Hernando de Acuña (ca. 1456–1495): Nobleza, Lealtad y Espada al Servicio de los Reyes Católicos
La monarquía en crisis: Enrique IV y la guerra civil castellana
La vida de Hernando de Acuña transcurrió durante uno de los períodos más convulsos de la historia de Castilla: el tránsito entre el reinado de Enrique IV y el ascenso de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. La segunda mitad del siglo XV estuvo marcada por un intenso proceso de descomposición del poder real y el ascenso de facciones nobiliarias enfrentadas por el control de la monarquía. Enrique IV, conocido por su débil liderazgo y sus controversias dinásticas, enfrentó una guerra civil que dividió al reino entre los partidarios de su hija Juana “la Beltraneja” y los de su hermana Isabel, futura reina de Castilla.
Este contexto de guerras internas, pactos frágiles y lealtades cambiantes fue el terreno donde se forjaron los destinos de muchas familias nobles. La nobleza castellana, lejos de actuar como una clase homogénea, se dividió en múltiples bandos. Los conflictos entre linajes y los enfrentamientos entre aristócratas y monarquía eran constantes, y los protagonistas de estas pugnas solían actuar más como señores territoriales que como súbditos obedientes. Fue en este entorno turbulento donde el joven Hernando de Acuña comenzó a formar parte activa del escenario político-militar de su tiempo.
El ascenso de los Reyes Católicos y el nuevo orden político
El matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469 cambió el curso de la historia peninsular. La unificación dinástica de Castilla y Aragón bajo sus figuras trajo consigo un nuevo modelo de monarquía autoritaria, centrada en consolidar el poder regio frente a los privilegios tradicionales de la alta nobleza. En este proceso de centralización, los monarcas se apoyaron en una élite leal de caballeros y oficiales que ejecutaron su voluntad en los distintos territorios del reino. Hernando de Acuña fue uno de estos hombres de confianza, cuya carrera se desarrolló en estrecha relación con los intereses de los Reyes Católicos.
Orígenes familiares y redes de poder
El linaje de los Acuña: nobles, prelados y militares
Hernando de Acuña nació hacia 1456 en el seno de una de las casas nobiliarias más influyentes de la época: los Acuña, originarios de Portugal y establecidos en Castilla. Su padre, Pedro de Acuña, fue el primer conde de Buendía, y su madre, Inés de Herrera, aportaba igualmente una sólida ascendencia aristocrática. Hernando fue uno de varios hijos del matrimonio, entre los que se contaban también Lope Vázquez de Acuña, Adelantado de Cazorla, y Luis de Acuña, capitán de la Hermandad de Palencia.
El peso político del linaje Acuña se amplificaba gracias a la conexión con Alfonso Carrillo de Acuña, poderoso arzobispo de Toledo y hermano del conde de Buendía. Esta relación dotó a la familia de un poder considerable tanto en los círculos eclesiásticos como en los cortesanos, aunque también los implicó en intrincadas disputas políticas. La influencia del prelado toledano fue una de las armas de doble filo que marcaron las alianzas y enfrentamientos dentro de la propia familia, con consecuencias directas sobre la carrera de Hernando.
Influencias eclesiásticas: la figura del arzobispo Alfonso Carrillo
Alfonso Carrillo, tío de Hernando, fue uno de los personajes más controvertidos del siglo XV. Apoyó sucesivamente a diversos candidatos al trono, fue uno de los principales artífices del acceso de Isabel al trono castellano, y más tarde se volvió en su contra. Esta actitud errática lo enfrentó incluso con su propio sobrino, el conde de Buendía, y marcó las relaciones internas del clan Acuña. Mientras Carrillo mantenía una línea política filolusa, en favor de una alianza con Portugal, Pedro de Acuña y sus hijos optaron por respaldar decididamente a los Reyes Católicos, lo que terminó separando políticamente a las dos ramas familiares.
Este conflicto familiar reflejaba las tensiones más amplias entre una nobleza dividida entre el interés personal y la lealtad al nuevo modelo de Estado que Isabel y Fernando intentaban implantar. Hernando, a diferencia de su tío, mantuvo una línea de actuación coherente y siempre fiel a la causa de los Reyes Católicos, lo que le granjeó una carrera ascendente.
Formación y primeras experiencias
Educación caballeresca y virtudes juveniles
Como corresponde a un joven noble de su linaje, Hernando de Acuña fue educado en los ideales de la caballería castellana, formándose en el arte de la guerra, el manejo de las armas, la equitación y la cortesía. No hay registro explícito de una formación académica formal, pero las crónicas subrayan su conducta ejemplar desde temprana edad. El cronista Alonso de Palencia lo describe como un “tierno mancebo” que, pese a su juventud, optaba por empuñar la lanza y vestir la armadura. Asimismo, se le atribuyen virtudes propias de los caballeros ideales: castidad, honor, lealtad y ausencia de tacha en su conducta pública y privada.
Esta imagen del joven Hernando responde a los cánones del ideal cortesano de la época: un guerrero de linaje ilustre, comprometido con su rey, que destacaba tanto por su valor como por su integridad moral. Es en este arquetipo donde se fundamentó su proyección futura dentro del aparato político-militar de los Reyes Católicos.
Bautismo de fuego: la algarada granadina de 1468
El primer episodio militar en el que se tiene constancia de la participación activa de Hernando fue la algarada granadina de 1468, cuando tropas del reino nazarí de Granada incursionaron en las tierras de Quesada. A pesar de su juventud y contra la voluntad de su hermano mayor, Hernando se armó para el combate. Esta intervención es descrita por Alonso de Palencia con admiración, destacando el arrojo del joven caballero. Este evento marcó simbólicamente el inicio de su carrera militar y consolidó su perfil de noble guerrero dispuesto a arriesgarse por la defensa de la cristiandad y de Castilla.
Decisiones tempranas y primeros enfrentamientos
Al margen de la política familiar: fidelidad a los Reyes Católicos
En el año 1475, en pleno conflicto por la sucesión castellana, el conde de Buendía y sus hijos intentaron disuadir al arzobispo Carrillo de apoyar el bando portugués. La misión fracasó, y Carrillo continuó su camino hacia el enfrentamiento con Isabel y Fernando. Hernando de Acuña, en cambio, no participó directamente en esta negociación diplomática. Su espacio de acción era el campo de batalla. Ya entonces empezaba a perfilarse como un soldado más que como un cortesano, alguien para quien la lealtad y la obediencia a los Reyes Católicos estaban por encima de los conflictos familiares.
Primeros combates y heridas en la batalla de Toro
Uno de los momentos más significativos de su temprana carrera fue la participación en la batalla de Toro, en febrero de 1476, una de las contiendas decisivas de la guerra entre Isabel y Juana la Beltraneja. Junto a Álvaro de Mendoza, Hernando comandó un contingente que enfrentó a las tropas portuguesas en las cercanías de la ciudad. Aunque lograron hacer prisioneros a destacados nobles lusos, ambos capitanes fueron gravemente heridos. Hernando recibió seis heridas, quedando casi exánime por la pérdida de sangre, según relata Palencia.
Este episodio consolidó su prestigio como hombre de armas. La capacidad para resistir el dolor, continuar luchando a pesar de las heridas, y mantenerse firme en la batalla fue ampliamente valorada entre sus contemporáneos. Tras este combate, regresó a Zamora, donde su recuperación fue seguida con atención por sus compañeros y superiores. La lealtad demostrada en Toro y su disposición al sacrificio le valieron la confianza plena de los monarcas.
Ascenso como capitán al servicio de los Reyes Católicos
Consolidación de la confianza real: misiones diplomáticas y militares
Tras su valerosa participación en la batalla de Toro, Hernando de Acuña se consolidó como uno de los capitanes de confianza de los Reyes Católicos. Su nombre comenzó a aparecer de forma regular en las crónicas, al frente de diversas expediciones militares, intervenciones judiciales y misiones diplomáticas. Uno de los episodios más significativos en este periodo fue el encargo que Fernando el Católico le dio en noviembre de 1476, para mediar en el complicado conflicto con su propio tío, el arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo.
Desde Zaragoza, el rey envió instrucciones precisas a Hernando para que regresara a Castilla y tratara de lograr una reconciliación con el prelado, cuya obstinación seguía causando problemas a la estabilidad del reino. Aunque no hay constancia directa del resultado de esta misión, la designación de Hernando como intermediario muestra la alta estima que Fernando tenía por su sentido del deber y su equilibrio político, en un momento en el que las tensiones internas amenazaban la unidad recién alcanzada del reino.
Intervenciones en Castilla y Galicia: justicia y orden feudal
Otra muestra del papel de Hernando de Acuña como agente del poder real tuvo lugar en diciembre de 1478, cuando fue designado para resolver el conflicto jurisdiccional entre Pedro Manrique, conde de Treviño, y García de Ayala, mariscal de Castilla, por la posesión de la villa de Orduña. Los Reyes Católicos confiaron en Hernando para ejercer la tercería, es decir, tomar control de la ciudad de forma neutral mientras las partes resolvían el litigio legalmente. Esta práctica, habitual en la política isabelina, solo se aplicaba con hombres cuya integridad y lealtad estuvieran fuera de toda duda.
En 1481, Hernando fue enviado a Galicia con una misión mucho más compleja: restablecer el orden en una región sacudida por el desorden feudal. Nombrado gobernador, se enfrentó a las continuas “malfetrías” perpetradas por los señores locales. Según Alonso de Palencia, Hernando “quebrantaba la cerviz de los soberbios y castigaba a los culpados”, revelando así una política implacable pero justa, enfocada en consolidar la autoridad monárquica en un territorio históricamente refractario al control central. Su gestión marcó un punto de inflexión en el proceso de pacificación gallega y aumentó su prestigio como figura clave en la administración territorial.
Participación en las campañas de Granada
Presencia en la ofensiva de Málaga (1487)
Una vez estabilizadas las regiones más conflictivas de Castilla, Hernando de Acuña dirigió su atención hacia la campaña de Granada, el último reducto del poder islámico en la península. La toma de Málaga en 1487 fue una de las operaciones más complejas y significativas de esta guerra, tanto por su valor simbólico como por su dificultad militar. Hernando se unió a esta ofensiva junto a una gran parte de la nobleza castellana, aragonesa y valenciana, quienes acudieron al llamado de los Reyes Católicos para cerrar definitivamente el ciclo de la Reconquista.
La participación de Hernando en esta campaña confirmó su condición de veterano de guerra y su implicación directa en las gestas que marcarían el fin del periodo medieval en la historia peninsular. La toma de Málaga no solo supuso un éxito estratégico, sino también una demostración del poder unificado de los distintos reinos bajo la corona hispánica. Acuña, como otros nobles leales, jugó un papel crucial en esta ofensiva, que fue seguida de otras operaciones hasta la caída final de Granada en 1492.
Coordinación entre nobleza castellana y corona
Durante las campañas granadinas, Hernando de Acuña actuó también como enlace estratégico entre la nobleza castellana y el aparato militar de la monarquía. Su experiencia previa en negociaciones, su fidelidad probada y su ascendencia nobiliaria lo convertían en una figura ideal para mediar intereses sin perder de vista los objetivos políticos de la corona. La unidad militar y política lograda en estas campañas fue un anticipo del modelo imperial que más tarde desarrollaría Carlos V, y Hernando fue uno de los artífices silenciosos de esa simbiosis entre nobleza y corona.
Nombramiento como virrey de Sicilia
Razones políticas del nombramiento en 1488
El momento culminante de la carrera de Hernando de Acuña llegó en el año 1488, cuando Fernando el Católico lo nombró virrey de Sicilia, en sustitución de Gaspar de Espés, mayordomo del rey. Este nombramiento fue un acto de máxima confianza real. Según Jerónimo Zurita, Fernando tenía “grande experiencia que [Hernando] era muy buen gobernador”. Sicilia, clave en el entramado geopolítico mediterráneo, necesitaba un virrey eficaz que supiera administrar, negociar y combatir en igual medida.
El cargo de virrey no era meramente honorífico. Acuña debía ejercer el gobierno efectivo del reino insular, mantener el orden, recaudar impuestos, administrar justicia y, sobre todo, garantizar la defensa frente a amenazas externas, en especial la creciente presencia del poder otomano en el Mediterráneo. Su nombramiento confirma que la monarquía no solo confiaba en él como soldado, sino también como estadista.
Sustitución de Gaspar de Espés y misión en el Mediterráneo
El relevo de Gaspar de Espés por Hernando de Acuña fue una medida estratégica. Sicilia, por su ubicación, era el bastión más avanzado de los intereses hispánicos frente al Imperio Otomano, cuya expansión por los Balcanes y el Egeo preocupaba seriamente a la monarquía hispana. Hernando asumió el cargo con diligencia, instalándose en la isla y comenzando un intenso proceso de fortificación y reorganización militar. Su experiencia bélica le permitió adaptar el sistema defensivo de la isla a las necesidades del momento, especialmente en lo relativo a la artillería y las defensas costeras.
Zurita también indica que Hernando fue enviado con instrucciones claras para asegurar la estabilidad interna del reino, atender las demandas de la nobleza local y coordinar la logística de aprovisionamiento de las tropas. Estas funciones muestran la versatilidad del virrey, capaz de operar tanto en el terreno militar como en el administrativo, consolidando la presencia castellana en el sur de Italia.
Relaciones clave en su carrera
Vínculos con la reina Isabel y el rey Fernando
El éxito de Hernando de Acuña no puede entenderse sin su estrecha relación personal con los Reyes Católicos. Desde sus primeros años de servicio, tanto Isabel como Fernando depositaron en él una confianza creciente. Esta relación no se limitó a lo profesional; las fuentes insinúan un lazo de respeto y proximidad que superaba la mera jerarquía cortesana. La reina Isabel, en particular, valoraba en sus colaboradores la virtud, la discreción y la lealtad, cualidades que Hernando cultivó toda su vida.
La elección de Hernando para misiones sensibles, tanto en Castilla como en Sicilia, demuestra que los monarcas lo consideraban una extensión de su voluntad en el terreno. A diferencia de otros nobles que anteponían su linaje o sus intereses particulares, Acuña supo alinearse completamente con la visión centralizadora de los reyes, lo que explica su ascenso constante en un ambiente cortesano lleno de intrigas y rivalidades.
Alianzas cortesanas y prestigio militar
Además del favor real, Hernando de Acuña supo tejer alianzas clave dentro de la corte. Su colaboración con figuras como Álvaro de Mendoza, su implicación en los conflictos de la alta nobleza castellana y su capacidad de resolución en escenarios difíciles le otorgaron un prestigio notable entre sus pares. Las crónicas lo mencionan no solo como un soldado valiente, sino también como un caballero sabio y justo, una figura de autoridad a la que recurrían tanto reyes como nobles en momentos de crisis.
Este equilibrio entre prestigio militar y habilidad política convirtió a Hernando en uno de los pilares de la consolidación de la monarquía autoritaria castellana. Su vida y su carrera anticipan la figura del noble cortesano del Renacimiento, cuya función era servir al Estado con armas, letras y lealtad.
Defensa del Mediterráneo frente al Imperio Otomano
Preparativos ante la amenaza turca en 1492
Como virrey de Sicilia, Hernando de Acuña tuvo que afrontar una de las mayores preocupaciones estratégicas de los Reyes Católicos en la década de 1490: el avance del Imperio Otomano en el Mediterráneo central. La amenaza otomana, liderada entonces por el sultán Bayaceto II, generaba inquietud no solo por su capacidad militar, sino también por su influencia creciente entre los emiratos norteafricanos y las costas italianas. Sicilia, por su posición geográfica, se convertía en un punto clave para contener esa expansión.
En el año 1492, Hernando fue encargado de preparar y aprovisionar las fuerzas militares sicilianas que debían embarcarse bajo el mando del infante Fadrique de Aragón. El objetivo era contener cualquier intento de invasión o incursión turca. Esta campaña, aunque no llegó a concretarse en una gran batalla naval, evidenció la seriedad con la que los Reyes Católicos abordaban la defensa de sus dominios italianos. Hernando supervisó personalmente el armamento, la organización de las guarniciones y la logística naval, demostrando nuevamente su eficacia como gobernante y estratega.
Estas maniobras preventivas mostraban también la dimensión internacional del poder español en ese momento histórico. Hernando no solo actuaba en nombre de Castilla o Aragón, sino como representante de una política mediterránea que aspiraba a frenar la expansión islámica y consolidar el dominio cristiano en las rutas marítimas.
Colaboración con Fadrique de Aragón y la defensa de Sicilia
La coordinación entre Hernando de Acuña y el infante Fadrique reflejaba un esfuerzo conjunto entre la corona y sus virreyes. Fadrique, miembro de la casa de Aragón, debía encabezar una operación naval con tropas locales y peninsulares. Hernando, como virrey, era el responsable de preparar el terreno, garantizar el orden en las ciudades portuarias y evitar levantamientos internos. Su capacidad de organización fue elogiada incluso por fuentes italianas, que reconocían la disciplina y la eficiencia impuesta durante su gobierno.
Gracias a estas acciones, Sicilia evitó convertirse en un objetivo vulnerable, a diferencia de otras zonas del Mediterráneo occidental. Hernando entendía que la seguridad de la isla pasaba por la preparación, y por ello impulsó reformas defensivas, reforzó las murallas de las principales ciudades y estableció sistemas de alerta temprana para detectar naves enemigas. En este sentido, su gestión fue esencial para mantener la integridad territorial del dominio hispano.
Conflictos sucesorios en el trono siciliano
Enfrentamiento entre René de Anjou y Fernando el Católico
A la amenaza exterior se sumó en 1494 una tensión interna de carácter político. El duque René de Anjou, heredero de antiguos derechos sobre el trono de Nápoles y Sicilia, desafió la autoridad de Fernando el Católico, reivindicando la soberanía sobre los territorios que gobernaba Hernando. Aunque esta pugna tenía raíces dinásticas que se remontaban al siglo anterior, su recrudecimiento en 1494 fue impulsado por las nuevas alianzas francesas en el sur de Italia y la intervención de Carlos VIII de Francia.
Hernando de Acuña, en su papel de virrey, reaccionó rápidamente a esta amenaza. Ordenó la fortificación de los puertos de Sicilia y Calabria, intensificó la vigilancia de las rutas marítimas y preparó el recibimiento de tropas peninsulares enviadas por Fernando. Estas unidades, lideradas por Galcerán de Requesens, conde de Palamós, llegaron como refuerzo ante la posibilidad de un desembarco angevino o francés.
La postura de Hernando fue decisiva para contener la inestabilidad, impedir el contagio rebelde en las ciudades sicilianas y asegurar que la isla continuara bajo obediencia hispana. Su actuación ejemplificó el ideal renacentista del virrey como poder delegado del rey, capaz de representar y defender los intereses de la monarquía en territorios lejanos y complejos.
Fortificación de puertos y despliegue de tropas en 1494
Durante ese año, Hernando lideró un ambicioso programa de refuerzo militar. Rediseñó las defensas de ciudades clave como Palermo, Messina y Siracusa, modernizó las torres de vigía costeras y reorganizó las fuerzas locales para convertirlas en una milicia eficaz. También impulsó mejoras en los astilleros sicilianos, para asegurar la capacidad naval de la isla. Estos esfuerzos contribuyeron a contener el avance francés en el sur de Italia y consolidaron la presencia hispánica que más tarde se prolongaría durante siglos en la región.
La experiencia adquirida por Hernando en este contexto fue fundamental para la proyección futura de la monarquía española en el Mediterráneo. Las bases logísticas, las alianzas con élites locales y las infraestructuras que promovió serían utilizadas décadas después durante las guerras italianas y en la política imperial de Carlos V.
Últimos días y legado inmediato
Muerte y sucesión en el virreinato
Los últimos servicios de Hernando de Acuña en Sicilia ocurrieron entre finales de 1494 y principios de 1495. Sin embargo, su carrera se interrumpió de manera abrupta: murió antes del 5 de febrero de 1495, según el cronista Jerónimo Zurita, quien menciona la designación de Juan de Lanuza como su sucesor “por muerte de don Hernando de Acuña”. Las circunstancias exactas de su fallecimiento no se conocen con certeza, aunque parece que ocurrió en el ejercicio activo de sus funciones.
Su muerte representó una pérdida significativa para los Reyes Católicos, que perdían a uno de sus colaboradores más fieles, experimentados y versátiles. En un momento en que la expansión hispánica se intensificaba, Hernando dejó un vacío difícil de llenar, tanto por su talento militar como por su prudencia administrativa. No era un noble cualquiera, sino un verdadero servidor del Estado, moldeado en el ideal isabelino de virtud y eficacia.
Testimonios contemporáneos sobre su figura
Uno de los tributos más elocuentes a su memoria fue el de Fernández de Oviedo, quien lo elogió décadas después como un ejemplo de excelencia virreinal:
“¡Qué valeroso señor fue don Fernando de Acuña, Visorrey de Siçilia, del qual yo oý tantos loores en aquella ysla, quanto nunca pensé oyr de gran señor alguno!”
Estas palabras reflejan la huella profunda que Hernando dejó entre los sicilianos y sus contemporáneos. Su recuerdo, lejos de limitarse al ámbito castellano, se proyectó en el imaginario mediterráneo como símbolo de buena gobernanza y defensa del cristianismo.
Re
MCN Biografías, 2025. "Hernando de Acuña (ca. 1456–1495): Nobleza, Lealtad y Espada al Servicio de los Reyes Católicos". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/acunna-hernando-de-1456-1495 [consulta: 31 de enero de 2026].
