Abdullah ibn Husayn (1882-1951). El forjador del Reino Hachemí de Jordania

Abdullah ibn Husayn, El forjador del Reino Hachemí de Jordania

Abdullah ibn Husayn, figura clave en la historia del Medio Oriente, fue el primer rey de Jordania y un actor central en los complejos procesos de descolonización y formación nacional tras la caída del Imperio otomano. Su trayectoria política, marcada por alianzas estratégicas, visión nacionalista y un fuerte liderazgo, dejó una huella imborrable en la identidad del mundo árabe. Desde su papel en la Revuelta Árabe hasta la consolidación del Reino Hachemí de Jordania, Abdullah tejió una red de decisiones y acciones que dieron forma al país moderno que hoy ocupa una posición estratégica en la región.

Orígenes y contexto histórico

Nacido en La Meca en 1882, Abdullah era el segundo hijo de Husayn ibn Alí del Hejaz, guardián de los Santos Lugares del Islam y líder de la dinastía hachemita. Por parte materna, pertenecía a la familia hachemí, una estirpe directamente vinculada con el profeta Mahoma, lo que confería a Abdullah una legitimidad religiosa y política dentro del mundo musulmán.

Educado en Estambul, capital del entonces poderoso Imperio otomano, Abdullah recibió una formación multidisciplinaria que le permitió dominar cinco idiomas y familiarizarse con la complejidad de la administración imperial. En 1908, tras la Revolución de los Jóvenes Turcos, comenzó a desempeñar cargos de alta responsabilidad, destacando como diputado por Medina y vicepresidente del Parlamento Imperial. Su liderazgo dentro del grupo parlamentario árabe le permitió alzar la voz por los intereses de las provincias árabes, aunque pronto se desilusionó ante las promesas incumplidas del gobierno otomano.

Este desengaño lo llevó a estrechar lazos con el Reino Unido y unirse al movimiento nacionalista Unión Árabe en 1914. Fue entonces cuando Abdullah comenzó a desempeñar un rol diplomático vital, negociando alianzas con los británicos en nombre de su padre.

Logros y contribuciones

Uno de los mayores logros de Abdullah ibn Husayn fue su papel protagonista en la Revuelta Árabe de 1916, un levantamiento impulsado por su padre contra el dominio otomano. Junto con su hermano Faisal, comandó las tropas árabes que derrotaron al gobernador turco de Arabia en Taif y, en 1918, lideró la ofensiva que culminó con la conquista de La Meca. Esta rebelión no solo debilitó significativamente al Imperio otomano en el sur, sino que también fortaleció la causa de la independencia árabe.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, Abdullah asumió la dirección política de Transjordania, un territorio que había quedado bajo el control del ejército británico como parte del Mandato británico en Palestina. Aunque en 1920 fue brevemente proclamado rey de Irak por el Congreso Constitucional de ese país, declinó el trono en favor de su hermano Faisal.

En 1921, y bajo auspicios británicos, Abdullah se estableció en Amman con un ejército formado en Hejaz. En 1923, el Reino Unido reconoció oficialmente a Abdullah como emir de Transjordania, estableciendo un protectorado que, aunque sometido a Londres, le otorgaba una creciente autonomía. En 1928, consiguió ampliar aún más sus márgenes de autogobierno, preparando el camino hacia la total independencia.

Lista de sus principales aportes:

  • Participación clave en la Revuelta Árabe contra el Imperio otomano.
  • Fundación del Emirato de Transjordania y posterior creación del Reino de Jordania.
  • Consolidación de la Legión Árabe, uno de los ejércitos más eficientes del mundo árabe.
  • Promoción de una identidad nacional jordana en un territorio artificialmente creado.
  • Defensa de una visión panárabe mediante la propuesta de una Gran Siria.

Momentos clave

El 25 de mayo de 1946 marcó un antes y un después en la historia de la región: Abdullah fue proclamado rey de Transjordania, convirtiéndose en el primer monarca del nuevo Estado jordano. Su principal desafío fue construir una conciencia nacional en un territorio donde las identidades tribales y regionales predominaban sobre cualquier idea de nación.

Uno de los episodios más trascendentales de su reinado fue su reacción a la partición de Palestina y la creación del Estado de Israel en 1948. A diferencia de otros líderes árabes, Abdullah no se opuso a la resolución de la ONU. No obstante, durante la guerra árabe-israelí de ese mismo año, movilizó a la Legión Árabe, considerada la fuerza militar mejor organizada del mundo árabe, para ocupar Cisjordania y la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Gracias al armisticio de 1949, logró asegurar el control sobre estos territorios, que en 1950 fueron integrados oficialmente en el nuevo Reino Hachemí de Jordania. Esta expansión territorial fue estratégica pero también polémica, ya que provocó tensiones con Egipto, Siria y Arabia Saudita, que esperaban la creación de un Estado palestino en la región.

En ese mismo año, Abdullah sobrevivió a un intento de atentado por parte de nacionalistas palestinos. No tuvo la misma suerte el 20 de julio de 1951, cuando fue asesinado en Jerusalén por Mustafá Chukri, un extremista palestino que lo atacó a la entrada de la mezquita de Omar. Aunque el atacante fue abatido en el acto, se sospechó que el magnicidio pudo haber sido instigado por el Gran Muftí de Jerusalén, sin que se llegara a probar.

Tras su muerte, su hijo Naif asumió el papel de regente hasta el regreso de Tafal, el heredero legítimo, quien se encontraba en Suiza por motivos de salud.

Relevancia actual

El legado de Abdullah ibn Husayn es esencial para comprender la evolución política y territorial del Medio Oriente contemporáneo. Su habilidad diplomática, visión estratégica y firme liderazgo fueron determinantes para la fundación y consolidación de Jordania como un Estado moderno y estable en medio de un contexto regional convulso.

Hoy en día, Jordania es uno de los pocos países árabes que mantiene un sistema monárquico estable con un alto grado de legitimidad social e histórica. Esta estabilidad se debe, en gran parte, a los fundamentos que Abdullah estableció durante su reinado, incluyendo:

  • La creación de instituciones estatales sólidas.
  • El fortalecimiento del sentido de identidad jordana frente a influencias externas.
  • Una política exterior basada en la moderación y el pragmatismo, que continúa siendo un rasgo distintivo de la monarquía hachemita.

Además, su papel en la cuestión palestina sigue siendo objeto de debate. Mientras algunos lo consideran un visionario que supo actuar con realismo político, otros critican su anexión de Cisjordania, considerando que frustró los intentos de establecer un Estado palestino independiente.

En el imaginario colectivo jordano, Abdullah ibn Husayn permanece como el padre de la patria, símbolo de unidad y fundador de una nación cuya supervivencia ha desafiado los vientos inestables de la política regional.

Su vida, marcada por la diplomacia, la guerra, la intriga y el idealismo panárabe, continúa inspirando a líderes y estudiosos del mundo árabe, posicionándolo como una figura central en la historia contemporánea del Medio Oriente.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Abdullah ibn Husayn (1882-1951). El forjador del Reino Hachemí de Jordania". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/abdullah-ibn-husayn [consulta: 2 de febrero de 2026].