condiciones de vida de los pueblos originarios y sus luchas contra el abuso de los hacendados, las autoridades locales y los sistemas de servidumbre encubierta.

María Jesús escribió varios artículos en el órgano oficial de la organización, El Deber Pro-Indígena, donde estableció un paralelo entre la situación de las mujeres y la de los indígenas: ambos grupos vivían bajo estructuras sociales que los reducían a condiciones cercanas a la esclavitud. En sus textos, abogó por una educación igualitaria como forma de romper con esos patrones de opresión.

El sistema de enganche y la denuncia activa

Uno de los sistemas más violentos que María Jesús denunció fue el sistema de enganche, mediante el cual los hacendados adelantaban dinero a los trabajadores indígenas para obligarlos a prestar servicios en minas o haciendas hasta pagar su “deuda”, muchas veces impagable. En 1914, junto con Dora Mayer, ofreció una conferencia en el Centro Unión Hijos de Cajacay, en la que ambas exigieron la abolición del sistema, alertando sobre su carácter coercitivo y neocolonial.

Su activismo no solo se limitaba al plano teórico: en 1915, María Jesús publicó una carta enviada por un delegado indígena que había conocido dos años antes, denunciando los abusos cometidos por las autoridades locales. Con ello, su labor se convirtió en una plataforma de amplificación de las voces indígenas, mostrando una conciencia interseccional adelantada para su época.

La lucha obrera y la represión estatal

Huelga de Huacho y la defensa del derecho a protestar

El activismo de María Jesús no se detuvo en los sectores indígenas ni femeninos. A partir de 1917, comenzó a implicarse de lleno en las luchas obreras. Ese año, una huelga paralizó la ciudad de Huacho durante 18 días. El gobierno respondió con represión policial, dejando un saldo de enfrentamientos violentos y múltiples abusos, especialmente contra mujeres huelguistas.

María Jesús reaccionó públicamente a través de artículos publicados en los diarios “La Crónica” y “El Tiempo”, en los que condenó la brutalidad de las fuerzas del orden. Su crítica no fue decorativa: denunció con nombre propio a las autoridades, cuestionó el modelo represivo del Estado y se solidarizó con las mujeres trabajadoras como nuevas protagonistas del conflicto social.

La imprenta como arma y la represión de 1924

En 1924, el taller tipográfico de la Escuela “Moral y Trabajo” se convirtió en un centro clandestino de apoyo obrero. Una comisión de trabajadores, que había sido censurada por todos los diarios de Lima, acudió a María Jesús en busca de ayuda. Querían imprimir un memorial de denuncia contra una empresa que los había despedido sin pagar salarios. A pesar de la censura oficial impuesta por el régimen autoritario de Augusto B. Leguía, María Jesús aceptó imprimir el documento, asumiendo los riesgos legales.

El 21 de diciembre de 1924, la policía allanó tanto su hogar como la imprenta. Al negarse a delatar a los obreros implicados, fue arrestada y trasladada a la cárcel de mujeres Santo Tomás, donde permaneció incomunicada durante tres meses. La represión buscaba no solo castigarla, sino silenciar un proyecto de educación crítica y emancipadora.

Exilio en Argentina y reconfiguración personal

Docencia y precariedad en el extranjero

Como condición para su liberación, las autoridades le exigieron abandonar el país. Vendió todos sus bienes para pagar el viaje al exilio y partió a Argentina el 26 de mayo de 1925. En Buenos Aires, encontró un trabajo como docente en una Escuela Normal, donde conoció a María Sara L. de Castorino, quien más tarde se convertiría en su biógrafa.

Aunque logró insertarse brevemente en el sistema educativo argentino, fue despedida en 1930, lo cual la obligó a reinventarse nuevamente. Comenzó a ganarse la vida fabricando juguetes artesanales y vendiendo productos de repostería. Fue una etapa de resistencia silenciosa, en la que la militante activa cedió paso a la sobreviviente, sin por ello abandonar sus ideales.

Nuevos oficios, escritura y el silencio literario

Durante este período también retomó su escritura literaria, pero sin éxito editorial. Su obra no despertó el interés del mercado ni de los círculos literarios, lo cual acentuó su invisibilización como autora. Este doble silenciamiento –como activista y como escritora– refleja la dificultad histórica que enfrentaron las mujeres que se apartaron de los roles tradicionales para cuestionar el sistema desde múltiples frentes.

A pesar de las adversidades, no se retractó de sus principios, ni ofreció disculpas públicas por sus actos. Su exilio fue una extensión de su lucha, no una derrota. Y aunque su figura fue borrada de las esferas oficiales, su memoria siguió viva en las redes sociales que había construido previamente.

Regreso, ocaso y legado

Reintegración en la vida cívica peruana

Propuestas educativas y campañas por la alimentación racional

El regreso de María Jesús Alvarado Rivera al Perú en 1936 marcó una etapa de reencuentro con su país y su vocación social, aunque en un escenario político y cultural transformado. Tras la caída del dictador Augusto B. Leguía y la aparición de nuevos actores políticos, el espacio público se mostraba más receptivo a algunas ideas de reforma, aunque aún distante de la verdadera igualdad.

Ya no era la joven radical que desafiaba a las instituciones desde las páginas de los diarios, pero su espíritu reformista permanecía intacto. Presentó tres proyectos al gobierno peruano: uno sobre Educación Artística, otro sobre Alimentación Racional y un tercero en defensa del Teatro Nacional. De los tres, solo el segundo fue aceptado, bajo la dirección del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social. A través de esta iniciativa, ofreció conferencias sobre nutrición y prácticas alimenticias saludables en diversos centros culturales y obreros.

La propuesta, aunque aparentemente técnica, reflejaba su convicción profunda en una visión integral de la justicia social: para María Jesús, los derechos humanos también incluían el acceso a una vida digna, saludable y culturalmente enriquecida. En tiempos donde la desnutrición y el abandono estatal eran moneda común entre las clases trabajadoras, su proyecto buscaba devolver al cuerpo popular el cuidado que se le negaba.

La fugaz reactivación de “Evolución Femenina”

En septiembre de 1945, con una voluntad casi heroica, reactivó “Evolución Femenina”, la organización que fundara tres décadas atrás. Su objetivo era retomar la lucha por los derechos políticos de las mujeres, que aún no habían sido reconocidos plenamente en el Perú. A pesar de su avanzada edad y el desgaste físico y emocional de los años de lucha, María Jesús se lanzó una vez más a la arena pública.

Sin embargo, el país ya no era el mismo, y sus antiguos aliados estaban dispersos o fallecidos. La organización, revitalizada brevemente, desapareció nuevamente tras apenas dos meses de actividad. El silencio posterior revela no tanto un fracaso personal como una evidencia de las limitaciones históricas impuestas a las luchas de largo aliento. María Jesús no abandonó su lucha: fue la historia la que decidió no seguirla.

La escritora relegada

Análisis de sus tres novelas

Aunque María Jesús fue una incansable ensayista y conferencista, su obra literaria permaneció siempre en segundo plano. Publicó tres novelas: “Nuevas Cumbres” (1923), “La Perricholi” (1946) y “Amor y Gloria” (1952). La primera fue escrita en el periodo previo a su exilio y está marcada por un tono idealista, en consonancia con su propuesta de formación moral y social. Las otras dos, de corte histórico, tratan personajes femeninos emblemáticos: Micaela Villegas en el primer caso, y Manuela Sáenz en el segundo.

La elección de estos temas no fue casual. A través de estas figuras, María Jesús buscó reconstruir una genealogía femenina del poder y la rebeldía. En “Amor y Gloria”, en particular, se interesó en la relación entre Sáenz y Simón Bolívar, no desde el punto de vista romántico tradicional, sino como una alianza política y emocional entre dos actores históricos.

Sin embargo, sus obras no obtuvieron reconocimiento literario. En parte, esto se debió a su condición de activista política, lo cual le impidió ser aceptada por los círculos literarios dominados por hombres. También influyó el hecho de que su literatura estaba impregnada de una intención pedagógica y emancipadora, que chocaba con las estéticas dominantes. En definitiva, su voz literaria fue silenciada por la misma historia que eclipsó a muchas otras mujeres pensantes de su tiempo.

Tensión entre activismo y creación literaria

La relegación de su obra literaria es representativa de una disyuntiva más amplia: las mujeres del siglo XX debían elegir entre ser artistas o activistas, intelectuales o militantes, como si ambas dimensiones fueran incompatibles. María Jesús desafió esa dicotomía, pero pagó el precio de ser considerada demasiado política para la literatura y demasiado idealista para la política realista.

No obstante, su obra representa un valioso documento cultural, tanto por su contenido temático como por el gesto mismo de haberla escrito. En un país que no reconocía el derecho de las mujeres a expresarse públicamente con libertad, cada página escrita fue también un acto de resistencia.

Últimos años y retiro

Aislamiento y silencio político

Los últimos años de María Jesús Alvarado Rivera transcurrieron en un silencio involuntario. Alejada de los focos públicos, sin plataforma editorial ni recursos organizativos, vivió en el anonimato. No hay registro de que haya sido invitada a eventos oficiales ni reconocida por instituciones estatales durante su vejez.

Este aislamiento no debe entenderse como resignación. Más bien, evidencia el agotamiento que muchas mujeres militantes enfrentan al final de su vida, cuando las estructuras que combatieron no solo sobreviven, sino que las olvidan. Su cuerpo, antes testimonio viviente de lucha, se convirtió en memoria encarnada de una historia sin monumentos.

Fallecimiento en 1971

María Jesús Alvarado Rivera murió en Lima en 1971, a los 93 años. No hubo homenajes oficiales ni obituarios destacados en la prensa nacional. Para la mayoría, su nombre ya no significaba nada; para unos pocos, era sinónimo de lucha inclaudicable. Su muerte cerró una vida extraordinaria que, sin embargo, permaneció al margen del relato oficial del Perú republicano.

Resonancias históricas y legado subestimado

Reinterpretaciones feministas posteriores

La figura de María Jesús comenzó a ser recuperada lentamente por los movimientos feministas de la segunda mitad del siglo XX, especialmente a partir de los años 80 y 90, cuando las mujeres peruanas empezaron a construir una memoria histórica propia. Sus textos, conferencias y acciones fueron rescatados como piedras fundacionales del feminismo en el país.

En un contexto donde el feminismo debía volver a conquistar legitimidad social, su legado adquirió un valor simbólico renovado. No solo fue la primera en hablar públicamente de feminismo en el Perú, sino también en articular una propuesta interseccional, que unía la lucha por los derechos de las mujeres con l

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "María Jesús Alvarado Rivera (1878–1971): Precursora del Feminismo y la Justicia Social en el Perú". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/alvarado-rivera-maria-jesus [consulta: 7 de febrero de 2026].